jueves, 15 de octubre de 2026

Crítica: EL BAILE DEL OLVIDO


Caos senil

El fin de semana pasado pude asistir a una de las funciones de El Baile del Olvido, una comedia en código clown dirigida por Luis Gustavo Gonzalez y protagonizada por Katherina Sánchez, Cinthya Schreiber, Judith Chihua, Juan Carlos Díaz, Luis Felipe Gonzales y el mismo Luis Gustavo Gonzales. La obra está actualmente en temporada en el agradable CAFAE-SE, ubicado en plena avenida Arequipa, en el distrito de Lince. Producida por el Grupo Puesta, el montaje coloca una satírica lupa encima de los elementos más estereotipados de la vejez. ¿Pero es una sátira que nos genera genuina risa? ¿O es que la forma en que aborda el tema termina provocando la reacción contraria? 

Cuando pienso en el “clown” el referente que inmediatamente viene a mi mente es Pataclaun, la popular serie televisiva peruana que conquistó los corazones de millones con sus entrañables e icónicos personajes de nariz roja allá a finales de los años noventa. La huella que dejó ese programa es indeleble y su presencia en este texto se debe a que, tras haber visto El Baile del Olvido, entiendo mejor la raíz de su éxito. Pataclaun triunfó porque cada episodio tenía una narrativa claramente definida, cuidadosamente estructurada, y por supuesto, brillantemente interpretada. La obra de Luis Gustavo Gonzales, desafortunadamente, carece de por lo menos dos de estos componentes y el tercero no llega a los niveles alcanzados por Pataclaun. Mi intención con el presente texto no es la de comparar ambas propuestas. De hecho, hacerlo no tendría mucho sentido ya que estas no solo están en formatos distintos, sino que tienen más de veinte años de diferencia entre sí. Pero sí me valdré del mencionado programa noventero para ilustrar aquello que funcionó en la obra y lo que no.

La trama en El Baile del Olvido es prometedora sobre el papel, pero termina siendo bastante floja a nivel de ejecución. Un grupo de actores se da con la noticia de que el teatro en el que solían actuar de jóvenes está a punto de ser demolido, lo cual desata en ellos todo tipo de reacciones. La interesante premisa es, lamentablemente, abordada de forma bastante atropellada a nivel narrativo. El director propone pequeñas viñetas humorísticas que poco o nada tienen que ver entre sí, se sienten desordenadas, y dependen casi enteramente del elenco para su éxito con el público, ya que el texto carece de una estructura coherente, haciendo saltos en el tiempo un tanto bizarros, y terminando por diluir lo que podría haber sido una propuesta entretenida y cohesiva a la vez. 

El problema, sin embargo, no termina con el texto y su estructura narrativa, sino que va aún más profundo, ya a nivel temático. El montaje opta por hacer mofa de la senectud de forma vertiginosa y estereotipada. Y aunque es cierto que el formato clown precisamente abraza el reírse de uno mismo y de tratar con humor la miseria propia, el tipo de focalización de esta propuesta, tan incisiva en los males y pesares que trae consigo la vejez, termina siendo repetitivo, innecesariamente cruel y eventualmente cansino sobre todo porque no hay un norte claro hacia dónde está yendo la historia. Recuperando una vez más a Pataclaun, es imposible no recordar a Don Carlos, papá de Machín, un personaje anciano que efectivamente recibe burla y escarnio por su edad, pero estamos hablando de un solo personaje dentro de todo un elenco con distintos rasgos de personalidad. En el caso de El Baile del Olvido, cada personaje es uno que ya está en la etapa otoñal de su vida y cada uno ejemplifica una cualidad típica de las personas mayores (su incontinencia urinaria, su falta de memoria, su torpeza, etc.), ocasionando básicamente una saturación del mismo estímulo por el mero placer de hacerlo y no tanto porque la historia lo pide. Y desagradecidamente, desde el momento en que esta puesta se animó a ser una obra teatral, empezó a regirse por la misma vara que el resto de las obras (exceptuando quizá a las del teatro del absurdo), las cuales demandan un mínimo de coherencia narrativa. 

