domingo, 11 de octubre de 2026

Crítica: INFORME PARA UNA ACADEMIA


El precio de sobrevivir

El audaz cuento de Franz Kafka, Informe para una Academia, publicado en 1917, se estrenó en la cartelera teatral limeña. La adaptación y dirección a cargo de Lucho Tuesta, tiene como protagonista a Rotpeter, un simio capturado en África Occidental y llevado a bordo de un barco, que decide transformarse en humano para escapar del encierro y conseguir su libertad.     

Así, el escenario del Teatro Ricardo Blume, acoge la intensa y magistral interpretación de Bruno Odar, quien da vida a este “nuevo ser humano”, convocado por los miembros de la academia científica para dar testimonio de su anterior condición de simio. Entonces, relata con detalles las duras condiciones de su cautiverio y los motivos que lo llevaron a imitar el comportamiento de los hombres que lo rodeaban.  

Una historia que combina el humor y las verdades incómodas que se desvelan a través de la actuación de Odar, quien utiliza el espacio e interactúa con el público, alternando entre el simio y el hombre, con una destreza física y vocal que amplifica la narrativa ácida de Kafka. Complementan la propuesta escénica el vestuario, la música y el diseño de luces, los cuales crean una atmósfera que atraviesa el doloroso pasado y el presente solitario de este peculiar personaje; que simboliza la deshumanización y la supervivencia.  

Informe para una Academia es un relato que no deja indiferente al espectador, confrontándolo con sus propios conceptos acerca de la transformación, la adaptación, la soledad y la libertad del ser humano. Llevándonos a cuestionarnos el precio de sobrevivir y pertenecer, a través de una narración tan hilarante como dramática, que aunada a la lograda interpretación, hacen de la propuesta un viaje hacia la reflexión acerca de la hostilidad que nos rodea.      

Maria Cristina Mory Cárdenas

11 de octubre de 2026

Crítica: LA BODAS DE FÍGARO


Una obra clásica o el recordatorio de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces

Éxodo nos trajo la segunda parte de la trilogía de Beaumarchais y, al igual que El barbero de Sevilla, no nos decepcionó; sino al contrario, nos dejó a la expectativa de lo que está por venir, de qué manera cerrará este paso por un clásico del teatro francés que, pese a ser escrita en 1784, los problemas que represente se sienten muy actuales.

Siempre que un clásico vuelve a la escena contemporánea, es bueno preguntarse el porqué. ¿Por qué volver a los clásicos?, ¿por qué precisamente este? Y creo que la respuesta, en este caso, radica en parte en el gran sentido del humor que maneja el texto y cómo el director Jean Pierre Gamarra logra captar esa esencia y traerla al presente, logrando que temas como los abusos de poder de cierto sector social, como la aristocracia de esa época, sean palpables ahora. Problemas que, al verlos representados en escena, ambientados en otra época y de una manera tan absurda, nos acercan más a la autorreflexión, incluso sin darnos cuenta.

Con un elenco conformado por Maria Grazia Gamarra (Susana), Oscar Yepez (Conde Almaviva), Amaranta Kun (condesa Almaviva), Alonso Cano (Don Bartolo), Denise Arregui (Marcelina), Alejandro Tagle (Querubín) y Martín Aliaga (Don Basilio), la historia continúa con los acontecimientos ocurridos después de que el conde y la condesa terminan juntos. Entre líos amorosos que comprometen fidelidades y lealtades, tenemos sobre el escenario a siete personajes, cada uno con sus peculiaridades, que dentro de todo son muy humanos por todos los defectos que tienen, pero no por ello son menos queridos o aplaudidos por el público. Más de uno desató carcajadas y momentos de complicidad al romper la cuarta pared.

No está de más recordar y destacar el tacto de Gamarra para revivir clásicos y hacerlos sentir como nuevos, les añade una frescura con pequeños detalles como las canciones contemporáneas: esta trilogía ya queda impregnada con las canciones de la banda Estopa, que le dan ritmo a las escenas y definen la línea de ciertos personajes, como el de Querubín, que no duda en dedicarle parte de la canción Como camarón al personaje de la Condesa, o cuando todo el elenco se pone a cantar con el público La raja de tu falda.

