lunes, 2 de febrero de 2026

Crítica: VOLVER A MIRAR


Archivo en movimiento

Cuando hablamos de reposición, entendemos que volveremos a presenciar algo ya visto. Cuando hablamos de repaso, pensamos en una revisión de lo esencial. Volver a mirar no es exactamente ninguna de las dos cosas. No busca repetir lo que funcionó ni reinstalar imágenes conocidas. Mirella Carbone, en cambio, nos invita a acompañarla, a darle una ojeada honesta a su propia obra y embarcarnos, junto a ella, en la tarea de repensar su significado. Incluso, y sobre todo, para quienes no hemos disfrutado antes de esas imágenes.

La danza-teatro tiene la deliciosa particularidad de no explicarnos el contexto. Hay que jugar un poco a adivinar, dejarse llevar por los sentidos, por lo que generan la música y el movimiento. En esta obra, Carbone propone un juego aún más complejo: el de intentar comprender, o aceptar no comprender del todo, la mezcla de personajes y mensajes que atraviesan la escena. Figuras que aparecen y reaparecen: un hombre de hojalata, una monja, un amor, una sombra. O lo que puedan llegar a significar.

Carbone también nos hace parte de su intimidad. Nos comparte la mirada sobre su cuerpo y, por extensión, nos invita a mirar el nuestro. Nos enfrenta con la dureza del tiempo y, al mismo tiempo, nos deja una advertencia: el tiempo avanza y cumplir los sueños es un deber. Pero también nos pide permiso para detener el tiempo. Y en ese gesto, nos regala la posibilidad de pausar el nuestro, de olvidar por un momento las edades y todo lo visible. Entonces volvemos a mirarnos, sí, pero no desde el mismo lugar, sino ahora con otros ojos.

Volver a mirar no exige comprensión. No se impone ni busca respuestas claras, pero sí cuestionamientos. Nos exige permanecer atentos a lo que el cuerpo recuerda, incluso cuando no somos conscientes de ello. Propone un estado en el que mirar implica dejarse afectar y aceptar que no todo lo vivido necesita ser ordenado para tener sentido.

Hay algo profundamente honesto en esta propuesta, porque Carbone no intenta fijar su trayectoria como un archivo final. Se expone desde el presente, con un cuerpo que ya no es el mismo y que, justamente por eso, carga nuevas preguntas y también respuestas. Aquí, el pasado no pesa: se reconoce, se honra y se suelta, sin victimismos ni conformidades, sino como un punto y aparte para seguir siendo arte.

Tal vez por eso la obra resuena de manera particular en quienes atravesamos también ese tránsito silencioso de envejecer sin querer reducirnos a un número. Volver a mirar recuerda que honrar el cuerpo no implica aferrarse a lo que fue, sino escucharlo en lo que es hoy.

La danza-teatro es ambigua, como esta pieza. Compartimos imágenes y experiencia, pero salimos de la sala sin certezas. Tal vez no se trate de entender, sino de aceptar la incomodidad de volver a mirarnos sin respuestas. Solo con la sensación de que algo se movió: en el cuerpo, en la mirada, en el tiempo.

Cristina Soto Arce

2 de febrero de 2026

Crítica: ELLO


Un trastorno mental en escena

Ello es un drama psicológico; esto es, se centra en lo que ocurre en la mente del personaje más que en el argumento, que resulta un pretexto para exponer su trastorno psicológico. De este modo, esta obra se suma a esta temática que ha ingresado con fuerza al teatro nacional. Últimamente lo vimos en Hielo en la sangre o Mi madre se comió mi corazón: no es simplemente la mayor relevancia de los conflictos psicológicos que tiene todo personaje, sino que la condición, trastorno o enfermedad mental se transforma en el tema y objeto de la obra.

Asumir un personaje con una condición, trastorno o enfermedad mental determinada es un gran reto, tanto para el dramaturgo como para el actor. En Ello, ambos roles los asume Eduardo Andía, que nos sorprende con un texto bien desarrollado, con el cual nos presenta al personaje afectado (Cristian) y una interpretación que revela una dedicada y cuidadosa construcción.

La voz que recibe al público en el Teatro Auditorio de Miraflores advierte que la representación de un personaje con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) no debe considerarse una generalización. Los profesionales en salud mental podrán debatir si las conductas en escena corresponden a un caso típico de TLP; pero es una obra teatral y no una conferencia sobre psiquiatría. Lo importante es que Cristian ha sido construido con la coherencia suficiente para transmitir su crisis emocional, su desamparo y constituye así un motivo de interés dramático. 

