lunes, 31 de julio de 2023

Crítica: MONSTRUOS EN EL PARQUE


¿Dónde  habitan los monstruos?

Sergio Arrau fue un maestro en todo el sentido de la palabra: dramaturgo, director, pedagogo e historiador. Era una apasionado por el teatro, por la enseñanza, por las historias a través de su dramaturgia, por abordar temas profundos y serios dentro de la comedia. Es así que una de sus obras, Monstruos en el parque, ha sido y sigue siendo un punto de referencia importante para grupos teatrales y procesos de formación, precisamente por esa profundidad en la que nos habla desde un ambiente cotidiano, como un parque sobre los monstruos que habitan en nuestro interior, mediante un lenguaje sencillo y desde el humor.

En esta ocasión, el elenco de teatro ZOE - Artes Escénicas, a cargo de su director Jonathan José Chumpitaz, lleva a escena la mencionada pieza teatral de una manera bastante ágil, lúdica y divertida. Haciendo uso de pocos recursos y no obstante, apelando mucho a la imaginación del espectador, logra conseguir en cada escena una interacción clara y con muy buen ritmo. La dirección de la puesta en escena es acertada y con un manejo de tiempos bastante preciso.

En el elenco, conformado por Julie Diaz, Lia Maldonado, Angel Velarde, Christina Quiquia, Jairo Collazos y Pamela Victorio, destacan todos; se sienten bien conectados en energía y en los tiempos para cada escena, con una precisión adecuada en los cambios de los personajes.

Los elementos del escenario son mínimos, pero eso no impide que la puesta en escena se desarrolle con solvencia y que nos entregue un mundo en donde vemos a cada personaje desfilando en cada secuencia y podamos sentirnos de alguna manera identificados con su drama interno. En conclusión, el montaje de Monstruos en el parque es entretenido, imaginativo, y nos muestra cómo el parque puede ser nuestra mente y los monstruos, nuestros pensamientos sesgados, muchas veces por constructos sociales. Recomendada.

Manuel Trujillo

31 de julio de 2023

viernes, 28 de julio de 2023

Crítica: PLAYOFF


El fútbol no es solo “cosa de hombres”

Exigir que se le reconozca a la mujer las mismas capacidades y derechos que al hombre constituye una lucha constante de la que todos, hombres y mujeres como sociedad, deberíamos estar involucrados. Obviamente, este avance es distinto dependiendo del país en el que se habite; no obstante, acaso en naciones tan machistas y tradicionales como la nuestra, los logros del movimiento feminista son apenas perceptibles. Y si se trata de fútbol, peor. Es por ello que valiosos estrenos teatrales como Playoff (2018), texto escrito por la dramaturga española Marta Buchaca sobre un equipo de jugadoras de fútbol y producido por Butaca Film, resultan tan necesarios para crear conciencia en el espectador sobre la difícil situación que viven las mujeres en todos los ámbitos, no solo en el deportivo.

El escenario del acogedor Teatro de Lucía se convierte en el camerino y en la cancha de fútbol en la que conoceremos a siete jóvenes muchachas entregadas con pasión al deporte rey, durante la final del torneo. Como es de esperarse, cada una vive su propio drama por dedicarse a un deporte “exclusivo” para hombres, y que incluso sus propios amigos y familias así lo creen, y por no comportarse como las chicas “normales” que dictan las normas sociales. La directora Jen A. Woytkowski, quien se hiciera cargo de la muy interesante Jauría (2022), arma una puesta impecable, con una escenografía funcional (un arco, unos casilleros, una banca), sencillas y precisas coreografías para representar los tiempos del partido y un septeto de inspiradas actrices que lo dejan todo en el escenario.        

Airam Galliani, Fabiola Vargas, Camila Vinatea, Ma. Angélica Sotomayor, Alexia Barnechea, Valquiria Huerta y Steffany Hundskopf están intachables en sus respectivos papeles, en medio de enormes temas como la reciente maternidad, enfermedades terminales, secretos inconfesables, frustraciones, envidias e identidad sexual. En aproximadamente una hora, cada una defiende con convicción su personaje y todas resuelven sus conflictos personales entre ellas, en medio de tensión pero también de humor. Playoff es un espectáculo teatral valiente, muy humano y comprometido de lleno con la equidad, en una sociedad profundamente machista como la nuestra, que todavía piensa (aunque no lo diga ahora a viva voz) que el fútbol es solo “cosa de hombres”. ¿Y cómo acaba el partido de las muchachas? Pues tal como la lucha que inició el movimiento feminista: aún no termina.

Sergio Velarde

28 de julio de 2023

miércoles, 26 de julio de 2023

Crítica: STRIP POKER


Póker de ases

¿Qué puede suceder cuando dos parejas de esposos, con demasiados secretos entre ellos, deciden jugar Strip poker? Solo tienen dos opciones: o contestan con veracidad la delatora y malintencionada pregunta formulada por el ganador o deberán despojarse de alguna de sus prendas. Los resultados pueden ser tan dramáticos como hilarantes. Es justamente esta situación la que propone el prolífico dramaturgo francés  Jean-Pierre Martinez en su comedia Strip poker, estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, con la dirección de Ricardo Morante. Y si bien la puesta adolece de ciertas irregularidades, el saldo es bastante positivo, gracias al carisma de sus cuatro intérpretes.