Adicionalmente a esto, la escenografía de Lorenzo Albani es el otro gran personaje de la obra. Siguiendo con la escenografía ya utilizada en el Barbero de Sevilla, lo cual ayuda a darle una continuidad a la historia pese a los meses transcurridos entre ambas puestas, nos vemos rodeados por un ambiente casi onírico, colores ocre, puertas mal encajadas, pisos en desnivel, todo muy bien complementado con el también ya característico vestuario hecho de retazos de telas y maquillaje que parece sacado de películas de Tim Burton. Ir a ver una obra de Éxodo es saber que estás yendo a deslumbrarte con un escenario fuera de serie, a sorprenderte por la buena memoria de los actores y su capacidad interpretativa y, finalmente, a reirte de ti mismo y la realidad por lo absurda que puede llegar a ser.

Bárbara Ríos

11 de octubre de 2026

Crítica: ERES BUENO, CHARLIE BROWN


Sencillez que exige atención: Una disección crítica de Eres bueno, Charlie Brown

Hace unos días tuve la oportunidad de ver Eres bueno, Charlie Brown, obra dirigida por Henry Gurmendi y con un elenco encabezado por Yaco Salas y Luis Baca, la cual se está presentando en la Sala 1 del Multiteatro Movistar.

Para comenzar, conviene señalar que la obra prescinde de una trama lineal de principio a fin y se articula, en cambio, a través de viñetas breves. Aunque esta estructura podría parecer inconexa, el texto se sostiene con solidez al transmitir una idea valiosa: la verdadera victoria no radica en triunfar siempre, sino en sabernos acompañados ante las paradojas cotidianas. Es un recordatorio oportuno de que la bondad, en un mundo vertiginoso, constituye un acto de genuina resistencia.

En cuanto a la dirección, Gurmendi acierta al no reducir la puesta en escena a un espectáculo meramente infantil. El director comprende que el universo creado por Charles M. Schulz alberga destellos de melancolía y frustraciones cotidianas. Su principal mérito radica en evitar la exageración y el humor forzado, permitiendo que los pequeños fracasos de los personajes respiren en el escenario para configurar una obra madura y equilibrada.

Aunque encarnar a personajes de historieta sin caer en la caricatura representa un desafío complejo, el elenco responde con solvencia. Sobresalen Yaco Salas en el rol de Charlie Brown, al transmitir con precisión la vulnerabilidad del personaje; y Luis Baca como Snoopy, quien acapara la atención, gracias a su agilidad física y un sello cómico muy particular. Asimismo, el resto del reparto complementa la propuesta con notable solidez, manteniendo un tono coral dinámico y festivo.

En cuanto a la producción, el montaje destaca por su acabado profesional. Se evidencia un cuidadoso despliegue técnico, respaldado por un diseño de sonido impecable y una dirección vocal rigurosa que atiende cada detalle para que la propuesta luzca con solvencia en escena.

¿Recomendaría ver esta obra? Sin duda, especialmente si se es admirador del universo de Charlie Brown. No obstante, conviene señalar que el montaje exige una escucha atenta y activa por parte del espectador para apreciar la profundidad de sus reflexiones y descifrar aquello que subyace a su aparente sencillez.

Por último, considero oportuno señalar que la organización en el Multiteatro Movistar resultó bastante caótica. Aunque se anunció que la función iniciaría a las 4:00 p.m., el acceso a la sala recién se habilitó a esa hora y el espectáculo comenzó con 45 minutos de retraso.

Javier Bendezú

11 de octubre de 2026

jueves, 8 de octubre de 2026

Crítica: ABRUMADORA Y SOBRE-ESTIMULANTE


El vértigo digital llevado a las tablas

¿Alguna vez te preguntaste cómo se sentiría una persona luego de pasar mucho tiempo con el celular? Eso es lo que nos muestra Abrumadora y Sobre-Estimulante, una obra teatral unipersonal e interactiva escrita, dirigida e investigada por Vian L. King e interpretada por Sebastián Ramos.

Para poder hablar de la dirección es necesario mencionar que Vian L. King parte de una premisa arriesgada y sumamente atenta a las dinámicas contemporáneas: replicar físicamente la fatiga por el consumo compulsivo de pantallas. Su mayor acierto ha sido el de no tomar la vía convencional de la narrativa lineal, sino en estructurar el espacio como un flujo incesante de estímulos donde la atención del espectador se disputa segundo a segundo.

