lunes, 7 de junio de 2021

Crítica: LOS 15 MIL


Nadie nos va a borrar de la memoria

Vivimos tiempos de crisis, no solo sanitaria, sino también política, y justamente en estos tiempos es cuando una frase muy peculiar puede resonar para todos los que hayamos vivido el periodo más alto de violencia en nuestro país, “nadie nos va a borrar de la memoria”, podemos decir al recordar las constantes desapariciones y masacres innecesarias que había en tiempos del terrorismo. Justamente esta frase (textualmente) es quizá la más importante para para Los 15 Mil, una microobra que presentó el colectivo teatral El Grito junto con Teatro UAIFAI, que, aunque fue cortísima, pues solo duró 15 minutos aproximadamente, nos dejó un claro mensaje.

La dramaturgia es de Mavi Vásquez, un texto corto, pero muy bien contado. Nos narra la historia de Clara, una mujer ayacuchana que pierde a su esposo, sabe que se lo llevaron, pero no sabe quiénes, ni por qué lo hicieron; ella nunca se rindió en su búsqueda y luego de muchos años, llega a una especie de laboratorio forense donde finalmente logra hallar una respuesta a todas sus dudas.

Se pudo apreciar en todo momento la buena dirección, la misma que estuvo a cargo de Ray Alvarez, logrando conmovernos e identificarnos desde el inicio, utilizando luces, música e imágenes que sumaron de manera efectiva a esta, además de la utilería adecuada, la cual hizo que traiga a nuestra memoria la historia de nuestro país, pues no necesariamente lo tenemos que haber vivido, pero como se sabe, a partir de 1980 se inician las acciones terroristas y duraron casi 20 años, periodo en el que muchas personas inocentes murieron. Sin embargo, en algún minuto de la obra se notó algunos desenfoques, sin terminar de distinguir si fue parte de la historia o un error que podría suceder cuando se transmite en vivo.

Los actores encargados de darle vida a esta historia fueron Juana Arteaga y Jesús Izquierdo, a quienes se les notó el buen trabajo que hicieron para crear y darle vida de manera impecable a sus personajes, notándose los cambios de emociones de manera natural, con un lenguaje claro y los movimientos correctos, consiguiendo nuestra atención en todo momento a fin de no perder ningún detalle. En el caso de Arteaga, no solo actuó, sino también cantó, logrando con esa canción, involucrarnos aún más en la historia.

Milagros Guevara

7 de junio de 2021

domingo, 6 de junio de 2021

Crítica: LA CANTERA ELECTORAL


Debates presidenciales en clave de clown

Como era de esperarse, nuestra agitada coyuntura política ha dado pie a que muchos colectivos escénicos se animen a caricaturizar el proceso electoral presidencial. Y es que en realidad, la mesa estaba servida para representar de forma farsesca uno de los procesos electorales más lamentables y escandalosos en lo que va de nuestra vida republicana. En este caso, Gestus, espacio de formación de artistas y creación de espectáculos, estrenó La Cantera Electoral, una parodia clown de los debates presidenciales a través de la virtualidad y además, con el agregado de la participación activa del público que pudo votar por su payacandidat@ favorit@ en tiempo real.

El espectáculo, creado y dirigido por Cesar García, suelta en plaza a un grupo de hilarantes payasos (Hilda Tovar, Mario Sergio Abarca, Atria Fiol, Rodolfo Pesantes, Anamaria Rodriguez y Rodrigo Masías), quienes armarán un debate para dirigirse al público y así ganar su preferencia, cada uno armado con su propia personalidad, su imposible plan de trabajo y sus ridículas medidas a tomar para resolver las crisis del país. Una manera muy hábil de aprovechar las aplicaciones que cuentan las plataformas virtuales: el público propone temas por el chat; y en parejas, los payasos van enfrentándose y quedan a la espera del resultado de las votaciones de los espectadores y de esta manera, escoger al nuev@ payapresident@ de nuestro país.

