martes, 27 de febrero de 2024

Crítica: PARAÍSO PERDIDO


La caída de un Ángel en clave rockera

Paraíso Perdido emerge como una reinterpretación audaz del clásico poema épico de John Milton, originalmente publicado en 1667. Esta adaptación, llevada a las tablas bajo la dirección de Fernando Luque, nos sumerge en una reflexión sobre los difusos límites entre el bien y el mal a través de una propuesta escénica innovadora.

La obra destaca por su acompañamiento musical en vivo, a cargo de Roberto Rodríguez en la guitarra, Luis Felipe Ortega en la batería, Renzo Solimano en el bajo y Andrés Herrera en el teclado. Su ejecución impecable y la energía vibrante que aportaron en cada pieza musical se entrelazaron de manera sublime con la naturaleza salvaje de la escenografía, creando una atmósfera envolvente para el espectador.

La escenografía, diseñada por María Hilaje, transformó el teatro en una selvática utopía que facilitaba la inmersión en el universo propuesto. La integración de los músicos en este entorno, ocultos entre ramas, fue un acierto que realzó la experiencia visual y auditiva. El trabajo de iluminación merece una mención especial, por complementar a la perfección la música y la escenografía, culminando en un espectáculo de gran cohesión artística.

El elenco, liderado por Luque en el papel de Lucifer, mostró una notable solidez. El también director de la obra demostró una impresionante capacidad para manejar la complejidad de su personaje, manteniendo un alto nivel de energía y expresión a pesar de los desafíos físicos que implicaba cantar y actuar simultáneamente. El coro, integrado por Akemi Toma, Francesco Bacilio, Maria Fernanda Misajel, Manuel Valdivieso, Jose Soto, Hanks Sarmiento, Verónica Infantes, Ana Paula Galvez, Katia Uriol, Nick Delgado, Valeria Fumagalli, Rommileth Coronado y Fabian Suni, realizó una labor encomiable, destacando tanto en sus intervenciones vocales como en las coreografías. No obstante, es justo señalar que, en ciertos momentos, la dicción no fue del todo clara, lo que restó algo de fuerza a su actuación.

Por lo experimentado en el Teatro Británico, se trata de una producción teatral interesante y limpia. Paraíso Perdido se configura como un espectáculo que, mediante una fusión de elementos musicales, escenográficos y de actuación, logra un diálogo profundo con el público sobre temas eternos, manteniendo al mismo tiempo una frescura y originalidad.

Milagros Guevara

27 de febrero de 2024

lunes, 26 de febrero de 2024

Crítica: EL GRITO DE NARCISO


Triángulo de vanidad

Para todos los que, por innumerables razones, no podemos asistir a espectáculos teatrales estrenados en las diversas regiones de nuestro país, resulta  muy gratificante el poder verlos en alguna sala limeña. Tal fue el caso del estreno, en el Teatro Esencia de Barranco, de la pieza itinerante El grito de Narciso, escrito y dirigido por Lina Ninamango, bajo la producción de Serendipia Teatro, colectivo arequipeño. Se trata de un grupo escénico que busca proponer una fusión de técnicas vanguardistas para darles así vida a experiencias teatrales atípicas y con un sello característico. La mencionada puesta en escena es, sin duda, un muy auspicioso debut para esta agrupación, de trama sencilla pero de interesante ejecución sobre el escenario.

Basándose en el conocido mito de Narciso (personaje mitológico que queda prendado de su propia belleza frente al reflejo en el agua), Ninamango crea una interesante propuesta teatral, muy atinada en estos tiempos de empoderamiento femenino y lucha frontal contra el machismo, así como de ciertos escándalos mediáticos protagonizados por personajes narcisistas. Con cámara negra y dos pequeños asientos del mismo color, un hombre (Diego Pacheco) se debate entre el amor de dos mujeres (Nathalia Herrera y Pamela Corahua), ubicadas a cada lado del escenario; una, con blusa blanca y la otra, de color negro. Es durante sus interacciones físicas que podemos identificar mejor las personalidades de cada uno de los personajes, más que por los diálogos cargados de lirismo que recitan.

De trama sencilla y duración justa, Ninamango juega y despista al espectador desde el inicio: ¿son acaso ambas mujeres las caras de una misma moneda dentro de la febril mente de Narciso o realmente son personalidades independientes? Una emotiva conversación entre las dos deja en el espectador un final esperanzador y una pertinente reflexión. El grito de Narciso, más que una interesante puesta en escena minimalista e itinerante, es una prueba que se vienen gestando valiosas propuestas en nuestras regiones, como esta de Arequipa, y ojalá que podamos disfrutar de más de ellas en nuestros espacios teatrales. Lima no es el Perú.

Sergio Velarde

26 de febrero de 2024

Crítica: CONCIERTO BARROCO


Música y performance

En el Teatro Universitario de San Marcos culminaron, este fin de semana, las funciones de la puesta en escena Concierto Barroco, adaptación de la novela bajo el mismo título del autor cubano Alejo Carpentier, a cargo del actor y director de teatro Luis Ramírez.

La propuesta nos sumerge en una intensa y creativa narración oral, que nos revela a través de ocho cuentos una historia llena de contrastes, abordando temas como la identidad, el costumbrismo, las creencias, entre otros. Sin duda, el ingrediente principal de este espectáculo, que combina el uso de la palabra cantada y el performance, es la música tanto en la particular y estilizada construcción de la narrativa, como en la ejecución de la misma. Cabe resaltar la destreza actoral de Ramírez, quien sostiene la hora y media de relatos, mediante el uso del cuerpo, la voz y el manejo de algún instrumento; nos hace partícipes de esta historia basada en una ópera de Vivaldi, que empieza en el año 1709 hasta el año 1733, dando un salto hacia 1924 y las posteriores revoluciones del siglo XX, representando a Montezuma, Francisquillo, Filomeno, entre otros personajes con maestría.

Concierto Barroco fue una entrañable experiencia escénica, que refleja la importancia y vigencia de la literatura latinoamericana, llevada a escena de manera dinámica y entretenida, permitiéndonos conocer la escritura de Carpentier, quien además de ser escritor es musicólogo, asociado al concepto del realismo mágico, como particular punto de vista acerca de América Latina, su diversidad cultural y la trasmisión de creencias, mitos y costumbres, siendo la música el elemento representativo.

Maria Cristina Mory Cárdenas

26 de febrero de 2024

Crítica: 15 MINUTOS - MIÉRCOLES


¿Quién podrá defender los 15 minutos? Parte 2

Continuamos con esta segunda parte, que conecta con nuestra crítica anterior a la oferta teatral de 15 Minutos Teatro. Aquí las obras de su agenda de los miércoles:

Proyecto secreto

Este es un proyecto deja claro desde un inicio que debe ser mirado desde otros ojos. Entendiendo que la premisa es darle visibilidad a los textos de dramaturgos emergentes, aprovecha el formato de microteatro para plantear un juego escénico donde el texto es el protagonista. En ese sentido, lo que más se valora de esta propuesta es que los actores fueron capaces de entender, desde ese primer acercamiento, hacia dónde va el texto. Después de ver este primer acercamiento, se antoja que se construya la obra, para que deje de ser más cercano al papel, a lo narrativo, y se convierta en algo auténticamente escénico.