Si hay un factor que puedo rescatar del montaje es el actoral. Los seis protagonistas la pasan de lo lindo en escena. Durante poco más de una hora, ellos gesticulan, accionan, reaccionan, bailan, cantan, hacen piruetas, y hasta corretean alrededor del público. Y todo esto lo hacen con el más sincero júbilo. Ver a actores, sobre todo a actores ya de edad venerable, divertirse tanto en escena es realmente gratificante y totalmente aplaudible. La construcción de su clown no es quizá tan pulcra y definida como la de los actores de Pataclaun, pero creo que esto se debe, como ya mencioné, a fallas estructurales del texto, y no desmerece de ninguna manera el potencial histriónico de cada uno de ellos. La dirección, justamente, encuentra su mayor acierto en la dirección de actores, dejando a sus protagonistas libres de hacer lo que mejor saben hacer, y además logra plantear usos novedosos y dinámicos del espacio. Finalmente, la musicalización del montaje y el recurso de una voz en off en vivo que aparece por ratos e interactúa con los protagonistas son también aciertos de esta producción. 

El Baile del Olvido es para mí, apropiadamente, eso: olvidable. Y lo que más frustra es que con el talento y nivel de juego que hubo en escena pudo ser mucho, mucho más. Creo que la vejez es un tema totalmente válido y muy necesario por tratar en las tablas, y justamente por eso me apena que la obra lo vea desde una perspectiva tan limitada, que perpetúa estereotipos en su mayoría negativos y nefastos. Su temporada va hasta el 31 de octubre. Vayan y decidan por sí mismos qué opinan de esta particular visión de la vejez. ¡Nos vemos en el teatro!

Sergio Lescano

15 de octubre de 2026

domingo, 11 de octubre de 2026

Crítica: INFORME PARA UNA ACADEMIA


El precio de sobrevivir

El audaz cuento de Franz Kafka, Informe para una Academia, publicado en 1917, se estrenó en la cartelera teatral limeña. La adaptación y dirección a cargo de Lucho Tuesta, tiene como protagonista a Rotpeter, un simio capturado en África Occidental y llevado a bordo de un barco, que decide transformarse en humano para escapar del encierro y conseguir su libertad.     

Así, el escenario del Teatro Ricardo Blume, acoge la intensa y magistral interpretación de Bruno Odar, quien da vida a este “nuevo ser humano”, convocado por los miembros de la academia científica para dar testimonio de su anterior condición de simio. Entonces, relata con detalles las duras condiciones de su cautiverio y los motivos que lo llevaron a imitar el comportamiento de los hombres que lo rodeaban.  

Una historia que combina el humor y las verdades incómodas que se desvelan a través de la actuación de Odar, quien utiliza el espacio e interactúa con el público, alternando entre el simio y el hombre, con una destreza física y vocal que amplifica la narrativa ácida de Kafka. Complementan la propuesta escénica el vestuario, la música y el diseño de luces, los cuales crean una atmósfera que atraviesa el doloroso pasado y el presente solitario de este peculiar personaje; que simboliza la deshumanización y la supervivencia.  

Informe para una Academia es un relato que no deja indiferente al espectador, confrontándolo con sus propios conceptos acerca de la transformación, la adaptación, la soledad y la libertad del ser humano. Llevándonos a cuestionarnos el precio de sobrevivir y pertenecer, a través de una narración tan hilarante como dramática, que aunada a la lograda interpretación, hacen de la propuesta un viaje hacia la reflexión acerca de la hostilidad que nos rodea.      

Maria Cristina Mory Cárdenas

11 de octubre de 2026

Crítica: LA BODAS DE FÍGARO


Una obra clásica o el recordatorio de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces

Éxodo nos trajo la segunda parte de la trilogía de Beaumarchais y, al igual que El barbero de Sevilla, no nos decepcionó; sino al contrario, nos dejó a la expectativa de lo que está por venir, de qué manera cerrará este paso por un clásico del teatro francés que, pese a ser escrita en 1784, los problemas que represente se sienten muy actuales.

