lunes, 23 de enero de 2023

Crítica: LA BRUJA ESCARLATA


¿Cómo descubrir el poder oculto que hay en ti?

Una joven acude al salón de una mujer dedicada a las artes místicas, una bruja muy poderosa que la recibe con un reto muy particular para su oficio, y es el de resucitar al exnovio de la misma.

Una pieza teatral de comedia absurda, que cumple muy bien con el objetivo de pasarla bien y tener una noche de magia, diversión y misterio, de estar atento a las diferentes posibilidades que van surgiendo en la obra, para sumergirte en un mundo donde realmente todo es posible.

Las dos actrices desarrollan bastante bien sus personajes, de una manera solvente, y se nota que se divierten con naturalidad y disfrutan haciéndolo, mezclando magia, sensualidad, danza y la muy buena química que hay entre las dos.

El escenario cuenta con lo mínimo indispensable para que todo se centre más en el trabajo de las actrices, que dicho sea de paso, utilizan hasta el espacio entre el público; con lo cual uno se siente que es un testigo muy presente en todo momento, que hasta podría ser elegido para participar de una escena. El diseño de las luces ayuda muchísimo también a propiciar una atmósfera o ambiente que contribuye favorablemente a los momentos más intensos, en su mayoría rojos y azules, en los que uno se siente realmente en una sesión de espiritismo.

Es grato ver obras de teatro que apuestan y sobre todo se arriesguen por lo nuevo. Lo nuevo no solo experimentado desde el punto de vista de un texto, sino también desde la misma puesta en escena, haciendo transversalidad entre diferentes temas; en este caso, desde lo mágico, surrealista, en comedia y que en verdad el púbico la pase bien.

Esa es la verdadera magia del teatro, que se pueda ir sin expectativas y dejarse sorprender, instante a instante, por lo vivo que está y cómo la están pasando en el escenario. Finalmente allí está la magia de nuestro arte.

Manuel Trujillo

23 de enero de 2023

domingo, 22 de enero de 2023

Crítica: PEREGRINOS


La comedia es existencial

Por ende, usted será quien considere este espectáculo una comedia como tal. O no. Silencio en la sala. Bajo una dirección escénica concreta y útil. Las cuatro técnicas aplicadas en esta obra teatral lo retratan así. Ba dum tsss. No obstante, son actrices y actores con habilidades suficientes para ser capaces de probar un poco de la misma historia que comparten: arriesgarse a peregrinar desde sus labores. Peregrinar de una misma, uno mismo y sus formas. Ahí radicaría la esencia del arte, del teatro. La constante peregrinación: la búsqueda de lo extraño, del detalle, de la vida en transformación, cambio que otorga libertad, esa que desde sus personajes planean conseguir.

La ironía entre el arte y la vida plasmada por Un suertero (Pancho Fierro) costumbrista y charlatán, que desde su convicción o falsedad, a fin de cuentas, se muestra sediento de libertad; muy bien resuelto, comparte a sus pares un discurso existencial en oposición a la idea clásica de objeto-sujeto a lo obsoleto, al abandono, al traslado a una sala de arte o depósito, generando así el conflicto para con La dama del armiño (Leonardo da Vinci) y el Autorretrato como alegoría de la pintura (Artemisia Gentileschi), correspondientes al Renacimiento y Barroco, respectivamente, que desde lo actoral desconciertan –con acciones gratuitas y sin justificar- inicialmente, pues se muestran bastante alejadas de lo que podría intuirse buscaban retratar sus creadores, para quizá, a mitad de función, de manera certera –gracias al texto- cerrar con una sorpresa inesperada. Sin embargo, esto no será un obstáculo; es más, se observa bien aprovechado para después de una buena charla, juego y exceso de deseo, enriquecer el ímpetu del Suertero por peregrinar y, a raíz de su nueva condición revelada, emprendan con mayor necesidad la búsqueda de libertad. Ganando así las tres obras de arte, profundidad ante el traficante de cuadros que reflejaría la imagen humana actual: dependiente de algún vicio, conectado a un teléfono celular y de compañera, la soledad; el cual claramente no parece tener idea del para qué en su vida.

Co mi quí si mo.