NON

Es la obra que presenta mayores dificultades, desde cómo se configura el espacio hasta el texto mismo, que plantea demasiadas interrogantes para resolver en tan poco tiempo. La protagonista estaba envuelta en esta maraña de preguntas y no terminaba de resolver su personaje. La antagonista por el contrario, se mostraba más resuelta, con un personaje más claro, donde el texto incluso se presta para darle mayor enfoque, desde sus acciones hasta lo que expresa verbalmente. Hace falta, desde la dirección, tomar decisiones más acertadas. Un planteamiento de espacio escénico a cuatro frentes exige mucho más de lo que se ofreció.

Taco y pluma

Una obra cargada de emocionalidad, donde la historia está bien contada y los actores mantienen un mismo registro, lo que les permite entenderse, jugar y capturar la emocionalidad de la obra. De un realismo precioso, juguetón, podemos adentrarnos en el conflicto de los personajes, sufrir con ellos y emocionarnos de la misma forma. Hubiera preferido otro tipo de final, uno más cargado con ese sentido de añoranza, de notas melancólicas que va soltando la obra, pero el final planteado también funciona muy bien, eleva al personaje principal, lo redime y libera de su conflicto previo.

Monstruo

Otra obra muy bien construida, bajo otros códigos, escenas marcadas desde lo cómico, con corporalidades en constante tensión y una dinámica muy fluida entre los personajes. La historia es divertida y a nivel visual también tiene la solidez suficiente como para darnos un producto completo que se puede disfrutar de manera plena.

El balance de todas las obras termina dejándonos una sensación positiva respecto a la oferta teatral en 15 Minutos Teatro. Algunas propuestas, en efecto, saben utilizar el formato y con atrevimiento creativo logran dar resultados sólidos, claros, precisos. Al final, no todos logran defender esos “15 minutos”, pero los que lo hacen, lo hacen bien.

Omar Peralta

25 de febrero de 2024

jueves, 22 de febrero de 2024

Crítica: LA ÓPERA DE DOS CENTAVOS


Cómo el arte escénico puede ser una herramienta poderosa para cuestionar lo establecido

Los alumnos del tercer nivel del taller de teatro de la Asociación de Artistas Aficionados, bajo la dirección de Manuel Calderón en la sala Ricardo Roca Rey, presentaron La ópera de dos centavos de Bertolt Brecht, una obra que expresa una profunda crítica a la deshumanización del capitalismo y que, al mismo tiempo, se encuentra abierta a la interpretación, para que los actores tengan la pericia de mejorar las intenciones originales del autor. En este caso, la puesta en escena propuesta por el taller tuvo un buen camino en los puntos anteriormente mencionados. Los asistentes contemplaron una obra con mucha energía, juego y entrega por parte de los integrantes del taller. Un esfuerzo notable por parte de los estudiantes, pero también de quienes hacen que la obra tuviera más fuerza: Magali Luque, en la música en vivo; Airam Quesada, en la escenografía; y Katia Villachica, en la dirección de arte.

A destacar el entusiasmo de los estudiantes del taller, con atención, corazón y mucha concentración, cada uno en su labor; el elenco lo compone Ariana Isabella, Gina Trujillo, Frank Cuchillo, Sandy Uribe, Sara Carbajal, Augusto Madalengoitia, Javier Gutiérrez, Alicia Valdivia, Peggi Carhuallanqui, Marcos Soto, Alondra Contreras, Deanelly Lino, Octavio Reyes, Jorge Zevallos, Beleny Gomez, Alberto Navarro, Cristhian Mendoza y Mayda Sánchez. Esta obra, para ellos, ha marcado un desafío que han afrontado con total entrega y disciplina; siendo un grupo grande en número han sabido cómo desarrollar la historia de manera prolija y digerible, lo cual significa un muy buen camino para el término de su tercer nivel. No obstante, lo único por mejorar serían las secuencias de canto, para que puedan desarrollar una técnica vocal más consistente.

La escenografía ambientó muy bien esa atmósfera de un mundo plagado de mendigos, ladrones y prostitutas, y logró desarrollar muy bien esta historia en donde vemos las más bajas pasiones humanas conducidas a la avaricia, la lujuria, la corrupción, la mentira, las traiciones, la arrogancia, la indiferencia, el egoísmo y todo lo que se engendra en este ambiente. Recomendable.

Manuel Trujillo

22 de febrero de 2024

martes, 20 de febrero de 2024

Crítica: PISO 1 SEXTA TEMPORADA


Horario Noche

Se estrenó la sexta temporada de Piso 1 Teatro, con cuatro propuestas breves en el horario noche, de jueves a sábado a partir de las 8:00 pm (Jr. Leoncio Prado 150, Miraflores).

Como primera entrega: La princesa Beach & Gowser, escrita por Jorge Pecho y dirigida por Johan Escalante, quien también forma parte del elenco junto a Ekaterina Konysheva. Estrenada en la época de pandemia bajo el formato virtual con el nombre de Game over, la historia nos traslada al universo de los videojuegos, específicamente el juego de Mario Bros, revelándose el amor clandestino entre Gowser y Beach, quien supuestamente fue secuestrada por él, mientras Hario la busca incansablemente. Sin duda, la hilarante trama, que aborda temas como la paternidad, el compromiso y los vínculos amorosos desde el humor negro, se sostiene con precisión y complicidad por los actores, que dotan de características muy específicas a los personajes tanto a nivel físico (juego corporal, uso del espacio) como psicológico (miedo, seducción, enojo, tristeza, etc.). Otro detalle interesante es la escenografía, acondicionada con el juego de luces, los vestuarios y algunos juguetes creativos que aportan a la convención de la propuesta, que nos revela a personajes ficticios dotados de emociones, los cuales bien podrían reflejarse en la vida real.   

Luego, en Una historia ordinaria de Rodolfo Esquivel, bajo la dirección de Rick Zamudio, el franco diálogo entre los amigos Miguel (Gian Paul Miranda) y Camila (Jazmín Labrin), quienes en la banca de un parque rememoran los momentos de juventud y anécdotas que un día los llevaron a estar juntos. Sin embargo, Camila intentará revivir los sentimientos, antes de un importante evento en la vida de Miguel. Con una escenografía sencilla, que revela la atmósfera de un parque, así como los vestuarios, esta ingeniosa narrativa que esconde un giro inesperado nos trae esta sentida conversación, bien interpretada por Miranda y Labrin, que denotan sincronía y solidez en sus personajes, llevando al espectador a inevitables reflexiones sobre el paso del tiempo, la nostalgia y la responsabilidad de nuestras decisiones individuales. 

Indudablemente, La visita del Presidente, escrita por Marvelat, quien también actúa junto a Abel Enríquez, bajo la dirección de Juan Pablo Bustamante, es una intensa puesta que nos presenta a un Perú en el 2041, donde un cantautor preso, por tener ideas contrarias al gobierno de turno, recibe la visita del Presidente de la República, quien tiene una propuesta inquietante que hacer. Potente a nivel visual e interpretativo, esta historia que podría revelarnos un espantoso futuro político (como si el presente no bastara) en el que todo puede pasar; la contraposición de los personajes, secundada por el juego de luces y la música, mantienen la atención del público que apuesta en su mente quién ganará este duelo. Una narrativa punzante, que devela la unión del arte y la política en su extremo más cruel, bien ejecutadas por Velásquez y Enríquez, en la lucha entre el opresor y el oprimido. 

