domingo, 12 de julio de 2026

Crítica: LA FELICIDAD DE LAS TÓRTOLAS


La melancolía del desencuentro y el abismo de la incomunicación

El Club de Teatro de Lima, en coproducción institucional con la Universidad Científica del Sur, presenta La felicidad de las tórtolas, una propuesta dramática donde priman la introspección y el conflicto psicológico. Escrita por Ximena Carrera y dirigida por Jorge Gálvez, la obra se configura como un drama que desmitifica los lazos del amor romántico a través del crudo e inevitable desencuentro de una pareja.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de César Rengifo y Carolay Rodríguez. Mientras que el personaje interpretado por Rengifo se configura desde el distanciamiento, como alguien esquivo y no del todo presente en el aquí y el ahora, la interpretación de Rodríguez se convierte en el ancla dramática de la obra, representando la crudeza, el resentimiento acumulado y la necesidad imperiosa de respuestas.

El gran acierto de la dirección radica en haber sabido explotar con maestría la asimetría entre ambos intérpretes. En lugar de jugar a la clásica complementariedad romántica, Rengifo y Rodríguez sostienen un pulso basado en el desencuentro sistemático, donde la fijeza de uno y la evasión del otro tensan la atmósfera de principio a fin.

En el ámbito de la dirección, Gálvez entrega una propuesta madura, conceptualmente coherente y arriesgada. Su visión busca deliberadamente que el conflicto central no se resuelva a través de la acción física, sino mediante la tensión estática, el peso de los silencios y la construcción de una atmósfera psicológica asfixiante.

Tomando en cuenta esta línea artística, la escenografía abandona cualquier pretensión de realismo doméstico para convertirse en un territorio puramente mental y simbólico. De este modo, el espacio escénico se transforma en el reflejo material del deterioro, el aislamiento y la desintegración invisible de los personajes.

Por lo mencionado anteriormente, La felicidad de las tórtolas es una propuesta que, sin duda, recomendaría ver. A lo largo del montaje se evidencia cómo un aparente drama de pareja se transforma en un agudo thriller psicológico y existencial sobre el control, la creación artística y el desamor. La dirección no busca complacer al público, sino incomodarlo y confrontarlo a través de una atmósfera densa y asfixiante, que sumerge al espectador en un viaje sin concesiones comerciales. Es una cita imprescindible para quienes buscan un teatro inteligente, simbólico y de cámara que resuene en la mente mucho después de que se apagan las luces.

Javier Bendezú

12 de julio de 2026

Crítica: CHA CHA CHA


El clown como un puente entre el miedo y la complicidad del público

En Casa Luna Azul, un nuevo espacio teatral dedicado a las artes escénicas en la ciudad de Ica, se presenta Cha Cha Cha, un unipersonal interpretado por Santiago Giraldo y dirigido por Omar del Águila. La obra nos sitúa en un instante tan cotidiano como universal para cualquier artista: los segundos previos a salir al escenario. Mientras la tercera llamada se aproxima, Santi permanece en su camerino enfrentándose a una pregunta que trasciende el teatro: ¿está realmente preparado para salir a escena?

Desde esa premisa, la propuesta construye una experiencia escénica donde el humor, el lenguaje del clown, el uso de la máscara, malabares y la participación activa del público convierten la vulnerabilidad del personaje en el eje dramático del espectáculo.

La puesta en escena se construye por una escenografía minimalista que sitúa al espectador en un camerino, donde se sugiere un espacio elaborado con utilería concreta, más que representado y realista. Cada objeto posee una función dramática concreta y deja de ser únicamente un elemento decorativo para convertirse en extensión del pensamiento y del mundo interno del protagonista. El espacio permite que la atención recaiga sobre el actor y sobre las acciones que construyen su conflicto interno.

