jueves, 8 de octubre de 2026

Crítica: ABRUMADORA Y SOBRE-ESTIMULANTE


El vértigo digital llevado a las tablas

¿Alguna vez te preguntaste cómo se sentiría una persona luego de pasar mucho tiempo con el celular? Eso es lo que nos muestra Abrumadora y Sobre-Estimulante, una obra teatral unipersonal e interactiva escrita, dirigida e investigada por Vian L. King e interpretada por Sebastián Ramos.

Para poder hablar de la dirección es necesario mencionar que Vian L. King parte de una premisa arriesgada y sumamente atenta a las dinámicas contemporáneas: replicar físicamente la fatiga por el consumo compulsivo de pantallas. Su mayor acierto ha sido el de no tomar la vía convencional de la narrativa lineal, sino en estructurar el espacio como un flujo incesante de estímulos donde la atención del espectador se disputa segundo a segundo.

No obstante, por momentos da la impresión de que el director se sobrepasó con la saturación visual. Al intentar criticar la dispersión del tiempo y la falta de atención, la obra termina cayendo en su propio juego exigiendo un esfuerzo que resulta agotador para el espectador y bordeando el exceso sensorial.

Debido a que es un unipersonal, Ramos tiene que lidiar contra decenas de estímulos externos, por lo que cuenta con una gran responsabilidad interpretativa: a lo largo de la obra demuestra una resistencia física y un compromiso escénico encomiable, logrando encarnar la ansiedad, el automatismo y el vértigo de un usuario atrapado en el bucle digital. Asimismo, puedo decir que Ramos sabe sostener la tensión corporal con solvencia, aunque se echan en falta mayores matices de pausa e introspección que humanicen el vacío detrás del meme y la tendencia.

Debo reconocer que la producción se lució muchísimo en esta obra: si bien es un montaje simple, el despliegue técnico es el músculo principal del montaje. El uso de una gran cantidad de videos, recursos de videomapping, proyecciones en múltiples superficies y un diseño lumínico e intensivo operan no como meros adornos, sino como verdaderos coprotagonistas y agentes activos de la escena.

De la misma manera, la composición sonora de Marcelo Mellado funciona como un engranaje milimétrico que ahoga y acorrala al espectador. Creo que, en suma, es una producción ambiciosa que logra su cometido operativo y estético.

Finalmente, debo decir que Abrumadora y Sobre-Estimulante es un espejo incómodo y lúcido de nuestra cotidianidad hiperconectada. Esta propuesta desafía la monotonía de la cartelera limeña y, aunque a veces se enrede en un exceso de artificios que le resta peso dramático, acierta al plantear una urgencia incómoda: cómo nos estamos consumiendo la vida a través de la pantalla del celular.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

Crítica: VICTORIA, EL MUSICAL


El poder de lo femenino

Resulta importante, en estos tiempos, crear personajes femeninos que representen la figura de la mujer peruana, atravesada por la contradicción, la esperanza y un profundo empoderamiento. Bajo esta premisa se presenta Victoria, un nuevo musical, protagonizado por Cynthia Bravo, con dramaturgia de Malu Gil y Ángela Mesa, música y letras de Sebastián Abad y la dirección escénica de Gil. Un unipersonal que coloca en el centro el éxito, el poder, la identidad y las heridas que permanecen cuando todo parece estar conquistado.

Gil asume la dirección con una mirada atrevida y contemporánea. Su decisión de incorporar una banda de mujeres dentro del escenario es uno de los aciertos más significativos de la puesta: no se limita a acompañar musicalmente a la protagonista, sino que hace visible a otras mujeres produciendo, sosteniendo y habitando el acontecimiento escénico. Lo femenino no está únicamente en el discurso de la obra; está en la materialidad de la escena. El escenario se convierte así en un espacio donde las mujeres no solo son representadas, sino que hacen que el espectáculo suceda.