Por último, En la oscuridad de Federico Abrill, dirigida por Mario Gaviria, nos trae una historia de misterio, en la cual una pareja interpretada por Santiago Torres (Alejandro) y Claudia Trucíos (Alma), acaba de mudarse a su nueva casa; entonces, Alma recuerda las advertencias sobre un espíritu que ronda el lugar. Respecto a la escenografía, la sala está acondicionada con cajas y objetos que recrean una mudanza; por otro lado, los actores entran en la convención de la trama correctamente, manteniendo un juego que no nos permite saber con facilidad quién es el espíritu. Sin embargo, considero que algunas pausas y silencios, que debieron aportar al suspenso que la historia requiere, prolongaron y afectaron el ritmo. Quizá, otros efectos adicionales, además del juego con la luz podrían enriquecer esta entretenida puesta.

Maria Cristina Mory Cárdenas

20 de febrero de 2024

domingo, 18 de febrero de 2024

Crítica: JAQUE MATE


Romance celestial

Basada libremente en la comedia 48 horas de felicidad del prolífico autor español Alfonso Paso, La X Productora estrenó su primera obra del año en el Centro Cultural CAFAE-SE, titulada Jaque mate, con dramaturgia y dirección del incansable Paco Varela. Se trata de una historia con ciertos elementos fantásticos, en la que la vida de un don juan sin remedio se ve alterada cuando llega con un amigo a su lejana casa de playa y se encuentra con una esposa y dos empleados que, misteriosamente, no reconoce. A 68 años de su estreno original, esta nueva versión actualizada y peruanizada de Varela, a pesar de algunos tropiezos en su ejecución, consigue entregarle al público poco más de hora y media de sana diversión.

Como novedad, las tres llamadas y la presentación de la obra se hacen ahora con el apoyo del proyector multimedia, antes solo se realizaba con voz en off. Si bien todavía el tamaño y la calidad de las imágenes en la pantalla móvil pueden mejorarse, sí que ayudan para ubicar algunas acciones necesarias en la trama, como toda la primera secuencia en la discoteca en la que vemos en acción al soltero empedernido (el mismo Varela) con su acompañante de turno (Susan León) y el azaroso viaje posterior que realiza con su mejor amigo (Jaime Dávila), en la que cruzan el peligroso Pasamayo para llegar a la casa de playa. El olor a flores que percibe el personaje de Varela durante el trayecto ya marca un primer indicador con todo lo que respecta al acto siguiente, en la casa de playa, con la súbita aparición de su “esposa” Cielo (Katherina Sánchez) y los “empleados” Ángela y Ángel (Paola Vera y Betto Gómez).

A pesar del tiempo transcurrido, el mensaje de la pieza se mantiene intacto: ¿puede un mujeriego enderezar su vida, dejar de considerar a las mujeres como simples objetos y comprometerse seriamente? Todavía por afinar el desarrollo de algunas secuencias y pulir el manejo de texto en ciertos actores, la puesta en escena se deja ver sin mayores inconvenientes, gracias al buen desempeño actoral del experimentado Varela, bien secundado por la versátil Sánchez y los divertidos Dávila y Vera. Jaque mate, con la producción de Caroll Chiara, es una entretenida comedia ideal en estos tiempos de machismo y “cosificación” de la mujer, en la que se demuestra que el verdadero amor sí puede regenerar comportamientos y actitudes inadecuadas.

Sergio Velarde

18 de febrero de 2024

sábado, 17 de febrero de 2024

Crítica: OBRAS KORTAS - FEBRERO


Teatro exprés

El Teatro Barranco nos entrega su nuevo ciclo de obras en formato breve. Consiste en pequeños espectáculos de quince minutos cada uno, con intervalos de diez entre ellos, donde se le invita al público a consumir lo que el local ofrece, así como un espacio para el diálogo, acompañado de música y publicidad de la cartelera teatral.

Entre estas obras kortas, se presenta Princesas Barranquinas de Nicolás Tete, dirigida por Manchi Ramirez y bajo la producción de Studio Teatro. Una historia que se teje entre lo lúdico y la, aparentemente, autocrítica de las actrices/personajes, quienes ejercen la labor de la actuación y animación de show infantil en los distritos más adinerados de Lima. Es en esta ocasión, un enredo amoroso con el padre del cumpleañero el que genera la trama que fluye enérgicamente entre las actrices, con buena escucha y resolución, pero que genera confusión por la técnica del sonido. Dado que el uso de micrófonos y las voces de las actrices durante toda la trama se mantiene encendido generando un audio o sonido diegético que las conecta con el público ficticio, que las espera fuera del baño donde se esconden para continuar el show y finalmente, en contradicción, cuando el personaje de Daniela Stornaiuolo canta como su personaje la famosa canción de la película Frozen logrando el objetivo, ella se encuentra sin audio en su micrófono. Detalles técnicos que desenfocan y dispersan el viaje del público en relación a la historia y sus personajes y que podría generar confusiones dejando inconclusa la acción dramática.

La segunda historia fue El correcaminos, una obra que no figura en el flyer, pero que sorprendió grata y curiosamente por las estrategias escénicas y el unipersonal interactivo que realizó el actor en función al multimedia, audios grabados y demás factores que le generaban el conflicto. Quizá innecesario o abrumador por excederse de los recursos visuales, pues le quitaba peso al real conflicto que tenía, el físico, con la trotadora. No obstante, al abordar datos estadísticos, se convierte en una trama corta, pero necesaria y potencialmente profunda al tratarse de temas tan reales como la ludopatía, el consumismo y al sujeto de rendimiento en el que se están convirtiendo las personas hoy en día por perseguir el supuesto éxito.

Por otro lado, La historia de mi vida, dirigida por Jennifer Woytkowski y bajo la producción de Butaca Film, rompe con ese sentimiento de exceso de realidad que dejó la obra anterior y nos sumerge en la historia de un personaje y su posible creador. Dejándonos a la imaginación la sensación de ser nada más que seres que ejecutan una vida por mandatos y órdenes de alguien supremo. Una historia con una atmósfera bastante sencilla, casi cotidiana, pero en contraste bastante ficticia, incluso inverosímil.

La noche termina con Día de suerte escrita y dirigida por Francisco Cabrera y bajo la producción de Los Asombrosos Sombreros. En esta oportunidad Claudio Calmet se luce representando un aproximado de seis personajes, con un trabajo tan prolijo y espontáneo que se disfruta de inicio a fin. Al lado de Sergio García – Blásquez que, con su seriedad y rigurosidad le da el toque de cómplice a la trama. Una entrada y salida al presente y pasado que se entiende y transita muy bien gracias a la iluminación, la música y los cuerpos de los actores entregados al juego, a la resolución y al riesgo. Todo lo que compete a la profesión del actor, de la cual justamente, nos retratan un panorama.

Conny Betzabé

17 de febrero de 2024

Crítica: 15 MINUTOS - MARTES


¿Quién podrá defender los 15 minutos?

El pasado martes fuimos a 15 minutos Teatro, formato que presenta una variedad de obras en distintos horarios. Esto es con lo que nos quedamos.