Cuatro técnicas que desconectadas trastabillan, pero a medida que avanza la acción en Peregrinos, logran complementarse por la destacada labor de Manuel Gold, que la suda desde el inicio hasta el final, porque ahí está. Funcionan, pero podrían hacerlo más; solo basta con agudizar la escucha e ir más allá. Así ganaría la necesaria profundidad que les ofrece el mismo texto, siendo este el que se lleva la honorabilidad por ser una dramaturgia bien lograda que parece invitarnos a cuestionar quiénes somos o qué nos hace ser lo que somos; a quién copiamos, y si no, qué nos hace original; para qué estamos en esta vida; qué papel jugamos en una sociedad sobreestimulada de discursos, íconos, símbolos y simulacros; ¿nos espera ser suplantados y olvidados como los cuadros?, ¿acaso somos verdaderamente libres como pensamos?

Conny Betzabé

22 de enero de 2023

viernes, 20 de enero de 2023

Crítica: EN MI SALSA - CRÓNICA DE UN VIAJE A LA RAÍZ


Unipersonal con ritmo y sabor

“Salsa” significa, de acuerdo a la RAE, “aquel género de música popular bailable, con influencia afrocubana, que ejecuta una orquesta acompañada por instrumentos tradicionales del Caribe y por uno o varios cantantes”; así como también el baile que se ejecuta al son de esta. Se trata pues, de un contagioso ritmo que ha hecho bailar a generaciones de personas en todo el mundo. Justamente, se estrenó el año pasado un logrado unipersonal de autoficción titulado En mi salsa - Crónica de un viaje a la raíz, una creación colectiva del intérprete Diego Zúñiga y de la directora Bea Heredia, la cual estuvo acompañado por muchas de aquellas clásicas e incombustibles canciones de salsa, ejecutadas en escena por el virtuoso bailarín Zúñiga, además de información pertinente acerca de los orígenes e historia de este género musical.

Pero “salsa” denota también, según la misma fuente, “aquella composición o mezcla de varias sustancias comestibles desleídas, que se hace para aderezar o condimentar la comida.” De manera ingeniosa, Heredia y Zúñiga crean un paralelo entre este concepto y los propios orígenes del actor bailarín de padres son salseros y además, este revela que durante su propia concepción, la pareja escuchaba Radiomar Plus. Proveniente de Toquepala, Zúñiga tuvo que adaptarse a una nueva vida en la capital; sus intentos por encajar en esta realidad son análogos a todos los esforzados ensayos que debe hacerse para entrar en el ritmo correcto del baile.

Finalmente, la locución coloquial “En mi salsa” da a entender “En un entorno conocido que propicia que alguien o algo se manifieste con toda naturalidad”. Y acaso sea este el mayor mérito en escena de En mi salsa - Crónica de un viaje a la raíz, presentada en el Teatro de Lucía: el de lograr una total identificación por parte del público con la propuesta de autoficción de Heredia y Zúñiga, con este último conjugando baile, actuación y performance, plenos de ritmo y sabor, para así lograr un sólido y vibrante espectáculo que puso, literalmente, a todo el mundo a bailar al finalizar la función.

Sergio Velarde

20 de enero de 2023

jueves, 19 de enero de 2023

Crítica: RELATOS (IN)CONEXOS


Recuerdos teatrales en pandemia

La dramaturga y directora Paola Vicente también formó parte, muy al principio, del progresivo retorno a la presencialidad teatral luego del forzado encierro por pandemia. Después de empezar una maestría en Escritura Creativa, Vicente estrenó en el Centro Cultural Ricardo Palma el unipersonal Relatos (in)conexos (2021), en el que recopiló un puñado de historias propias, independientes entre sí, a partir de diversas técnicas narrativas. Los resultados obtenidos en esta autoficción escénica fueron ciertamente auspiciosos, pues la autora exploró con acierto y desde su propia perspectiva muchos de los miedos y temores a los que todos, sin excepción, nos tuvimos que enfrentar en aquel tiempo de encierro.