Siempre que un clásico vuelve a la escena contemporánea, es bueno preguntarse el porqué. ¿Por qué volver a los clásicos?, ¿por qué precisamente este? Y creo que la respuesta, en este caso, radica en parte en el gran sentido del humor que maneja el texto y cómo el director Jean Pierre Gamarra logra captar esa esencia y traerla al presente, logrando que temas como los abusos de poder de cierto sector social, como la aristocracia de esa época, sean palpables ahora. Problemas que, al verlos representados en escena, ambientados en otra época y de una manera tan absurda, nos acercan más a la autorreflexión, incluso sin darnos cuenta.

Con un elenco conformado por Maria Grazia Gamarra (Susana), Oscar Yepez (Conde Almaviva), Amaranta Kun (condesa Almaviva), Alonso Cano (Don Bartolo), Denise Arregui (Marcelina), Alejandro Tagle (Querubín) y Martín Aliaga (Don Basilio), la historia continúa con los acontecimientos ocurridos después de que el conde y la condesa terminan juntos. Entre líos amorosos que comprometen fidelidades y lealtades, tenemos sobre el escenario a siete personajes, cada uno con sus peculiaridades, que dentro de todo son muy humanos por todos los defectos que tienen, pero no por ello son menos queridos o aplaudidos por el público. Más de uno desató carcajadas y momentos de complicidad al romper la cuarta pared.

No está de más recordar y destacar el tacto de Gamarra para revivir clásicos y hacerlos sentir como nuevos, les añade una frescura con pequeños detalles como las canciones contemporáneas: esta trilogía ya queda impregnada con las canciones de la banda Estopa, que le dan ritmo a las escenas y definen la línea de ciertos personajes, como el de Querubín, que no duda en dedicarle parte de la canción Como camarón al personaje de la Condesa, o cuando todo el elenco se pone a cantar con el público La raja de tu falda.

Adicionalmente a esto, la escenografía de Lorenzo Albani es el otro gran personaje de la obra. Siguiendo con la escenografía ya utilizada en el Barbero de Sevilla, lo cual ayuda a darle una continuidad a la historia pese a los meses transcurridos entre ambas puestas, nos vemos rodeados por un ambiente casi onírico, colores ocre, puertas mal encajadas, pisos en desnivel, todo muy bien complementado con el también ya característico vestuario hecho de retazos de telas y maquillaje que parece sacado de películas de Tim Burton. Ir a ver una obra de Éxodo es saber que estás yendo a deslumbrarte con un escenario fuera de serie, a sorprenderte por la buena memoria de los actores y su capacidad interpretativa y, finalmente, a reirte de ti mismo y la realidad por lo absurda que puede llegar a ser.

Bárbara Ríos

11 de octubre de 2026

Crítica: ERES BUENO, CHARLIE BROWN


Sencillez que exige atención: Una disección crítica de Eres bueno, Charlie Brown

Hace unos días tuve la oportunidad de ver Eres bueno, Charlie Brown, obra dirigida por Henry Gurmendi y con un elenco encabezado por Yaco Salas y Luis Baca, la cual se está presentando en la Sala 1 del Multiteatro Movistar.

Para comenzar, conviene señalar que la obra prescinde de una trama lineal de principio a fin y se articula, en cambio, a través de viñetas breves. Aunque esta estructura podría parecer inconexa, el texto se sostiene con solidez al transmitir una idea valiosa: la verdadera victoria no radica en triunfar siempre, sino en sabernos acompañados ante las paradojas cotidianas. Es un recordatorio oportuno de que la bondad, en un mundo vertiginoso, constituye un acto de genuina resistencia.

En cuanto a la dirección, Gurmendi acierta al no reducir la puesta en escena a un espectáculo meramente infantil. El director comprende que el universo creado por Charles M. Schulz alberga destellos de melancolía y frustraciones cotidianas. Su principal mérito radica en evitar la exageración y el humor forzado, permitiendo que los pequeños fracasos de los personajes respiren en el escenario para configurar una obra madura y equilibrada.