Amarte fuerte

La obra nos muestra a dos chicas que afrontan momentos difíciles de su relación y navegan entre el desgaste y la necesidad del otro, pero más allá del argumento, el planteamiento no termina de vincular al espectador con la historia. El texto, al ser bastante explicativo, requiere otro tipo de acercamiento. La manera que fue abordado debilitó la obra; este intentaba dar por espacios un entendimiento poético a través de uno de sus personajes, pero cuyo acercamiento naturalista expuso, más bien, un letargo de las acciones. No había algo que sorprendiera o trascendiera. Las actrices se mostraron implicadas una con la otra, desarrollaron una conexión a través del romance, los conflictos, los recuerdos, pero no es suficiente cuando la construcción de la escena desdibuja las acciones y vuelve la historia pesada de ver.

La línea del suspiro

Una obra de propuesta distinta, que a partir de un formato de improvisación, construye la obra desde la historia de alguien del público. Lo que faltó es que se desarrollaran las propuestas de las actrices en el escenario. Quizás es un formato al que no le conviene ceñirse a un tiempo breve, le hace falta mayor extensión, o de lo contrario una escucha muy clara y participativa para saber identificar las propuestas. Hace falta un mayor juego, arriesgarse más.

Aquí

Esta obra nos regala la historia de Hana y Felipe y los desafíos que pueden surgir a partir de la convivencia. Desde un tratamiento sutil de la música, se genera una atmósfera de intimidad que nos prepara para generar un vínculo con lo que sucede. La música, sin duda, se da su propio lugar. La dinámica de los personajes es clara; a partir de un texto simple, salen cosas potentes. Además, la obra inserta un carácter narrativo: va directo al espectador. Y es muy interesante ese tratamiento, que a partir de eso se vaya construyendo la dinámica de los personajes, le da un aire singular a la propuesta. El desarrollo constante de escenas de la vida de estas personas logra capturar la esencia de su relación, pero que necesitan de una pausa para que cale más en el espectador. La cualidad narrativa que se insertó al inicio hubiera servido para darle a la obra esas pausas.

El texto es sencillo y profundo por la precisión con la que se utiliza y, en ese sentido, la obra es hermosa, y diría que se antoja que sea más larga, que este formato le queda corto. Puede llegar a ser mucho más, si se la sitúa en el formato correcto. Con todo ello, la obra destaca como una de las mejores de la noche, pues sabe utilizar sus elementos para crear no solo una atmósfera, sino también un vínculo con su espectador.

Audición

La obra desde un inicio muestra a sus actores con una conciencia de la corporalidad escénica fantástica. Algo que pocas veces suelo resaltar en obras de formato breve, porque los textos tampoco lo exigen. Es bello ver que también hay propuestas que elevan el juego dentro de estas otras características. Además, la obra busca hacerle justicia a la idea de presentar una historia en tiempo breve: esta obra defiende su brevedad dando precisión en la escena, un inicio y fin claro, en la medida justa para contar la historia que necesita contar.

La interpretación fue, de la mano de la conciencia corporal, honesta, presente. Logra calar en el espectador más allá de un sentido de identificación, lo que también es valioso. Es evidente que habrá más de un espectador cercano al mundo artístico, a la experiencia que expresa la obra, la de una audición, pero la obra va más allá de eso, y se debe a las cualidades estéticas bajo las que se construye: desde el juego de luces, la corporalidad, la coreografía y la emocionalidad. Pero no todo puede ser perfecto, y lo que sí podría considerar un desacierto es el uso de la música. Las letras revelan demasiado una idea que ya es clara, si no desde un inicio, en el desarrollo de la misma. No hace falta remarcar la situación, en todo caso, una versión instrumental que evoque ciertos estados hubiera dado mayor impacto, sin una sobrecarga de estímulos.

Omar Peralta

17 de febrero de 2024

miércoles, 14 de febrero de 2024

Crítica: SOÑANDO EN UN JARDÍN DE PULPOS


Entretejiendo en la playa

Jardín de Pulpos es una obra de Arístides Vargas que, como muchas de otras de sus composiciones, aborda temas de la memoria, el desarraigo y la búsqueda de identidad. Soñando en un jardín de Pulpos de Karen Vivero toma la idea de esa playa como el lugar utópico donde la protagonista de la obra busca ser feliz y toma la estructura de sueños para mostrar el pasado y reflexionar sobre ella. Al explorar la historia personal de la protagonista y su conexión con la violencia doméstica, la pérdida de un ser querido y las luchas individuales, la trama se sumerge en la complejidad de la vida y la resiliencia humana.

Cuatro cajas, un biombo y vestuario para cada uno de los tres personajes con los que sueña la protagonista son recursos suficientes para dar vida a esta historia.

¿Qué son los sueños? Son el rayo infinito de la memoria.

La primera caja donde la protagonista aparece sentada desde el ingreso de los espectadores sirve como punto de partida para ir a ese jardín de sueños donde buscará entenderse y entender el mundo y encontrar esa felicidad esquiva. Lo hace soñando que vuelve a su niñez y enfrenta a tres personajes significativos que representan distintas facetas de su vida.

Los hombres prefieren entregar el dedo gordo antes que entregar el corazón.

La segunda caja viene de la mano del sueño de la tía como una mujer maltratada por su pareja y que acepta ese destino; la lucha que plantea es la de buscar resistir antes que buscar cambiar las condiciones.

¿Por qué se fueron y me dejaron a mí solita? ¡Claro!, el señor se muere y a mí que me parta un rayo, ¿no es cierto?

La tercera caja que muestra a la madre de la protagonista es la más interesante. Es un cúmulo de emociones: de la persona valiente que lucha contra la adversidad por criar sola a su hija, por el miedo diario que no ser capaz de hacerlo, por su capacidad de superar expectativas, por su continua lucha contra los obstáculos que se enfrenta por su género y situación y por esas ganas de decir basta, aquí me bajo del tren de la vida, pero que a pesar de todo encuentra esa chispa minúscula que la hace seguir adelante.

El problema es que si olvidamos lo que nos duele, posiblemente olvidemos lo que nos puede hacer felices.

El desarrollo de la cuarta caja, donde se encuentra con su yo adulta, sugiere que la vida está marcada por una mezcla de momentos buenos y malos, y que olvidar las experiencias negativas también implica perder las lecciones aprendidas y las fortalezas adquiridas. La protagonista le ofrece a su yo más joven la perspectiva de que, a pesar de las dificultades, la vida continúa y puede ser reconstruida a pesar de los nudos que literalmente se van formando en el escenario.

En general, la obra ofrece una mirada sensible y reflexiva sobre la complejidad de la vida, con una justa exploración de las posibilidades de resiliencia y crecimiento personal en medio de las dificultades.

La obra está protagonizada por Silvana Oblitas, que construye este personaje en forma acertada; el uso de la voz en off, en cierto momento en desmedro de decirlo directamente, me sacó un momento de la obra, pero no fue nada significativo con respecto a todo el conjunto.

Espero saber pronto de más proyectos escénicos de Silvana Oblitas y Karen Vivero.

Nos vemos en el teatro.

Ulises Cabanillas

14 de febrero de 2024

lunes, 12 de febrero de 2024

Crítica: ¿Y SI MEJOR ME DEDICO A OTRA COSA?