No obstante, por momentos da la impresión de que el director se sobrepasó con la saturación visual. Al intentar criticar la dispersión del tiempo y la falta de atención, la obra termina cayendo en su propio juego exigiendo un esfuerzo que resulta agotador para el espectador y bordeando el exceso sensorial.

Debido a que es un unipersonal, Ramos tiene que lidiar contra decenas de estímulos externos, por lo que cuenta con una gran responsabilidad interpretativa: a lo largo de la obra demuestra una resistencia física y un compromiso escénico encomiable, logrando encarnar la ansiedad, el automatismo y el vértigo de un usuario atrapado en el bucle digital. Asimismo, puedo decir que Ramos sabe sostener la tensión corporal con solvencia, aunque se echan en falta mayores matices de pausa e introspección que humanicen el vacío detrás del meme y la tendencia.

Debo reconocer que la producción se lució muchísimo en esta obra: si bien es un montaje simple, el despliegue técnico es el músculo principal del montaje. El uso de una gran cantidad de videos, recursos de videomapping, proyecciones en múltiples superficies y un diseño lumínico e intensivo operan no como meros adornos, sino como verdaderos coprotagonistas y agentes activos de la escena.

De la misma manera, la composición sonora de Marcelo Mellado funciona como un engranaje milimétrico que ahoga y acorrala al espectador. Creo que, en suma, es una producción ambiciosa que logra su cometido operativo y estético.

Finalmente, debo decir que Abrumadora y Sobre-Estimulante es un espejo incómodo y lúcido de nuestra cotidianidad hiperconectada. Esta propuesta desafía la monotonía de la cartelera limeña y, aunque a veces se enrede en un exceso de artificios que le resta peso dramático, acierta al plantear una urgencia incómoda: cómo nos estamos consumiendo la vida a través de la pantalla del celular.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

Crítica: VICTORIA, EL MUSICAL


El poder de lo femenino

Resulta importante, en estos tiempos, crear personajes femeninos que representen la figura de la mujer peruana, atravesada por la contradicción, la esperanza y un profundo empoderamiento. Bajo esta premisa se presenta Victoria, un nuevo musical, protagonizado por Cynthia Bravo, con dramaturgia de Malu Gil y Ángela Mesa, música y letras de Sebastián Abad y la dirección escénica de Gil. Un unipersonal que coloca en el centro el éxito, el poder, la identidad y las heridas que permanecen cuando todo parece estar conquistado.

Gil asume la dirección con una mirada atrevida y contemporánea. Su decisión de incorporar una banda de mujeres dentro del escenario es uno de los aciertos más significativos de la puesta: no se limita a acompañar musicalmente a la protagonista, sino que hace visible a otras mujeres produciendo, sosteniendo y habitando el acontecimiento escénico. Lo femenino no está únicamente en el discurso de la obra; está en la materialidad de la escena. El escenario se convierte así en un espacio donde las mujeres no solo son representadas, sino que hacen que el espectáculo suceda.

Bravo posee una vehemencia escénica oportuna. Su presencia sabe imponerse sin convertir cada instante en exceso. Hay algo felino en su manera de habitar el espacio: observa, mide, acecha y avanza. Su cuerpo sostiene permanentemente la tensión entre la seguridad de Victoria y aquello que amenaza con quebrarla. Bravo comprende que el poder no necesariamente se interpreta desde la dureza; también puede aparecer en la contención, en una mirada o en la manera de ocupar el espacio. El canto, además, se integra orgánicamente a su actuación y permite que la música sea parte del conflicto y no un simple intervalo narrativo.

El desarrollo de la trama es impecable. La dramaturgia administra la información con precisión y permite que cada revelación transforme nuestra percepción del personaje. No se trata únicamente de contar la historia de Victoria, sino de dosificar aquello que sabemos de ella para que el personaje se vaya complejizando ante nuestros ojos. La estructura encuentra su eficacia justamente en esa capacidad de conducir al espectador sin perder el pulso emocional.

Las letras de Abad aportan una mirada sensible al universo de Victoria. Las canciones amplían aquello que la dramaturgia propone y permiten que el personaje se exponga desde otro lugar. La palabra cantada no funciona como ornamento: abre una dimensión emocional que profundiza sus contradicciones, sus deseos y sus heridas. Abad consigue que la música dialogue con la construcción dramática y que cada canción tenga un peso dentro del recorrido del personaje.

