viernes, 6 de febrero de 2026

Crítica: KORTAS ENERO FEBRERO - MIÉRCOLES


Un buffet variado

La temporada 18 de Kortas, formato que reúne cuatro microobras y las presenta una tras otra, con intermedios en los que uno puede acercarse al bar y pedirse un trago o incluso algo de comer, ya está disponible en el Teatro Barranco. Esta temporada (la primera del año) reúne cuatro historias sumamente distintas entre sí, las cuales en conjunto buscan ofrecer un par de horas de divertimento casual al público asistente. La pregunta es: ¿lo logran?

El formato de microteatro es uno complicado. Principalmente, porque el teatro implica transformación. Después de ver una obra (una buena obra), los personajes que hemos visto, o por lo menos el o la protagonista, no son los mismos. No pueden serlo. Deben haber, necesariamente, atravesado un arco dramático que los haya hecho cambiar. Este arco es lo que lo diferencia de otros formatos como los "sketches", los cuales muestran situaciones por lo general cómicas con personajes arquetípicos que no sufren mayor transformación. Pero, ¿cómo lograr una transformación en quince o veinte minutos? ¿Es siquiera posible? La respuesta es sí. Pero claro, esto requiere el uso correcto de la técnica dramatúrgica.

Las "kortas" de esta temporada ofrecen un buffet bastante variado: Lobos en el ocaso, escrita por Rodolfo Esquivel y dirigida por Ricardo Zamudio, abre el festín con la historia de un muchacho que, al buscar la ayuda económica de su tío, termina descubriendo un oscuro secreto familiar. Lo que podría haber sido un interesante drama, finalmente pasa por agua tibia precisamente porque el formato "micro" (que en este caso no le hace ningún favor a la dramaturgia) limita a sus actores y evita que puedan realmente interiorizar las circunstancias dadas y procesar los momentos álgidos de la trama, trivializando una situación compleja y turbia. A Noche caliente, escrita y dirigida por Jesús Álvarez, le va algo mejor, quizá porque conoce sus fortalezas y no intenta ser más de lo que es. En esta pieza breve, un hombre contrata los servicios de una prostituta solo para verse finalmente estafado por ella. Las cosas mejoran considerablemente con Amores (Ale)atorios, escrita y dirigida por Chiara Rodríguez Marquina. La historia de dos mujeres que interactúan por tinder tiene gracia. Los textos son ágiles y divertidos. Moca y Maritza Díaz derrochan carisma y a pesar de que nunca interactúan directamente su relación es verosímil. Existe un arco dramático y un hilo conductor que nos lleva de un inicio a un fin. El gran final lo trae Por algo pasan las cosas, escrita por Brayan Vilchez y Gian Morales, y dirigida por Mauno Hurtado. Este micromusical narra la historia de dos extraños que se encuentran en un paradero, el cual termina siendo testigo de su inesperada conexión. Destacable aquí es el trabajo de Vilchez, quien desde el primer momento que pisa el escenario demanda atención con su presencia escénica y logra una profundidad aplaudible en su personaje gracias al buen uso de la palabra y el cuerpo, y el de Mauno, quien con buenas decisiones logra realzar los momentos cúspide de la obra.

¿Es, entonces, la temporada 18 de Kortas una buena opción teatral? Creo que la respuesta variará de persona a persona. Aquellos que buscan algo con un mínimo nivel de profundidad y complejidad probablemente salgan un poco decepcionados. Aquellos que, por el contrario, prefieren algo más superficial puede que pasen un buen rato. Y de eso finalmente trata todo, ¿no? De pasarla bien. ¿Y qué mejor forma de saber qué nos hace pasarla bien -y qué no- que experimentando y juzgando por nosotros mismos? Les quedan aún tres miércoles. La pelota está en tu cancha.

