Sobra potencial, falta claridad
Tres salas. Tres obras cortas ocurriendo al mismo tiempo. Tres elencos que hacen tres funciones por noche. Esa es la propuesta de Micro Butaca. Con intervalos de aproximadamente diez minutos, en los que el público puede disfrutar de alguna bebida o de algún snack, el acogedor espacio barranquino, sede también de Butaca Film, productora teatral y audiovisual, se convierte en el escenario de tres microobras, todas de dramaturgos y dramaturgas peruanas, que se suceden una a la otra. La experiencia tiene potencial, ya que el tener que migrar de sala en sala con la promesa de una nueva y cautivante historia esperándonos del otro lado de la puerta es atractiva. Pero más allá de la novedosa propuesta, ¿qué tiene por ofrecer esta temporada teatral?
El teatro de formato breve, como ya he mencionado anteriormente, es complejo. El tiempo limitado presenta el reto dramatúrgico inmediato de tener que comprimir en solo quince minutos un arco dramático verosímil. Por otro lado, las dimensiones de las salas de Butaca Film, al no ser tan amplias, también ofrecen un limitante considerable, ya que de no ser correcto el uso del espacio, este puede jugar en contra del montaje. Finalmente, los actores y actrices deben adecuarse a un ritmo exigente y trepidante, ya que hacen tres funciones al hilo, con escasos minutos entre una u otra. Lamentablemente, creo que todos estos factores terminan afectando, en mayor o menor medida, a todos los montajes.
¡Ah, qué terapia!, escrita por Mario Soldevilla y dirigida por Diana Veliz, no logra utilizar el espacio de forma adecuada, rellenándolo de elementos que finalmente terminan estorbando y entorpeciendo el trabajo actoral. Más preocupante aún es la ausencia de claridad en cuanto a la resolución de la historia. La propuesta de dirección no deja que el texto, que a pesar de recurrir a clichés tiene el potencial de ser ameno, termine de entenderse, y la transición entre distintos códigos (clown, naturalismo, farsa) hace que la historia de un paciente enamorado de su psicóloga se vea y se sienta desordenada y confusa. Los actores hacen lo que pueden, pero bajo una visión un tanto difusa, sus esfuerzos no los llevan a buen puerto.
Locos de remate, escrita por Jorge Bardales y dirigida por Diego La Hoz, es más clara en su concepción y ejecución. El espacio está mejor utilizado, así como las dinámicas de movimiento entre los actores. El texto tiene chispa, y el intercambio de palabra entre los actores funciona. Podría haberse cuidado más el enfoque cómico, ya que, al tratarse de una farsa, esta da licencia para ser llevada al extremo, cosa que el montaje no hace. Del mismo modo, la comedia, presente en la dramaturgia, necesita de un ritmo, una cadencia, y una precisión específica, que el montaje solo algunas veces logra, dejando que varios chistes no lleguen a “aterrizar” del todo. El giro argumental final funciona, sin embargo, y eleva la propuesta, dándole un cierre lógico y divertido a la escena.
Nuestro último vals es la única de las tres microobras que apuesta por el drama, mostrándonos la despedida de dos mejores amigos, uno de los cuales está en la víspera de un viaje en el que abandonará su país y también al posible amor de su vida. Al ser de corte naturalista, el montaje requiere de un trabajo de dirección actoral adecuado, que dé espacio a los silencios, que juegue con las miradas y la complicidad de los actores, que permita que ellos y ellas vivan la circunstancia que nos muestran en vez de simplemente decir textos uno después del otro. Desafortunadamente, en este caso esto no se cumple del todo, y el texto, que tiene potencial, termina pasando muy por agua tibia. De la misma manera, las actuaciones se sienten externas e impuestas, en lugar de orgánicas y vividas.
Cabe destacar que considero que los tres actores y actrices que protagonizan estas tres obras tienen mucho potencial. De hecho, la sensación que me llevo de ellos es que merecen más y mejores cosas. Propuestas escénicas más claras, dirección más minuciosa, textos más desafiantes. Creo que solo de esta forma es que podremos ver su verdadero rango actoral.
Siempre es mejor formar una opinión propia, así que te invito a ver su trabajo por ti mismo. Tienen sus últimas funciones este sábado 28 de febrero a las 8 p. m. ¡Nos vemos en el teatro!
Sergio Lescano
22 de febrero de 2026