El ello -en la teoría del psicoanálisis con la que Freud explica el funcionamiento psíquico humano- es esa parte o instancia de la estructura cuyo contenido es inconsciente y se expresa en pulsiones y deseos. La obra de Andía se desarrolla precisamente por impulsos y reacciones que van incrementando la tensión conforme Cristian se relaciona con las personas más importantes de su mundo y nos transmite su inestabilidad emocional, el temor intenso a ser abandonado, su comportamiento impulsivo. El encierro (no sabemos por qué, pero es evidente que el personaje no puede salir de su espacio) contribuye a la tensión.

Por ello, todo el texto y carga dramática recaen en Cristian, quien recibe el inútil apoyo de su novia, su mejor amiga y su madre. Tres mujeres que le brindan afecto de distinto modo, sin conseguir el equilibrio o una reacción positiva del joven. María, la novia (Julimar Nolasco), sin brillar en su personificación, deja claro su objetivo haciendo uso de más recursos histriónicos que las otras actrices. Leonora (Ariana Aguilar), cumple el rol de la mejor amiga, pero debe trabajar el tono de voz y el manejo de sus emociones. Isabela (Medalit Acosta), la madre de Cristian, a pesar de lo fundamental que debería ser en un caso real, tiene muy poca participación, lo que no es un defecto de la dramaturgia sino, por el contrario, la ausencia necesaria para revelar la falta de apoyo familiar, reducida al envío de dinero e ignorancia de la condición de su propio hijo, al que reclama decisiones más “normales”. Acosta comunica verbal y gestualmente esa absurda e inútil exigencia maternal, aunque la rigidez del cuerpo no corresponda a sus intenciones y atenúa el conflicto en lugar de llevarlo al extremo.

EStos son detalles que revelan cierto desnivel actoral, pero no desmerecen el resultado de la dirección general, a cargo de Carlos Daniel Licapa, quien conduce acertadamente la obra, pues durante hora y media la angustia de Cristian irá creciendo y no sabemos cuál puede ser el límite de su conducta... Aplausos.

David Cárdenas (Pepedavid)

2 de febrero de 2026

Crítica: LOS VOTOS DE NADIE


El poder olvidado de la sátira

La Compañía nos presenta Los votos de nadie, obra inédita escrita y dirigida por Orlando Chiroque, con la que culmina su proceso en el segundo Taller de Dirección y Producción Teatral de La Ira Producciones. La Sala Quilla es el lugar escogido para lo que no puede describirse como otra cosa que una fiesta electoral. Pero... ¿es una fiesta a la que estamos ansiosos por llegar? ¿O una de la que no podemos esperar irnos? 

La historia es sencilla: Domingo Díaz, interpretado por Piero Pérez, es el recientemente elegido presidente del Perú. Junto a su esposa y Primera Dama Martina, rol a cargo de Norma Cabrera, el mandatario ocupa su día sentando las bases de lo que será su gobierno. Todo es algarabía y cantos de victoria en el palacio hasta que se filtra el rumor de que "el último artista que queda" ha sido aprehendido y se encuentra en las instalaciones. A partir de aquí se desatarán situaciones en las que conoceremos hasta qué punto puede llegar a corromper el poder a los que lo poseen, y en qué medida el silencio de los ciudadanos nos hace cómplices de las barbaridades que acontecen en nuestro país. 

Desde la primera llamada, es evidente que el código de la obra será farsesco, satírico. Ratas humanoides vestidas con mamelucos rojos similares a los de La Casa de Papel ocupan el escenario en actitud lúdica, festiva. Cantan, bailan, juegan, arengan, pero sobre todo contagian un espíritu jovial que no abandona la obra hasta su final, lo cual es de por sí un gran logro. Cuando empiezan a desfilar uno por uno los personajes que componen este universo político patas arriba (el cual incluye un brujo muy criollo, un militar nada inquebrantable, una hija tiktoker y una enérgica experta en redes sociales) se va reafirmando el tono burlón buscado por el dramaturgo. Tono que, gracias al correcto trabajo de dirección de actores y a un texto que combina eficazmente el humor criollo con mordaz crítica social, no solo funciona y entretiene, sino que logra hacer una potente crítica de los llamados "tibios", los apolíticos, los que callan y por consiguiente otorgan. 

