La inocencia nos confronta
Una adolescente en un extremo del escenario ensaya notas en su guitarra. A la tercera llamada escapa, para no ser descubierta en su travesura. Con esa sensación de inocencia, Blackbird nos introduce a una realidad caótica de basura esparcida en el espacio en el que trabaja Peter, quien recibe la visita inesperada de Una.
El tema se plantea desde el inicio: Una ha logrado encontrar a Ray, que ahora se llama Peter, con quien, cuando ella tenía 12 años y él 40, tuvo sexo durante tres meses; hasta que él la abandonó y luego de pasar algo más de tres años en prisión por pederastia, desapareció. 15 años después, ha llegado la hora de enfrentarlo y entonces sus recuerdos se aparecen como pesadillas.
La rudeza del encuentro se instala desde el primer momento, pero la discusión no se reduce a increpar la conducta de Ray, sino que el excelente texto de David Harrower desarrolla un proceso argumentativo en el cual ambos buscan su propia verdad: él intenta justificar sus actos y ella busca comprender sus propios sentimientos frente al abuso, que mezcla odio con restos de amor. La búsqueda es una confrontación cuya intensidad no deja de crecer, con leves respiros, en donde fluyen sentimientos confusos, como el apego de la víctima con su abusador. Cuando parece que todo se ha dicho, la victima pasa a un deseo erótico incontrolable por su victimario. El ambiente de desperdicios y la luz que se debilita completan una atmósfera de miseria humana.
A Una le duele cargar con la niña que fue. La ve en una imagen fantasmal por la ventana y se ve ella misma reflejada en la hija de Ray que llega a buscarlo y le aterroriza lo que puede ser nueva realidad de Peter. La imagen que enfrenta a ambos personajes femeninos es impactante.
La violencia no son solo los golpes, insultos u otros agravios evidentes. Puede ser el engaño y el abandono. Para Una, el trauma mayor es el desamor. No fue solo una menor abusada, fue una menor descartada y eso duele más, porque aún siente que entonces estaba enamorada y fue traicionada por Ray. El no niega lo reprochable de su conducta. Fue condenado por pederasta y lo acepta, pero reclama que no es un pedófilo: “Yo no soy uno de ellos”, insiste y como una ratificación de la pureza de su errado amor proclama que Una fue “la única”. Estas confesiones revelan los conflictos emocionales de los personajes sin que ello relativice el carácter abusivo de la relación que los unió por corto tiempo y los condenó por siempre.
El acoso y la violación sexual de menores de edad es un tema de mucha gravedad. La obra denuncia, reflexiona, escarba en la conciencia de ambos, pero no asume una neutralidad cómplice: Ray ha rehecho su vida - ahora como Peter - y pretende haber pagado sus culpas, pero Una responde: “Yo cumplí tu sentencia”. Es que finalmente fue a ella a quien juzgó la familia, los amigos y todos los que la rodeaban, como si ella hubiera sido la culpable de su propia agresión y ese hombre de 40, la víctima de su precoz poder de seducción.
Magníficas actuaciones de Sergio Paris y Tania López haciéndose cargo de las emociones de los personajes y conduciéndonos por 100 minutos de tensión, reflexión y confrontación casi sin respiro, gracias a la experimentada dirección de Mikhail Page, quien tuvo la genialidad de incluir la participación de Lía Lee, como representación de la inocencia violentada.
Blackbird obtuvo el Premio Laurence Olivier en 2007. Si bien se inspiró en un caso real (un exmarine estadounidense que en 2003 se fugó con una colegiala británica de 12 años, a la que había conocido en un chat de internet), la obra no es una referencia a ese hecho, sino una reflexión sobre el grave problema del abuso sexual infantil.
Merece destacar que la producción de esta obra no solo ha cuidado los asuntos artísticos, sino que además ha contado con el apoyo de profesionales vinculados al delicado tema del acoso sexual infantil, cuyas miradas y precisiones se resumen en el programa de mano: “La obra muestra cómo ese hecho sigue vivo en el presente solo para la víctima”, comenta la socióloga Margiori Machi. Por otro lado, el psicólogo Nicolas Chinchilla señala que Blackbird “nos enfrenta a preguntas difíciles y nos obliga a permanecer en un terreno lleno de contradicciones, donde comprender a los personajes no implica justificar sus actos. Y es precisamente en esa complejidad donde reside gran parte de su fuerza dramática”. Y queda claro que, en nuestra realidad, el consentimiento no existe si la víctima de abuso sexual es menor de 14 años y la pena para Ray habría sido la cadena perpetua.
Excelente obra, que se presenta en el cálido espacio del Teatro de Lucía.
David Cárdenas (Pepedavid)
7 de julio de 2026


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