La actriz Denise Arregui es la encargada de presentar el espectáculo, asumiendo el rol de Vicente, en seis secuencias en las que quedará la interrogante sobre el grado de veracidad y ficción en cada una, así como el de descubrir las posibles conexiones entre estos relatos. Veremos entonces a Arregui evocar y actuar diversos pasajes en la vida de Vicente: un viaje familiar a Huánuco; la recuperación de un cadáver desmembrado luego del estallido de un coche bomba; la terrible angustia al recibir los resultados de varias ecografías; y un día rutinario de teletrabajo en la que alternará con el panadero, el reparador de cortinas, la empleada, el vecino, el portero, su madre y sus dos hijas. También asistiremos a una narración teatralizada sobre una mujer sobreviviente llamada Viola y su relación con las campanas; y a una breve charla sobre la desaparición de la cultura maya, a raíz de un sueño que tuvo Vicente sobre unos tótems en la playa.

Más allá de encontrar un probable enlace entre todas las secuencias presentadas, basta con saber que Vicente, con ingenio y sutileza, nos ha compartido su mundo interior, con sus miedos, recuerdos y sueños, tan parecido al de cualquiera de nosotros. Complementan bien las imágenes proyectadas en la pantalla del foro, con panorámicas de nuestra desolada ciudad en ese entonces, pero también con videos de todo el mundo, incluido Trump despojándose de la mascarilla en vivo. A destacar, por supuesto, la comprometida actuación de Arregui, haciendo propias las palabras escritas por la autora, en una ejecución limpia y enérgica. Con solo un sillón y un escritorio con una laptop, Relatos (in)conexos es el resultado de un genuino proceso de sanación y liberación de una sensible artista en pandemia.

Sergio Velarde

19 de enero de 2023

miércoles, 18 de enero de 2023

Crítica: COSTUMBRES


Esforzado y complejo drama familiar

Siempre será de aplaudir la creación de nuevos colectivos teatrales, especialmente los integrados por jóvenes artistas, quienes deciden iniciar la ardua batalla de la autogestión de sus propios proyectos. La pasión, la perseverancia y la necesidad de explorar problemáticas trascendentes pueden compensar la falta de experiencia y oficio en las tablas. Tal es el caso de CRAF Producciones (Centro De Rehabilitación Para Artistas Frustrados) y su brevísima temporada en diciembre del año pasado en el Teatro Mocha Graña, llamada simplemente Costumbres. Pero esta simplicidad de la que se hace mención es justamente la que le faltó a la dramaturgia, pues esta abarcó un gran número de temáticas dentro un mismo núcleo familiar que no pudieron desarrollarse todas adecuadamente en escena.

La joven Mía Camila Romaní, quien escribe y dirige, nos presenta a la enésima familia disfuncional: un padre tradicional, una madre distante, dos hijas rebeldes e ingenuas y un hijo incomprendido; además de las parejas de las muchachas y un inesperado y peligroso antagonista que aparece a la mitad de la puesta. En medio de cada una de sus historias se mezclan enormes temas como la infidelidad, la violencia contra la mujer, los trances de la adolescencia y hasta la esquizofrenia. Demasiadas piezas en el tablero, que luego no encuentran el momento oportuno para exponerse y asimilarse. Ayuda, por supuesto, el esforzado trabajo del elenco, que integran Christian Suito, Alexandra Abadíe y Jose Miguel Argüelles, al lado de los jóvenes Alison Velazco, Luis Fabian, Jorge Iturriaga, Walter Guerrero y la misma Romaní.

Bien por el trabajo de este nuevo y entusiasta colectivo y por el riesgo asumido para sacar adelante un proyecto escénico de esta envergadura. Felicitaciones también para la joven creadora Romaní, a quien se le podría sugerir que dosifique los temas para sus próximos textos y que además, delegue funciones hasta ganar una mayor experiencia en las tablas. Costumbres bien merece una revisión a nivel de dramaturgia y dirección, pues contiene secuencias interesantes y sobre todo, un mensaje de esperanza y reconciliación, en medio de una sociedad cada vez más violenta y hostil.

Sergio Velarde

18 de enero de 2023

martes, 17 de enero de 2023

Crítica: EL HIJO


La salud mental en adolescentes

Todo un acontecimiento teatral resultó el estreno de El padre (2017) del autor francés Florian Zeller, no solo por otorgarle el papel definitivo de su carrera al inolvidable Osvaldo Cattone, sino porque la pieza puso sobre el tapete, de manera magistral, el duro trance que deben atravesar los pacientes de Alzheimer junto a sus familias. Especialmente, en países como el nuestro, en la que la salud mental viene siendo relegada por décadas. Pues bien, siguiendo el mismo camino, Zeller escribió una suerte de “precuela”, titulada El hijo (2022), mostrando la difícil realidad de muchos adolescentes y la tirante relación con sus padres. Su estreno en Perú en el Teatro de Lucía destacó dentro de nuestra (saturada) cartelera, ofreciendo una conmovedora puesta en escena con numerosos aciertos.