Pero la obra no está exenta de una tensión. La mujer exitosa que ha construido una imagen de poder y que finalmente debe enfrentarse con las heridas de su pasado pertenece a un imaginario que el teatro y el audiovisual han transitado numerosas veces. El riesgo aparece cuando el empoderamiento se convierte en fórmula: triunfar, resistir y sanar. La propuesta es más potente cuando se permite escapar de esa ruta y mostrar a Victoria no como una mujer invulnerable, sino como una mujer contradictoria, capaz de sostener su poder sin negar aquello que la quiebra.

Juan Pablo Rueda

8 de octubre de 2026

Crítica: MUJERZOTAS


Una puesta en escena que cumple con las expectativas

Hace poco tuve la oportunidad de ver Mujerzotas en el Teatro Esencia de Barranco. Esta obra, una comedia sobre un enredo familiar enfocada en la relación entre una madre y su hija, es escrita y dirigida por Sergio Lescano y cuenta con las actuaciones de Trilce Cavero, Silvia Chávez, Christine Lemus, Sandra Melgarejo, Hebe Sánchez y José Soto.

Personalmente considero buena la dirección de Lescano. Fue bastante acertada al hacer que esta obra tenga un ritmo ágil que mantenga al público pendiente; además, supo guiar sabiamente a los miembros del elenco de la obra para que cada uno de sus personajes no pierdan su esencia. En cuanto a la actuación, el trabajo interpretativo se beneficia notablemente de un elenco diverso en trayectorias y energías. Además, los actores demuestran un compromiso físico y vocal encomiable.

Al tratarse de una obra de teatro independiente, es comprensible que existan ciertas limitaciones de producción. Si bien un diseño de iluminación más cuidado habría potenciado varias escenas, el despliegue técnico actual cumple con brindar el soporte necesario para sostener la puesta en escena.

Finalmente, creo que Mujerzotas nos muestra un ejercicio escénico honesto. Si bien hay cuestiones técnicas que se pueden resolver, compensa notablemente con el trabajo realizado por el elenco y la clara visión del autor y director.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

domingo, 4 de octubre de 2026

Crítica: SOÑÉ QUE ESTABA DORMIDA


Por un arte que también nos cuide 

En el mes de la prevención del suicidio, el Club de Teatro de Lima presenta Soñé que estaba dormida, una obra que ofrece una mirada sensible, pero también un llamado fuerte, para voltear a ver a quienes muchas veces sufren en silencio. A pesar de lo complejo que puede resultar hablar de este tipo de temas, reconocemos la importancia de ponerlos en el escenario: la distancia entre este y el público crea un espacio donde, en las dinámicas del teatro, pueden surgir dudas, sentimientos y reflexiones, dentro de un marco de empatía y receptividad. Así, en la línea del respeto y la comprensión, se incluye un conversatorio guiado por un psicólogo; de tal modo, la apertura lograda por el arte nos coloca en un lugar amable, en que se puede conversar con la orientación profesional, y que requiere ser sacado a la luz, más que ocultado.

La historia nos presenta a Paloma, una joven que ha atravesado la reciente pérdida de su abuela y la ruptura de una relación amorosa larga. Ella, que ya había tenido ideas sobre suicidarse, ante una situación que siente que la sobrepasa decide hacerlo: a través de la obra, la seguimos en su camino a recibir atención y la acompañamos en el doloroso limbo. Entre ello, nuestra protagonista, encarnada por la actriz Yaremis Rebaza, se encuentra entre sueños con su abuela Carmen Luz y su bisabuela Matilde, interpretadas por Astrid Villavicencio y Déborah Baquerizo, respectivamente. Ambas, cada una con su carácter y a partir de su experiencia, se mantienen al lado de Paloma y la apoyan amorosamente. La complicidad entre las tres mujeres es expresada por medio de los elementos en escena: el uso de telas y los juegos de luces nos evocan los vínculos y sentimientos que generan mucha nostalgia, y que son los que tanto apreciamos.