Es difícil destacar una sola actuación, ya que coralmente el elenco logra lo que todo elenco de una farsa -y de una obra en general- busca: que su personaje destaque individualmente, pero a la vez que se integre con facilidad dentro del grupo sin desentonar ni romper el código solicitado. Iré incluso más allá y diré que el trabajo de construcción de personaje (tanto física como vocal) es destacable, ya que todos los actores y actrices del elenco logran particularizar sus personajes dándoles una cadencia, una postura, una voz, una risa, y una especificidad única y divertida. 

Existen mínimos detalles, más que nada técnicos, que podrían mejorarse, sobre todo a nivel de ritmo entre y durante las escenas, y alguno que otro cambio de utilería que podría ser más oportuno, pero en general, Los votos de nadie logra ser lo que se propone ser: una crítica social inteligentemente empaquetada dentro de una divertida sátira. Todos en el Perú hemos clamado alguna vez por un cambio. Chiroque no postula que el humor sea la respuesta al caos, pero sí pretende utilizarlo como herramienta de movilización. Queda en nosotros escuchar el mensaje y no solo reírnos de nosotros mismos, sino finalmente despertar de nuestra zozobra y tomar acción en miras a aquel cambio que tanto deseamos, y que nos ha sido esquivo por tanto tiempo.

Sergio Lescano

2 de febrero de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Crítica: CONTRA-FUTURO


Entre el pasado y el futuro

Contra-futuro fue una propuesta escénica gestada a partir de un laboratorio escénico e investigación colectiva, la cual se presentó en la edición 2026 del Festival Saliendo de la Caja. Bajo la dirección Leonardo André, el montaje inicia con la evocación al descubrimiento del fuego robado por Prometeo, presentado no solo como un hito histórico, sino como el primer gesto de transformación humana. Entonces, cinco historias se entrelazan: el ser más primitivo buscando sobrevivir; una montonera atrapada en medio del conflicto; una mujer que relata el pasado entre mitos y deidades; la era moderna representada por una bailarina que no encuentra su lugar; y el futuro tan incierto como inminente.   

El tiempo y las distintas eras que ha recorrido la humanidad se conectan más por la experiencia física y simbólica que por una narrativa lineal.  Así, las interpretaciones de Fiorella Bastidas, Matías Dextre, Rafaela Prado, Inés Arroyo y Ritzia Landauro utilizan el cuerpo como principal vehículo de expresión. Se percibe una exploración física sostenida, donde el gesto y la presencia escénica tienen tanto peso como la palabra. Los cuerpos que aprenden, que se adaptan y se enfrentan a la violencia, la tecnología y la modernidad.

Respecto a la escenografía, el uso de varios elementos móviles, las prótesis (elaboradas por ellos mismos), los vestuarios, la iluminación y la música acompañan la idea de evolución y transformación constante. Sin embargo, el ritmo en algunos cambios de escena puede revisarse para futuras presentaciones.

Contra-futuro, a través de la identidad queer* como impulso del lenguaje escénico, no busca dar una respuesta, sino abrir el debate frente al progreso, la identidad y el precio de la modernidad. Además, reconoce el paso del tiempo y las nuevas formas de habitar el mundo. Sin duda, una creación post-moderna honesta y potente que dialoga con el pasado, el presente y las inquietudes del espectador contemporáneo.        

Maria Cristina Mory Cárdenas

1º de febrero de 2026

*https://cnnespanol.cnn.com/2024/06/28/que-es-ser-significa-queer-trax

Crítica: CAOS EN FAMILIA


¡A repartirse la herencia!

Uno de los últimos montajes de Mever Producciones, escrito y dirigido por Gianfranco Mejía, fue La herencia (2024), un eficiente drama que tuvo en su elenco a nuestro primer actor Hernán Romero en su último papel sobre las tablas. Pertinente mencionar esta puesta en escena, pues Mejía viene presentando actualmente otra temporada similar titulada Caos en familia, en el Centro Cultural Ricardo Palma, que guarda muchos paralelismos con la pieza antes mencionada, incluso compartiendo parte de su elenco. En esta obra, nuevamente la repartición de una herencia ocasiona los previsibles enfrentamientos entre una familia disfuncional; sin embargo, existe ahora el propósito de mostrarlos en clave de comedia, con resultados irregulares que bien podrían superarse con una revisión en la dramaturgia.