La iluminación contribuye a delimitar los distintos estados emocionales del personaje. Aunque algunas transiciones podrían alcanzar una mayor precisión, la propuesta desarrolla atmósferas reconocibles que dialogan con el recorrido emocional y la progresión de los eventos del relato. Destacan especialmente los cambios cromáticos hacia tonalidades rojas, que intensifican los momentos de mayor tensión antes de la salida a escena y ayudan a construir un espacio evocativo, psicológico, emocional concreto. La música acompaña con eficacia el ritmo del espectáculo y se integra orgánicamente al desarrollo de las acciones, reforzando la progresión dramática sin imponerse sobre ella. Sin embargo, el verdadero corazón del montaje reside en la interpretación de Giraldo. Su trabajo parte de los principios del clown: asumir el error, exponerse al ridículo y convertir la fragilidad en una oportunidad de encuentro con el espectador. La ruptura constante de la cuarta pared no aparece como un recurso aislado, sino como la convención que sostiene toda la propuesta. El público deja de ser observador para transformarse en cómplice junto al personaje, acompañándolo en sus dudas, celebrando sus hallazgos e incluso participando activamente en juegos, dinámicas, pequeñas rutinas de magia y momentos de la historia. Esta interacción permanente permite que la realidad y los momentos de ficción dialoguen de manera natural. Cada intervención del público modifica el ritmo de la función y confirma el carácter vivo e irrepetible del acontecimiento teatral. En consecuencia, el conflicto deja de pertenecer únicamente al personaje: también interpela al espectador. 

La dramaturgia mantiene una progresión clara que conduce, paso a paso, hacia el momento decisivo de la tercera llamada. En ese recorrido aparecen el miedo, la inseguridad, la necesidad de aprobación y el deseo de comunicar, emociones que cualquier persona puede reconocer más allá del ámbito artístico.

Por otro lado, la función pone en valor las actividades escénicas de Casa Luna Azul como un nuevo espacio para la creación teatral en Ica. Su objetivo por acoger propuestas artísticas fortalece el sector cultural de la ciudad y abre nuevas posibilidades de encuentro entre artistas y espectadores.

Cha Cha Cha demuestra que el teatro puede surgir de la sencillez cuando la acción, el juego y la honestidad del intérprete sostienen la experiencia escénica. Más que narrar la historia de un actor antes de salir a escena, invita a reconocer los miedos que todos enfrentamos antes de dar un paso importante. Al terminar la función, una pregunta permanece abierta: ¿Qué cambia cuando dejamos de esconder nuestros miedos y nos permitimos habitar nuestra vulnerabilidad? 

Rubén Aquije

12 de julio de 2026

Crítica: LA VIDA EXTRAORDINARIA


La literatura y la amistad como símbolos de lo extraordinario

La exitosa puesta en escena La vida extraordinaria, del dramaturgo argentino Mariano Tenconi Blanco, se estrenó por primera vez en nuestro país, en el Teatro de la Universidad del Pacífico, bajo la dirección y adaptación de Malcolm Malca Vargas. 

En Talara, al norte del Perú, Blanca y Aurora comparten una amistad desde la infancia. A pesar de la distancia, su vínculo inquebrantable se nutre por sus experiencias en el amor, la maternidad, los sueños, las pérdidas y la esperanza de recomenzar. Por medio de cartas, diarios, poemas y memorias, se construye una atmósfera que une la simpleza y complejidad en la vida de dos mujeres, que atraviesan desafíos y experiencias a su manera. Con las solventes actuaciones de Liliana Trujillo y Mónica Sánchez, quienes dotan a sus personajes de matices, y a través de sus intervenciones y los distintos vestuarios, permiten al espectador identificarse con sus alegrías y desventuras. Desenvolviéndose una historia cotidiana, sin grandes acertijos, que apertura el diálogo acerca de lo misterioso del origen de la existencia.

La escenografía combina las proyecciones digitales, una voz en off y construcciones de papel que se tiñen de constelaciones, de cielos, gracias al juego de luces bien integrado al desarrollo de la puesta. Un detalle interesante es la adaptación del lugar donde se sitúa la historia, el norte del Perú, caluroso casi todo el año; en contraposición con el texto original representado en Ushuaia (Argentina), con un clima frío. La música en vivo de Favio Rojas y Raciel Salas aportó el toque de calidez a la propuesta de Malca. 

La vida extraordinaria rescata la plenitud de lo ordinario, encarnado en una amistad, que por medio de la literatura y las experiencias se fortalece, convirtiendo el simple hecho de estar vivo en algo extraordinario, frágil y efímero. Recordándonos el valor de lo que somos capaces de dar, y también lo necesario que es recibir la compañía de una amistad inquebrantable.       