Queremos destacar la dirección de Rodrigo Chávez y la dramaturgia de Eduardo Adrianzén, experimentado escritor, quienes de manera muy lograda nos permiten acceder al mundo interior de Paloma, con sus colores y sombras. Es en este espacio íntimo donde vemos la necesidad de hablar de estos temas y hacer siempre más esfuerzos para proteger a quienes requieren apoyo. Nos alegra mucho que desde el Club de Teatro de Lima se presenten propuestas como esta, que articulan el arte y la ciencia, para ayudar a que el público se vaya a casa con nuevas perspectivas. Definitivamente este tipo de proyectos merecen volver a presentarse, por su gran relevancia y el profundo cariño y respeto con que son realizados. 

Jimena Muñoz

4 de octubre de 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

Crítica: SANTIAGO – O CÓMO OLVIDAR A ALGUIEN


La herencia del dolor  

¿Cómo se explica la ausencia?, aquella que no se eligió, que fue violenta y sin explicación. Santiago – O cómo olvidar a alguien, escrita y dirigida por Omar Leonardo, plantea estas interrogantes, llevando a escena un drama familiar que hereda un dolor que pesa más que el olvido. 

Bajo la producción de Estado de Juego & Kaleido, la breve temporada se llevó a cabo en el Teatro Ares, espacio propicio para contar la historia de Santiago, un joven de diecisiete años que fue detenido durante el conflicto armado interno peruano, desapareciendo y dejando un vacío que por muchos años atormentó a su familia. Cuando los primos que nunca lo conocieron, regresan a casa, reviven el eco de su nombre, quizá para tratar de entender y sanar. El elenco lo conformaron Jared Portocarrero, Belén Suárez, Martín Fernández y Davo Salazar, quienes defendieron sus roles con aplomo, matizando las diferentes energías requeridas por los personajes.  

Respecto a la escenografía, los elementos representativos de la fe, el juego de luces, y accesorios como las sillas y mesa, funcionaron para el desarrollo de las escenas; así como los cambios de vestuario. Sin embargo, en una parte del monólogo de la madre, el sonido de la música no permitía escuchar del todo el clamor del personaje. A propósito, cabe destacar el trabajo musical en vivo de Luciana León, quien, con su voz y acordes de guitarra, terminó de construir la atmósfera de nostalgia, dolor y esperanza que la obra proponía. Por ejemplo: la escena del cumpleaños de Santiago o la escena de la procesión, reflejaron los momentos más conmovedores de la puesta.     

Santiago – O cómo olvidar a alguien es un justo recordatorio de una época dolorosa en la historia de nuestro país. Una paradoja debido al título de la obra, que se cuestiona el olvido de un ser humano, cuya su historia familiar se convierte en un duelo que sobrevive a las generaciones posteriores.  

Maria Cristina Mory Cárdenas

1° de octubre de 2026

Crítica: ¡FUNADO!


Cuando se cae la máscara

¡Funado!, escrita y dirigida por Gerardo Ruiz Miñán, reúne en escena a Óscar López Arias y Anahí de Cárdenas como protagonistas, junto a Miguel Álvarez, Jackie Vásquez, Elisa Costa y Guadalupe Farfán. La historia sigue a Juan Carlos (López Arias), un publicista limeño que decide dedicarse a la escritura y encuentra en ella un nuevo éxito.

Nos enteramos al iniciar la obra que su libro ha sido premiado con un galardón importante. Sin embargo, la celebración por ello dura poco, pues luego de sus actitudes cuestionables durante su rueda de prensa, empiezan a circular acusaciones en redes que manchan su imagen pública, y es ahí donde el título cobra sentido.

Lo más interesante de la obra es cómo muestra que la sobreexposición de las redes moldea nuestra manera de pensar y, de forma casi inevitable, deja a la vista la peor versión de nosotros. Y esa versión aparece con más fuerza cuando la máscara que construimos ante los otros se cae. Juan Carlos, quien se presenta como un hombre exitoso y respetable, ve en tiempo real cómo esa imagen se desmorona frente a todos. A ello se suma la idea de que “los tiempos han cambiado”. Lo que antes se consideraba normal, hoy ya no lo es, porque existe una nueva vara moral que se ha visto masificada por la facilidad de intercambio de información que hay en las redes.

Las actuaciones sostienen bien el ritmo de la comedia. Vásquez, como Giovanna, tiene una actuación remarcable, con una presencia escénica potente que roba las miradas de los espectadores. La química que construye con De Cárdenas y López Arias es muy buena e hilarante, y se deja entrever en cada cruce que tienen. 