Aunque encarnar a personajes de historieta sin caer en la caricatura representa un desafío complejo, el elenco responde con solvencia. Sobresalen Yaco Salas en el rol de Charlie Brown, al transmitir con precisión la vulnerabilidad del personaje; y Luis Baca como Snoopy, quien acapara la atención, gracias a su agilidad física y un sello cómico muy particular. Asimismo, el resto del reparto complementa la propuesta con notable solidez, manteniendo un tono coral dinámico y festivo.

En cuanto a la producción, el montaje destaca por su acabado profesional. Se evidencia un cuidadoso despliegue técnico, respaldado por un diseño de sonido impecable y una dirección vocal rigurosa que atiende cada detalle para que la propuesta luzca con solvencia en escena.

¿Recomendaría ver esta obra? Sin duda, especialmente si se es admirador del universo de Charlie Brown. No obstante, conviene señalar que el montaje exige una escucha atenta y activa por parte del espectador para apreciar la profundidad de sus reflexiones y descifrar aquello que subyace a su aparente sencillez.

Por último, considero oportuno señalar que la organización en el Multiteatro Movistar resultó bastante caótica. Aunque se anunció que la función iniciaría a las 4:00 p.m., el acceso a la sala recién se habilitó a esa hora y el espectáculo comenzó con 45 minutos de retraso.

Javier Bendezú

11 de octubre de 2026

jueves, 8 de octubre de 2026

Crítica: ABRUMADORA Y SOBRE-ESTIMULANTE


El vértigo digital llevado a las tablas

¿Alguna vez te preguntaste cómo se sentiría una persona luego de pasar mucho tiempo con el celular? Eso es lo que nos muestra Abrumadora y Sobre-Estimulante, una obra teatral unipersonal e interactiva escrita, dirigida e investigada por Vian L. King e interpretada por Sebastián Ramos.

Para poder hablar de la dirección es necesario mencionar que Vian L. King parte de una premisa arriesgada y sumamente atenta a las dinámicas contemporáneas: replicar físicamente la fatiga por el consumo compulsivo de pantallas. Su mayor acierto ha sido el de no tomar la vía convencional de la narrativa lineal, sino en estructurar el espacio como un flujo incesante de estímulos donde la atención del espectador se disputa segundo a segundo.

No obstante, por momentos da la impresión de que el director se sobrepasó con la saturación visual. Al intentar criticar la dispersión del tiempo y la falta de atención, la obra termina cayendo en su propio juego exigiendo un esfuerzo que resulta agotador para el espectador y bordeando el exceso sensorial.

Debido a que es un unipersonal, Ramos tiene que lidiar contra decenas de estímulos externos, por lo que cuenta con una gran responsabilidad interpretativa: a lo largo de la obra demuestra una resistencia física y un compromiso escénico encomiable, logrando encarnar la ansiedad, el automatismo y el vértigo de un usuario atrapado en el bucle digital. Asimismo, puedo decir que Ramos sabe sostener la tensión corporal con solvencia, aunque se echan en falta mayores matices de pausa e introspección que humanicen el vacío detrás del meme y la tendencia.

Debo reconocer que la producción se lució muchísimo en esta obra: si bien es un montaje simple, el despliegue técnico es el músculo principal del montaje. El uso de una gran cantidad de videos, recursos de videomapping, proyecciones en múltiples superficies y un diseño lumínico e intensivo operan no como meros adornos, sino como verdaderos coprotagonistas y agentes activos de la escena.

De la misma manera, la composición sonora de Marcelo Mellado funciona como un engranaje milimétrico que ahoga y acorrala al espectador. Creo que, en suma, es una producción ambiciosa que logra su cometido operativo y estético.