Sergio Lescano

6 de febrero de 2026

Crítica: EL PRINCIPITO


Una puesta que nos recuerda que “lo esencial es invisible a los ojos”

El colectivo teatral Telón Mestizo abrió su temporada en el Centro Cultural Cafae-SE con El Principito, adaptación del clásico de Antoine de Saint-Exupéry realizada por Omar Velásquez. La dirección estuvo a cargo de Jiro de la Vega, la directora de movimiento es Linda García, con Emili Espinoza en la asistencia de dirección y Rocío Guerra como asistente de producción.

No ahondaré en la historia —supongo que es conocida por quienes leen esta crítica—, pero sí destaco la acertada decisión de presentar la obra en un espacio pequeño. Resalto, además, el trabajo físico de los actores y su capacidad para jugar con los elementos de utilería, construyendo una historia dinámica. Como suele ocurrir en las obras familiares, los personajes buscan conectar directamente con los niños para incluirlos activamente en la experiencia.

Si bien el guion mantiene la esencia del libro, se incorporan elementos que remiten a momentos muy peruanos y audios en tendencia de TikTok, aportando un enfoque más local. Una decisión especialmente acertada es el acompañamiento musical, que aporta agilidad y hace la obra más amena.

El Principito es una puesta familiar, y lo mejor antes de asistir es comentar brevemente la historia con los más pequeños de la casa, para que puedan entender el contexto de la obra y no estén tan perdidos.

Finalmente, es necesario mencionar que el elenco está conformado por Danny Borja, Sandra Epequin, César Marticorena, Jacqui Arce, Víctor Lucana y el mismo De la Vega. El acompañamiento musical estuvo a cargo de Eduardo Zapata.

Javier Bendezú

6 de febrero de 2026

lunes, 2 de febrero de 2026

Crítica: VOLVER A MIRAR


Archivo en movimiento

Cuando hablamos de reposición, entendemos que volveremos a presenciar algo ya visto. Cuando hablamos de repaso, pensamos en una revisión de lo esencial. Volver a mirar no es exactamente ninguna de las dos cosas. No busca repetir lo que funcionó ni reinstalar imágenes conocidas. Mirella Carbone, en cambio, nos invita a acompañarla, a darle una ojeada honesta a su propia obra y embarcarnos, junto a ella, en la tarea de repensar su significado. Incluso, y sobre todo, para quienes no hemos disfrutado antes de esas imágenes.

La danza-teatro tiene la deliciosa particularidad de no explicarnos el contexto. Hay que jugar un poco a adivinar, dejarse llevar por los sentidos, por lo que generan la música y el movimiento. En esta obra, Carbone propone un juego aún más complejo: el de intentar comprender, o aceptar no comprender del todo, la mezcla de personajes y mensajes que atraviesan la escena. Figuras que aparecen y reaparecen: un hombre de hojalata, una monja, un amor, una sombra. O lo que puedan llegar a significar.

Carbone también nos hace parte de su intimidad. Nos comparte la mirada sobre su cuerpo y, por extensión, nos invita a mirar el nuestro. Nos enfrenta con la dureza del tiempo y, al mismo tiempo, nos deja una advertencia: el tiempo avanza y cumplir los sueños es un deber. Pero también nos pide permiso para detener el tiempo. Y en ese gesto, nos regala la posibilidad de pausar el nuestro, de olvidar por un momento las edades y todo lo visible. Entonces volvemos a mirarnos, sí, pero no desde el mismo lugar, sino ahora con otros ojos.

Volver a mirar no exige comprensión. No se impone ni busca respuestas claras, pero sí cuestionamientos. Nos exige permanecer atentos a lo que el cuerpo recuerda, incluso cuando no somos conscientes de ello. Propone un estado en el que mirar implica dejarse afectar y aceptar que no todo lo vivido necesita ser ordenado para tener sentido.

Hay algo profundamente honesto en esta propuesta, porque Carbone no intenta fijar su trayectoria como un archivo final. Se expone desde el presente, con un cuerpo que ya no es el mismo y que, justamente por eso, carga nuevas preguntas y también respuestas. Aquí, el pasado no pesa: se reconoce, se honra y se suelta, sin victimismos ni conformidades, sino como un punto y aparte para seguir siendo arte.