Lo que nadie dijo sobre ser actor en estos días

En el marco del 23º Festival Saliendo de la Caja, organizado por la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP, tuve la oportunidad de ver el montaje ¿Y si mejor me dedico a otra cosa?, dirigido y producido por Eduardo Ríos Cañamero, uno de los alumnos de la Especialidad de Producción y Creación Escénica, quien se encarga también de la dramaturgia. Un elenco de seis actores se ha sumergido en una experiencia de creación de una obra de corte testimonial, donde comparten experiencias y perspectivas de lo que significa ser actor en Lima actualmente. La investigación implicada en el proyecto es parte de una tesis de licenciatura del director, en la que busca un muestreo de actores formados en distintas escuelas de actuación de la ciudad. El elenco estuvo conformado por Victor Lucana, Ana Lucía Neyra, Alondra Ticse, Ethel Abanto Cabrera, Nataly Reátegui Rodriguez y el mismo Ríos Cañamero.

La propuesta inicia con la presentación de los actores, quienes a partir de ese momento compartirán paralelamente de dónde viene cada uno. Cada momento del montaje estuvo acompañado de material audiovisual, como videos y proyecciones de referentes visuales manejados con mucha precisión; dichos elementos contextualizaban y potenciaban la información que los actantes iban compartiendo. La división de la obra fue clara, con un orden cronológico respetado por la historia de cada actor y actriz. Fue interesante que el director decidiera incluir lo que llamaré “escenas dinámicas”, las cuales podían durar apenas un momento para personificar momentos clave de la historia de alguno de los intérpretes. Esta decisión le dio dinamismo a la obra, además de retar a los miembros del elenco a cambiar de personaje de acuerdo a la necesidad de la representación. En ese sentido, el nivel de precisión actoral estuvo adecuado, a pesar de la presencia de ciertos tropiezos en la interpretación de textos.

Si bien la obra tuvo sentido de principio a fin, y considerando que fue una obra creada colectivamente con índole testimonial, considero que se incluyó demasiado material en la representación. Se pueden suprimir ciertos momentos donde se incluyeron temas un poco alejados de la idea principal de la obra (la inseguridad en las calles, por ejemplo, si bien es un tema real, una de las actrices incluyó mucho tiempo de sus parlamentes en hablar de ello, lo cual desviaba la atención de la audiencia). Hubo momentos que, a causa de estos episodios, el ritmo de la obra se dilataba ligeramente.

Fue un acto valiente y valioso el hecho de que seis personas pudieran compartir cómo es que han podido enfrentar la decisión de ser actores y actrices, a pesar de las dificultades o necesidades externas que hayan podido atravesar. Es así como el espectador conoce, a través de estas historias, que el ser actor no es tan fácil como quizá algunos imaginan. Los actores lograron mostrar sinceramente cómo es que puede haber dudas y logros en medio de un viaje hacia la realización de una pasión: en este caso, el teatro.

Stefany Olivos

12 de febrero de 2024

Crítica: SIEMPRE X NUNCA X JAMÁS: O UNA MUÑECA DE NADIE JUGANDO SOLA


Cuestionamientos de una muñeca nunca antes vista

En el marco del 23º Festival Saliendo de la Caja, Oficio Crítico tuvo la oportunidad de asistir a los distintos montajes de los alumnos de la Facultad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Esta institución organiza dicho festival con el fin de que los alumnos de la Especialidad de Creación y Producción Escénica puedan encargarse de la producción total del evento. Es así como el público tuvo la oportunidad de ver distintos productos escénicos de música, danza y teatro. Uno de los montajes en temporada fue Siempre x Nunca x Jamás: o una muñeca de nadie jugando sola, bajo la creación, interpretación y dirección de Fernanda Mía. Esta propuesta tiene pinceladas testimoniales que juegan con el imaginario de las muñecas, cuestionando figuras clásicas como la de Peter Pan o Alicia en el país de las maravillas, desde la mirada de la intérprete.

Hace mucho que la niña Fer no juega, la “bebé trueno” no llora hace incluso más tiempo. Yuyi, una muñeca, ya no desea esperarlas, por lo que se aventura a jugar sola. Esta decisión desata una serie de cuestionamientos sobre algunas normativas aprendidas por Yuyi, quien también es una niña, que también es mujer. El montaje oscila entre el mundo de los juguetes, especialmente “los de niña”: cuentos, muñecas, el mundo feliz que Yuyi ha conocido siempre. Sin embargo, estas realidades no son las que ve ahora mismo: está sola, Fer no llega y no sabe si llegará. Fer, finalmente, termina siendo la intérprete adulta, quien retrata distintos momentos donde expone y cuestiona la realidad de ser una niña, las herramientas que le dieron sus padres al momento de crecer, y cómo en la adultez estas resultaron en transformarla en la persona que es ahora.

La interpretación de Mía en este proyecto fue multifacética, de alto nivel de concentración y con una necesidad de precisión en los cambios requeridos de personaje y vestuario. Se usaron recursos multimedia que recrearon planos y mundos en proyecciones audiovisuales trabajados con un nivel impecable de precisión y detalle. Lo mismo puedo decir de la técnica actoral aplicada en la obra, pues Mía logró tener una alta precisión en la construcción de los personajes que interpretó, además de una apropiación de textos clara, y una coordinación corporal adecuada y necesaria para los requerimientos de la representación.

El mundo creado en esta obra requería que el espectador esté muy conectado con cada escena, pues muchas veces los cambios eran inmediatos y radicalmente distintos. Esto fue posible gracias a la creación de distintos estímulos actorales y audiovisuales cuidados en el montaje. Si bien la historia total se sustuvo, puede resultar abrumadora la cantidad de información y referentes que la actriz decidió incluir en su proyecto. No obstante, se entendió y se justificó el porqué de la inclusión de cada elemento representado. Este fue un montaje logrado, cuya vigencia se sostiene en ese cuestionamiento que puede nacer en algún momento de nuestra vida con relación a nuestras creencias preestablecidas. En definitiva, este proyecto vino a sacudir a su audiencia, de modo que esta salga de la función con preguntas por resolver.

Stefany Olivos

12 de febrero de 2024

viernes, 9 de febrero de 2024

Crítica: LA CITA PERFECTA


Una noche que puede cambiar tu vida

Una persona nos gusta. Una primera cita se agenda. Todo fluye naturalmente. ¿Todo va muy bien para ser cierto? Esta es una de las cuestiones tratadas en La cita perfecta, obra corta escrita y dirigida por Gerardo Fernández. Este montaje estuvo en temporada a lo largo del mes de enero y contó con las actuaciones de Carolyn Tolentino y Rodrigo Basto.

Él y Ella, dos personajes que nos cuentan de forma intrépida cómo fue la noche que cambió sus vidas, un encuentro que pareciera de ensueño, muy por encima de sus expectativas. Ambos personajes interactúan todo el tiempo en la narración, de modo que ambos parecen ser la misma persona. El discurso que logran construir crea misterio sobre los datos de aquel encuentro, especialmente aquella persona que capturó la atención de Él y Ella desde el primer minuto. La dinámica y la escucha entre ambos actores logró que el desenlace de la historia causara mucha sorpresa al espectador.

