viernes, 20 de julio de 2018

Crítica: HAGAMOS MAGIA


Ilusionismo fraternal

Quizás una de las grandes virtudes que trajo consigo el descomunal éxito de las sagas literarias y cinematográficas de Harry Potter, creadas por la prolífica escritora J. K. Rowling, fue el de retomar (si es que acaso estuvo relegada por ciertas temporadas) la enorme fascinación de la infancia por la magia. Participar del ilusionismo que genera un espectáculo de magia resulta, sin lugar a dudas, una extraordinaria experiencia para toda la familia, especialmente para los más pequeños. Y es justamente lo que logra la puesta en escena de Hagamos magia, escrita por Alexander Rubio en colaboración con Mario Soldevilla, quienes actúan con la inspirada dirección de Armando Machuca y la precisa musicalización de Armando Abanto, en el Auditorio AFP Integra del MALI.

Desde el ingreso al teatro, antes de la tercera llamada, el público ya se encuentra inmerso en este espectáculo preparado por los hermanos Faustolín (Soldevilla) y CJ (Rubio); el primero, un asombroso mago y el segundo, su intrépido asistente. Los dos son los herederos del recordado mago Faustomán y están dispuestos a continuar con su legado: entretener a los asistentes a su función con el arte del ilusionismo. Sin embargo, en medio de los divertidos actos (que incluyen la activa participación de niños y adultos por igual), los espectadores se percatan de un llamativo detalle: Faustolín no logra concretar nunca sus trucos, excepto cuando recibe la ayuda involuntaria de CJ. Finalmente, el misterio es develado en el último tramo de la algo dilatada puesta, en una conmovedora escena que redondea un sólido espectáculo teatral, con humor, sorpresas y un mensaje aleccionador.

Machuca (premio al mejor trabajo de dirección para Oficio Crítico 2016 por Padres de la patria) consigue un entretenido montaje familiar, con una escenografía sencilla y los justos elementos para cada truco (incluida la asistente desaparecida dentro de una caja), siendo su verdadera fortaleza, en todo caso, la insuperable dupla actoral con la que cuenta: Soldevilla (mejor actor para Oficio Crítico 2013 por Los últimos días de Clark Kent) interpreta sin tacha a este soberbio remedo de mago, que logra redimirse al final; pero la verdadera sorpresa es la presencia de Rubio, quien se roba el protagonismo en muchas escenas, con su gran habilidad para hacer magia “de verdad” sumado a su innegable carisma. Hagamos magia, con la producción de Maryfé Asparria, se sirve del ilusionismo para crear un muy recomendable espectáculo con valores. Termina este fin de semana, muy recomendable.

Sergio Velarde
20 de julio de 2018

Estreno: TRES VERSIONES DE LA VIDA


Desde el jueves 26 en el Teatro de Lucía de Miraflores, dirigida por Roberto Ángeles

Obra escrita por Yasmina Reza, es protagonizada por Sandra Bernasconi, Joaquín de Orbegoso, Alfonso Dibos y Lizet Chávez. Aborda temas como la seducción, la familia, el matrimonio, el poder,  las influencias, y la búsqueda del éxito.

El aclamado director de teatro Roberto Ángeles tiene a cargo la nueva obra que se estrenará este jueves 26 en el Teatro de Lucía, de Miraflores: “Tres versiones de la vida”, escrita por la dramaturga francesa Yasmina Reza y protagonizada por Sandra Bernasconi, Joaquín de Orbegoso, Alfonso Dibos y Lizet Chávez.

Enrique y Sonia es un matrimonio que invita a cenar a Humberto, un científico influyente, con el propósito de que éste ayude a ascender en su carrera profesional al esposo. Sin embargo, los invitados se equivocan y llegan 24 horas antes a la reunión acordada. Esta situación desatará una serie de malentendidos, tanto incómodos como cómicos, tensos y hasta agresivos que van tocando de manera irónica, temas como la seducción, la familia, el matrimonio, el poder, las influencias, y la búsqueda del éxito.