Tal vez por eso la obra resuena de manera particular en quienes atravesamos también ese tránsito silencioso de envejecer sin querer reducirnos a un número. Volver a mirar recuerda que honrar el cuerpo no implica aferrarse a lo que fue, sino escucharlo en lo que es hoy.

La danza-teatro es ambigua, como esta pieza. Compartimos imágenes y experiencia, pero salimos de la sala sin certezas. Tal vez no se trate de entender, sino de aceptar la incomodidad de volver a mirarnos sin respuestas. Solo con la sensación de que algo se movió: en el cuerpo, en la mirada, en el tiempo.

Cristina Soto Arce

2 de febrero de 2026

Crítica: ELLO


Un trastorno mental en escena

Ello es un drama psicológico; esto es, se centra en lo que ocurre en la mente del personaje más que en el argumento, que resulta un pretexto para exponer su trastorno psicológico. De este modo, esta obra se suma a esta temática que ha ingresado con fuerza al teatro nacional. Últimamente lo vimos en Hielo en la sangre o Mi madre se comió mi corazón: no es simplemente la mayor relevancia de los conflictos psicológicos que tiene todo personaje, sino que la condición, trastorno o enfermedad mental se transforma en el tema y objeto de la obra.

Asumir un personaje con una condición, trastorno o enfermedad mental determinada es un gran reto, tanto para el dramaturgo como para el actor. En Ello, ambos roles los asume Eduardo Andía, que nos sorprende con un texto bien desarrollado, con el cual nos presenta al personaje afectado (Cristian) y una interpretación que revela una dedicada y cuidadosa construcción.

La voz que recibe al público en el Teatro Auditorio de Miraflores advierte que la representación de un personaje con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) no debe considerarse una generalización. Los profesionales en salud mental podrán debatir si las conductas en escena corresponden a un caso típico de TLP; pero es una obra teatral y no una conferencia sobre psiquiatría. Lo importante es que Cristian ha sido construido con la coherencia suficiente para transmitir su crisis emocional, su desamparo y constituye así un motivo de interés dramático. 

El ello -en la teoría del psicoanálisis con la que Freud explica el funcionamiento psíquico humano- es esa parte o instancia de la estructura cuyo contenido es inconsciente y se expresa en pulsiones y deseos. La obra de Andía se desarrolla precisamente por impulsos y reacciones que van incrementando la tensión conforme Cristian se relaciona con las personas más importantes de su mundo y nos transmite su inestabilidad emocional, el temor intenso a ser abandonado, su comportamiento impulsivo. El encierro (no sabemos por qué, pero es evidente que el personaje no puede salir de su espacio) contribuye a la tensión.

Por ello, todo el texto y carga dramática recaen en Cristian, quien recibe el inútil apoyo de su novia, su mejor amiga y su madre. Tres mujeres que le brindan afecto de distinto modo, sin conseguir el equilibrio o una reacción positiva del joven. María, la novia (Julimar Nolasco), sin brillar en su personificación, deja claro su objetivo haciendo uso de más recursos histriónicos que las otras actrices. Leonora (Ariana Aguilar), cumple el rol de la mejor amiga, pero debe trabajar el tono de voz y el manejo de sus emociones. Isabela (Medalit Acosta), la madre de Cristian, a pesar de lo fundamental que debería ser en un caso real, tiene muy poca participación, lo que no es un defecto de la dramaturgia sino, por el contrario, la ausencia necesaria para revelar la falta de apoyo familiar, reducida al envío de dinero e ignorancia de la condición de su propio hijo, al que reclama decisiones más “normales”. Acosta comunica verbal y gestualmente esa absurda e inútil exigencia maternal, aunque la rigidez del cuerpo no corresponda a sus intenciones y atenúa el conflicto en lugar de llevarlo al extremo.

Estos son detalles que revelan cierto desnivel actoral, pero no desmerecen el resultado de la dirección general, a cargo de Carlos Daniel Licapa, quien conduce acertadamente la obra, pues durante hora y media la angustia de Cristian irá creciendo y no sabemos cuál puede ser el límite de su conducta... Aplausos.