Finalmente, debo decir que Abrumadora y Sobre-Estimulante es un espejo incómodo y lúcido de nuestra cotidianidad hiperconectada. Esta propuesta desafía la monotonía de la cartelera limeña y, aunque a veces se enrede en un exceso de artificios que le resta peso dramático, acierta al plantear una urgencia incómoda: cómo nos estamos consumiendo la vida a través de la pantalla del celular.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

Crítica: VICTORIA, EL MUSICAL


El poder de lo femenino

Resulta importante, en estos tiempos, crear personajes femeninos que representen la figura de la mujer peruana, atravesada por la contradicción, la esperanza y un profundo empoderamiento. Bajo esta premisa se presenta Victoria, un nuevo musical, protagonizado por Cynthia Bravo, con dramaturgia de Malu Gil y Ángela Mesa, música y letras de Sebastián Abad y la dirección escénica de Gil. Un unipersonal que coloca en el centro el éxito, el poder, la identidad y las heridas que permanecen cuando todo parece estar conquistado.

Gil asume la dirección con una mirada atrevida y contemporánea. Su decisión de incorporar una banda de mujeres dentro del escenario es uno de los aciertos más significativos de la puesta: no se limita a acompañar musicalmente a la protagonista, sino que hace visible a otras mujeres produciendo, sosteniendo y habitando el acontecimiento escénico. Lo femenino no está únicamente en el discurso de la obra; está en la materialidad de la escena. El escenario se convierte así en un espacio donde las mujeres no solo son representadas, sino que hacen que el espectáculo suceda.

Bravo posee una vehemencia escénica oportuna. Su presencia sabe imponerse sin convertir cada instante en exceso. Hay algo felino en su manera de habitar el espacio: observa, mide, acecha y avanza. Su cuerpo sostiene permanentemente la tensión entre la seguridad de Victoria y aquello que amenaza con quebrarla. Bravo comprende que el poder no necesariamente se interpreta desde la dureza; también puede aparecer en la contención, en una mirada o en la manera de ocupar el espacio. El canto, además, se integra orgánicamente a su actuación y permite que la música sea parte del conflicto y no un simple intervalo narrativo.

El desarrollo de la trama es impecable. La dramaturgia administra la información con precisión y permite que cada revelación transforme nuestra percepción del personaje. No se trata únicamente de contar la historia de Victoria, sino de dosificar aquello que sabemos de ella para que el personaje se vaya complejizando ante nuestros ojos. La estructura encuentra su eficacia justamente en esa capacidad de conducir al espectador sin perder el pulso emocional.

Las letras de Abad aportan una mirada sensible al universo de Victoria. Las canciones amplían aquello que la dramaturgia propone y permiten que el personaje se exponga desde otro lugar. La palabra cantada no funciona como ornamento: abre una dimensión emocional que profundiza sus contradicciones, sus deseos y sus heridas. Abad consigue que la música dialogue con la construcción dramática y que cada canción tenga un peso dentro del recorrido del personaje.

Pero la obra no está exenta de una tensión. La mujer exitosa que ha construido una imagen de poder y que finalmente debe enfrentarse con las heridas de su pasado pertenece a un imaginario que el teatro y el audiovisual han transitado numerosas veces. El riesgo aparece cuando el empoderamiento se convierte en fórmula: triunfar, resistir y sanar. La propuesta es más potente cuando se permite escapar de esa ruta y mostrar a Victoria no como una mujer invulnerable, sino como una mujer contradictoria, capaz de sostener su poder sin negar aquello que la quiebra.

Juan Pablo Rueda

8 de octubre de 2026

Crítica: MUJERZOTAS


Una puesta en escena que cumple con las expectativas

Hace poco tuve la oportunidad de ver Mujerzotas en el Teatro Esencia de Barranco. Esta obra, una comedia sobre un enredo familiar enfocada en la relación entre una madre y su hija, es escrita y dirigida por Sergio Lescano y cuenta con las actuaciones de Trilce Cavero, Silvia Chávez, Christine Lemus, Sandra Melgarejo, Hebe Sánchez y José Soto.