Bravo posee una vehemencia escénica oportuna. Su presencia sabe imponerse sin convertir cada instante en exceso. Hay algo felino en su manera de habitar el espacio: observa, mide, acecha y avanza. Su cuerpo sostiene permanentemente la tensión entre la seguridad de Victoria y aquello que amenaza con quebrarla. Bravo comprende que el poder no necesariamente se interpreta desde la dureza; también puede aparecer en la contención, en una mirada o en la manera de ocupar el espacio. El canto, además, se integra orgánicamente a su actuación y permite que la música sea parte del conflicto y no un simple intervalo narrativo.

El desarrollo de la trama es impecable. La dramaturgia administra la información con precisión y permite que cada revelación transforme nuestra percepción del personaje. No se trata únicamente de contar la historia de Victoria, sino de dosificar aquello que sabemos de ella para que el personaje se vaya complejizando ante nuestros ojos. La estructura encuentra su eficacia justamente en esa capacidad de conducir al espectador sin perder el pulso emocional.

Las letras de Abad aportan una mirada sensible al universo de Victoria. Las canciones amplían aquello que la dramaturgia propone y permiten que el personaje se exponga desde otro lugar. La palabra cantada no funciona como ornamento: abre una dimensión emocional que profundiza sus contradicciones, sus deseos y sus heridas. Abad consigue que la música dialogue con la construcción dramática y que cada canción tenga un peso dentro del recorrido del personaje.

Pero la obra no está exenta de una tensión. La mujer exitosa que ha construido una imagen de poder y que finalmente debe enfrentarse con las heridas de su pasado pertenece a un imaginario que el teatro y el audiovisual han transitado numerosas veces. El riesgo aparece cuando el empoderamiento se convierte en fórmula: triunfar, resistir y sanar. La propuesta es más potente cuando se permite escapar de esa ruta y mostrar a Victoria no como una mujer invulnerable, sino como una mujer contradictoria, capaz de sostener su poder sin negar aquello que la quiebra.

Juan Pablo Rueda

8 de octubre de 2026

Crítica: MUJERZOTAS


Una puesta en escena que cumple con las expectativas

Hace poco tuve la oportunidad de ver Mujerzotas en el Teatro Esencia de Barranco. Esta obra, una comedia sobre un enredo familiar enfocada en la relación entre una madre y su hija, es escrita y dirigida por Sergio Lescano y cuenta con las actuaciones de Trilce Cavero, Silvia Chávez, Christine Lemus, Sandra Melgarejo, Hebe Sánchez y José Soto.

Personalmente considero buena la dirección de Lescano. Fue bastante acertada al hacer que esta obra tenga un ritmo ágil que mantenga al público pendiente; además, supo guiar sabiamente a los miembros del elenco de la obra para que cada uno de sus personajes no pierdan su esencia. En cuanto a la actuación, el trabajo interpretativo se beneficia notablemente de un elenco diverso en trayectorias y energías. Además, los actores demuestran un compromiso físico y vocal encomiable.

Al tratarse de una obra de teatro independiente, es comprensible que existan ciertas limitaciones de producción. Si bien un diseño de iluminación más cuidado habría potenciado varias escenas, el despliegue técnico actual cumple con brindar el soporte necesario para sostener la puesta en escena.

Finalmente, creo que Mujerzotas nos muestra un ejercicio escénico honesto. Si bien hay cuestiones técnicas que se pueden resolver, compensa notablemente con el trabajo realizado por el elenco y la clara visión del autor y director.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

domingo, 4 de octubre de 2026

Crítica: SOÑÉ QUE ESTABA DORMIDA


Por un arte que también nos cuide 

En el mes de la prevención del suicidio, el Club de Teatro de Lima presenta Soñé que estaba dormida, una obra que ofrece una mirada sensible, pero también un llamado fuerte, para voltear a ver a quienes muchas veces sufren en silencio. A pesar de lo complejo que puede resultar hablar de este tipo de temas, reconocemos la importancia de ponerlos en el escenario: la distancia entre este y el público crea un espacio donde, en las dinámicas del teatro, pueden surgir dudas, sentimientos y reflexiones, dentro de un marco de empatía y receptividad. Así, en la línea del respeto y la comprensión, se incluye un conversatorio guiado por un psicólogo; de tal modo, la apertura lograda por el arte nos coloca en un lugar amable, en que se puede conversar con la orientación profesional, y que requiere ser sacado a la luz, más que ocultado.