David Cárdenas (Pepedavid)

2 de febrero de 2026

Crítica: LOS VOTOS DE NADIE


El poder olvidado de la sátira

La Compañía nos presenta Los votos de nadie, obra inédita escrita y dirigida por Orlando Chiroque, con la que culmina su proceso en el segundo Taller de Dirección y Producción Teatral de La Ira Producciones. La Sala Quilla es el lugar escogido para lo que no puede describirse como otra cosa que una fiesta electoral. Pero... ¿es una fiesta a la que estamos ansiosos por llegar? ¿O una de la que no podemos esperar irnos? 

La historia es sencilla: Domingo Díaz, interpretado por Piero Pérez, es el recientemente elegido presidente del Perú. Junto a su esposa y Primera Dama Martina, rol a cargo de Norma Cabrera, el mandatario ocupa su día sentando las bases de lo que será su gobierno. Todo es algarabía y cantos de victoria en el palacio hasta que se filtra el rumor de que "el último artista que queda" ha sido aprehendido y se encuentra en las instalaciones. A partir de aquí se desatarán situaciones en las que conoceremos hasta qué punto puede llegar a corromper el poder a los que lo poseen, y en qué medida el silencio de los ciudadanos nos hace cómplices de las barbaridades que acontecen en nuestro país. 

Desde la primera llamada, es evidente que el código de la obra será farsesco, satírico. Ratas humanoides vestidas con mamelucos rojos similares a los de La Casa de Papel ocupan el escenario en actitud lúdica, festiva. Cantan, bailan, juegan, arengan, pero sobre todo contagian un espíritu jovial que no abandona la obra hasta su final, lo cual es de por sí un gran logro. Cuando empiezan a desfilar uno por uno los personajes que componen este universo político patas arriba (el cual incluye un brujo muy criollo, un militar nada inquebrantable, una hija tiktoker y una enérgica experta en redes sociales) se va reafirmando el tono burlón buscado por el dramaturgo. Tono que, gracias al correcto trabajo de dirección de actores y a un texto que combina eficazmente el humor criollo con mordaz crítica social, no solo funciona y entretiene, sino que logra hacer una potente crítica de los llamados "tibios", los apolíticos, los que callan y por consiguiente otorgan. 

Es difícil destacar una sola actuación, ya que coralmente el elenco logra lo que todo elenco de una farsa -y de una obra en general- busca: que su personaje destaque individualmente, pero a la vez que se integre con facilidad dentro del grupo sin desentonar ni romper el código solicitado. Iré incluso más allá y diré que el trabajo de construcción de personaje (tanto física como vocal) es destacable, ya que todos los actores y actrices del elenco logran particularizar sus personajes dándoles una cadencia, una postura, una voz, una risa, y una especificidad única y divertida. 

Existen mínimos detalles, más que nada técnicos, que podrían mejorarse, sobre todo a nivel de ritmo entre y durante las escenas, y alguno que otro cambio de utilería que podría ser más oportuno, pero en general, Los votos de nadie logra ser lo que se propone ser: una crítica social inteligentemente empaquetada dentro de una divertida sátira. Todos en el Perú hemos clamado alguna vez por un cambio. Chiroque no postula que el humor sea la respuesta al caos, pero sí pretende utilizarlo como herramienta de movilización. Queda en nosotros escuchar el mensaje y no solo reírnos de nosotros mismos, sino finalmente despertar de nuestra zozobra y tomar acción en miras a aquel cambio que tanto deseamos, y que nos ha sido esquivo por tanto tiempo.

Sergio Lescano

2 de febrero de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Crítica: CONTRA-FUTURO


Entre el pasado y el futuro

Contra-futuro fue una propuesta escénica gestada a partir de un laboratorio escénico e investigación colectiva, la cual se presentó en la edición 2026 del Festival Saliendo de la Caja. Bajo la dirección Leonardo André, el montaje inicia con la evocación al descubrimiento del fuego robado por Prometeo, presentado no solo como un hito histórico, sino como el primer gesto de transformación humana. Entonces, cinco historias se entrelazan: el ser más primitivo buscando sobrevivir; una montonera atrapada en medio del conflicto; una mujer que relata el pasado entre mitos y deidades; la era moderna representada por una bailarina que no encuentra su lugar; y el futuro tan incierto como inminente.   