Maria Cristina Mory Cárdenas

12 de julio de 2026

Crítica: ¿LOS HOMBRES SON ESTÚPIDOS?


Cuando el humor desnuda las formas en que aprendimos a amar 

En el Club de Teatro de Lima se presenta ¿Los hombres son estúpidos?, dirigida por Kelly Esquerre y Carlo Mario Pacheco, con producción general de Vianca Campos. A través de tres piezas breves escritas por distintos autores, el montaje explora diversas formas de entender el amor, las relaciones y las contradicciones masculinas y femeninas desde la comedia, el absurdo y el homoerotismo. El resultado es una experiencia dinámica que utiliza el humor para cuestionar aquello que, muchas veces, asumimos como natural dentro de nuestros vínculos.

La primera historia, Qué difícil resulta hablar de amor, escrita por Pacheco, establece desde el inicio una convención clara mediante el uso de la narraturgia. Los propios personajes conducen al espectador por la historia, alternando narración y acción sin ocultar el artificio teatral. La escenografía minimalista, la iluminación cálida y un vestuario que diferencia con claridad las personalidades permiten concentrar la atención en el conflicto y la acción dramática de los protagonistas. En el plano interpretativo, la escucha y la complicidad entre los actores sostienen buena parte del relato. Aunque algunos pasajes presentan dificultades de dicción y ciertos momentos pierden intensidad debido a pausas prolongadas, la obra recupera su fuerza hacia el desenlace gracias a una mejor progresión dramática y a una secuencia final que incrementa eficazmente el conflicto.

La segunda pieza, El Tarot se confunde (¿o tal vez nosotras?), escrita por Esquerre, desarrolla con mayor consistencia su universo escénico. Desde los primeros minutos plantea una crisis clara para sus personajes y construye un ritmo sostenido apoyado por un diseño de iluminación dinámico, efectos sonoros precisos y referencias a la cultura pop que enriquecen el humor sin romper la coherencia de la ficción. Las actuaciones destacan por la escucha permanente y por una construcción orgánica del vínculo entre ambas intérpretes. Aunque algunos pasajes dramatúrgicos podrían fortalecer la progresión del conflicto, la claridad de las acciones y el ritmo escénico permiten que la historia mantenga su eficacia hasta el cierre.

Finalmente se presentó Amore Di Mafia, escrita por Susana Mercado. Desde la iluminación, el vestuario y la composición corporal construye un código claro que dialoga constantemente con el humor. Las variaciones de la gama cromática —especialmente el uso del rojo, azul y morado— acompañan las transiciones y potencian el juego entre violencia, romance y absurdo. El trabajo actoral evidencia un dominio del ritmo, una escucha constante y una construcción física que permite comprender con claridad los vínculos y objetivos de cada personaje. Aunque existen momentos donde algunas intenciones podrían definirse con mayor precisión, la coherencia del código actoral sostiene la propuesta de principio a fin.

En conjunto, el montaje demuestra que el formato breve puede convertirse en un espacio potente para experimentar con distintos lenguajes teatrales sin perder comunicación con el público. La dirección logra articular tres universos independientes bajo una misma mirada: utilizar el humor como herramienta para observar críticamente las relaciones humanas y las decisiones que tomamos en el ámbito amoroso.

Rubén Aquije

12 de julio de 2026

Crítica: NIÑOS SOLDADOS


Dos palabras que jamás deberían ir juntas

Niños Soldados es el apto título del unipersonal protagonizado por Godo Lozano y dirigido por Jorge Villanueva, que recopila testimonios de ex integrantes de la milicia y los teatraliza en un montaje que integra música en vivo, recursos audiovisuales, y el uso intermitente del idioma quechua para dar vida y voz a historias a las que muy pocas veces se les ha dado la relevancia y el peso que merecen. El proyecto, que tiene funciones todos los miércoles en el Teatro Ricardo Blume en Jesús María, cuenta también con el apoyo dramatúrgico de Carla Valdivia, quien con sus palabras ayuda a enlazar estas vivencias y a darles concordancia, coherencia y contexto. Son muchas las mentes creativas detrás de esta propuesta, pero ¿logran realmente unificarse estos testimonios en una pieza teatral conmovedora y cohesiva, o es que su innegable potencia se ve mitigada por la abundancia de ideas y la sobreestimulación a la que somete a su público?