La historia nos presenta a Paloma, una joven que ha atravesado la reciente pérdida de su abuela y la ruptura de una relación amorosa larga. Ella, que ya había tenido ideas sobre suicidarse, ante una situación que siente que la sobrepasa decide hacerlo: a través de la obra, la seguimos en su camino a recibir atención y la acompañamos en el doloroso limbo. Entre ello, nuestra protagonista, encarnada por la actriz Yaremis Rebaza, se encuentra entre sueños con su abuela Carmen Luz y su bisabuela Matilde, interpretadas por Astrid Villavicencio y Déborah Baquerizo, respectivamente. Ambas, cada una con su carácter y a partir de su experiencia, se mantienen al lado de Paloma y la apoyan amorosamente. La complicidad entre las tres mujeres es expresada por medio de los elementos en escena: el uso de telas y los juegos de luces nos evocan los vínculos y sentimientos que generan mucha nostalgia, y que son los que tanto apreciamos.

Queremos destacar la dirección de Rodrigo Chávez y la dramaturgia de Eduardo Adrianzén, experimentado escritor, quienes de manera muy lograda nos permiten acceder al mundo interior de Paloma, con sus colores y sombras. Es en este espacio íntimo donde vemos la necesidad de hablar de estos temas y hacer siempre más esfuerzos para proteger a quienes requieren apoyo. Nos alegra mucho que desde el Club de Teatro de Lima se presenten propuestas como esta, que articulan el arte y la ciencia, para ayudar a que el público se vaya a casa con nuevas perspectivas. Definitivamente este tipo de proyectos merecen volver a presentarse, por su gran relevancia y el profundo cariño y respeto con que son realizados. 

Jimena Muñoz

4 de octubre de 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

Crítica: SANTIAGO – O CÓMO OLVIDAR A ALGUIEN


La herencia del dolor  

¿Cómo se explica la ausencia?, aquella que no se eligió, que fue violenta y sin explicación. Santiago – O cómo olvidar a alguien, escrita y dirigida por Omar Leonardo, plantea estas interrogantes, llevando a escena un drama familiar que hereda un dolor que pesa más que el olvido. 

Bajo la producción de Estado de Juego & Kaleido, la breve temporada se llevó a cabo en el Teatro Ares, espacio propicio para contar la historia de Santiago, un joven de diecisiete años que fue detenido durante el conflicto armado interno peruano, desapareciendo y dejando un vacío que por muchos años atormentó a su familia. Cuando los primos que nunca lo conocieron, regresan a casa, reviven el eco de su nombre, quizá para tratar de entender y sanar. El elenco lo conformaron Jared Portocarrero, Belén Suárez, Martín Fernández y Davo Salazar, quienes defendieron sus roles con aplomo, matizando las diferentes energías requeridas por los personajes.  

Respecto a la escenografía, los elementos representativos de la fe, el juego de luces, y accesorios como las sillas y mesa, funcionaron para el desarrollo de las escenas; así como los cambios de vestuario. Sin embargo, en una parte del monólogo de la madre, el sonido de la música no permitía escuchar del todo el clamor del personaje. A propósito, cabe destacar el trabajo musical en vivo de Luciana León, quien, con su voz y acordes de guitarra, terminó de construir la atmósfera de nostalgia, dolor y esperanza que la obra proponía. Por ejemplo: la escena del cumpleaños de Santiago o la escena de la procesión, reflejaron los momentos más conmovedores de la puesta.     

Santiago – O cómo olvidar a alguien es un justo recordatorio de una época dolorosa en la historia de nuestro país. Una paradoja debido al título de la obra, que se cuestiona el olvido de un ser humano, cuya su historia familiar se convierte en un duelo que sobrevive a las generaciones posteriores.  