“Tres versiones de la vida” va desde el jueves 26 de julio del 2018, de jueves a lunes a las 8 de la noche, y los domingos a las 7 de la noche en el Teatro de Lucía (Calle Bellavista 512 - Miraflores).

Las entradas están a la venta en Teleticket y en la boletería del teatro a 53 soles (general), 37 soles (jubilados), 27 soles (estudiantes) y 32 soles (lunes popular). Recomendada para mayores de 14 años.

jueves, 19 de julio de 2018

Crítica: EL DIARIO DE ANA FRANK

Entrañable homenaje a la libertad

El 2015 fue el año teatral de Patricia Barreto, joven actriz que se llevó por derecho propio todos los premios de actuación (en realidad, todos menos uno) y el unánime aplauso de público y crítica por su magistral interpretación en Piaf, pieza inspirada en la vida de la famosa cantante francesa y escrita por la dramaturga británica Pam Gems. De allí en adelante, Barreto solo podía competir consigo misma para siquiera alcanzar la brillantez con la que llevó a cabo su cometido. Hace algunos meses, terminó una nueva temporada, que igualaba a la antes mencionada y en la que nuevamente encarnaba a otro emblemático personaje: se trató de El diario de Ana Frank, obra con texto de los norteamericanos Frances Goodrich y Albert Hackett (cuyo estreno fue en 1955), en la que colaboró otra vez con el experimentado Joaquín Vargas Acosta en la adaptación y dirección, como ya lo hiciera en la notable Piaf.

Acaso el mayor mérito del montaje presentado por la productora VNP en el Teatro Mario Vargas Llosa sea el de haber llevado a escena, sin mayores contratiempos, la esencia de esta obra literaria de importancia capital, escrita por esta muchacha de 13 años: las crueles implicaciones que conlleva una guerra (la invasión nazi a Holanda, en el presente caso) y lo dura que es la vida para aquellos niños y adolescentes que tuvieron la desdicha de atravesarla; pero también que, sin importar las edades, se debe defender nuestras posiciones y creencias, así como ser valientes para enfrentar los problemas y cumplir nuestros sueños. Ana nos enseñó que cada palabra, escrita o hablada, puede convertirse en testimonio de nuestra propia historia; además, ella se convirtió en el símbolo de la paz, la igualdad y la libertad, frente al dolor y tristeza que representa la guerra.

Vargas orquestó un entretenido y conmovedor montaje, con escenografía y vestuario muy cuidados, así como un oportuno uso de proyecciones en video, ya vistas en Piaf o en El Hombre Elefante (2013). Barreto se convirtió en una creíble y enérgica Ana Frank, rodeada de un elenco muy sólido, como los inmejorables Gerardo García Frkovich y Magali Bolivar (como sus padres), la sólida Laura Adrianzén (como su hermana) y los entrañables Ricardo Goldenberg y Lilian Nieto (como la pareja mayor de refugiados). Completaron el reparto  David Carrillo, Gonzalo Tuesta, Minou Adolph y el joven Martín Velásquez, todos ellos impecables. El diario de Ana Frank fue, sin duda, uno de los montajes del año, con un lucimiento actoral parejo de Barreto y elenco, y además, un emotivo canto de esperanza y valentía en favor de la paz.

Sergio Velarde
19 de julio de 2018

martes, 17 de julio de 2018

Crítica: LA CANTANTE CALVA


La tragicomedia del lenguaje

Pudo ser acaso el sorpresivo éxito de público y crítica de la lograda versión 2017 de Esperando a Godot, estrenada en la AAA con la dirección de Omar Del Águila, el disparador para el estreno de otra interesante e imprescindible puesta en escena del Teatro del Absurdo: La cantante calva, que estuvo en temporada en el Club de Teatro de Lima, dirigida por Paco Caparó y que curiosamente incluía en su elenco al mismo Del Águila. Sus respectivos autores y capitales dramaturgos, el irlandés Samuel Beckett y el franco-rumano Eugene Ionesco, fueron los precursores de esta corriente teatral, que incluía obras con tramas que parecían carecer de significado, llenas de diálogos redundantes e impertinentes, y que a través del humor ofrecían una corrosiva crítica hacia la sociedad y su disparatada incomunicación.