Buen trabajo de dirección de García, que consigue un ritmo sostenido a su propuesta, en la que se luce cada uno de los payacandidatos. A los espectadores puede gustarle uno más que el otro, de manera subjetiva; lo cierto es que todos los artistas supieron insuflarle carisma y espontaneidad a cada uno de sus payasos. Personalmente, destacaron las rutinas de Tovar y Masías. Nada mejor que llegar al Bicentenario con este tipo de divertidas obras virtuales, como La Cantera Electoral, que se burlan sin vergüenza y sin tapujos de los inclasificables sucesos “real-maravillosos” que suelen ocurrir al aproximarse cualquier proceso electoral en nuestra querida Perulandia.

Sergio Velarde

6 de junio de 2021

sábado, 5 de junio de 2021

Crítica: TITANOMAQUIA, EL FIN DE LOS DIOSES


Teogonía Virtual

Titanomaquia y la Teogonía son clásicos de la literatura griega muy conocidos desde hace décadas y llevadas al teatro. Especialmente, he estudiado el segundo por considerarlo más clásico; sin embargo, luego de ver este montaje, me quedé anonadado con lo presentado. Al principio, pensé que se trataría de un espectáculo convencional que extrapola una obra clásica a situaciones más coloquiales o contemporáneas con fines humorísticos o emotivos. Nada de eso gratamente sucedió, pues el montaje es tremendamente atractivo, principalmente por lo audiovisual. Es de felicitar la dirección de Jorge Pecho y particularmente, la producción de Luis Peche. Los intermedios entre las escenas consistieron en ediciones de video de lujo, que ayudaban mucho al espectador a contextualizarse en un ambiente mitológico, con un sonido y audio espectacular y atractivo. Por momentos, parecía que uno estaba inmerso en un capítulo de las historias de J.R. Tolkien y su Tierra Media, solo que mitológica. El cuidado y uso del color para cada personaje fue conmovedor y atractivo, así como los vestuarios y maquillajes resaltantes de los actores. Aunque estos últimos pudieron tener más elementos.

Por otro lado, estéticamente hablando, me gustó la dicción de los actores. No cayeron en la abstracción de mostrar un lenguaje altamente complicado que pudiese confundir las ya de por sí innumerables y enredadas complejidades de los personajes como Artemisa, Zeus o Ares. Me gustó que se apelara a coloquialismo peruanos (felizmente no vulgares) en los diálogos. Esto fue un recurso al que Jorge Pecho apeló y funcionó muy bien, pues fue pedagógico y el público emocionadamente entendía las intrincadas acciones y conflictos de los personajes. Este es otro punto que muchas veces el dramaturgo suele olvidar: el público. Hace unos meses se estrenó una obra llamada Antígona de Daniel Goya, donde las escenas, el lenguaje y contexto eran absolutamente fuera de lo convencional y parecía que era un montaje para que solo un aficionado al español antiguo o filólogo lo entienda. Titanomaquia, en cambio, es una muestra de cómo lo clásico puede ser universal con un gran esfuerzo. Jorge Pecho tiene un gran talento para eso.

Finalmente, entre las actuaciones más relevantes destacan las de Artemisa (Lorena Reynoso) y Dionisio (André Núñez). Lorena resaltó debido a la fuerza de sus intenciones, así como su trabajo gestual. Artemisa es un personaje altamente complejo que nos lleva a reflexionar sobre la justicia, el perdón y la compasión, y en ese sentido la actriz lo trabajó muy bien. Por otro lado, la representación de Dionisio que hizo André fue limpia y altamente creíble. Es un personaje con quien uno empatiza fácilmente, debido a la emotividad que emana, así como su candidez, inocencia y fragilidad. En ese sentido el actor construyó muy bien a su personaje.

Titanomaquia es un ejemplo de la importancia del trabajo colectivo, pero yo lo resumiría, en una palabra: la creatividad. Felicitaciones a todo el equipo por entregar un montaje original.