Maria Cristina Mory Cárdenas

1° de octubre de 2026

Crítica: ¡FUNADO!


Cuando se cae la máscara

¡Funado!, escrita y dirigida por Gerardo Ruiz Miñán, reúne en escena a Óscar López Arias y Anahí de Cárdenas como protagonistas, junto a Miguel Álvarez, Jackie Vásquez, Elisa Costa y Guadalupe Farfán. La historia sigue a Juan Carlos (López Arias), un publicista limeño que decide dedicarse a la escritura y encuentra en ella un nuevo éxito.

Nos enteramos al iniciar la obra que su libro ha sido premiado con un galardón importante. Sin embargo, la celebración por ello dura poco, pues luego de sus actitudes cuestionables durante su rueda de prensa, empiezan a circular acusaciones en redes que manchan su imagen pública, y es ahí donde el título cobra sentido.

Lo más interesante de la obra es cómo muestra que la sobreexposición de las redes moldea nuestra manera de pensar y, de forma casi inevitable, deja a la vista la peor versión de nosotros. Y esa versión aparece con más fuerza cuando la máscara que construimos ante los otros se cae. Juan Carlos, quien se presenta como un hombre exitoso y respetable, ve en tiempo real cómo esa imagen se desmorona frente a todos. A ello se suma la idea de que “los tiempos han cambiado”. Lo que antes se consideraba normal, hoy ya no lo es, porque existe una nueva vara moral que se ha visto masificada por la facilidad de intercambio de información que hay en las redes.

Las actuaciones sostienen bien el ritmo de la comedia. Vásquez, como Giovanna, tiene una actuación remarcable, con una presencia escénica potente que roba las miradas de los espectadores. La química que construye con De Cárdenas y López Arias es muy buena e hilarante, y se deja entrever en cada cruce que tienen. 

Cabe precisar una breve observación: el personaje de Farfán, quien detona el arranque del conflicto de Juan Carlos, lo hace desde un hecho lejano que ocurre fuera de escena, y luego reaparece para seguir removiendo las cosas. Considero que, al ser tan determinante para la historia, el personaje pudo haber tenido más presencia y más peso dentro de ella.

¡Funado! es una obra que nos hace reír, pero también nos incomoda con preguntas que valen la pena hacerse. Mis felicitaciones al equipo por el trabajo.

Daniela Ortega

1° de octubre de 2026

Crítica: LO NUNCA VISTO


… que debes ver

Fiorella Pennano debuta como directora con una obra del dramaturgo español José Troncoso, en el cual nos presenta el drama humano a través del humor. Lo absurdo y lo grotesco se reúnen para hablar de la tragedia de tres personajes: Araceli, Maricarmen y Sofía.

Una maestra que se resiste al final de su carrera se propone hacer un espectáculo inolvidable. Ella es Araceli (Kareen Spano), quien, para demostrar su vigencia o dejar algo memorable a la eternidad, convoca a sus alumnas de muchos años. Con ellas quiere contar su gran historia, que es la historia de su vida. Sin embargo, solo consigue la concurrencia de dos: Maricarmen y Sofía, que terminan, ellas, contando sus respectivas tragedias.

El humor en los textos y reacciones está cargado de ironía, lenguaje absurdo y tintes farsescos que se representan más allá del maquillaje. Pero son testimonios en los que aflora la verdad de cada una. Cada cual carga con su propio drama. El de Araceli es no aceptar que todo ha terminado. De distinto modo, todas quieren regresar en el tiempo, pero el tiempo pasa, no se detiene. La obra abunda en reiteraciones que, a modo de mantra, intentan afirmar con desesperación algo: la angustia por el paso del tiempo. Así lo repite Maricarmen, disculpándose cada vez por interrumpir a Araceli.