Prácticamente todo se ha escrito ya sobre la versión 2018 de La cantante calva. En todo caso, mencionar el delirante origen de la pieza, como el mismo Ionesco se encargó de compartir: su afán por aprender inglés le hizo memorizar una serie de oraciones en dicho idioma, que le revelaron verdades sorprendentes, como que hay siete días en la semana, o que abajo está el piso, o que arriba se encuentra el techo. Y precisamente, esos son los sesudos “temas” de los que hablan los protagonistas de su texto, los Smith y los Martin. ¿Y la cantante calva? Pues así tituló Ionesco su creación, por la sencilla razón que dicha artista jamás hace su aparición. Se trató de una obra que fue catalogada como “una suerte de pieza” o “antipieza” o “una verdadera parodia de una pieza de teatro” o “una comedia de la comedia”.

Mérito de la propuesta de Caparó el mantener el tono surrealista y absurdo acorde con el planteamiento inicial del autor, no solo en los esforzados decorados, vestuarios y utilería, sino también en la caracterización e interpretación de los actores. Tanto Cintia Díaz del Olmo y José Ferguson (como los Smith), así como Fabiola Coloma y Jhosep Palomino (como los Martin), ejecutan sus acciones sin tacha en sintonía con la propuesta; del mismo modo lo hacen Del Águila, interpretando al galante bombero, y el joven Santiago Giraldo, como el criado, cambiándole el género a la sirvienta Mary original. El uso de celulares, que contrasta nítidamente con el vestuario vintage, suma al desconcierto general de toda la puesta. La cantante calva, así como lo fue Esperando a Godot, fue una muestra de la total vigencia y disfrute de una corriente teatral, tan imprescindible como inagotable.

Sergio Velarde
17 de julio de 2018

Crítica: SUEÑO DE VERANO


El uso de la comedia y el drama en escena

En el Teatro Auditorio de Miraflores se está presentando la comedia Sueño de Verano, escrita y dirigida por Osvaldo Strongoli, la misma que forma parte de la segunda Fábrica de Creación.

Esta pieza narra la historia de Mauricio, quien desea demostrarle a su padre que puede hacerse cargo del proyecto más importante de su empresa constructora, llamado Sueño de Verano. Para lograrlo, tendrá que convivir con los curiosos personajes que habitan en aquella propiedad, desatándose situaciones hilarantes y un desenlace inesperado.

El montaje no proponía mucho. Una mesa, el juego de luces y un acompañamiento de sonido (que por momentos no fue preciso y tampoco aportaba demasiado) iniciaban la trama, que giraba en torno a cinco peculiares personajes: una cocinera, una mujer religiosa al límite, otra que sueña con casarse, una obsesiva de la limpieza y un muchacho que quiere llegar a la luna. Aunque algunas construcciones en los personajes cayeron en la ingenuidad y predictibilidad, otros, como el de Blanca (Pamela Paredes, quien mutó de acento y papel por momentos), el de Niel (Sebastián Lazo, quien trabajó una particular voz) y el de Nancy (Martha Muñoz) fueron más notorios.

Particularmente, considero que la simplicidad y el poco riesgo deslucieron la puesta de cierto modo; además, algunos de los parlamentos no fueron consistentes. Sin embargo, la línea de comedia se mantuvo y supo combinarse con una dosis de drama –en el trasfondo de la narrativa-, lo cual sostuvo la secuencia de hechos que se describían.

Cabe resaltar la diversidad de temas que se tocaron en la obra: la violencia contra la mujer, la discriminación y el abandono a los hijos. El hecho de utilizar la comedia para reflejar situaciones cotidianas (problemas sociales) fue manejado con precisión y sutileza, definitivamente, logró no solo hacer reír sino también conmover.

Finalmente, podrían implementarse más recursos para potenciar la puesta, aunque este detalle no disminuye el trabajo y esfuerzo del reparto, que mostró en puridad las historias del día a día (sobre todo en esta coyuntura).