Enrique Pacheco

5 de junio de 2021

jueves, 3 de junio de 2021

Crítica: EL HOSPEDADOR - EL MUSICAL


Tribulaciones adolescentes

El mundo de los adolescentes de hoy le puede parecer incomprensible a la mayoría de los adultos, especialmente porque muchos de nosotros no terminamos de reconocernos en ellos cuando tuvimos esa edad. ¿Pensábamos, actuábamos y reaccionábamos de esa manera cuando éramos jovencitos? Los avances de la humanidad, especialmente los tecnológicos, han convertido a estos muchachos en una enorme interrogante con la que debemos lidiar (sí, lidiar) padres, familia y maestros. Abordar el mundo de la adolescencia para llevarlo a la ficción siempre resultará interesante. Para El Hospedador – El Musical, sin embargo, se opta por alejarse del lado oscuro y turbio de los adolescentes y en su lugar, nos cuenta una amable historia en la que cuatro jovencitos revelan sus íntimos secretos cantando, mientras comparten una misteriosa videollamada.

Escrita por Lina Ninamango y dirigida con buen pulso por Carlos Rudas, un anónimo hospedador invita a conectarse a cuatro jovencitos (Fabiana Valcárcel, Mariagracia Mora, Thiago Vernal y Diego Müller), quienes deberán responder a varias preguntas con sinceridad para recibir un regalo sorpresa. Estas interrogantes abordan varios de los lugares comunes que encuentran los adolescentes en su proceso de llegada a la adultez: el primer beso y los sentimientos que este conlleva, los regalos de admiradores secretos o los amores (ilusiones) que traen celos y resentimientos entre los amigos más cercanos; no obstante, cada secuencia es ejecutada con convicción y mucha simpatía por el cuarteto adolescente.

Las canciones compuestas por Luis Álvaro Félix resultan atractivas y se lucen más en las pocas secuencias pregrabadas, en las que el audio está impecable y el diseño de las ventanas virtuales permite un mayor dinamismo. Pareciera imposible, eso sí, empatar dicha calidad con las canciones en vivo, afectadas en cierta medida por las incontrolables imperfecciones de nuestra conectividad. Sin embargo, los jóvenes intérpretes sacan adelante sus personajes con mucho carisma y resolución, demostrando que de seguir en la carrera artística darán que hablar en el futuro. Butaca C Producciones y Pléyade Asociación Cultural consiguen con El Hospedador - El Musical un muy buen producto virtual que nos brinda una sincera mirada al mundo interior del incomprendido adolescente.

Sergio Velarde

3 de junio de 2021

martes, 1 de junio de 2021

Crítica: CASO LUCIANA


Voces que susurran al oído

Pasatiempo Teatro decidió arriesgar y apostó por una interesante temática paranormal. Con el texto y la dirección de Vanessa Moreno, llegó a la virtualidad Caso Luciana, una peculiar microobra que nos mantuvo en suspenso durante los 30 minutos aproximadamente de duración, a través de la ya conocida y muy usada plataforma Zoom.

Los actores encargados de dar vida a esta espeluznante historia fueron Kukuli Morante, Katia Salazar, Jano Baca, Alejandra Saba y José Dammert. Caso Luciana relata la historia de un grupo de especialistas, dentro de los cuales pudimos distinguir claramente a una psicóloga (Salazar), además de dos hermanos (Dammert y Saba) y un tercer personaje (Baca), aparentemente también expertos en el tema y acostumbrados a realizar transmisiones en vivo de hechos paranormales, pero esta vez tendrían que analizar un caso en particular, el de Luciana (Morante), a fin de determinar que está sucediendo con ella realmente.

Si bien las interpretaciones estuvieron bien representadas por cada uno de los actores, cabe resaltar dos en particular, las de Salazar y Morante, pues desde el inicio de la obra nos envolvieron con sus actuaciones, cada una metida de lleno en su personaje. La primera representando con total naturalidad a una psicóloga, preocupada por querer ayudar a su paciente y la segunda, durante toda la transmisión, nos mostró el trabajo que tuvo que hacer para crear y encarnar de manera impecable al personaje que representaba, con acciones claras, cambios de emociones correctos, pasando de la calma a la desesperación con total sinceridad, sumado a ello el buen trabajo de cuerpo que se reflejó en alguna parte de la obra, simulando que estaba siendo atacada por algún ente.