Si bien la historia y la relación de los personajes fue clara durante la representación, hubo ciertos tropiezos en la interpretación de textos por parte de ambos actores; sin embargo, ellos supieron resolver en el momento. La construcción de los personajes estuvo llena de detalles; no obstante, en algunos momentos se notaba un desborde de energía actoral. Esto causaba que ciertos textos no se entendieran completamente, y que algunas escenas se vean sobreactuadas.

La historia visibiliza una perspectiva del amor de aquellos que llevan acumulando malas experiencias. Se evidencia esa sensación de desasosiego de los personajes, pues cuentan con mucha ilusión la sorpresa que les provoca un episodio tan bueno románticamente hablando, “muy bueno para ser cierto”. Este montaje logra polarizar un genuino deseo de tener una historia de amor diferente, en contraposición del gran nivel de riesgo que algunos están dispuestos a correr al momento de aventurarse a conocer a alguien. La búsqueda de la felicidad de estos personajes resulta ser un factor que ha de causar en el espectador empatía desde el primer momento, especialmente al saber el desenlace de la cita soñada narrada en esta historia. La cita perfecta es, en conclusión, una exposición por los anhelos, deseos e inseguridades de personas que buscan una experiencia romántica extraordinaria.

Stefany Olivos

9 de febrero de 2024

Crítica: PAPELES DEL INFIERNO


El Infierno como excusa de representación

El Teatro Mocha Graña albergó la temporada de Papeles del infierno, adaptación de cuatro obras cortas de Enrique Buenaventura: La maestra, La tortura, La autopsia y La presidenta. Reflexiones sobre el infierno son las que articulan este montaje, donde se tocan temas alrededor de la deshumanización del hombre por intereses sociales, políticos y económicos. En consecuencia, la obra logra mostrar una idea del infierno como algo creado por el hombre, alejándose de visiones más clásicas sesgadas por la religión. El elenco fue conformado por alumnos de la Escuela de Teatro de Lima: Luz Dueñas, Meryl Romero, Josué Atapoma, Sandra Durand, Rodrigo Vargas, Naida Zavaleta, Janeth Pascacio, Francisco Zamora, Orlando Chiroque y Daniel Piña.

Los actores tuvieron la oportunidad de representar distintos personajes a lo largo de cada historia corta. La propuesta, dirigida por Luz Marina Rojas Marchán, fue clara: usar la idea del infierno como hilo conector de todas las historias, además de visibilizar al hombre como responsable principal de sus propias desgracias. Hay una trascendencia de resaltar cómo el hombre siembra y practica el miedo en su afán de posicionar su poder. Aunque todo ello fue claramente representado, dejó mucho que desear la apropiación del texto por parte de los estudiantes. Se pudieron notar muchos tropiezos en los parlamentos, además de no haber controlado el ritmo de sus escenas, por lo que cada historia se terminó dilatando. Ello, en consecuencia, resulta en la pérdida de atención por parte del espectador.

La propuesta escenográfica fue elaborada con elementos funcionales y necesarios para la historia. Debo destacar que las transiciones entre escenas e historias fueron desempeñadas con eficacia y mucho orden. Sin embargo, considero que debió haberse tenido cuidado con detalles en los vestuarios (muchos de ellos estaban demasiado arrugados, lo cual quitaba pulcritud al personaje).

Es importante, dentro de un proceso formativo en artes escénicas, el poder tener la oportunidad de enfrentarse a un público real. Papeles del infierno constituyó un reto actoral para este joven elenco, debido, entre otras cosas, a los temas profundos que estaban implicados en cada historia. Fue evidente el trabajo que cada actor aplicó en sus personajes; sin embargo, factores como los nervios pueden haber afectado la concentración del joven elenco. Felicitaciones al equipo, especialmente por animarse a trabajar textos de un autor imponente como Buenaventura.

Stefany Olivos

9 de febrero de 2024

jueves, 8 de febrero de 2024

Crítica: HONG KON


Relaciones inmediatas

Estrenada en el 2022, la obra en formato breve Hong Kon ha vuelto a la cartelera teatral, escrita por Florencia Guzmán y dirigido por Larisa Landivar (parte del elenco en la primera versión) y Duncan Torres. Esta vez, la historia nos presenta a Dante (Daniel Flores Farias), quien revive su relación con Derek (Coco Idoria), y sus encuentros en el hotel Hong Kon. Los recuerdos y cuestionamientos, acerca de lo que significan el uno para el otro, revelan la inmediatez de las relaciones actuales, teniendo a las calles limeñas como testigos.

Con una escenografía acomodada para situarnos en un cuarto de hotel, vale mencionar que el espacio de la Asociación Cultural Campo Abierto nos da la sensación de gran apertura para los desplazamientos y el juego escénico; sin embargo, considero que para una obra de esta naturaleza hubiera sido interesante optar por un espacio más íntimo, por ejemplo, uno de los mayores obstáculos fueron los ruidos externos, suponiendo una distracción no solo para el espectador, sino para los propios actores, quienes supieron manejar la situación defendiendo sus roles correctamente. A propósito de los personajes, ambos tenían características diferenciadas y personalidades opuestas, trabajadas por los actores. De otro lado, al inicio noté una baja proyección de voz en el caso de Idoria, lo cual superó rápidamente.

Ahora bien, en la sinopsis de la obra se menciona el uso de recursos audiovisuales: el uso del juego de luces y la música refrescaban los diálogos, aunque tal vez se podría arriesgar más, con algunas imágenes proyectadas de las calles limeñas a las que alude Dante en su relato, por citar un ejemplo.       

Respecto a la narrativa, sentí la ausencia de los puntos de quiebre en la historia, los cuales en este tipo de formato tendrían que quedar claros en poco tiempo, lo cual se refuerza con una suerte de final abierto, no tan preciso, que bien podría ser motivo de una segunda entrega (si fuera esa la intención de la dramaturga). Por ello, no estaría demás revisar estos detalles en el texto.

En contraposición, los recuerdos de Dante, sumido en la encrucijada de lo que siente o no siente, y la frialdad de Derek, al tomar a la ligera cualquier emoción, resulta un juego narrativo interesante entre el pasado y el presente.

Hong Kon es una entretenida puesta teatral, que a través del humor representa una frecuente y muy actual realidad en la manera en que se “construyen” los vínculos, casi como un ejercicio mecánico e instintivo, que muchas veces deja más preguntas que respuestas; también confusión, dolor y más de un corazón roto… pero claro, todo está al alcance de un click.       

Maria Cristina Mory Cárdenas

8 de febrero de 2024

Crítica: CUANDO NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR


Una buena química como primer paso

Una de las cosas esenciales para contar una historia romántica parte de la química de los protagonistas. A partir de ellos, se va construyendo la historia. En ese sentido, Cuando nos volvamos a encontrar es una buena obra, aunque pudo llegar a ser mucho más.

Un gran inicio, lleno de buenas canciones, bien cantadas y bien tocadas; se genera el ambiente bajo el cual se desarrollará la historia: un reencuentro entre dos personas que en un pasado se amaron y ahora, frente a frente, descubrirán qué tan vivo sigue aquello que alguna vez sintieron. El primer encuentro entre los dos personajes fue plano, rápido, sin la tensión necesaria que exige un encuentro después de mucho tiempo. Pero pasada la primera mirada, ambos toman esa gran química de la que en un inicio hablamos, se recomponen y juegan con soltura y convicción. Los personajes son sencillos, marcados en sus características pero complementarios en cierta medida. La historia va agarrando cuerpo y a pesar de que los momentos importantes (los primeros acercamientos, las primeras miradas) pasan sin el cuidado necesario, no pierden el juego y la conexión que tienen.