Claudia Bernizon, en el papel de Maricarmen derrocha una energía sorprendente y una emoción contagiante. Ella se adueña del escenario con su gestualidad hilarante. Justamente el momento más memorable de la obra corre a cargo de ella, cuando relata el episodio más triste de su vida. Mientras lo hace, Araceli, la profesora y Sofía se turnan para proyectar imágenes en el fondo desde una luz al ras del suelo, como cuando de niños jugábamos a hacer cine y lográbamos unas siluetas caricaturescas que parecen burlarse del dolor humano que se cuenta y luego, unos videos completan la escena de máxima emoción.

Sofía es una joven bailarina de barrio, bastante menor que Maricarmen, poco comunicativa y más bien achorada. A pesar de su entrega, Tamara Jhiareth se ve reducida en su participación a un personaje de apoyo. Ella aporta su talento como una excelente bailarina y de eso trata la obra. Pero su talento es desaprovechado al reducirlo a un instante en el que enseña pasos de baile a Maricarmen, cuya comicidad captura la atención. En la versión española, presentada por el propio Troncoso, Maricarmen es una ama de casa recién fugada de su hogar y Sofía, una drogadicta gallega. Con poco texto y un drama personal bastante menos conmovedor que el de Maricarmen, el resultado es un desbalance protagónico donde Sofía parece casi prescindible. Esa libertad asumida por Pennano se siente extraña, pero ello no afecta el exitoso resultado de una comedia dramática que divierte, emociona y permite empatizar con esas mujeres, a pesar de sus respectivas desgracias. 

Finalmente, Spano, con su experiencia y talento, impone el clima y parece controlar sutilmente la intensidad de los otros personajes. Su drama es evidente desde el inicio: el tiempo que cae sobre ella es el motivo de la reunión de las tres. La fragilidad de la maestra está en el cuerpo, apoyado en un bastón, pero no en el espíritu y por eso es capaz de lanzarse a esta aventura. Su escuela ha desaparecido, pero sus sueños la siguen impulsando. Araceli nos transmite esa lucha personal por no dejarse vencer. Aunque la maestra no logre montar ese gran espectáculo nunca visto, ver a Spano en ese papel ya es inolvidable.

Lo nunca visto nos trae un debut exitoso y auspicioso de una nueva directora para enriquecer la escena nacional ¡Bien, Fiorella!

David Cárdenas (Pepedavid)

1° de octubre de 2026

domingo, 27 de septiembre de 2026

Estreno: PRESENTES


La resistencia de los sueños frente a la virtualidad

El telón de fondo es una pantalla que reproduce imágenes en vivo, detrás, a los lados cuatro personas frente a sus computadoras portátiles dan la impresión de un laboratorio desde donde dominan el espacio, sus luces atraviesan la oscuridad y los diversos sonidos se superponen a las palabras. Al centro, cinco cuerpos parecen buscar sus propias expresiones de manera colectiva. Más allá de las órdenes virtuales existen deseos y sentimientos que solo pueden expresarse colectivamente. Por momentos, los “controladores” ingresan a registrar en video su palabras y movimientos.

La obra se desarrolla como una audición conducida por una voz artificial, acaso generada por IA, que indica las pruebas que deben superar cinco jóvenes para pasar al nivel siguiente, como en los juegos de computadora. Cada prueba enfrenta las expectativas de los jóvenes artistas a situaciones impuestas como modelos globalizados. 

En contraposición, la acción permanente es de búsqueda de formas propias de relacionarse con el mundo, como manifestación colectiva versus el individualismo que significa cumplir las reglas de la audición. Un fenómeno de resistencia de los sueños, de una generación que nació y crece en un mundo automatizado.

La dirección de la obra (Paloma Carpio) se siente en el equilibrio de las escenas y la libertad otorgada a los actores para recrear sus perspectivas personales, como personajes que representan a toda una juventud que enfrenta los nuevos retos del presente. El resultado individual es coherente. Hay mucho movimiento, como de búsqueda individual y encuentro colectivo. El grupo es el refugio. En el los sueños están a salvo.

Se trata de un proyecto de investigación-creación de la Especialidad de Creación y Producción Escénica de la Facultad de Artes Escénicas PUCP. 