Además, fue interesante y positivo ver desde antes de iniciar la historia cómo iban introduciendo al público al tema de lo paranormal, mostrando algunos videos donde supuestamente se percibía presencia de algún fenómeno extraño de movimiento de objetos, acompañado de un fondo musical que iba acorde con el tema.

Los vestuarios, la decoración de los espacios, la utilería y las luces que usaron para el desarrollo de esta microobra estuvieron bien seleccionados, también contribuyeron considerablemente a la puesta en escena. Asimismo, se intentó jugar con las vistas que usualmente encontramos en Zoom (vista galería y vista del hablante) si bien le puede dar dinamismo a la obra, también puede jugar en contra, pues al tratarse de un tema no convencional, se perdieron detalles en cuanto a las reacciones de la persona que no veíamos en pantalla.

Definitivamente, una historia que nos hizo saltar de miedo en algunos momentos, actuaciones claras y una buena dirección, la misma que se notó a lo largo de la transmisión; también resaltamos la creatividad que tuvieron para lograr algunos efectos dentro del en vivo. Sin embargo, se percibió vacíos, al aparecer en varios momentos pantallas negras innecesarias, pero podemos entender que fueron problemas técnicos, que debido al medio al que nos vemos envueltos, nunca faltan.

Milagros Guevara

1º de junio de 2021

Crítica: PERÚ PA´ TOD@S


Acercándose el Bicentenario

En medio de tanto caos y polarización que viene afectando a toda la población peruana ante las inminentes elecciones presidenciales, la risa siempre será el remedio necesario para aliviar tensiones en los momentos más difíciles. Es así como el muy inspirado actor Christian Ysla se anima a escribir, actuar y dirigir Perú pa’tod@s, una comedia clown virtual producida por La Plaza Joven, que nos ilustra a modo de viñetas los momentos más memorables de nuestra historia, como el ocaso del imperio incaico, la rebelión de Túpac Amaru II o la Declaración de Independencia. Para lograr su objetivo, Ysla convoca a un buen elenco de comediantes como André Portugal, Francisco Luna, Alejandro Villagomez, Miguel Coello y la “puedelotodo” Gisela Ponce De León.

Encontrarle el lado sarcástico a nuestra historia, en realidad, no es tarea difícil. Además, Ysla ya lo había experimentado en la hilarante e irregular El Perú ja ja (2013). Cada escena da pie para que la troupe no solo le dé una nueva vuelta de tuerca al hecho histórico, sino que además se ensaye una oportuna actualización a los tiempos actuales. Así, por ejemplo, Ponce de León se queja con justicia de la poca participación de la mujer en nuestra historia, a pesar de las valientes luchadores que entregaron sus vidas por nuestra nación. Ysla se reserva la Declaración de Independencia y entre risas nos pone a pensar si realmente somos todos libres, o solo algunos o ninguno.

Las secuencias se suceden con ritmo y energía, con muy escasos tropiezos como resultado de nuestra precaria virtualidad, ya que aunque no lo parezca ¡la puesta es en vivo! Ysla menciona al final del espectáculo que fue una exigencia de la producción el realizar el proyecto en directo, rescatando en ello algo del verdadero espíritu teatral, y solo por ese arriesgado detalle el resultado final merece recomendarse largamente. Perú pa’tod@s es un divertido espectáculo clown que nos hace olvidar, siquiera por aproximadamente una hora, la turbulenta llegada de nuestro Bicentenario.

Sergio Velarde

1º de junio de 2021

sábado, 29 de mayo de 2021

Crítica: ESEFEST


Visibilidad para jóvenes creadores

A más de un año de iniciada la pandemia, la creación escénica no se detiene. Y para demostrarlo, se desarrolló en la virtualidad la primera edición del Festival escénico de Jóvenes Creadores ESEFEST, evento que sirvió de vitrina a nuevos colectivos para que muestren sus propuestas profesionales. Fueron seis obras de temáticas variadas, si bien es cierto con distintos resultados, se notó en todas el cuidado en sus contenidos y en lo arriesgado y hasta cierto punto, novedoso de sus fórmulas.