El principal acierto de Niños Soldados es el diálogo que nos invita a tener después de que la función haya terminado. Uno que involucra un tema del que no se habla suficiente, y que está viéndose reflejado en la atormentada salud mental de cientos (¿miles?) de peruanos y peruanas cuyas vidas han sido marcadas por la guerra, por la vida militar, y por la cruel inserción de niños y niñas al ejército. Esta conversación solo surge debido a que este montaje tiene una tesis clara, de la que no se asusta ni por la cual se amilana, y que en líneas generales postula que es una terrible injusticia la que estas personas cuyos testimonios conforman la columna vertebral de la obra han vivido. Y es que, ¿qué podría ser más cruel que arrebatarle por completo la infancia a un niño? ¿Qué podría ser más deleznable que colocar un rifle en sus manos en lugar de un juguete? ¿Qué clase de futuro le espera a alguien forzado a separarse de sus padres y a vivir en medio de conflictos terroristas? Estas son preguntas en las que muchos de nosotros no pensamos jamás ya que no representan nuestra realidad, pero que permean la obra de inicio a fin, apareciendo orgánicamente en nuestros subconscientes conforme esta avanza, y demandando respuestas y explicaciones mucho después de que termina.

El texto en sí representa otro gran acierto, ya que aborda temas controversiales y difíciles como lo castrante, miserable y penosa que puede ser la vida militar de forma frontal y sin tapujos, exponiendo los abusos, discriminación y maltrato que reciben diariamente los cadetes. La obra tampoco es tímida en cuanto a explorar los rezagos y traumas que vivir en carne propia la realidad de la guerra desatan en una persona. Más allá de la dramaturgia, el unipersonal se ve también elevado de sobremanera por un elemento que, bien utilizado, puede tener efectos hiper efectivos: la música. Magali Luque hace más que acompañar el montaje con piezas musicales inéditas. A través de su voz y de sus instrumentos, la talentosa artista construye atmósfera, cala emociones, invita a la reflexión e hilvana momentos de forma hermosa y taciturna. Godo Lozano también aporta desde su trinchera y nos conduce eficientemente a lo largo de toda la pieza con aplomo, entrega y convicción. El montaje no es corto, y es un gran mérito del actor que nunca se vuelva aburrido verlo en escena. Siempre nos está dando algo. Siempre está en acción. Y siempre nos interpela a seguir viendo, por más difícil y duro que sea procesar lo que vemos.

¿Existen aspectos que creo que podrían mejorarse? Sí. Considero, por ejemplo, que el involucramiento del público (hay momentos en los que se rompe la cuarta pared), es innecesario y por momentos ralentiza o entorpece el flujo del montaje. Creo, además, que el manejo de la cámara que registra elementos en vivo que son proyectados en pantalla gigante podría ser más prolijo y su uso más puntual. Siento finalmente que la dirección actoral de Godo podría ir más allá y exigir más de su actor, quien sin duda cumple su labor de forma competente, pero que podría terminar de explotar en escena y de hacernos testigos de su explosión. Más allá de cualquier falencia, sin embargo, recomiendo totalmente ver esta obra. No solo porque los testimonios desplegados aquí son importantes y deben conocerse, sino porque Villanueva ha encontrado una forma muy interesante y altamente sensible de traerlos a la luz, no dejando que el rencor y frustración que suscita oírlos se asienten del todo en nosotros, sino ofreciendo un rayo de luz de esperanza al final del montaje. Ese es para mí el mayor logro de esta puesta teatral. Que a pesar de que hay mucho por denunciar, mucha carga negativa que corroe estos testimonios, también está el valor de la resiliencia, la posibilidad del autodescubrimiento y reconstrucción de uno mismo después del trauma, y la llama de la inocencia perdida, que sorprendentemente sigue alumbrando después de todo. Les quedan dos funciones más, los miércoles 15 y 22 de julio. Vayan. No se arrepentirán. 