Dirigida con buen pulso por el joven pero experimentado Rodrigo Falla Brousset, la historia gira alrededor del introvertido Nicolás (Brando Gallesi), el hijo adolescente de Pedro (Ismael La Rosa) y Ana (Marisa Minetti), ambos ya separados. El joven, luego de descubrirse inexplicablemente que no ha asistido al colegio por tres meses, se muda con su padre y su nuevo compromiso, Sofía (Fiorella Luna), quien acaba de tener un hijo. El errático comportamiento del muchacho y los desesperados intentos de su padre por comprender y frenar la situación se presentan de manera dosificada, con un controlado manejo del suspenso y la anticipación del inevitable y doloroso desenlace. En el apartado técnico, las luces y el sonido, bien puestos; así como una funcional escenografía, que delimita las salas de las dos casas y el consultorio psiquiátrico, en el que aparecen el doctor y el enfermero, José Miguel Arbulú y Brian Savitzky, respectivamente.

La dilatada duración de la puesta es compensada por una inspirada dirección de actores, en la que habría que destacar el excelente trabajo en conjunto de La Rosa y Gallesi, ambos en complejos personajes, quienes lucen sólidos y conmovedores (y por los pelos, sin caer en excesos). A su lado, unas formidables Minetti y Luna componen convincentes figuras de madres y esposas. Bien por Falla Brousset, quien sale airoso del difícil reto de dirigir una obra de esta envergadura; además de promover con su temporada la necesaria preocupación por la salud mental en nuestro país. El hijo de Zeller es una muy pertinente llamada de atención hacia nuestras autoridades sanitarias acerca de una problemática que no debería cobrar más vidas.

Sergio Velarde

17 de enero de 2023

lunes, 16 de enero de 2023

Crítica: HOY MATÉ A MAMÁ


Hilarante crisis familiar

Quizás uno de los más desagradables conflictos familiares sea el de la lucha por la herencia entre hermanos. Dichos problemas deben ser tratados con mucho cuidado, pues de no ser así puede generar fracturas irreparables dentro de las relaciones fraternales. Es por ello que sorprende gratamente cuando de este difícil trance puede resultar una ácida comedia muy bien escrita, dirigida y actuada, que arranque genuinas risas de los espectadores, aun cuando se toque el tema del asesinato de la matriarca de la familia, con el propósito de aliviar las deudas de los insensibles hijos. Es el caso de Hoy maté a mamá, premiado texto de Paris Pesantes, bajo la dirección de Emilio Montero.

Presentada en el Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores, la historia arranca desde la primera llamada, cuando los cuatro hermanos, interpretados por Carolina Cano, Alonso Cano, Lia Camilo y Pedro Pablo Corpancho, van apareciendo sobre el escenario para tener una reunión con su madre, a cargo de la primera actriz Attilia Boschetti, con el propósito de convencerla de vender su casa, ya que hace poco enviudó. Montero delimita con precisión los tres ambientes en los que se desarrolla la acción sobre el escenario (recibidor, comedor y cocina) y dosifica muy bien el humor y el suspenso conforme la situación de los cuatro hermanos va resquebrajándose hasta tomar la fatal decisión.

Los estereotipos de los hermanos (la fría lesbiana, la alcohólica coqueta, el homosexual reprimido y el bravucón fanfarrón) son hábilmente compensados por el talento de sus intérpretes, creando hilarantes secuencias, como por ejemplo toda la farsa de la taza de café. Por supuesto, la gran atracción de la puesta es ver en escena a la enorme Boschetti, que impone su presencia frente a la nueva generación, como aquella dominante, terca y entrañable matriarca. Hoy maté a mamá es una lograda comedia negra, muy ingeniosa para reflexionar desde el humor acerca de las incómodas y trágicas situaciones que pueden generarse dentro de un mismo clan, cuando se anteponen las conveniencias materiales frente a los lazos de amor y respeto entre familiares.