Personalmente considero buena la dirección de Lescano. Fue bastante acertada al hacer que esta obra tenga un ritmo ágil que mantenga al público pendiente; además, supo guiar sabiamente a los miembros del elenco de la obra para que cada uno de sus personajes no pierdan su esencia. En cuanto a la actuación, el trabajo interpretativo se beneficia notablemente de un elenco diverso en trayectorias y energías. Además, los actores demuestran un compromiso físico y vocal encomiable.

Al tratarse de una obra de teatro independiente, es comprensible que existan ciertas limitaciones de producción. Si bien un diseño de iluminación más cuidado habría potenciado varias escenas, el despliegue técnico actual cumple con brindar el soporte necesario para sostener la puesta en escena.

Finalmente, creo que Mujerzotas nos muestra un ejercicio escénico honesto. Si bien hay cuestiones técnicas que se pueden resolver, compensa notablemente con el trabajo realizado por el elenco y la clara visión del autor y director.

Javier Bendezú

8 de octubre de 2026

domingo, 4 de octubre de 2026

Crítica: SOÑÉ QUE ESTABA DORMIDA


Por un arte que también nos cuide 

En el mes de la prevención del suicidio, el Club de Teatro de Lima presenta Soñé que estaba dormida, una obra que ofrece una mirada sensible, pero también un llamado fuerte, para voltear a ver a quienes muchas veces sufren en silencio. A pesar de lo complejo que puede resultar hablar de este tipo de temas, reconocemos la importancia de ponerlos en el escenario: la distancia entre este y el público crea un espacio donde, en las dinámicas del teatro, pueden surgir dudas, sentimientos y reflexiones, dentro de un marco de empatía y receptividad. Así, en la línea del respeto y la comprensión, se incluye un conversatorio guiado por un psicólogo; de tal modo, la apertura lograda por el arte nos coloca en un lugar amable, en que se puede conversar con la orientación profesional, y que requiere ser sacado a la luz, más que ocultado.

La historia nos presenta a Paloma, una joven que ha atravesado la reciente pérdida de su abuela y la ruptura de una relación amorosa larga. Ella, que ya había tenido ideas sobre suicidarse, ante una situación que siente que la sobrepasa decide hacerlo: a través de la obra, la seguimos en su camino a recibir atención y la acompañamos en el doloroso limbo. Entre ello, nuestra protagonista, encarnada por la actriz Yaremis Rebaza, se encuentra entre sueños con su abuela Carmen Luz y su bisabuela Matilde, interpretadas por Astrid Villavicencio y Déborah Baquerizo, respectivamente. Ambas, cada una con su carácter y a partir de su experiencia, se mantienen al lado de Paloma y la apoyan amorosamente. La complicidad entre las tres mujeres es expresada por medio de los elementos en escena: el uso de telas y los juegos de luces nos evocan los vínculos y sentimientos que generan mucha nostalgia, y que son los que tanto apreciamos.

Queremos destacar la dirección de Rodrigo Chávez y la dramaturgia de Eduardo Adrianzén, experimentado escritor, quienes de manera muy lograda nos permiten acceder al mundo interior de Paloma, con sus colores y sombras. Es en este espacio íntimo donde vemos la necesidad de hablar de estos temas y hacer siempre más esfuerzos para proteger a quienes requieren apoyo. Nos alegra mucho que desde el Club de Teatro de Lima se presenten propuestas como esta, que articulan el arte y la ciencia, para ayudar a que el público se vaya a casa con nuevas perspectivas. Definitivamente este tipo de proyectos merecen volver a presentarse, por su gran relevancia y el profundo cariño y respeto con que son realizados. 

Jimena Muñoz

4 de octubre de 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

Crítica: SANTIAGO – O CÓMO OLVIDAR A ALGUIEN


La herencia del dolor  

¿Cómo se explica la ausencia?, aquella que no se eligió, que fue violenta y sin explicación. Santiago – O cómo olvidar a alguien, escrita y dirigida por Omar Leonardo, plantea estas interrogantes, llevando a escena un drama familiar que hereda un dolor que pesa más que el olvido. 

