Cuando el sufrimiento humano es rentable
Escrita en 1869, algunos años después de Los Miserables, El Hombre que ríe es una novela que confirma el estilo, pero también el compromiso político de la literatura de Víctor Hugo, que en esta novela denuncia las diferencias sociales en la Inglaterra del siglo XVII.
En la versión fílmica muda de 1928 del cineasta expresionista Paul Leni, la historia se resume en que un noble orgulloso que se niega a besar la mano del despótico rey Jacobo II de Inglaterra, es ejecutado y su hijo quirúrgicamente desfigurado es vendido a los “comprachicos”. Así nace la sonrisa burlona, inevitable y triste de Gwynplaine, que en 1940 aparece como rasgo principal del villano archienemigo de Batman, el Guasón o Joker en los comics.
La adaptación teatral de la novela de Víctor Hugo nos llega gracias a la dramaturgia y dirección de Francisco Cabrera. El autor advierte que se trata de una versión libre (no hay otra adaptación al teatro). La puesta recoge lo esencial de la historia, el ambiente y las circunstancias. La novela original se caracteriza por su lenguaje barroco, la minuciosa descripción de los espacios y de las características de cada uno de sus personajes y resulta un enorme desafío llevarla a escena.
Cabrera logra representar esas descripciones, con un escenario casi minimalista. Nos muestra un circo, pero no hay carpas coloridas ni otros adornos luminosos sino un tono oscuro, propio de un drama. Quien conduce ese circo ambulante es Ursus, un hombre extraño, mezcla de vago y sabio, que viaja con un lobo domesticado; Dea, una joven ciega; y Gwynplaine, el joven que sufre esa rara característica que atrae la curiosidad morbosa del público en las ferias, pero también la de los nobles. Es una sociedad que convierte el sufrimiento humano en espectáculo rentable.
En esta versión, Ursus (Beto Benites) es el narrador y por su mayor presencia, pareciera el personaje principal, pero quien carga el estigma es Gwynplaine (Santiago Magill). Él es el miserable que ríe y la historia gira en torno a su desgracia.
Una novela extensa y riquísima en monólogos y descripciones en sus varios capítulos era imposible de trasladar a escena. Por ello, Cabrera toma lo esencial y reconstruye los personajes, dotándoles de sus características. El drama es enfocado con una mirada muy lúdica (lo hizo con Metamorfosis y Dr. Jekill & Mr Hyde). El lenguaje barroco se simplifica, sin perder la atmósfera de época. La puesta de desarrolla a través de cuadros ligeros. Sin embargo, hacia el último tercio de la obra, el ritmo decae por el exceso de cortes entre uno y otro cuadro, sin usar nuevos elementos de luz o sonido, lo que impide alcanzar la intensidad necesaria, especialmente para el final, cuando por fin el bufón descubre la verdadera identidad de Gwynplaine, su origen noble y se frustra el matrimonio de la duquesa Josiana (hija del rey Jacobo II) y lord David, y en el afán de capturar o eliminar a Gwynplaine, son muertos Ursus y Dea.
Al final, queda claro el mensaje: los pobres siempre son los que pagan con sus vidas los desarreglos de los ricos.
David Cárdenas (Pepedavid)
25 de julio de 2026

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