Debe señalarse que Caos en familia no es un estreno posterior a La herencia: se trata de un tardío reestreno de la puesta original en el 2019. La trama, como ya se mencionó, sigue los mismos derroteros: el patriarca de cuestionable conducta fallecido recientemente, dos hermanos enfrentados por bienes materiales, un mayordomo mediador entre ambas partes y un mensaje aleccionador hacia el final. Acaso Mejía debe siempre tener cuidado cuando recicla textos pasados de su autoría, ya que son sus últimos estrenos los que vienen acusando una saludable madurez, pues en sus reestrenos, muchas veces, esta no se logra visibilizar, como en Eutanasia (2023). Caos en familia no escapa de ese aspecto: el humor no termina de despegar en varias escenas; algunos personajes se encuentran apenas bosquejados; la mejor secuencia (aquella de los brownies) no tiene relación alguna con la herencia en sí; y se sobrecarga la trama con discursos dramáticos, que remiten irremediablemente a la muy superior La herencia.

Si bien la tensa relación entre los hijos herederos del difunto (Paola Miñán y Pedro Olórtegui) y la sensata presencia del mayordomo (Rafael Sánchez Mena) se encuentran bien delineadas, es en los personajes más jóvenes en donde se visualizan las oportunidades perdidas, debido a la escasez de conflictos mayores: los primos superficiales (Luis Alonso Leiva, Alexis Arteaga y Renato Babilonia), la guapa estudiante de intercambio (Valkiria Aragón) y la hija rebelde del criado (Lorena Reynoso) prometían un mayor desarrollo dramático (y cómico) entre ellos, que bien pudo explotarse en mayor medida. A pesar de estos reparos, la nueva reposición de Caos en familia de Mejía no deja de mantener el interés y entretiene como la amable comedia que pretende ser.

Sergio Velarde

1º de febrero de 2026

viernes, 30 de enero de 2026

Crítica: LA SUITE


Una suite de locos encantadores

La comedia se instala desde el primer momento, cuando aparece el botones del hotel (Miguel Iza), con una apariencia estrafalaria, casi un Micky Vainilla (el personaje de Daniel Capusoto) con su bigotito hitleriano y delicadeza amanerada, para dar la bienvenida a la pareja de recién casados (Sergio Galliani) y (Connie Chaparro). Completa el elenco Lilian Schiappa, mucama de este increíble hotel.

En una noche de bodas pueden pasar muchas cosas, pero ninguna como las que le sucede a nuestra pareja. Lo peor es que la historia se repite, como un inútil intento de no tropezar, pero el resultado es cada vez más caótico y de ese modo, la diversión del primer momento se intensifica. El único agotado es el pobre novio que debe cargar a la novia cada vez que reingresa a la habitación. Los demás la pasamos felices de que vuelva y quedamos a la expectativa de qué nueva locura nos depara.

Una comedia refiere realidades, pero de manera absurda y nosotros nos reímos de lo absurdo, porque lo creemos imposible y, sin embargo, no resulta tan lejano de nuestra experiencia cotidiana. Claro que nadie espera encontrar a un botones y a una mucama como ellos y seguramente tampoco a recién casados como estos.

Felizmente, el autor (Fernando Schimdt) ha tenido la genialidad de construir estas breves historias sucesivas de modo tal que el ritmo no decaiga en ningún momento sino, por el contrario, que el público se pegue a lo que viene; y los transeúntes que tropiezan con ellos al salir del teatro Marsano, poco antes de las 10 de la noche, ven salir a gente feliz o al menos lo suficientemente alegre para creer que la vida todavía puede ser divertida, pese a lo que pasa en el mundo real.

Galliani, además de sorprendernos bien como director, se complementa con Chaparro para constituir la pareja de recién casados cuya “normalidad” no es tan normal. Pero el ritmo de la comedia se desarrolla gracias a la genial actuación de Iza (a quien acostumbramos ver en estupendas interpretaciones dramáticas). La participación de Schiappa es secundaria, pero juega su rol complementario para refrescar la hilarante acción del botones.

El escenario de la suite nupcial no cambia en cada historia. Ni siquiera los pasos iniciales. Solo se hacen más intensos los efectos y las situaciones resultan cada vez más absurdas. La obra juega con la farsa como propuesta escénica y la frivolidad como temática, que el director logra combinar de manera creativa para conseguir el objetivo: divertir con gags efectivos y sin mayores complicaciones, como le gusta al público del Teatro Marsano, que el último miércoles (popular) llenó a tope la sala. ¡Felicitaciones por ello!