David Cárdenas (Pepedavid)

27 de setiembre de 2026

sábado, 26 de septiembre de 2026

Crítica: ELECTRO SHOWCK


Teatro a la carta

La X Productora trae directamente al corazón de Barranco Electro Showck, comedia escrita y dirigida por Paco Varela y protagonizada por Tame Dávila, Fernando Pasco, Betto Gómez y Paola Vera. Capital Restobar, ubicado en plena avenida Grau, es el peculiar lugar elegido para ser la sede de esta propuesta. Digo peculiar porque, a pesar de que el teatro ha ido evolucionando y encontrando nuevos tipos de espacios en los últimos años, sigue siendo poco usual que una obra teatral se desarrolle al interior de un restaurante. ¿Logra el cuarteto de actores hacer que el montaje funcione, o es que las desventajas y obstáculos que presenta un recinto como este son demasiado flagrantes como para suscitar un disfrute completo del espectáculo?  

Dávila interpreta a Ricky Arce, un cantante que ha accedido a volver a los escenarios después de una larga ausencia. Lo que debía ser un retorno triunfal termina siendo un desmadre monumental debido al disparatado equipo que está encargado de traer al artista de vuelta a las tarimas locales.

Electro Showck es una comedia de enredos y en ese sentido, el texto de Varela funciona. En lugar de apoyarse en una dramaturgia clásica, que sigue la transformación de su protagonista en tanto este persigue un objetivo claro, el autor apuesta por hilar gags cómicos uno tras otro, creando mini escenas y/o momentos actorales individuales, a dúo o en grupo, en los que permite a su elenco dar rienda suelta a su histrionismo y carisma. Los conflictos van desde lo anecdótico a lo electrizante (literalmente), y se van resolviendo de forma sencilla y humorística. No es un texto profundo, pero tampoco busca serlo; los personajes no son complejos ni tienen una dimensionalidad emocional completa, pero tampoco necesitan una; no hay una trama en sí, sino más bien una situación (el retorno a los escenarios del protagonista) enmarcada por enredos, errores y accidentes. En corto, a nivel de texto la obra funciona precisamente porque sabe exactamente lo que ofrece y no pretende ser nada más de lo que es: divertimento fácil, puro y casual. 

Esta misma prerrogativa se encuentra muy presente en la dirección. Varela tiene buena mano y gran tino para dirigir comedia, orquestando los gags de manera eficiente y genuinamente graciosa. Las entradas y salidas de los personajes son precisas e hilarantes, las canciones que él mismo compuso no solo encajan, sino que elevan la obra, justificando por completo su existencia, y el código actoral está plenamente equilibrado entre los cuatro miembros del elenco. Ahondando más en el trabajo actoral, Dávila, Pasco, Gómez y Vera logran algo que para mí es importantísimo, sobre todo en una comedia, que no siempre ocurre: lucen como si se estuvieran divirtiendo. Y a pesar de que sus personajes son deliberadamente unidimensionales, esa única nota la tocan muy bien, cada uno aprovechando su comedia propia y ganándose a pulso las risas del público. Hay un mérito importante también que comparte todo el equipo en lo que respecta al uso de la comedia física, resultando esta siempre orgánica, fluida y caóticamente divertida.   

¿Recomiendo entonces ver Electro Showck? Sí. ¿Es una obra trascendental que te dejará con reflexiones profundas sobre la condición humana? No. Pero como dije, tampoco pretende serlo. Y no todas las obras requieren serlo, tampoco, aunque esa ya es otra discusión. Lo que sí es, es una comedia musical que te arrancará más de una carcajada. Que la olvides inmediatamente después de verla es irrelevante, ya que durante su hora de duración cumplió con su objetivo: hacernos sentir bien. 