Sergio Lescano

12 de julio de 2026

Crítica: HEATHERS, EL MUSICAL


Cuando el teatro confronta la violencia que aprendimos a normalizar

En el auditorio del Colegio de Ingenieros ubicado en Ica, Chaplin - Grupo Cultural presenta Heathers, el Musical, adaptación del reconocido musical inspirado en la película homónima de finales de los años ochenta. El montaje traslada al escenario una historia donde el bullying, la salud mental, las relaciones tóxicas y la necesidad de pertenecer se entrecruzan bajo una estética pop que combina humor negro, música y una mirada crítica sobre las dinámicas sociales que aún persisten en la actualidad.

Desde el inicio, la propuesta construye una composición visual específica y convención clara. La escenografía utiliza plataformas y diferentes niveles para sugerir los múltiples espacios de la historia y estatus, mientras que el vestuario remite con claridad al universo estético de finales de los años ochenta, con la elección de una gama de colores determinada para cada personaje. La composición coreográfica aporta dinamismo y permite organizar los cuerpos en escena con precisión, especialmente en los números grupales, donde el movimiento fortalece la narrativa y acompaña el desarrollo dramático.

El diseño sonoro constituye uno de los pilares del montaje. La partitura musical sostiene el ritmo general de la obra y contribuye a la construcción de las distintas atmósferas emocionales. Aunque se presentan algunos inconvenientes técnicos y, en determinados momentos, la dicción dificulta comprender el texto cantado, estas dificultades no llegan a quebrar la continuidad narrativa. El compromiso vocal del elenco, particularmente en los personajes protagónicos, evidencia un proceso de preparación que permite sostener la intensidad musical durante gran parte de la función.

En contraste, el diseño de iluminación no alcanza la misma consistencia. Existen escenas donde la composición de iluminación está relacionada eficazmente con la dramaturgia y potencia momentos de gran impacto; sin embargo, la construcción narrativa de la luz pierde continuidad a lo largo del espectáculo y no se sostiene con firmeza. Algunas transiciones resultan imprecisas y ciertos cambios cromáticos no terminan de reforzar la evolución de cada momento de la historia, de las escenas ni la progresión dramática del relato.

En el trabajo actoral se percibe un elenco comprometido con la propuesta de dirección. La escucha, el trabajo coral y la energía colectiva sostienen buena parte del montaje, especialmente durante las escenas musicales y las secuencias de humor físico. No obstante, en algunos pasajes las interpretaciones permanecen en registros cercanos al cliché y privilegian la forma sobre la verdad escénica. Esto repercute en la claridad de las acciones y en la construcción de los vínculos entre los personajes, cuya transformación no siempre encuentra un desarrollo suficientemente sólido.

La dramaturgia conserva la relevancia en los temas que hicieron de Heathers un referente del teatro musical contemporáneo. El conflicto principal mantiene vigencia al abordar problemáticas que siguen atravesando la experiencia adolescente: la violencia escolar, la manipulación afectiva, la presión por encajar y las consecuencias del silencio en la colectividad. Sin embargo, la adaptación no siempre consigue que la progresión de los acontecimientos y la evolución de algunos personajes alcancen la profundidad que la historia demanda.

Uno de los aspectos más valiosos de la producción es su apuesta por fortalecer el movimiento teatral en Ica. La inclusión de artistas emergentes durante el intermedio y la decisión de asumir un musical de gran formato evidencian un interés por ampliar las posibilidades de creación escénica en la región y acercar nuevos lenguajes al público local.

En conjunto, Heathers, el Musical confirma que el teatro musical continúa consolidándose como un espacio pertinente para dialogar con un público específico. Aunque el montaje presenta aspectos técnicos y dramatúrgicos susceptibles de mayor precisión, su mayor virtud reside en asumir el riesgo de poner en escena una historia que invita a revisar las formas de violencia que aún permanecen naturalizadas.

Rubén Aquije

12 de julio de 2026

Nuevo aliado: GEEK CLUB CAFÉ


“La primera cafetería gamer del Perú”

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Muchas gracias a Geek Club Café por apoyar nuestro proyecto de crítica y difusión teatral.