Maria Cristina Mory Cárdenas
17 de julio de 2018

lunes, 16 de julio de 2018

Crítica: ÁFRICA (UN CONTINENTE…)


Política, libertades e incomunicación

La producción dramática de la premiada autora argentina Patricia Zangaro es netamente política: así lo fueron Pascua rea (1991), con grotescos inmigrantes de los años treinta dentro de un sistema político-social trastocado; Auto de fe... entre bambalinas (1996), con tres actores de la época virreinal, que se sumergen en una lucha entre el arte y el poder; o A propósito de la duda (2000), con la incertidumbre acerca de la identidad biológica y simbólica que aqueja al protagonista, en su búsqueda de memoria. Pues bien, los jóvenes directores Abel Enríquez y Bryan Urrunaga estrenaron en mayo África (Un continente…) en La Casa Recurso de Barranco, texto escrito por Zangaro en el 2008, ofreciendo un interesante espectáculo con muchos aspectos a favor.

Como lo mencionó la autora en una entrevista, “África es la metáfora de la asimetría profunda que se vive en el mundo”. Y es que dicho continente no solo es uno de los más pobres y maltratados, sino que el futuro de sus habitantes pareciera no importarle a nadie. Y justamente, dentro de la obra propiamente dicha, mientras un negro se desangra en la calle, cuatro personas deambulan en la solitaria azotea de un edificio aledaño: un muchacho desequilibrado con ínfulas de francotirador (Roy Zevallos), una profesora en estado de depresión (Leticia Narvarte), un artista que se regodea en su propia perversidad (David Huamán) y una muchacha furiosa resuelta a tomar un drástica decisión (Rocío Olivera). Los textos, contados y sencillos solo en apariencia, son contundentes para desnudar la profunda incomunicación entre estos seres, inmersos en sus propias frustraciones.

Gran parte del mérito del montaje es el aprovechamiento del íntimo espacio de la Casa Recurso. Si bien es cierto, faltó crear con mayor precisión por parte de los actores la impresión de estar en una azotea, sus interpretaciones fueron lo suficientemente solventes como para involucrarnos en el drama, especialmente, al enterarnos de la relación madre-hija entre las dos mujeres. A destacar las actuaciones de todo el elenco, especialmente la de la muy competente Narvarte. Los cuatro elementos clásicos (agua, fuego, aire y tierra) dentro de baldes en cada esquina, así como su sencillo pero efectivo diseño de luces, mientras los personajes caminan o corren por los bordes, sumaron a generar una atmósfera de opresión y melancolía. Tal como lo mencionó Zangaro, “el teatro no puede transformar la realidad, pero sí transformar nuestra mirada”. África (Un continente…) fue un apreciable montaje que le hizo justicia a su autora, con un claro mensaje político sobre las libertades individuales, el absurdo racismo y las relaciones tirantes y distantes entre los miembros de una sociedad.

Sergio Velarde
16 de julio de 2018

domingo, 15 de julio de 2018

Crítica: 4 MUJERES EN CRISIS


Tímida mirada al universo femenino

Estrenada en el Centro Cultural CAFAE en un triste año en el que la “cosificación” de la mujer en el Perú se ha normalizado a niveles realmente alarmantes, la comedia 4 mujeres en crisis, escrita por la debutante en estas lides y abogada Helen Hesse y dirigida por el experimentado Américo Zúñiga, presentó a sus protagonistas femeninas envueltas en ingenuas e inofensivas tribulaciones con el sexo masculino. Si bien es cierto es necesario un compromiso por parte de nuestra comunidad teatral el enfrentar este nocivo lastre que no nos permite crecer como sociedad justa y con igualdad de oportunidades para todos, también lo es el legítimo derecho de cada creador el de proponer un espectáculo de sano entretenimiento sin mayores complicaciones, como aspiraba a ser esta propuesta escénica.