El tiempo y las distintas eras que ha recorrido la humanidad se conectan más por la experiencia física y simbólica que por una narrativa lineal.  Así, las interpretaciones de Fiorella Bastidas, Matías Dextre, Rafaela Prado, Inés Arroyo y Ritzia Landauro utilizan el cuerpo como principal vehículo de expresión. Se percibe una exploración física sostenida, donde el gesto y la presencia escénica tienen tanto peso como la palabra. Los cuerpos que aprenden, que se adaptan y se enfrentan a la violencia, la tecnología y la modernidad.

Respecto a la escenografía, el uso de varios elementos móviles, las prótesis (elaboradas por ellos mismos), los vestuarios, la iluminación y la música acompañan la idea de evolución y transformación constante. Sin embargo, el ritmo en algunos cambios de escena puede revisarse para futuras presentaciones.

Contra-futuro, a través de la identidad queer* como impulso del lenguaje escénico, no busca dar una respuesta, sino abrir el debate frente al progreso, la identidad y el precio de la modernidad. Además, reconoce el paso del tiempo y las nuevas formas de habitar el mundo. Sin duda, una creación post-moderna honesta y potente que dialoga con el pasado, el presente y las inquietudes del espectador contemporáneo.        

Maria Cristina Mory Cárdenas

1º de febrero de 2026

*https://cnnespanol.cnn.com/2024/06/28/que-es-ser-significa-queer-trax

Crítica: CAOS EN FAMILIA


¡A repartirse la herencia!

Uno de los últimos montajes de Mever Producciones, escrito y dirigido por Gianfranco Mejía, fue La herencia (2024), un eficiente drama que tuvo en su elenco a nuestro primer actor Hernán Romero en su último papel sobre las tablas. Pertinente mencionar esta puesta en escena, pues Mejía viene presentando actualmente otra temporada similar titulada Caos en familia, en el Centro Cultural Ricardo Palma, que guarda muchos paralelismos con la pieza antes mencionada, incluso compartiendo parte de su elenco. En esta obra, nuevamente la repartición de una herencia ocasiona los previsibles enfrentamientos entre una familia disfuncional; sin embargo, existe ahora el propósito de mostrarlos en clave de comedia, con resultados irregulares que bien podrían superarse con una revisión en la dramaturgia.

Debe señalarse que Caos en familia no es un estreno posterior a La herencia: se trata de un tardío reestreno de la puesta original en el 2019. La trama, como ya se mencionó, sigue los mismos derroteros: el patriarca de cuestionable conducta fallecido recientemente, dos hermanos enfrentados por bienes materiales, un mayordomo mediador entre ambas partes y un mensaje aleccionador hacia el final. Acaso Mejía debe siempre tener cuidado cuando recicla textos pasados de su autoría, ya que son sus últimos estrenos los que vienen acusando una saludable madurez, pues en sus reestrenos, muchas veces, esta no se logra visibilizar, como en Eutanasia (2023). Caos en familia no escapa de ese aspecto: el humor no termina de despegar en varias escenas; algunos personajes se encuentran apenas bosquejados; la mejor secuencia (aquella de los brownies) no tiene relación alguna con la herencia en sí; y se sobrecarga la trama con discursos dramáticos, que remiten irremediablemente a la muy superior La herencia.

Si bien la tensa relación entre los hijos herederos del difunto (Paola Miñán y Pedro Olórtegui) y la sensata presencia del mayordomo (Rafael Sánchez Mena) se encuentran bien delineadas, es en los personajes más jóvenes en donde se visualizan las oportunidades perdidas, debido a la escasez de conflictos mayores: los primos superficiales (Luis Alonso Leiva, Alexis Arteaga y Renato Babilonia), la guapa estudiante de intercambio (Valkiria Aragón) y la hija rebelde del criado (Lorena Reynoso) prometían un mayor desarrollo dramático (y cómico) entre ellos, que bien pudo explotarse en mayor medida. A pesar de estos reparos, la nueva reposición de Caos en familia de Mejía no deja de mantener el interés y entretiene como la amable comedia que pretende ser.