Así, dinámico y lúdico, se va contando su historia, entre el recuerdo y la emoción. Lo malo es que el texto no es preciso, uno que sabe que parte de un punto a otro, pero que en su tramo final avanza muy rápido, pierde credibilidad y le quita peso a las decisiones de sus personajes. La historia es buena cuando los personajes están recordando aquello que vivieron, pero falla al retomar el tiempo presente, donde se pierde la claridad de lo que quieren respecto al otro; la historia no termina de cimentarse en la escena.

Cuando nos volvamos a encontrar es una obra agradable de ver, sabe construir un ambiente, aprovecha la química de sus actores, pero falla en una construcción más precisa de la historia, de las circunstancias. Eso sí, el cierre, con cierto tono melodramático, cala en uno al escuchar una última canción.

Omar Peralta

8 de febrero de 2024

Crítica: LA DOCTORA


Dilemas morales y teatralidad

Desde su estreno hace algunas semanas en el Teatro La Plaza, la puesta en escena de La doctora (2019), obra del dramaturgo y director inglés Robert Icke, viene dividiendo a sus espectadores. Y es que el autor no solo se limita a mostrarnos enormes problemáticas contemporáneas en su historia, como la ética médica, la discriminación generalizada, la religión en contraposición a la ciencia, los privilegios y los prejuicios que venimos arrastrando como sociedad durante décadas, sino que además obliga al espectador a no dejarse llevar por la apariencia física de los personajes, introduciéndolo en un juego teatral del que no tiene opción de evadir, si es que desea disfrutar del espectáculo. Este detalle, que en realidad vendría a ser el gran leit motiv que propone Icke, es el que podría ser la causa de diversas posiciones encontradas, que no deberían empañar, desde ya, una de las propuestas más sólidas y arriesgadas del año.

Basada en la obra Profesor Bernhardi (Arthur Schnitzler, 1912), la pieza dirigida con precisión y nervio por Urpi Gibbons inicia con un hecho completamente atípico dentro de un instituto médico dedicado al estudio de enfermedades de la tercera edad: en aras del bienestar emocional del paciente, la doctora Ruth Wolff (magistral reaparición de Diana Quijano) le niega la entrada a un sacerdote de color para brindarle la extremaunción a una muchacha de 14 años, que se está muriendo a causa de un aborto autoadministrado y además, fallido. Esta negativa, que llega a filtrarse a la prensa, se convierte en el disparador de toda una serie de protestas virtuales en contra de la institución y más adelante, de la misma doctora, de carácter arrogante e intransigente. La trama, que se vuelve más compleja e intensa conforme pasan los días, es certera en su crítica social y conmovedora en su ejecución escénica, con múltiples personajes perfectamente delineados, pero representados (por exigencia del autor) por un elenco en total discrepancia con sus apariencias.

Salvo el rol protagónico de la doctora Wolff y de todos los participantes en la excelente secuencia del talk show, Icke solicita que la identidad de cada intérprete debe estar directamente en disonancia con la de su respectivo personaje, en al menos un sentido, por ejemplo, en edad, sexo o color de piel. Es por ello que, a propósito, el público debe entrar en la convención de existir un comité administrativo conformado por doctores que lucen muy jóvenes (Jorge Armas, Gabriel Gonzalez y Carolay Rodríguez); o escuchar acusaciones de racismo contra un instituto médico que alberga a un doctor y una relacionista pública afrodescendientes (Luis Sandoval y Javiera Arnillas), o aceptar que el sacerdote y el padre de la fallecida sean interpretados por un mismo y veterano actor (el brillante Augusto Mazzarelli); o ver las gestiones realizadas para evitar un mayor daño con una ministra de color (la siempre solvente Ebelin Ortiz).

Esta propuesta, incómoda o desconcertante para algunos, obliga al público a dejar de lado cualquier certeza predeterminada, hasta que los mismos diálogos van descubriendo progresivamente las identidades de los personajes. Curioso el hecho que desde la sala de espera del teatro sepamos, por las pantallas que muestran al elenco, que uno de los doctores varones será interpretado por una actriz (la muy inspirada Gabriela Velásquez), pero que un velo de misterio cubra las reales identidades de la pareja de la doctora (Magali Bolívar) y la muchacha que la visita con frecuencia (Yamile Caparó). Este juego de identidades alcanza también, de cierta manera, a la misma doctora Wolff, una mujer que debe (sobre)vivir en un mundo profundamente machista y desigual, adoptando a la fuerza ciertas actitudes “masculinas”. Icke es contundente al restregarnos en nuestra cara que es absolutamente irrelevante si un personaje es blanco, negro, hombre o mujer. La doctora es un montaje tan polémico como imprescindible.

Sergio Velarde

8 de febrero de 2024

lunes, 5 de febrero de 2024

Crítica: AHORA VIVIMOS AL MISMO TIEMPO


¿Lo que le ocurre a una persona influye en otra con la que está conectada, sin importar tiempo y espacio?

En el marco del 23° Festival Saliendo de la caja, evento organizado por los estudiantes de la especialidad de Creacion y Producción Escénica de la Facultad de Artes Escénicas (Fares) de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se presentó la pieza teatral Ahora vivimos al mismo tiempo, dirigida, escrita e interpretada por Kelly Esquerre, que a partir de experiencias personales crea una puesta en escena llena de simbolismos y sensaciones en los que cada espectador será impactado por cada imagen de esta obra de manera muy particular. De esta manera, cada uno se llevará algo muy personal del momento a momento de la obra. Todo esto inspirado en la leyenda del “Hilo Rojo”, que afirma que aquellos que estén unidos por este están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstancias que se encuentren en la vida: el hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse… pero nunca romperse.

La puesta en escena sugiere los procesos por los cuales una persona va en búsqueda de entender sus emociones, o por qué siente lo que siente, y mientras transcurre vemos las fases de la luna, que al intentar autoconocernos podemos sentirnos así, variando entre la oscuridad y la luz, cómo los astros van influyendo en nuestro ser, y cómo nuestras propias inconsistencias y nuestro caos puede ayudarnos también en aquella búsqueda. La autora y también directora logra plasmar muy bien esto, con momentos precisos e incluyendo símbolos esotéricos y una mística que integra de manera muy natural.

El reparto lo completan Mario La Riva y Leonardo Sifuentes, que destacan muy bien en sus roles de Ella y Él, están muy bien integrados, conectados y muy atentos en todo momento. La pieza teatral nos invita a una reflexión muy personal acerca de aquello que nos conecta, que nos vincula con el otro o con la naturaleza; ofreciendo una reflexión acerca de nuestras propias búsquedas personales. Muy recomendable.