Geek Club Café es la primera cafetería y bar temático gamer de Lima, ubicada en Sevilla 550, Pueblo Libre. Funciona como un espacio de entretenimiento donde los aficionados a los videojuegos, el ánime, los cómics y la cultura pop pueden reunirse a jugar, socializar y comer.

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viernes, 10 de julio de 2026

Crítica: NOCHE DE CREADORAS - JULIO


En Casa Bulbo, tres microobras para pensar

En la primera edición de julio de Noche de Creadoras, pude presenciar tres obras que forman parte de su cartelera: Velorios Tour SAC, Los Irresponsables y Antes de irte (de la temporada de junio, pero que tuvo su última función el pasado 1 de julio). Cada una, en su breve duración, logró levantar un mundo completo y dejar una pregunta suspendida en la sala para cada espectador.

La primera obra, Velorios Tour SAC, escrita por Leticia Arbelo y dirigida por Lia Camilo, parte de una premisa tan insólita como macabra. Gla y Bea, dos profesoras jubiladas, organizan tours a velorios con comida y bebida incluidas. Cuando la crisis aprieta y la temporada viene floja de difuntos, toman una decisión desesperada que las lleva mucho más lejos de lo que imaginaban. Pocas veces me he reído tan genuinamente con una comedia corta. Me dejó con intriga, con ganas de saber cómo resolvían finalmente el conflicto que las atañe en ese momento y ver qué venía después. Es una premisa que parece simple y que sin embargo escala hacia resoluciones casi absurdas, y lo interesante es que, dada la extrañeza del punto de partida, esas salidas absurdas terminan por parecer hasta coherentes. La comedia funciona muy bien, porque sus dos personajes comparten mucho entre sí y a la vez son tan distintas en la forma de resolver las situaciones y en sus prioridades. 

Diana Quijano y Magali Bolívar ofrecen actuaciones frescas y naturales que conectaron de inmediato con el público, que respondió con risas durante toda la función y con aplausos al cierre. Bajo su aparente ligereza, la obra deja una pregunta que incomoda:  ¿qué límites morales está uno dispuesto a cruzar cuando la situación misma ya plantea un dilema ético?

Hay que felicitar a las actrices y también a una dirección fantástica. El espacio estuvo bien distribuido, sin desplazamientos que sobraran, y la dinámica entre ambas transmite una complicidad que sostiene todo el relato. La manera en que llevan el texto hace que el espectador se sumerja por completo en la situación.

Los Irresponsables, con dramaturgia de Luca Reátegui y dirección de Malu Gil, cambia por completo el registro. Ha ocurrido un incendio en un pueblo. Hay dos muertos, un detenido y una gobernadora que cree tenerlo todo bajo control. Su asesor, que también es su amante, no está tan seguro de que tengan al verdadero culpable, y esa noche ambos sostienen una conversación que pone en riesgo todo lo que han construido juntos. Aunque no hay nombres directos, queda muy claro que se trata de una crítica bien construida hacia el contexto peruano y latinoamericano actual, hacia esas redes de corrupción tejidas desde el poder. La obra muestra una lucha entre la lógica de izquierda y derecha y la lógica de quienes habitan el día a día frente a la clase poderosa. Aquí ese conflicto se encarna en un matrimonio donde las dos partes no gozan del mismo privilegio, y donde existe un tercero que nunca aparece pero que conduce toda la narrativa. 

Silvana Picco logra transmitir el sadismo y la deshumanización del poder, mientras que Reátegui construye su contraparte. Con todo, queda flotando una duda. Si el caso planteado no hubiera implicado tanto al personaje de Reátegui, ¿aún habría confrontado la situación o se habría sumado al plan sin más? 

La dirección de Malu Gil es excelente. Se perciben con claridad los juegos de poder y cómo estos fluctúan entre ambos personajes para asentarse finalmente en la gobernadora, y se vislumbran, de cierta forma, las dos dimensiones que atraviesan la relación en ese momento: la profesional y la conyugal. Es un drama cargado de complejidad para el poco tiempo que tiene en escena, y se sostiene de una manera que deja a los espectadores enganchados.