David Cárdenas (Pepedavid)

30 de enero de 2026

miércoles, 28 de enero de 2026

Crítica: EL MAGO DE OZ


La relevancia de la inteligencia, el coraje y la solidaridad

La Asociación de Artistas Aficionados (AAA) inauguró la temporada teatral 2026 con el estreno de El Mago de Oz, clásico de la literatura infantil en una adaptación dirigida por Ivi Cordero, con las actuaciones de Miguel Martínez, Pablo Hoyos, Sol González y Beleny Gómez, quien además se desempeña como asistente de dirección.

En esta obra, de una hora de duración, la dramaturga propone una lectura contemporánea de la novela. Dorothy y su perro Totó son arrastrados por una tormenta hasta el mundo de Oz y, en su intento por regresar a casa, recorren el camino amarillo, donde se cruzan con diversos personajes que propician diálogos y reflexiones sobre la infancia, la comunidad y el sentido de pertenencia.

Aunque el texto sostiene que la verdadera magia surge de la inteligencia, el coraje y la solidaridad, la puesta no termina de conectar con todos los espectadores, sobre todo con aquellos menos familiarizados con la historia. Destaca, sin embargo, la interacción con el público infantil, cuya participación entusiasta dinamiza la función.

Si bien el montaje es sencillo, los actores lo aprovechan eficazmente para desarrollar cada escena. En el plano técnico, se evidenciaron fallas que impidieron comprender la letra de la canción inicial. Llama la atención, además, el intento de incorporar el tema Somewhere Over the Rainbow mediante un video reproducido en un dispositivo digital, visible únicamente para el público de las primeras filas del Teatro Ricardo Roca Rey.

Pese a que se trató de una función de estreno, cabe confiar en que el equipo haya identificado los aspectos por mejorar a medida que avancen las funciones. Para quienes decidan asistir, conviene llegar con una mínima referencia de la historia y así disfrutar mejor la propuesta.

Javier Bendezú

28 de enero de 2026 

Crítica: CUERPXS MARRONES EN RESISTENCIA


Marrón tierra, marrón sagrado

El Festival Saliendo de la Caja le devuelve a una frase trillada el sentido y poder con las obras que nos invita a presenciar. Cuerpxs Marrones en Resistencia no es la excepción. Una vez más, el festival cumple el objetivo de incomodar (para acomodar), empujándonos con cada imagen, cada acto, cada frase y mensaje, justamente a pensar y sentir fuera de esa burbuja que nos envuelve y no nos permite ver más allá.

Desde el inicio, la tierra se convierte en una de las protagonistas de la obra cuando un cálido Wedner Velásquez hace una invitación a brindar por ella, a honrarla y respetarla. A hacerle una ofrenda, pedirle permiso y, por supuesto, bendiciones. La tierra es aliada, adorada.

Luego, se impone la tierra sucia, la que se pega a la piel. La que se remueve y se violenta. La que se cava para hacerse ricos mientras se empobrece la vida. Ya no es la tierra divina, sino la oscura y cargada de humanidad. O, en este caso, de toda la inhumanidad llevada por la codicia extractivista. Es el contraste de lo sagrado y lo explotado en un mismo espacio. Y ahí mismo, un cuerpo que carga también con esa contradicción.

Ese cuerpo aparece para explicar lo que no se puede entender. Intenta contarnos de un sufrimiento que no puede sentir quien no lo vive en carne propia, pero que genera repudio si se mira de frente a ese cuerpo, a su transformación, pero más que nada, a quien lo obliga a deformarse. Ese cuerpo, marrón como la tierra, también sagrado y transformado, intenta mostrarnos lo que desde la lejanía de la capital y el privilegio no logramos ver. Y entonces, Lucero Calderón, quien no solo interpreta a ese cuerpo en escena, sino que también escribe y dirige esta obra, se apoya de sonidos que perturban, de imágenes que frustran y encolerizan, de fotografías que nos recuerdan que el arte también es denuncia. Que ya no hay distancia posible: no es ficción, es historia viva, es dolor encarnado.