Sergio Velarde

1º de febrero de 2026

viernes, 30 de enero de 2026

Crítica: LA SUITE


Una suite de locos encantadores

La comedia se instala desde el primer momento, cuando aparece el botones del hotel (Miguel Iza), con una apariencia estrafalaria, casi un Micky Vainilla (el personaje de Daniel Capusoto) con su bigotito hitleriano y delicadeza amanerada, para dar la bienvenida a la pareja de recién casados (Sergio Galliani) y (Connie Chaparro). Completa el elenco Lilian Schiappa, mucama de este increíble hotel.

En una noche de bodas pueden pasar muchas cosas, pero ninguna como las que le sucede a nuestra pareja. Lo peor es que la historia se repite, como un inútil intento de no tropezar, pero el resultado es cada vez más caótico y de ese modo, la diversión del primer momento se intensifica. El único agotado es el pobre novio que debe cargar a la novia cada vez que reingresa a la habitación. Los demás la pasamos felices de que vuelva y quedamos a la expectativa de qué nueva locura nos depara.

Una comedia refiere realidades, pero de manera absurda y nosotros nos reímos de lo absurdo, porque lo creemos imposible y, sin embargo, no resulta tan lejano de nuestra experiencia cotidiana. Claro que nadie espera encontrar a un botones y a una mucama como ellos y seguramente tampoco a recién casados como estos.

Felizmente, el autor (Fernando Schimdt) ha tenido la genialidad de construir estas breves historias sucesivas de modo tal que el ritmo no decaiga en ningún momento sino, por el contrario, que el público se pegue a lo que viene; y los transeúntes que tropiezan con ellos al salir del teatro Marsano, poco antes de las 10 de la noche, ven salir a gente feliz o al menos lo suficientemente alegre para creer que la vida todavía puede ser divertida, pese a lo que pasa en el mundo real.

Galliani, además de sorprendernos bien como director, se complementa con Chaparro para constituir la pareja de recién casados cuya “normalidad” no es tan normal. Pero el ritmo de la comedia se desarrolla gracias a la genial actuación de Iza (a quien acostumbramos ver en estupendas interpretaciones dramáticas). La participación de Schiappa es secundaria, pero juega su rol complementario para refrescar la hilarante acción del botones.

El escenario de la suite nupcial no cambia en cada historia. Ni siquiera los pasos iniciales. Solo se hacen más intensos los efectos y las situaciones resultan cada vez más absurdas. La obra juega con la farsa como propuesta escénica y la frivolidad como temática, que el director logra combinar de manera creativa para conseguir el objetivo: divertir con gags efectivos y sin mayores complicaciones, como le gusta al público del Teatro Marsano, que el último miércoles (popular) llenó a tope la sala. ¡Felicitaciones por ello!

David Cárdenas (Pepedavid)

30 de enero de 2026

miércoles, 28 de enero de 2026

Crítica: EL MAGO DE OZ


La relevancia de la inteligencia, el coraje y la solidaridad

La Asociación de Artistas Aficionados (AAA) inauguró la temporada teatral 2026 con el estreno de El Mago de Oz, clásico de la literatura infantil en una adaptación dirigida por Ivi Cordero, con las actuaciones de Miguel Martínez, Pablo Hoyos, Sol González y Beleny Gómez, quien además se desempeña como asistente de dirección.

En esta obra, de una hora de duración, la dramaturga propone una lectura contemporánea de la novela. Dorothy y su perro Totó son arrastrados por una tormenta hasta el mundo de Oz y, en su intento por regresar a casa, recorren el camino amarillo, donde se cruzan con diversos personajes que propician diálogos y reflexiones sobre la infancia, la comunidad y el sentido de pertenencia.