Sergio Velarde

16 de enero de 2023

Crítica: CASI DON QUIJOTE


No hay teatro sin un sueño, no hay sueños sin teatro

Según la RAE, Teatro significa “lugar dónde nacen y se hacen realidad los sueños”. No es cierto, pero debería ser una acepción. Porque es lo que se logra percibir de inicio a fin, gracias a esta propuesta teatral muy bien lograda y apta para todo público. En esta ocasión, una reposición con elenco nuevo bajo la afortunada dirección de Paloma Reyes de Sá, quien sabe aprovechar lo mejor de cada una de las actrices y actores. Así, esta comedia familiar alcanza captar la atención de grandes y chicos por su formato íntimo en la Paya Casa desde la primera llamada, pues te acoge con una atmósfera de hogar-comunidad arriesgada y creativa, además de acertada para el desarrollo de la historia de la mano de los cinco artistas, quienes con sus talentos, particularidades y personalidades, diríase que de manera bastante metateatral, consiguen una yuxtaposición entre la realidad de lo que concierne a la creación artística de una pieza teatral y la ficción misma del entrañable Miguel de Cervantes en su novela Don Quijote de la Mancha; componiendo así, como ellos mismos lo dejan claro, su versión Casi Don Quijote.

Asimismo, se alcanza a apreciar la “mística” teatral detrás de este gran espectáculo gracias a la certera estrategia musical, una partitura de texto -por decirlo así- ya que se presenta abierta al juego mediante la necesaria escucha que les permite la improvisación, resolución y transformación de errores en escena a través de la maravillosa magia del clown; siendo este un espectáculo escénicamente estratégico, con un espacio íntimo como limpio en todas sus dimensiones. Únicamente con la observación de, tal vez, equilibrar los volúmenes de audios e instrumentos en relación a las voces de los actores para que no se pierda ninguna información.

De modo tal que esta propuesta te abraza por la energía única y extraordinaria de cada una de las actrices y actores: un Roni Ramírez que disfruta el error; alta escucha de la mano de Joamoc More; Atria Fiol, súper lúdica; Julian Reyes, necesario, organizado y organizador; y Úrsula Palomino, jugándosela con pasión. Así como de la misma dramaturgia que nos van representando y narrando. Aunado a la ruptura del tiempo y espacio muy bien acompañados por las luces y utilería precisas, que invitan a involucrarse en el viaje de los –inicialmente– fracasados artistas que, poco a poco en el hacer, irán descubriendo que el trabajo en equipo, la aceptación y compañía del otro, la identificación de deficiencias y virtudes propias dejando de lado el ego, será el camino para lograr nuestros sueños. Entonces el juego, la complicidad y las ganas de hacer realidad cada uno de estos, acompañará a los apreciables personajes a correr el riesgo de montar nada más y nada menos que su versión pospandemica/performática/virtual/presencial a la cual llamarán Casi Don Quijote. 

Conny Betzabé

16 de enero de 2023

domingo, 15 de enero de 2023

Crítica: LA CAUTIVA


Conmovedor e imprescindible clásico peruano

Estrenada en el 2014, La cautiva fue, sin duda, un espectáculo “rompedor” a todo nivel. No solo la cruda pero lírica dramaturgia de Luis Alberto León y la inspiradísima dirección de Chela De Ferrari llamaron la atención, sino además el hecho de presentarse en un teatro de Miraflores, uno que por lo menos hasta ese año no era muy pródigo en estrenos nacionales, una historia ubicada en el convulsionado Ayacucho de los años ochenta, en pleno conflicto armado interno. La puesta en escena fue unánimemente aplaudida por público y crítica y recibió además, ciertamente como un valor adicional, una investigación por parte de la Dircote al año siguiente por un supuesto delito de apología al terrorismo. Todo ello la convirtió, por derecho propio, en uno de los textos teatrales de referencia obligatoria de la década del 2010.