Lo grotesco también se apodera del escenario y de la historia. Las formas, los gritos, lo brutal de la falta de compasión. La ignorancia del poderoso y la sabiduría de lo ancestral se reflejan en ese cuerpo danzante y en el monstruo que lo observa. 

Cuerpxs Marrones en Resistencia nace de una realidad y un dolor de nuestro país que se intenta esconder bajo la idealización de “progreso”, como muchas otras dolencias que tenemos. Es también fruto de una ardua investigación que busca entrelazar, con mucho respeto, los mundos conocidos y estudiados de la autora. No explica, pero dice todo lo que quiere decir y cala donde tiene que hacerlo. Habla, además, de un pueblo y de su goce como lucha. Habla de un color, de la tierra misma, que no se amilana ante nada pero que, como dice la creadora de esta pieza, hay que proteger.

Cristina Soto Arce

28 de enero de 2026

Crítica: ÑA CATITA


El pasado es presente

La obra maneja un ritmo muy entretenido; los personajes se saben conectar, de tal manera que lo que pareciera largo termina convirtiéndose en un instante impactante, sólido y bien trabajado. La distribución del espacio es sencilla y las luces mantienen un ambiente adecuado para el desarrollo de los personajes.

El texto está particularizado de forma elocuente: la construcción de personajes es concreta y mantiene chispazos de farsa. La forma en que interactúan va generando un aire de sonrisas. La situación es muy conocida por todos: Ña Catita (Lourdes Aquije) hace su aparición y conversa con Rufina (Gloria Melgar), ambas actrices consiguen un nivel de espontaneidad admirable; cabe mencionar que Aquije se traslada en el espacio con gran naturalidad pese a la discapacidad visual que presenta, pareciera al contrario que ve más que todos, que sus ojos alcanzan un horizonte distinto. El poder del teatro es evidente: la magia que envuelve a los artistas permite que nadie sospeche de la situación de la actriz, si es que no se mencionaba yo nunca me hubiera dado cuenta, digno de aplaudir y de admirar, una demostración potente de la trascendencia del arte. 

La interacción entre Juliana (Isabel Pinto) y su amiga (Gabriela del Pilar) también es bastante organizada, es elocuente y en el caso de la amiga esta se presenta acompañada de una construcción corporal que emite un cierto poder energético. La forma del cuerpo cambia la atmósfera, las contracciones de la cadera son como chispas en el espacio, la expresión de las piernas ondula en los ojos de los espectadores. Me río, me entretengo, me olvido del mundo, la capacidad de abstracción del arte, es una condición necesaria, desde mi perspectiva, para descubrir cuando hay amor y dedicación en un trabajo. Día a día nos aburrimos del mundo, de la rutina, entonces aparece el arte y nos hace una pausa, un silencio para ingresar a un universo paralelo, que no conocemos, pero sospechamos. Desde esta mirada, Ña Catita me sedujo por instantes, me paralizó la mente en el presente y me permitió el descanso del pensamiento para aperturarme a la contemplación.

El mayordomo (Jeffrie Fuster) es otro de los artistas que me llamó la atención de forma natural, la manera de emitir la voz y su presencia escénica, eran casuales, no forzadas y la realidad con que se sometía a la ficción permitía una conexión directa con la puesta. Desplazamientos muy inteligentes y sonrisa bien presente, el mayordomo cuenta con el encanto nato del artista, la atención se dirige hacia él y se deja embriagar por las flexiones del cuerpo y el sonido de la voz; muy particular la forma de aproximarse al realismo y a las necesidades de la escena.

Don Jesús (Beto Sánchez) también entra con gran prontitud, su construcción manifiesta experiencia y solvencia en el espacio, la forma de conversación hacia sus compañeros concreta el colectivo, lo afianza, es un buen peso dentro del hilo conductor de la historia. Alejo (Jesús Aranda) posee el picante que necesita la construcción, su presencia es la ruptura de la armonía, la contradicción del amor y de los personajes; buen manejo corporal, secuencias bien logradas y armonía sonora, momentos cumbres en el desarrollo del montaje, la interacción de todo el grupo y la bulla de la multitud eran momentos de profunda contemplación, la energía del público se desplazaba hacia el escenario para proyectar su fantasía en ellos, en los maniquíes del drama, en los espíritus del arte y de la dramaturgia. Manuel (André Mesta) complementaba toda la estructura que ya se había creado; ubicado en su espacio, en su puesto, desarrollaba muy bien su rol, permitiendo que las energías y presencias sean distribuidas armónicamente, todo en su lugar, todo en su punto, ninguna exageración, la sensación de vivir la obra, de creer en la ficción se expresa.