Yo, particularmente, no soy muy partidario del tipo de recinto elegido para el desarrollo del montaje, ya que para mí fue bastante difícil ignorar al mesero que traía platos y bebidas incluso después de iniciada la función, las conversaciones sobre el menú en una mesa de al lado, o la persona sorbiendo su sopa en otra de las mesas contiguas. En esto sí soy un poco más tradicionalista, y creo que el teatro, incluso el puramente comercial, merece y necesita un espacio apropiado que permita una concentración e inmersión plena. En todo caso, recomiendo, como siempre, que vayan para que forjen su propia opinión al respecto. Están los viernes y sábados hasta el 3 de octubre y según tengo entendido extenderán su temporada durante el resto del mes morado. ¡Nos vemos en el teatro!

Sergio Lescano

26 de setiembre de 2026

martes, 22 de septiembre de 2026

Crítica: PERSEO (DOS REINAS Y UN FUNERAL)


Entre el baile, la belleza y la resistencia

A mediados de 1981, en un sótano de la Av. Aviación en San Borja, se inauguró la primera discoteca gay del Perú. Su sola existencia causaba escándalo entre las vecinas limeñas. Percibidos como enfermos y pecadores, por primera vez, los gays tuvieron un lugar de encuentro, comunidad y resistencia, acostumbrados ya a las batidas y persecución de quienes se creen representar la moral pública y privada.

La obra Perseo (Dos Reinas y un Funeral) rinde homenaje a esta resistencia con la presencia de sus más icónicas representantes: Coco Marusix y Naamin Timoyco, y convierte la sala de La Plaza en el escenario luminosos de aquella discoteca "de ambiente": El Perseo. Su fundador, Mario Carozzi, produjo espectáculos de varieté en donde se hicieron conocidos, entre otros, estos personajes fundamentales en la comunidad LGBTQ+. 

Marusix saltó a la fama al quedar segunda en el primer concurso Miss Universo Gay, en 1982 cuando aún tenía 17 años. Durante las décadas de los 80 y 90 fue la atracción principal de varias revistas musicales de la comunidad gay. El año 2003 sufrió un derrame cerebral que paralizó la mitad de su cuerpo y la obligó a alejarse de la actividad artística durante más de dos décadas. Ahora, con ayuda de un bastón y el apoyo cariñoso de los bailarines, pero más precisamente, con una enorme fuerza de voluntad, se viste de vedette, se instala en el escenario y ofrece nuevamente su espectáculo, como la diosa de la noche que siempre fue. Por eso, quienes asisten cada año a la Marcha del Orgullo esperan ver el camión decorado con flores en donde Coco se luce, como heroína por la vida.

Timoyco, algo mayor que Coco, demuestra que mantiene la gracia y talento para el baile que la hizo ganar un concurso en El Perseo cuando tenía 18 años, por lo que se quedó a participar de sus espectáculos como figura protagónica. Dato aparte: Naamin es considerada la primera mujer trans del Perú en obtener legalmente un DNI con su identidad de género reconocida, el 2011.

La obra, escrita y dirigida por Mario Saldaña, se desarrolla de manera ágil y entretenida, por la presencia de un tercer personaje: La Langosta, quien, a modo de divertido narrador, nos cuenta la historia y tiende una trampa a las legendarias divas del transformismo limeño, a quienes convoca a la mítica discoteca El Perseo con el pretexto del fallecimiento de la otra, pero las secuestra con la intención de consagrarse como la nueva estrella. Los diálogos con ellas son hilarantes, cargados de gags e improvisaciones que hacen estallar de risa al público, por lo que lejos de ver en ella a “la mala”, logra una empatía total.

La producción de Ernesto Pimentel (que también bailaba en esa discoteca) ha tenido el cuidado de reunir los elementos fundamentales de las revistas musicales, aún con la sobriedad que exige un bajo presupuesto. Destaca el elenco de baile, por sus buenas coreografías, profesionalmente impecable y el cariño con el que cuidan a Coco. Luego, un excelente trabajo con la música y las luces nos instalan imaginariamente en El Perseo, para gozar de una buena revista y aplaudirlos con emoción, por el merecido homenaje.

David Cárdenas (Pepedavid)

22 de setiembre de 2026