Manuel Trujillo

5 de febrero de 2024

domingo, 4 de febrero de 2024

Crítica: PASAJE DE IDA


Desarraigo testimonial

En la sala de espera del Club de Teatro de Lima, momentos previos a la presentación de la puesta unipersonal Pasaje de ida, se nos solicita escribir en un papel qué significa para nosotros, los espectadores, la migración. No se trata, evidentemente, de la definición exacta del concepto, sino de lo que representa para una persona el abandonar su lugar de origen y muchas veces, su propia identidad y cultura, para intentar suerte en otra comunidad, a veces, despiadada y hostil. Ese el centro neurálgico de la muy interesante propuesta escénica trabajada por el versátil actor Sandro La Torre, quien codirge al lado de Gonzalo Alfonsín.

El recurso multimedia se aprovecha incluso desde antes de la tercera llamada, con una proyección en video de la Torre corriendo, con saco pero sin pantalones, cargando una bolsa de mercado por las calles de Miraflores hasta llegar a las puertas del teatro. En sincronía, empieza el monólogo testimonial, en el que el actor nos comparte su propia experiencia, de cómo abandonó su tierra natal para venir a Lima y seguir sus sueños de ser artista. Una historia que le ocurre y seguramente les seguirá ocurriendo a muchas personas, y que La Torre explora en el escenario con destreza e ingenio, interpretando múltiples personajes y logrando interesantes secuencias ayudado por hilo de pescar, para sostener prendas en el aire, especialmente, aquellos pantalones figurativos que se necesitan para arriesgarse a dejarlo todo y empezar de cero en otro lugar.

Los papeles escritos por el público son utilizados en una escena, que bien podría profundizarse aún más, en la que el actor entabla una comunicación directa con los espectadores. Es esta sana confrontación en la que todos podemos sentirnos, en mayor o menor medida, identificados con historias de migración y nuevas oportunidades. Excelente trabajo interpretativo de La Torre, que se vale de los múltiples recursos que cuenta para ejecutar una conmovedora historia, su propia historia. La función de Pasaje de ida fue, tal como lo mencionó el creador, un muy buen work in progress, que promete desarrollarse y enriquecerse aún más en futuras presentaciones.

Sergio Velarde

4 de febrero de 2024

Crítica: LA HISTORIA DE BRUNO (Y LA TEMIBLE SOMBRA QUE LO PERSEGUÍA)


El mundo interno de Bruno: una nueva propuesta de teatro familiar

El Nuevo Teatro Julieta fue el espacio de representación de La historia de Bruno (y la temible sombra que lo perseguía), obra de teatro para toda la familia, escrita y dirigida por Ivi Cordero. En fechas cercanas a la Navidad, Bruno se dispone a buscar a su padre, quien ha desaparecido. De pronto, se encuentra con la temible sombre, la cual lo persigue y lo obliga a rebuscar entre sus miedos más profundos. El elenco estuvo conformado por Diego Salinas, Fiorella Díaz y Jorge Black.

Bruno (Salinas) es un niño que atraviesa cambios trascendentales, los cuales no termina de entender. De pronto, su padre desaparece, y ve a su madre con emociones encontradas. Problemas económicos llegan, el tiempo pasa, la Navidad está cerca. La temible sombra, construida por todas las emociones encontradas de Bruno, empieza siendo un ser imponente, desconocido y escalofriante. Cordero utiliza esta figura para personificar el vaivén de emociones que un niño puede sentir ante situaciones tan radicalmente distintas, como lo puede ser la separación de sus padres. ¿Qué herramientas tiene un niño para lidiar con el hecho de no ver a alguno de sus padres? En esta historia, el mejor amigo de Bruno (Black) es el gran cómplice de aventuras y confidente del protagonista. Juntos, logran personificar cómo la imaginación y su visión noble de la realidad recrea situaciones llenas de ingenio.

Esta propuesta destaca entre las opciones de teatro familiar debido a la profundidad del contenido, albergado con elementos lúdicos entendibles por público de todas las edades. La caracterización de los personajes constituyó un punto de atención clave para los más pequeños, debido a los colores, las formas y el maquillaje utilizado por los actores. Dichos elementos eran parte de una estética de misterio, lo cual generaba expectativa en el espectador. Se usaron estructuras de tela blanca en el escenario, lo cual permitió la creación de planos escenográficos que iban cambiando de acuerdo a las necesidades de la historia. Todo ello fue el complemento a la construcción de personajes de alta calidad que el elenco manejó durante la representación. Destaco la participación de Díaz, quien personificaba a la madre de Bruno y a la maestra; ambos personajes, totalmente opuestos, estuvieron representados de manera impecable.

La historia de Bruno logra visibilizar y normalizar el vaivén de emociones que un niño puede estar sintiendo ante episodios trascendentales. Es conmovedor ver cómo la amistad toma un lugar importante para superar aquellos momentos complicados. Destaco especialmente la visión de Cordero al mostrar una historia desde la perspectiva de un niño. Esto incluye el mundo interno de Bruno y su mejor amigo, quienes visualizan cada aventura con mucha imaginación y autenticidad. Este montaje, en conclusión, constituye un producto escénico vigente y de alto valor apto para toda la familia.

Stefany Olivos

4 de febrero de 2024 

viernes, 2 de febrero de 2024

Crítica: RELACIÓN TÓXICA


Crisis de pareja

Si algo tienen en común muchas de las obras escritas y dirigidas por Gianfranco Mejía es la total ausencia de sutileza al momento de titularlas: Eutanasia, Anorexia, Manicomio, Quiero ser actor, por citar algunas, que no demoran en presentar sus personajes y entrar de lleno en sus conflictos. Y la razón por la que todas ellas llegan a funcionar, en mayor o menor medida (con un público fiel que llena sus temporadas), sea acaso la cotidianeidad de las situaciones y un lenguaje claro y sencillo en los diálogos, que permiten que el espectador se vea plenamente identificado con las tramas. Es así que llega el reestreno de Relación tóxica, cuya historia ya se nos anticipa justamente desde su título.

Las relaciones de pareja (exploradas en varias de las historias de Mejía para la escena) tienen ahora como eje central uno de los conceptos contemporáneos más frecuentes: la toxicidad. La RAE ya califica a una persona tóxica como aquella “que tiene una influencia nociva o perniciosa sobre alguien”. Y es exactamente lo que vienen sufriendo Stephanie (Francesca Vargas) y Adrián (Mejía), quienes tras escasos cuatro meses de relación, no pueden lidiar con sus temperamentos y se ven enfrascados en absurdas peleas, ante la sorprendida mirada de sus amigos Lucho y Paula (Alexis Arteaga y Gabriela Pérez-León, respectivamente). No se puede negar que Mejía evita convertir a Stephanie en una total villana tóxica, pues comparte este defecto con su propio personaje, uno que resiste estoicamente los numerosos desprecios, síntoma también de toxicidad.

Con una escenografía funcional y rápidos cambios de escena, la historia captura la atención del público, por lo sencilla y reconocible de una trama salpicada por agradecidos toques de humor, y por las muy correctas actuaciones. Pérez-León y Arteaga, habituales en las producciones de Mejía, están muy bien, especialmente Arteaga, quien se luce en los diferentes roles que interpreta. Vargas, por su parte, aporta sobriedad y convicción en un papel que fácilmente pudo haber caído en la caricatura; y junto con Mejía, vuelven creíble esta típica historia de previsible final. Relación tóxica, aún en temporada en el Teatro Auditorio Miraflores, es una simpática historia en la que todos nos podemos ver, de alguna u otra manera, plenamente identificados.

Sergio Velarde

2 de febrero de 2024