La emblemática figura de Frida Kahlo, que representa a la mujer luchadora e incansable, es convocada en Alas de Mariposa su Frida, con dirección y dramaturgia de Dorcas Mical Camasca. En una suerte de juego metateatral, la actriz Adriana Muñoz ensaya con precisión la construcción de este personaje símbolo del feminismo, a través de diversos textos, poemas y las propias palabras de Frida para acercarlo a nuestra realidad, demostrando como resultado su total vigencia. Por otro lado, el protagonista de la notable novela corta de Franz Kafka es el centro de la curiosa puesta virtual El despertar de Samsa, con la dirección de J. Miguel Vargas Rosas. El actor Victor Lucana Salas interpreta con mucho brío a este atormentado Gregor contemporáneo, acompañado por las pertinentes apariciones de Lucía Beatriz Espinoza Vidal, las que redondean adecuadamente el producto escénico final.

El drama denso y la comedia hilarante también tuvieron un espacio en el ESEFEST. Por un lado, en Efímeros, con dirección de Abigail Michelle, asistimos a varias conversaciones cotidianas de una deteriorada pareja (Mercedes Llocvill y Víctor Andrés Gonzáles Chávez), quienes comparten la misma habitación en la ficción. Punto a favor, la estética de cada uno de los ambientes de los actores, de colores blanco y negro, que simbolizan el antagonismo y desgaste de su relación. Y en Audición, con dirección y dramaturgia de Eduardo Rios Cañamero, un joven actor se enfrenta a disparatados castings virtuales, cada uno más esperpéntico del otro, para darse un tiempo de reflexionar sobre su futuro artístico. Una divertidísima sátira, que lamentablemente no se aleja demasiado de la realidad, bien interpretada por Jared Portocarrero, Leonardo Barrantes, Valquiria Che Piu Prado y Renzo Rospigliosi. También dentro del mismo contexto, formó parte del festival la divertida Fenómenos, con dirección y dramaturgia de Rodrigo Delgado (ver reseña aquí).

Para finalizar, ESEFEST contó con la presencia de una de las obras más representativas del colectivo EspacioLibre, El otro aplauso con dramaturgia de Diego La Hoz, estrenada en 2013 en un contexto muy particular. Dirigida por Cristina Lara Sarapura y ahora interpretada por un elenco femenino (Zahori Gonzales y Edith Rodriguez), la pieza cobra nueva vida ahora en la virtualidad, a través de la historia de estas dos actrices que nos cuentan sus vivencias previas a una función en línea y sus reflexiones sobre la dura vida del artista. ESEFEST consiguió una ecléctica variedad de propuestas, que constata talento y empuje de toda una nueva generación de artistas que no se detienen en su afán creador.

Sergio Velarde

29 de mayo de 2021

martes, 25 de mayo de 2021

Crítica: LA CISURA DE SILVIO


Tiempos oscuros

Durante estos tiempos de pandemia, el género de las lecturas dramatizadas ha cobrado una relevancia antes no vista. Ese momento teatral previo a un estreno, ahora es un espectáculo, y La cisura de Silvio es un ejemplo de que no defrauda en lo absoluto. El ejercicio de imaginar los ambientes, la utilería o la vestimenta del montaje es una rutina que la lectura dramatizada nos conmina a hacer, pero al mismo tiempo es interesante y en este caso agradable. El montaje aborda las memorias de un joven, Rodolfo (Emanuel Soriano), y sus recuerdos confusos de su infancia en los años ochenta en una familia de clase media.

El dramaturgo Víctor Falcón tiene un estilo de narración que me encanta: el teatro memoria. A partir de hechos aislados y contextualizados en un tiempo convulso, genera personajes con características psicológicas únicas. Como cuando se estrenó la obra La eternidad en sus ojos de Eduardo Adrianzén, en donde todo giraba alrededor de los recuerdos de un joven en la búsqueda de su identidad. En el caso de la obra de Falcón, la acción dramática se centró en el personaje de la abuela (Sonia Seminario), muy bien interpretado. El nombre del montaje hace alusión figurativa a una enfermedad degenerativa que va convirtiendo a este personaje en un ser con raciocino diáfano y en búsqueda de una inexistente Felisa. Pero al mismo tiempo, Sonia puso un gran empeño en darle un sentido del humor pícaro y particular. El monólogo de la abuela hacia el final del montaje fue profundamente conmovedor e introspectivo. Otro aspecto estético de resaltar fueron los cambios temporales entre los diálogos de los personajes, pues un momento estaban en una escena y en otra, ya estaban en otra situación al día siguiente. Este detalle, lejos de confundir, hacen más intenso lo visto.

