martes, 2 de abril de 2024

Crítica: DES-CONOCIDO


Salud mental y teatralidad

Desde que entramos al auditorio de la Casa de Yuyachkani, el ritual preparado por el destacado actor Julián Vargas ya se encuentra en marcha: este nos recibe inflando de a pocos un globo rojo, vistiendo bata y en sayonaras, sentado en una camilla de hospital, con el rostro maquillado de payaso. Todo hace indicar que interpretará a un paciente de la tercera edad afectado por la salud mental. Sin embargo, una silla de ruedas a un lado, en el que se halla un muñeco humanoide de tamaño real y de rostro inquietantemente familiar, y al otro, un perchero con vestuarios, nos indica que el espectáculo tendrá una fuerte carga de teatralidad. Así inicia Des-conocido, valioso, valiente y conmovedor unipersonal con la dirección de Miguel Rubio Zapata.

Vargas, ofreciendo testimonio sobre su trabajo pedagógico con pacientes afectados por la salud mental, traza en su espectáculo pertinentes paralelos con su notable carrera de intérprete, especialmente, cuando recita pasajes de Marat/Sade (1963) de Peter Weiss, que no es otra que la clásica representación de un grupo teatral en una casa de salud mental. Acompaña a la puesta material en video, no solo de trabajos previos del actor, sino también de su labor como pedagogo en pacientes aquejados por este mal. Las secuencias van sucediéndose con bastante fluidez, aprovechando el actor los elementos a su alcance para crear poderosas imágenes, como la de la tina o la de la marcha marcial.

Con décadas de experiencia sobre los escenarios, Vargas entrega voz, cuerpo y alma en su performance con sobresalientes resultados. Junto a Rubio, intercalan ingeniosamente las secuencias del pasado del artista y de la dura realidad de sus alumnos-pacientes (¿acaso los actores no están, en el fondo, un poco locos?) de una manera sólida y coherente. Des-conocido, como lo mencionó su director al terminar la función, es aún un work in progress, que promete convertirse en un unipersonal conmovedor y necesario para sensibilizarnos acerca de la salud mental, una deuda pendiente y urgente que nos debe el aparato estatal.

Sergio Velarde

2 de abril de 2024

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