Presentada como una “terapia de shock psicológica, franca, corajuda y políticamente incorrecta”, 4 mujeres en crisis exploró cuatro contextos bien definidos y en el papel, por lo menos, interesantes: una artista conceptual le reclama a su novio los tan necesarios tiempo y atención para el bien de su relación; una inescrupulosa y guapa mujer, que vive el día a día entre el marido y el amante, recibirá una desconcertante noticia; una abogada, aquejada por el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), deberá tomar una decisión; y una empoderada y brillante empresaria se prepara para disertar en una conferencia. Sin embargo, salvo el interesante atisbo metateatral (el público dentro de la misma conferencia) o alguna actuación por encima del promedio (como la de Jhuliana Acuña), la ejecución de las historias sobre el escenario nunca terminó de despegar, manteniéndose dentro de lo tibio y superficial, sin siquiera rozar las verdaderas posibilidades dramáticas que los cuadros anunciaban.

La dirección artística, para futuras presentaciones, también debería revisarse urgentemente: es cierto que el auditorio del primer piso del centro cultural nunca fue acondicionado para una representación teatral, pero la utilización de sillas de la platea sobre el escenario, de gigantografías en color brillante imposibles de leer debido a las luces o los escasos elementos para ambientar los diversos espacios (como en el caso del bar) no contribuyeron a conseguir la necesaria estilización que un montaje como este requería. 4 mujeres en crisis no fue para nada la histérica y controvertida obra que prometía ser en su material publicitario, pero sí se convirtió en una ingenua y amable propuesta, con un par de buenas ideas, que le debería servir a Hesse para presentar en el futuro proyectos teatrales más arriesgados, complejos y por supuesto, necesarios, si es que desea abordar nuevamente el cautivante imaginario femenino.

Sergio Velarde
15 de julio de 2018

Crítica: AQUÍ NO HAY LUGAR PARA UNICORNIOS


La increíble institucionalización de la violencia contra la mujer

No es un secreto que vivimos actualmente uno de los peores momentos de nuestra vida republicana: no solo por toda la corrupción, delincuencia e impunidad que pareciera regodearse a cada minuto de nuestra existencia, sino que también la violencia contra la mujer alcanza, en estos momentos, niveles de sadismo insospechados y desconcertantes, que bien podrían sugerir su increíble institucionalización en nuestra tan arbitraria y pacata sociedad. Nuestro teatro (y es evidente) no puede permanecer impávido ante estas preocupantes circunstancias que nos afectan a todos: los esfuerzos realizados en provincias, como lo vienen monitoreando nuestros colaboradores regionales, por ejemplo, en Mujeres de arena (2017), así como los estrenos de los últimos años en la capital, dan fe del serio compromiso de una gran parte de nuestros creadores escénicos por llevar a la reflexión a sus respectivos públicos sobre este tema tan álgido como desconcertante.

Si bien todavía pueden estrenarse obras como Después de casados (2017) de Gianfranco Mejía, las interesantes y oportunas puestas en escena de autoría peruana, como Carne de mujeres (2013) de Paco Caparó, con sus cuatro actrices ejecutando un lúdico entretenimiento sobre el machismo, para rematar con sus conmovedores dramas particulares; Diario de un ser no querido (2015) de Celeste Viale, que inicia con el cobarde asesinato de una mujer y sus posteriores consecuencias; Vergüenzas: Cajamarca, 1953 (2017) de Alfredo Bushby, un sentido unipersonal sobre el maltrato físico y psicológico a la que es sometida una solitaria mujer; o la reciente RECONSTRUCCIÓN_Nombre Femenino (2018), que cuestiona los paradigmas sociales que rodean a la mujer peruana de hoy, a través de una creación colectiva dirigida por  Paloma Carpio Valdeavellano y Coralí Ormeño Michelena, proponen la necesaria visualización de esta terrible problemática para buscarle de inmediato una necesaria solución.