Finalmente, Antes de irte, escrita y dirigida por Micaela Valdés y Daniela Zea, está inspirada en las cartas reales entre Mariette Lydis y Erica Marx, y es una historia sobre arte, deseo y la necesidad de inventar un lugar donde poder existir. Debo confesar que amé esta representación sáfica. Esta es una historia de época contada a través de cartas; y, ese recurso resultó ser una estrategia ingeniosa para narrar desde la perspectiva de ambas mujeres. Las cartas se vuelven una ventana de subjetividad sobre lo que sucedió y le dan al público la posibilidad de rellenar con su imaginación los momentos intermedios. Así, la historia se construye tanto desde la obra como desde quienes la miramos, y eso hace que la conexión sea mucho mayor.

Marianne Carassa y Alexa Centurión reflejan la vulnerabilidad de ser una mujer sáfica, tanto en aquel momento como en la actualidad, junto con la sensibilidad y el deseo. Es una historia romántica, pero con una carga política muy fuerte, y deja una pregunta abierta: ¿cómo luchar por un espacio propio para amar en una sociedad que no te lo permite? La dirección es fenomenal. En escena no hay más que las actrices y las proyecciones, y resulta más que suficiente para contar esta historia. El ir y venir constante, las diferencias de proximidad entre ambas..., el movimiento mismo, junto con las cartas, nos mostraba muchísimo sobre su dinámica. Entendíamos lo que sentían y cómo su relación iba evolucionando. Ojalá haya una próxima reposición.

Vistas juntas, las tres microobras dejan la sensación de una noche en la que las creadoras pusieron a mujeres en el centro de la escena para hacerlas atravesar un dilema. El límite moral de una decisión desesperada, la complicidad con el poder y la búsqueda de un lugar donde amar. Tres registros muy distintos, la comedia, el drama político y el romance epistolar, que terminan compartiendo una misma pregunta por aquello que estamos dispuestas a hacer para sostener lo que queremos.

Daniela Ortega

10 de julio de 2026

martes, 7 de julio de 2026

Crítica: BLACKBIRD


La inocencia nos confronta

Una adolescente en un extremo del escenario ensaya notas en su guitarra. A la tercera llamada escapa, para no ser descubierta en su travesura. Con esa sensación de inocencia, Blackbird nos introduce a una realidad caótica de basura esparcida en el espacio en el que trabaja Peter, quien recibe la visita inesperada de Una.

El tema se plantea desde el inicio: Una ha logrado encontrar a Ray, que ahora se llama Peter, con quien, cuando ella tenía 12 años y él 40, tuvo sexo durante tres meses; hasta que él la abandonó y luego de pasar algo más de tres años en prisión por pederastia, desapareció. 15 años después, ha llegado la hora de enfrentarlo y entonces sus recuerdos se aparecen como pesadillas.

La rudeza del encuentro se instala desde el primer momento, pero la discusión no se reduce a increpar la conducta de Ray, sino que el excelente texto de David Harrower desarrolla un proceso argumentativo en el cual ambos buscan su propia verdad: él intenta justificar sus actos y ella busca comprender sus propios sentimientos frente al abuso, que mezcla odio con restos de amor. La búsqueda es una confrontación cuya intensidad no deja de crecer, con leves respiros, en donde fluyen sentimientos confusos, como el apego de la víctima con su abusador. Cuando parece que todo se ha dicho, la victima pasa a un deseo erótico incontrolable por su victimario. El ambiente de desperdicios y la luz que se debilita completan una atmósfera de miseria humana.

A Una le duele cargar con la niña que fue. La ve en una imagen fantasmal por la ventana y se ve ella misma reflejada en la hija de Ray que llega a buscarlo y le aterroriza lo que puede ser nueva realidad de Peter. La imagen que enfrenta a ambos personajes femeninos es impactante.

La violencia no son solo los golpes, insultos u otros agravios evidentes. Puede ser el engaño y el abandono. Para Una, el trauma mayor es el desamor. No fue solo una menor abusada, fue una menor descartada y eso duele más, porque aún siente que entonces estaba enamorada y fue traicionada por Ray. El no niega lo reprochable de su conducta. Fue condenado por pederasta y lo acepta, pero reclama que no es un pedófilo: “Yo no soy uno de ellos”, insiste y como una ratificación de la pureza de su errado amor proclama que Una fue “la única”. Estas confesiones revelan los conflictos emocionales de los personajes sin que ello relativice el carácter abusivo de la relación que los unió por corto tiempo y los condenó por siempre.

