Cuando el consenso se vuelve ridículo
Hace unos días estuve en el teatro La Plaza para el pre estreno de Eureka Day, obra del estadounidense Jonathan Spector bajo la dirección de Vanessa Vizcarra y con las actuaciones de Stephany Orúe, Manuel Gold, Anaí Padilla, Fiorella De Ferrari, Diego Pérez y Sebastián Valdez.
Esta pieza arranca como una sátira nacida del propio absurdo cotidiano. Cuando un brote de paperas invade un colegio abiertamente progresista, la armonía comunitaria se desmorona. El debate sobre la vacunación obligatoria desata una espiral de discusiones entre directivos, profesores y padres de familia, dejando en evidencia que el verdadero virus de la sociedad actual es la absoluta incapacidad de llegar a un acuerdo.
Como directora, Vanessa Vizcarra comprendió a la perfección el ritmo de la obra: supo cuándo sostener las pausas para hacer que la incomodidad se sintiera en toda la sala. A lo largo de la puesta, ella no busca bloquear nuestra empatía hacia los personajes, sino hacer que nos reconozcamos en la ridiculez del sesgo.
El elenco no se queda atrás: funciona como un engranaje perfecto que sostiene con firmeza el pulso satírico de la historia. Manuel Gold destaca notablemente al encarnar al director escolar; su desesperación por mantener a todos contentos mientras la situación se viene abajo resulta tan hilarante como patética.
Mientras tanto, los personajes de Fiorella De Ferrari y Stephany Orúe encarnan el choque ideológico, mientras que aquellos interpretados por Anaí Padilla, Diego Pérez y Sebastián Valdez nos demuestran que el subtexto y las miradas pesan tanto como los diálogos.
En cuanto a la escenografía, el diseño refleja a la perfección la estética de la pedagogía alternativa y del bienestar. Este espacio funciona como una trampa visual a través del contraste: mientras los personajes se despedazan ideológicamente, el entorno se mantiene limpio y “perfecto”, resaltando lo ridículo de la situación. Asimismo, la puesta en escena integra con acierto el uso de pantallas, herramientas clave para sostener el clímax de la obra.
Finalmente, puedo decir que Eureka Day no es una obra cómoda porque quien la vea se terminará riendo de sí mismo al verse descubierto y nos hace tomar en cuenta que la polarización no es un mal exclusivo de los demás ya que habita en esos espacios que se jactan de haberla superado.
Javier Bendezú
7 de junio de 2026



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