A esta lista de espectáculos habría que añadirle la interesante creación colectiva Aquí no hay lugar para unicornios, estrenada a inicios del presente año, a cargo de la promoción del tercer año del Club de Teatro de Lima, con la dirección de Paco Caparó. Siguiendo la misma estructura de La ola (2016), Caparó, junto a la habitual asistencia de Jhosep Palomino, orquesta un sólido collage de historias paralelas, en las que el machismo, los estereotipos y los prejuicios generan el contexto ideal para la instalación de la violencia de género más radical. Y es que como lo sugiere trágicamente su título, el final feliz en esta historia resulta tan factible como la existencia de los unicornios. Narrada como una gran escena retrospectiva, que parte dentro de una comisaría en la que la malhumorada agente le espeta el típico “¿Qué habrás hecho tú?” a la denunciante por violación, el montaje articula esmeradamente diversos cuadros en los que hombres y mujeres, padres e hijos, esposos y esposas, conviven diariamente con la normalización de los atropellos contra el género femenino, en una ordenada y estilizada puesta en escena en rojo y negro.

Acaso el mayor logro de la nueva apuesta de Caparó, sea el de darle a cada uno de sus nóveles actores el personaje indicado para potenciar sus capacidades individuales. Así, tanto Adriana Burga, Oriana Canales, Levi Castillo, Javier Deza, Estefanía Gallegos, Kevin Gonzáles, Flavia García, José Gallo, Yuliana Huallanca, Daniel Marcone, Manuel Muñoz, Verónica Narro, María Isabel Rojas, Jordana Ramos, Joe Silva, Jackeline Soto y Milagros Yupanqui consiguen bosquejar muy bien sus roles cotidianos, aprovechando con solvencia sus líneas, pero también los silencios, las pausas y las miradas, igual de importantes que este texto, que se convierte por derecho propio en otro valioso aporte nacional contra este alarmante y mayúsculo problema que es la violencia institucionalizada contra la mujer, la cual no puede serle ajena, bajo ninguna circunstancia, a nuestra comunidad teatral.

Sergio Velarde
15 de julio de 2018

Estreno: AÑOS LUZ


ESTRENO OBRA TEATRAL GANADORA SEGUNDO PUESTO TEATRO LAB 2016

Escrita por Federico Abrill y dirigida por Ernesto Barraza Eléspuru
Jueves 16 de agosto en el Centro Cultural de la Universidad de Lima
PREVENTA HASTA EL 30 DE JULIO A 20 NUEVOS SOLES

BREAK PRODUCCIONES presentará, en coproducción con el Centro Cultural de la Universidad de Lima, la obra AÑOS LUZ escrita por el dramaturgo peruano Federico Abrill y dirigida por Ernesto Barraza Eléspuru. La puesta en escena se estrenará el día jueves 16 de agosto a las 8:30 pm. La preventa de entradas va hasta el 30 de julio.

Una fotografía conectará la vida de siete personajes que, a pesar de no hablar el mismo idioma y de encontrarse a miles de kilómetros de distancia, descubrirán juntos que la esperanza es lo último que se pierde. Porque la esperanza viaja AÑOS LUZ.

AÑOS LUZ es un drama postmoderno con una mezcla de estilos, formatos y juegos con el lenguaje que complejizan la comunicación entre los personajes, entre ellos y el público. Se trata de una puesta en escena que resalta la importancia de estar conectados como humanos, más allá del lenguaje.

AÑOS LUZ obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de Dramaturgia Teatro Lab 2016 y cuenta con un destacado elenco: Diego Lombardi, Natalia Cárdenas, Sergio Armasgo, Francisco Cabrera, Gabriel Gil-Sanllehi, Malu Gil y Julia Thays.