Cabe precisar una breve observación: el personaje de Farfán, quien detona el arranque del conflicto de Juan Carlos, lo hace desde un hecho lejano que ocurre fuera de escena, y luego reaparece para seguir removiendo las cosas. Considero que, al ser tan determinante para la historia, el personaje pudo haber tenido más presencia y más peso dentro de ella.

¡Funado! es una obra que nos hace reír, pero también nos incomoda con preguntas que valen la pena hacerse. Mis felicitaciones al equipo por el trabajo.

Daniela Ortega

1° de octubre de 2026

Crítica: LO NUNCA VISTO


… que debes ver

Fiorella Pennano debuta como directora con una obra del dramaturgo español José Troncoso, en el cual nos presenta el drama humano a través del humor. Lo absurdo y lo grotesco se reúnen para hablar de la tragedia de tres personajes: Araceli, Maricarmen y Sofía.

Una maestra que se resiste al final de su carrera se propone hacer un espectáculo inolvidable. Ella es Araceli (Kareen Spano), quien, para demostrar su vigencia o dejar algo memorable a la eternidad, convoca a sus alumnas de muchos años. Con ellas quiere contar su gran historia, que es la historia de su vida. Sin embargo, solo consigue la concurrencia de dos: Maricarmen y Sofía, que terminan, ellas, contando sus respectivas tragedias.

El humor en los textos y reacciones está cargado de ironía, lenguaje absurdo y tintes farsescos que se representan más allá del maquillaje. Pero son testimonios en los que aflora la verdad de cada una. Cada cual carga con su propio drama. El de Araceli es no aceptar que todo ha terminado. De distinto modo, todas quieren regresar en el tiempo, pero el tiempo pasa, no se detiene. La obra abunda en reiteraciones que, a modo de mantra, intentan afirmar con desesperación algo: la angustia por el paso del tiempo. Así lo repite Maricarmen, disculpándose cada vez por interrumpir a Araceli.

Claudia Bernizon, en el papel de Maricarmen derrocha una energía sorprendente y una emoción contagiante. Ella se adueña del escenario con su gestualidad hilarante. Justamente el momento más memorable de la obra corre a cargo de ella, cuando relata el episodio más triste de su vida. Mientras lo hace, Araceli, la profesora y Sofía se turnan para proyectar imágenes en el fondo desde una luz al ras del suelo, como cuando de niños jugábamos a hacer cine y lográbamos unas siluetas caricaturescas que parecen burlarse del dolor humano que se cuenta y luego, unos videos completan la escena de máxima emoción.

Sofía es una joven bailarina de barrio, bastante menor que Maricarmen, poco comunicativa y más bien achorada. A pesar de su entrega, Tamara Jhiareth se ve reducida en su participación a un personaje de apoyo. Ella aporta su talento como una excelente bailarina y de eso trata la obra. Pero su talento es desaprovechado al reducirlo a un instante en el que enseña pasos de baile a Maricarmen, cuya comicidad captura la atención. En la versión española, presentada por el propio Troncoso, Maricarmen es una ama de casa recién fugada de su hogar y Sofía, una drogadicta gallega. Con poco texto y un drama personal bastante menos conmovedor que el de Maricarmen, el resultado es un desbalance protagónico donde Sofía parece casi prescindible. Esa libertad asumida por Pennano se siente extraña, pero ello no afecta el exitoso resultado de una comedia dramática que divierte, emociona y permite empatizar con esas mujeres, a pesar de sus respectivas desgracias. 

Finalmente, Spano, con su experiencia y talento, impone el clima y parece controlar sutilmente la intensidad de los otros personajes. Su drama es evidente desde el inicio: el tiempo que cae sobre ella es el motivo de la reunión de las tres. La fragilidad de la maestra está en el cuerpo, apoyado en un bastón, pero no en el espíritu y por eso es capaz de lanzarse a esta aventura. Su escuela ha desaparecido, pero sus sueños la siguen impulsando. Araceli nos transmite esa lucha personal por no dejarse vencer. Aunque la maestra no logre montar ese gran espectáculo nunca visto, ver a Spano en ese papel ya es inolvidable.

Lo nunca visto nos trae un debut exitoso y auspicioso de una nueva directora para enriquecer la escena nacional ¡Bien, Fiorella!

David Cárdenas (Pepedavid)

1° de octubre de 2026