El acoso y la violación sexual de menores de edad es un tema de mucha gravedad. La obra denuncia, reflexiona, escarba en la conciencia de ambos, pero no asume una neutralidad cómplice: Ray ha rehecho su vida - ahora como Peter - y pretende haber pagado sus culpas, pero Una responde: “Yo cumplí tu sentencia”. Es que finalmente fue a ella a quien juzgó la familia, los amigos y todos los que la rodeaban, como si ella hubiera sido la culpable de su propia agresión y ese hombre de 40, la víctima de su precoz poder de seducción. 

Magníficas actuaciones de Sergio Paris y Tania López haciéndose cargo de las emociones de los personajes y conduciéndonos por 100 minutos de tensión, reflexión y confrontación casi sin respiro, gracias a la experimentada dirección de Mikhail Page, quien tuvo la genialidad de incluir la participación de Lía Lee, como representación de la inocencia violentada.

Blackbird obtuvo el Premio Laurence Olivier en 2007. Si bien se inspiró en un caso real (un exmarine estadounidense que en 2003 se fugó con una colegiala británica de 12 años, a la que había conocido en un chat de internet), la obra no es una referencia a ese hecho, sino una reflexión sobre el grave problema del abuso sexual infantil.

Merece destacar que la producción de esta obra no solo ha cuidado los asuntos artísticos, sino que además ha contado con el apoyo de profesionales vinculados al delicado tema del acoso sexual infantil, cuyas miradas y precisiones se resumen en el programa de mano: “La obra muestra cómo ese hecho sigue vivo en el presente solo para la víctima”, comenta la socióloga Margiori Machi. Por otro lado, el psicólogo Nicolas Chinchilla señala que Blackbird “nos enfrenta a preguntas difíciles y nos obliga a permanecer en un terreno lleno de contradicciones, donde comprender a los personajes no implica justificar sus actos. Y es precisamente en esa complejidad donde reside gran parte de su fuerza dramática”. Y queda claro que, en nuestra realidad, el consentimiento no existe si la víctima de abuso sexual es menor de 14 años y la pena para Ray habría sido la cadena perpetua.

Excelente obra, que se presenta en el cálido espacio del Teatro de Lucía.

David Cárdenas (Pepedavid)

7 de julio de 2026

lunes, 6 de julio de 2026

Crítica: OKUPA!


Una mirada distinta

OKUPA! es una experiencia de teatro distinta titulada Invasión Escénica en Casa, producida por la asociación cultural La Dramática. En ella, el público recorre los distintos ambientes de una vivienda real en Barranco. mientras descubre dos divertidas historias que se van alternando entre sí.

En esta ocasión, el formato nos permite sentir una mayor cercanía con los intérpretes a través de dos obras muy divertidas. La propuesta nos invita a compartir el espacio físico de los actores; a estar, pero casi sin estar. Sin duda, se trata de una experiencia sumamente interesante.

A este viaje se suman las dos piezas cortas ¿Estoy embarazada? y El fantasma de mi ex, escritas por Mónica Villamonte e interpretadas a escasos centímetros de los asistentes. Ambas historias se desarrollan bajo la dinámica de convivencia de unos roomies. Cada relato transita con fluidez entre la comedia y el drama, sostenido por la madurez y naturalidad del elenco. Los actores demuestran oficio al lograr que las ficciones se sientan frescas y orgánicas, impidiendo que la extrema proximidad del espectador afecte el ritmo de las escenas. Además, la interacción con el público ocurre en el momento exacto, despertando reacciones genuinas y honestas en la audiencia.

Con respecto al espacio escénico, la elección es un acierto rotundo para los objetivos de OKUPA! Transformar un entorno común y cotidiano en un escenario vivo —donde creadores y espectadores comparten la misma atmósfera— resulta una decisión impecable.

En conclusión, OKUPA! es una forma distinta de ver y experimentar el teatro; una vivencia alternativa que todos deberíamos transitar debido a su innegable valor como experiencia escénica.

Javier Gutiérrez

6 de julio de 2026