AÑOS LUZ- TEMPORADA TEATRAL
TEMPORADA: del 16 de agosto al 1 de octubre, jueves a lunes a las 8:30 p.m./ domingo a las 8:00 p.m.
DRAMATURGIA: Federico Abrill
DIRECCIÓN: Ernesto Barraza Eléspuru
ACTÚAN: Diego Lombardi, Natalia Cárdenas, Sergio Armasgo, Francisco Cabrera, Gabriel Gil-Sanllehi, Malu Gil y Julia Thays
LUGAR: Centro Cultural de la Universidad de Lima
DIRECCIÓN: Av. Cruz Del Sur 206, Santiago de Surco

Entrada General: S/.50.00 nuevos soles
Jubilados: S/.30.00 nuevos soles
Estudiantes: S/.25.00 nuevos soles
PREVENTA HASTA EL 30 DE JULIO A 20 NUEVOS SOLES
Entradas a la venta en Teleticket y en la boletería del teatro una hora antes de función

Carla Revilla / 971448388
Kitty Bejarano Huertas / 9517-10071 (RPC)/ (#) 99893-4590 (RPM)
Prensa y difusión de la obra

sábado, 14 de julio de 2018

Crítica: HAGAMOS MAGIA


Una moraleja mágica

“Quien tiene magia, no necesita trucos” es uno de los mensajes de los personajes de la última creación del joven iniciado en la dramaturgia y actor, Alexander Rubio: Hagamos Magia. La obra cuenta la historia de una divertida pareja de hermanos, que se dedica al arte de montar espectáculos de magia: CJ (el mismo Rubio) y Faustolín (Mario Soldevilla); estos están prestos a presentar un espectáculo familiar, pero suceden una serie de imprevistos y situaciones cómicas durante el show, que generan una narración y ambiente muy divertidos para los espectadores. La dirección está a cargo del actor Armando Machuca y la musicalización, por el improvisador Armando Abanto. Es importante mencionar que tanto  Soldevilla como Machuca ya fueron galardonados por el comité de Oficio Crítico: el primero, como el mejor actor de comedia del 2013 por su participación en Los últimos días de Clark Kent, producida por el colectivo Ayepotamono; y el segundo, por el mejor trabajo de dirección 2016 en el mismo rubro, por el espectáculo interdisciplinario Padres de la patria.

Las puertas del auditorio AFP Integra del Museo de Arte de Lima están próximas a abrirse a la hora indicada, ante un público principalmente conformado por padres e hijos. Desde un primer momento, los actores hacen partícipes del espectáculo a los asistentes y a sus hijos, con muchas intervenciones durante la función de maneras muy simpáticas y graciosas sin crearles incomodidad; por el contrario, los padres que eran conminados a subir al escenario lo hicieron con mucho entusiasmo y sorpresa, posiblemente debido al ambiente de química que logran Alexander y Mario con sus personajes que generan confianza. Por otro lado, los niños, como es habitual en los montajes de teatro infantil, tienen una constante interacción con los actores, a quienes les trasmiten sus emociones con efusividad, a pesar de que el espacio no permite al público una comunicación visual plena con los actores, ya que el escenario es muy elevado en relación con las butacas. Se trata de un teatro adaptado para obras solo para apreciación del público.

El cuidado que le es reservado a la escenografía, la vestimenta y la utilería de los actores es realmente destacable, pues se logró que la presentación sea lo más parecido a un verdadero espectáculo de magia; en ese sentido, es destacable el trabajo complementario de Alexander, que hizo una performance muy buena y original de su talento como mago. Además, la misma escenografía se compone de una serie de elementos muy creíbles, como telas, utensilios de cocina, vasos, luces, sillas, entre otros, que dejan la sensación de un gran trabajo colectivo del equipo de Machuca. La obra tiene una narración cómica durante casi todo el espectáculo hasta el momento final, en el que existe un quiebre dramático cuando Faustolín hace una confesión a su hermano: no es mago. Lejos de aprovechar la vulnerabilidad del personaje de Mario, CJ se compadece de él y lo conmina a seguir en su proyecto de llevar obras de magia a los niños del mundo, pues como él mismo dice: “Quien hace magia no necesita trucos”. Es una moraleja muy valiosa y pedagógica la que deja el trabajo de Rubio y el equipo de Machuca.

Hagamos Magia se encuentra en temporada los días sábados y domingos a las 4pm hasta el 29 de julio en el teatro AFP Integra del Museo de Arte de Lima, Paseo Colón 125, Parque de la Exposición, Cercado de Lima.

Enrique Pacheco
14 de julio de 2018