Buen trabajo, el tiempo viaja en sí mismo, el pasado es presente y la conducta del hombre es trasmitida, todo pareciera que se puede manifestar sin tiempo ni espacio, la conducta es atemporal; pero el artista es dueño del tiempo y tiene la capacidad de abrir el mundo y sofocarnos uno nuevo, donde si quieres reflexionas, si no solo contemplas, es importante contemplar, no buscar la perfección, pero si lo genuino de cada uno de los intérpretes. La crítica enfrasca la realidad, la contemplación permite la aprehensión sensorial y cognitiva de la originalidad de cada uno. El arte es un ente de comunicación, no para romperte la cabeza en mil pedazos de racionalidad disruptiva, pero sí para recordar la condición gregaria del ser humano, su condición de grupo y de necesidad de afecto, un afecto que no es una caricia, pero sí puede ser un gesto, un desfase hacia lo extracotidiano o tal vez, hacia la condición primigenia del ser humano, a ese núcleo de expresión que nace como un cauce cristalino.

Moises Aurazo

28 de enero de 2026

martes, 27 de enero de 2026

Crónica: VISITA A MALA - GRUTEMA


Vocación, entrega y responsabilidad social 

No todos los colectivos teatrales pueden darse el lujo de cumplir 35 años de actividad ininterrumpida. Pues Grutema - Grupo Teatral de Mala, bajo la dirección de Wilman Calderón, puede jactarse de haberlo conseguido; y no solo por su vasto repertorio de puestas en escena, con el que se han paseado por el mundo a lo largo de los años, sino que además se encuentran próximos a lograr una verdadera hazaña tan necesaria para cada uno de los distritos de nuestro país: contar con un teatro propio para su comunidad. Oficio Crítico estuvo visitando, el último fin de semana, la hermosa ciudad de Mala y comprobar tanto lo valioso del trabajo escénico de Grutema como lo hospitalario de su gente.

En primer lugar, se presentó un ensayo de la clásica pieza francesa anónima La farsa de maese Pathelin, todavía en proceso, en el que los jóvenes actores de la agrupación Omar Castillo, Aimar Castillo y José Carlos Torres interpretaron roles de la última escena ocurrida en un juzgado, al lado de Nancy Martínez, pilar fundamental del grupo. Si bien Grutema se ha caracterizado por presentar creaciones colectivas breves, muy entretenidas y ejecutadas con humor a pesar de los temas difíciles e incómodos que muchas veces les toca abordar, sí que es importante que se trabajen obras de texto, abriéndole todo un nuevo panorama interpretativo al grupo, al llevar a buen puerto los personajes, situaciones y objetivos creados por un autor externo.

El sello característico de Grutema llegó a continuación, con la breve presentación del unipersonal A mí siempre me dijeron, en el que se lució la carismática Flor Ángel Ruíz, cantando, bailando y declamando un sentido y contundente mensaje en contra de la discriminación y la injusticia. Luego se presentó la puesta en escena de El arbolito o Ciudadanía Ambiental, en la que Wilman, Nancy y Kathia Isabel Gaspar se reparten diversos y jocosos personajes para enrostrarnos cómo siempre nos quejamos de la contaminación ambiental, pero poco o nada hacemos nosotros por revertirla. Con elementos sencillos de utilería y vestuario, efectos sonoros en vivo, la participación activa del público y la versatilidad del elenco, el mensaje llegó de manera clara y contundente a través de la sencilla historia de este entrañable arbolito, que nació, creció, fue talado y resurgió ante nuestros ojos en escasos veinte minutos. 

Y la noticia más feliz, sin duda, fue que la Asociación Grutema - Grupo Teatral de Mala, reconocida por el Ministerio de Cultura del Perú como Punto de Cultura, ha conseguido asignar un presupuesto para la construcción del Teatro Municipal de Mala. ¡Un atípico suceso que se debe celebrar! Se trata de un más que necesario proyecto que ya es una realidad, gracias a la perseverancia y entrega de Wilman y su colectivo, junto con el apoyo del alcalde Julio Marquinho. Felicitaciones a Grutema por estos primeros 35 años de trabajo y responsabilidad social en favor de la comunidad de Mala.

Sergio Velarde

27 de enero de 2026