El personaje de Rodolfo y el de su madre (Ximena Arroyo) fueron tan bien trabajados, que las intenciones fueron muy claras y concisas. Pienso que el personaje de la empleada (Yasmin Loayza) pudo tener una mayor más presencia en la obra. En resumen, a falta de los elementos clásicos de un montaje, lo que debe resaltar en una lectura dramatizada es la voz y las intenciones de los actores, lo cual se consiguió.

Finalmente, quiero felicitar a los creadores de La cisura de Silvio por elegir esta pieza tan conmovedora del teatro peruano. Contextualizada en un ambiente político y económico altamente complejo (en algo parecido a lo actual), pero que aborda justamente las complejidades de la mente humana, la compasión de la existencia y la importancia del afecto hacia los adultos mayores. Felicidades.

Enrique Pacheco

25 de mayo de 2021

Crítica: MONOLOGANDO


Miscelánea de emociones

El Club de Teatro es un sello garantizado de nunca decepcionar al público. A pesar de que la hora pactada para la obra tuvo un retraso debido a problemas técnicos, el montaje Monologando fue agradable. Es de resaltar que una buena parte de las creaciones fueron originales o coproducción colectiva y eso es un punto importante en estos tiempos. Los monólogos fueron breves por esa razón; a continuación, criticaré aspectos estéticos de estos de manera concisa. También quiero hacer una mención al joven compositor Feffo Neyra, que ambientó musicalmente los intermedios entres las escenas.

El primer montaje fue Jimmy en la oscuridad, con la actuación de Hendrik La Torre. Un escolar introvertido reflexiona sobre el bullying que sufre. La escenografía pudo ser un poco mejor trabajada, pues solo vi una habitación convencional con paredes algo sucias, aunque me gustó la iluminación sobre el rostro; sin embargo, la actuación pudo ser más convincente. En segundo lugar, se presentó A dos ruedas, con Dyllan Urteaga, en donde se aborda la ruptura del afecto de un trabajador mecánico hacia una bicicleta, cuya propiedad le genera nostalgia. La ambientación esta vez sí fue interesante: un fondo blanco con cambios de luces oscuras, pero Urteaga con sus acciones parecía adelantarse a la intención. En tercer lugar, se presentó Llegué tarde con Erick Peche, quien interpreta a un sacerdote samaritano que ayuda a la gente consiguiéndoles oxígeno. Me gustaron las miradas a la cámara, aunque quizás faltó un poco más de emoción, pues su monólogo era muy conmovedor. Le desfavoreció la luz tenue, que no resaltaba a la pared verde del fondo. En cuarto lugar se presentó Cuando los hijos se van con Sara Vilches, cuya representación fue una de las que más me dejó impactado, por la claridad y la fuerza. Ella representó a una madre preocupada por sus nietos de una manera compasiva y maternal. Me pareció muy realista y además, la escenografía fue tan simbólica: la entrada de la puerta de un departamento. En quinto lugar, se presentó La ciudad sitiada, con Thalía Castillón, cuya interpretación fue de lejos la más impactante de la noche: una mujer abusada sexualmente en el contexto de un conflicto bélico. La escenografía fue única, un baño y una luz verde mortuoria. El personaje tenía una camisa ensangrentada. Considero que fue el monólogo más impactante de la noche por el contenido (la autora es Laila Ripoll) y la actuación lució muy profesional.