Aunque el texto sostiene que la verdadera magia surge de la inteligencia, el coraje y la solidaridad, la puesta no termina de conectar con todos los espectadores, sobre todo con aquellos menos familiarizados con la historia. Destaca, sin embargo, la interacción con el público infantil, cuya participación entusiasta dinamiza la función.

Si bien el montaje es sencillo, los actores lo aprovechan eficazmente para desarrollar cada escena. En el plano técnico, se evidenciaron fallas que impidieron comprender la letra de la canción inicial. Llama la atención, además, el intento de incorporar el tema Somewhere Over the Rainbow mediante un video reproducido en un dispositivo digital, visible únicamente para el público de las primeras filas del Teatro Ricardo Roca Rey.

Pese a que se trató de una función de estreno, cabe confiar en que el equipo haya identificado los aspectos por mejorar a medida que avancen las funciones. Para quienes decidan asistir, conviene llegar con una mínima referencia de la historia y así disfrutar mejor la propuesta.

Javier Bendezú

28 de enero de 2026 

Crítica: CUERPXS MARRONES EN RESISTENCIA


Marrón tierra, marrón sagrado

El Festival Saliendo de la Caja le devuelve a una frase trillada el sentido y poder con las obras que nos invita a presenciar. Cuerpxs Marrones en Resistencia no es la excepción. Una vez más, el festival cumple el objetivo de incomodar (para acomodar), empujándonos con cada imagen, cada acto, cada frase y mensaje, justamente a pensar y sentir fuera de esa burbuja que nos envuelve y no nos permite ver más allá.

Desde el inicio, la tierra se convierte en una de las protagonistas de la obra cuando un cálido Wedner Velásquez hace una invitación a brindar por ella, a honrarla y respetarla. A hacerle una ofrenda, pedirle permiso y, por supuesto, bendiciones. La tierra es aliada, adorada.

Luego, se impone la tierra sucia, la que se pega a la piel. La que se remueve y se violenta. La que se cava para hacerse ricos mientras se empobrece la vida. Ya no es la tierra divina, sino la oscura y cargada de humanidad. O, en este caso, de toda la inhumanidad llevada por la codicia extractivista. Es el contraste de lo sagrado y lo explotado en un mismo espacio. Y ahí mismo, un cuerpo que carga también con esa contradicción.

Ese cuerpo aparece para explicar lo que no se puede entender. Intenta contarnos de un sufrimiento que no puede sentir quien no lo vive en carne propia, pero que genera repudio si se mira de frente a ese cuerpo, a su transformación, pero más que nada, a quien lo obliga a deformarse. Ese cuerpo, marrón como la tierra, también sagrado y transformado, intenta mostrarnos lo que desde la lejanía de la capital y el privilegio no logramos ver. Y entonces, Lucero Calderón, quien no solo interpreta a ese cuerpo en escena, sino que también escribe y dirige esta obra, se apoya de sonidos que perturban, de imágenes que frustran y encolerizan, de fotografías que nos recuerdan que el arte también es denuncia. Que ya no hay distancia posible: no es ficción, es historia viva, es dolor encarnado.

Lo grotesco también se apodera del escenario y de la historia. Las formas, los gritos, lo brutal de la falta de compasión. La ignorancia del poderoso y la sabiduría de lo ancestral se reflejan en ese cuerpo danzante y en el monstruo que lo observa. 

Cuerpxs Marrones en Resistencia nace de una realidad y un dolor de nuestro país que se intenta esconder bajo la idealización de “progreso”, como muchas otras dolencias que tenemos. Es también fruto de una ardua investigación que busca entrelazar, con mucho respeto, los mundos conocidos y estudiados de la autora. No explica, pero dice todo lo que quiere decir y cala donde tiene que hacerlo. Habla, además, de un pueblo y de su goce como lucha. Habla de un color, de la tierra misma, que no se amilana ante nada pero que, como dice la creadora de esta pieza, hay que proteger.

Cristina Soto Arce

28 de enero de 2026