Pues bien, finalizando el año del regreso a la presencialidad, el Teatro La Plaza acertó en reponer La cautiva, pieza ganadora del concurso de Nueva Dramaturgia Sala de Parto 2013, con sutiles cambios desde la dirección en relación a la puesta original, sin perder ni un ápice de su contundencia y vigencia como libre creación ficticia, basada en hechos absolutamente reales. En una oscura y perturbadora morgue ayacuchana, el cadáver de la adolescente María Josefa “despertará” antes de ser examinada por un joven y sorprendido perito; lo que ella ignora es que pronto será víctima de necrofilia por parte de un capitán y su tropa. Los excesos de la guerra son retratados en todo su horror, encontrando un ingenioso escape con los “preparativos” de la fiesta de quince años de la muchacha.

Los sólidos Luis Acuña y Paco Varela se integran al elenco de manera apropiada y Emilram Cossío retoma su papel de sádico capitán en gran forma. Pero la mayor atracción del montaje recae en la actuación de Nidia Bermejo, quien sigue siendo la misma enérgica y carismática adolescente María Josefa, en el que acaso sea el papel de su vida. Con los nombres reales de las numerosas víctimas de la época del terrorismo, escritos en la pared del foro por los mismos familiares, La cautiva es un grito desgarrador y emotivo, que refleja el abandono al que se le condenó a una gran cantidad de peruanos y cuya historia no deberíamos estar dispuestos a repetir.

Sergio Velarde

15 de enero de 2023

jueves, 12 de enero de 2023

Crítica: ESTACIÓN DESAMPARADOS: ESTAMOS AQUÍ REUNIDOS EN CEREMONIAS DE DUELO


Paliativo para el dolor de ausencia

El colectivo CUER2 siempre se ha caracterizado por llevar hasta las últimas consecuencias los resultados de sus exploraciones teatrales; desde hace ya 22 años, su director Roberto Sánchez-Piérola, dramaturgo e investigador comprometido y coherente, nos ha ofrecido interesantes espectáculos de diverso calibre, como Palintrópolis (2006), Interruptor (2008) o Hebras (2011), hasta un curioso experimento virtual con el elenco de El Quipu Enredado, Eso que nos altera (2021). En noviembre del año pasado, incluso el formato teatral tradicional fue dejado de lado para el estreno de una autodenominada experiencia participativa, sentida y atractiva, titulada Estación Desamparados: Estamos aquí reunidos en ceremonias de duelo, en la Casa de la Literatura Peruana en el Centro Histórico de Lima.

La propuesta ofrecida por Sánchez-Piérola fue el resultado del proyecto Duelo, dentro del Aula de Investigación y Creación, en el que los participantes exploraron las duras consecuencias que trajeron consigo los tiempos de pandemia y de cómo la pérdida de nuestros seres queridos afectó nuestra sensibilidad. Justamente, el colectivo nos invitó a participar de una experiencia por completo sensorial, en la que los ritualistas Kiara Castro, Eduardo Jara, Nola Ordóñez, Salmira Paucar, Isabel Polo, Ricardo Quintanilla y Gustavo von Bischoffshausen, cada uno asumiendo un rol muy particular, se apropiaron de los diferentes espacios que ofrece la Casa de la Literatura Peruana en sus pisos superiores, para ejecutar ceremonias individuales y así conjurar los espíritus de aquellos que partieron de este plano.

Para los que acuden al teatro a vivir experiencias “a la distancia” y de manera pasiva, pues Estación Desamparados: Estamos aquí reunidos en ceremonias de duelo definitivamente no será de su agrado. Primero, porque no es teatro; y segundo, la propuesta le exige una participación activa y comprometida al asistente (por ejemplo, se debe entregar celulares antes de iniciar, de lo contrario las puertas están abiertas para poder retirarse) y de esta manera, dejarse llevar por sus recuerdos, entrando en la convención de cada uno de los rituales para invocar a los seres queridos. El uso de los diversos elementos a lo largo de todo el recorrido, el muy ingenioso aprovechamiento de las posibilidades del espacio y la energía de los ritualistas en sus performances compensan el reducido tiempo para poder experimentar todas las ceremonias. El éxito de esta experiencia dependerá del grado de participación de cada asistente. Nuevamente, el colectivo CUER2 sorprende con una atípica propuesta, revelando las múltiples virtudes de aquellas exploraciones realizadas para ofrecer nuevas experiencias y sensaciones al espectador.

Sergio Velarde

12 de enero de 2023