En sexto lugar se presentó La gaviota de Chejov, con Yuliana Huallanca. Me gustó la interpretación y el espíritu superfluo del personaje. Además, los momentos reflexivos donde se cuestiona la avaricia que rodea su mundo; el ambiente fue un fiel reflejo de una habitación de maquillaje previo a una ópera. Aunque los detalles del ambiente fueron con elementos convencionales, también fueron realistas. En séptimo lugar se presentó Azul con Milagros Yupanqui, cuyo monólogo fue similar al anterior en el fondo. Aborda los conflictos psicológicos de una adolescente por reafirmar su identidad frente a situaciones desafiantes como una fiesta de quince años y la dificultad de dialogar con su madre. Me gustó la cámara siguiendo a la actriz en su habitación; daba la sensación de estar viendo un cortometraje. La actuación pudo ser más clara, pero igualmente me gustaron elementos como la cámara y el espejo. En octavo lugar, se presentó Tercera Llamada con Ximena Germaná que fue el monólogo más confuso, pues no sé si trataba del ensayo de una actriz próxima a entrar en escena, mientras espera las tres llamadas teatrales, y parecía recitar su texto con poca relación con sus emociones o con lo que pasaba. La ambientación fue simple y la luz muy tenue. En penúltimo lugar, se presentó Injusticia con Adriana Chávez; este monólogo junto con el de Thalía Castillón fueron los más conmovedores desde el punto de vista de los derechos humanos. La actuación de Adriana fue limpia y logró empatizar y hacer reflexionar al público frente a una vulneración, violencia psicológica y machista que sufre el personaje que interpreta. No hubo ambientación, pues todo se dio en una sola toma de la actriz frente a la cámara. Finalmente, se presentó Melodía de tu recuerdo con Luciana María. Creo que fue el segundo mejor monólogo de la noche, debido a al talento de la actriz para los instrumentos de viento, así como la reivindicación hacia la cultura andina. Fue muy emocionante la inocencia del personaje frente a situaciones complejas.

Monologando fue un montaje único digno de ver y con actores en formación con mucho talento, siendo las mejores actuaciones las de Thalía Castillón, Luciana María y Sara Vilches, en ese orden. Felicidades.

Enrique Pacheco

25 de mayo de 2021

jueves, 20 de mayo de 2021

Crítica: MILAGROS


La vida que escapa de nuestras manos

La muerte de un ser querido siempre será un trance muy difícil de superar y así se vio reflejado en algunas propuestas escénicas de nuestro medio, como por ejemplo, en Pacamambo (2019, en teatro presencial) de Wajdi Mouawad, en la que una niña de diez años alcanzaba a comprender el fallecimiento de su querida abuela; o en la reciente ¿Y si el gato se subió al techo? (2021, en la virtualidad) de Nae Hanashiro, en la que un hombre no sabe cómo debería enfrentar la pérdida de su abuelo. Pues en Milagros, con dramaturgia de Gina Guerrero Pflücker, la muerte aún no se concreta, pero sí que está muy presente en la conversación virtual entre dos hermanas (una de ellas muy enferma) y que cada una asume desde posturas radicalmente opuestas.

El tema de la eutanasia siempre será polémico y complejo, especialmente en una sociedad como la nuestra, en la que cierto candidato presidencial con una alta votación tuvo algunas más que desafortunadas declaraciones sobre el tema. Sin embargo, tanto la autora como la hábil directora Carla Valdivia se las ingenian para mostrarnos de manera equilibrada dos posiciones antagónicas, en la que cada una de las hermanas defiende su punto de vista con honestidad y convicción. En estos tiempos pandémicos tan inciertos, en los que hemos presenciado a la muerte muy de cerca, conviene reflexionar sobre esta temática vital y especialmente, preocuparnos en que todas las voces sean escuchadas.

Presentada en un registro coloquial, el trabajo interpretativo de las actrices Lizet Chávez y Katerina D’Onofrio resulta emocionante y sobresaliente; ambas ya vienen de alcanzar notables registros en la virtualidad, Chávez en Estar (2020) y D’Onofrio en Ausente (2020). La dirección de Valdivia luce equilibrada y sin desbordes innecesarios. Milagros, pieza en línea estrenada por Las Luchas Producciones, conmueve por el estrecho vínculo fraternal que consiguen proyectar las actrices y además, por la difícil decisión que deben enfrentar ambas, en nombre de ese amor.          

Sergio Velarde

21 de mayo de 2021