Bajo la producción de Estado de Juego & Kaleido, la breve temporada se llevó a cabo en el Teatro Ares, espacio propicio para contar la historia de Santiago, un joven de diecisiete años que fue detenido durante el conflicto armado interno peruano, desapareciendo y dejando un vacío que por muchos años atormentó a su familia. Cuando los primos que nunca lo conocieron, regresan a casa, reviven el eco de su nombre, quizá para tratar de entender y sanar. El elenco lo conformaron Jared Portocarrero, Belén Suárez, Martín Fernández y Davo Salazar, quienes defendieron sus roles con aplomo, matizando las diferentes energías requeridas por los personajes.  

Respecto a la escenografía, los elementos representativos de la fe, el juego de luces, y accesorios como las sillas y mesa, funcionaron para el desarrollo de las escenas; así como los cambios de vestuario. Sin embargo, en una parte del monólogo de la madre, el sonido de la música no permitía escuchar del todo el clamor del personaje. A propósito, cabe destacar el trabajo musical en vivo de Luciana León, quien, con su voz y acordes de guitarra, terminó de construir la atmósfera de nostalgia, dolor y esperanza que la obra proponía. Por ejemplo: la escena del cumpleaños de Santiago o la escena de la procesión, reflejaron los momentos más conmovedores de la puesta.     

Santiago – O cómo olvidar a alguien es un justo recordatorio de una época dolorosa en la historia de nuestro país. Una paradoja debido al título de la obra, que se cuestiona el olvido de un ser humano, cuya su historia familiar se convierte en un duelo que sobrevive a las generaciones posteriores.  

Maria Cristina Mory Cárdenas

1° de octubre de 2026

Crítica: ¡FUNADO!


Cuando se cae la máscara

¡Funado!, escrita y dirigida por Gerardo Ruiz Miñán, reúne en escena a Óscar López Arias y Anahí de Cárdenas como protagonistas, junto a Miguel Álvarez, Jackie Vásquez, Elisa Costa y Guadalupe Farfán. La historia sigue a Juan Carlos (López Arias), un publicista limeño que decide dedicarse a la escritura y encuentra en ella un nuevo éxito.

Nos enteramos al iniciar la obra que su libro ha sido premiado con un galardón importante. Sin embargo, la celebración por ello dura poco, pues luego de sus actitudes cuestionables durante su rueda de prensa, empiezan a circular acusaciones en redes que manchan su imagen pública, y es ahí donde el título cobra sentido.

Lo más interesante de la obra es cómo muestra que la sobreexposición de las redes moldea nuestra manera de pensar y, de forma casi inevitable, deja a la vista la peor versión de nosotros. Y esa versión aparece con más fuerza cuando la máscara que construimos ante los otros se cae. Juan Carlos, quien se presenta como un hombre exitoso y respetable, ve en tiempo real cómo esa imagen se desmorona frente a todos. A ello se suma la idea de que “los tiempos han cambiado”. Lo que antes se consideraba normal, hoy ya no lo es, porque existe una nueva vara moral que se ha visto masificada por la facilidad de intercambio de información que hay en las redes.

Las actuaciones sostienen bien el ritmo de la comedia. Vásquez, como Giovanna, tiene una actuación remarcable, con una presencia escénica potente que roba las miradas de los espectadores. La química que construye con De Cárdenas y López Arias es muy buena e hilarante, y se deja entrever en cada cruce que tienen. 

Cabe precisar una breve observación: el personaje de Farfán, quien detona el arranque del conflicto de Juan Carlos, lo hace desde un hecho lejano que ocurre fuera de escena, y luego reaparece para seguir removiendo las cosas. Considero que, al ser tan determinante para la historia, el personaje pudo haber tenido más presencia y más peso dentro de ella.

¡Funado! es una obra que nos hace reír, pero también nos incomoda con preguntas que valen la pena hacerse. Mis felicitaciones al equipo por el trabajo.

Daniela Ortega

1° de octubre de 2026