Siempre existirá un peligro al adaptar una pieza extranjera a nuestra coyuntura nacional. Muchas de las acciones y actitudes de los personajes pueden derivar en extrañísimas situaciones sobre el escenario, al tratar de “peruanizar” o incluso “limeñizar” la obra. Acaso la solución más recomendable sea la de ubicar la trama en su lugar de origen y punto; de esa manera se evitan atípicas secuencias, tales como la de invitar a cenar al hogar a dos perfectos desconocidos, a permitirles entrar y salir por la puerta (sin llave) a la casa de al lado para vigilar a sus niños o escandalizarse por un apellido que podría ser judío. En todo caso, todos estos detalles se disculpan gracias a la gran fortaleza con la que cuenta el espectáculo: sus actores.

Nicolas Fantinato y Katherina Sánchez, expertos en estas lides, sacan adelante sus personajes de anfitriones en el primer acto, en medio de una delirante relación matrimonial; se le suman, posteriormente, unos comiquísimos Fernando Pasco y Ena Luna, para llegar así al plato fuerte de la puesta: la partida de Strip poker, que pondrá en divertidos aprietos al cuarteto. Strip poker, corrigiendo los detalles de adaptación, revela de manera divertida la hipocresía y la frustración que existen en la vida matrimonial y además, en las relaciones sociales con las que aceptamos lidiar en nuestro día a día.

Sergio Velarde

26 de julio de 2023

Crítica: TUS AMIGOS NUNCA TE HARÍAN DAÑO


¿Cuáles son los límites en los vínculos de amistad?

La pieza teatral Tus amigos nunca te harían daño del escritor Santiago Roncagliolo data de 1999, y desde aquella época han pasado casi veinticinco años desde que ha sido representada en los diferentes escenarios locales e interpretada por diferentes elencos. ¿Debido a qué? Puesto que la manera en la que está relatada siempre es fresca y el tema que aborda no deja de ser actual, no dejamos de reconocernos entre sus líneas la manera en la que nos vinculamos con nuestros amigos cuando somos jóvenes y nos dejamos llevar por los impulsos, el ego y nuestra búsqueda de identidad. Una historia con una especial profundidad, a la vez que ligera y divertida.

El diseño de la escenografía fue minimalista pero efectivo, utilizando en su mayoría cubos que junto al buen uso de la iluminación delimitaban muy bien y con claridad cada espacio del departamento (la cocina, la habitación, el baño y la sala) y así representar hábilmente los diferentes ambientes.Lo cual ayudaba mucho a seguir cada escena de manera muy práctica y puntual.

La dirección, a cargo de Jimena del Sante, resuelve muy bien y con precisión la puesta en escena para presentar los momentos de conflicto y de clímax de los personajes dentro de la atmósfera de comedia que surge en cada escena. Los actores Jose Araujo, Alexandra Garcés, Dante Carranza, Silvia León, Jadher Fuentes y Mara Minchan muestran una buena dinámica entre ellos, están muy atentos en escena y acertado también el trabajo en los vestuarios de sus personajes. Hubo sí, pequeños momentos en que el ritmo de la obra se tornó un poco lento, distrayendo ligeramente el flujo natural. A destacar el trabajo de Garcés y Minchan.

En general, la puesta en escena logra capturar la esencia de la obra original entregándonos una experiencia fresca, actual a la par que profunda, y reflexiva sobre los vínculos de la amistad, los límites y la búsqueda de identidad.

Manuel Trujillo

26 de julio de 2023

martes, 25 de julio de 2023

Crítica: BURN BABY BURN


Magnífica “road movie” teatral

En medio de nuestra (muy) recargada cartelera teatral, destaca una atípica y lograda puesta en escena que nos permite conocer a una premiada dramaturga francesa, como lo es Carine Lacroix, y a una muy interesante directora franco-brasilera, llamada Georgia Tavares. La obra en cuestión es Burn Baby Burn (2005), con un título que de entrada implica violencia, furia y rebelión; una pieza que no ha perdido un ápice de su fuerza y vigencia luego de dieciocho años de haberse estrenado y que viene presentándose en nuestro país con un joven elenco, gracias a la coproducción realizada entre la Alianza Francesa de Lima, la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD) y la Escuela Nacional de las Artes y Técnicas del Teatro (ENSATT, Francia).

Dos muchachas (Abigail López y Verónica Infantes) se encuentran en una ruinosa estación de gasolina, perdida en medio de la nada; ambas tienen personalidades muy dispares, cargan con fuertes conflictos e intentan huir de sus pasados, en busca de verdadera libertad. En solo unas horas traban una fuerte amistad; sin embargo, la aparición de un repartidor de pizzas (Aric Bernal) pondrá en peligro sus planes. Tavares dirige con rigor a sus actores, aprovechando además el amplio espacio de la Alianza Francesa con una muy funcional propuesta escenográfica. La innovación, esta vez, radica en la presencia de una narradora vestida de negro (Angela Rojas), que con el apoyo de un micrófono inalámbrico y una cámara con la que proyecta ciertas secuencias en la pantalla del fondo, le aporta a la puesta un agradecido estilo cinematográfico que suma a la propuesta estética, convirtiéndola en una “road movie” teatral en toda regla.

Nada que objetarle al elenco proveniente de la ENSAD: muy buenas actuaciones de López e Infantes, quienes cargan con todo el peso de la obra, sinceras y convincentes en todo momento, con sus personajes bien definidos; secundadas con acierto por la presencia de un solvente Bernal y por la melodiosa voz de Rojas. Burn Baby Burn (“Arde, cariño, arde”) no solo es un sólido y recomedable espectáculo, bien dirigido y coproducido; es también una contundente y conmovedora exploración atemporal de las jóvenes generaciones, enfrentadas a una vida cada vez más dura y violenta, y de cómo puede encontrarse un poco de paz y esperanza al final del tortuoso viaje.

Sergio Velarde

25 de julio de 2023

lunes, 24 de julio de 2023

Entrevista: A. NAPURI-STUCCHI, MARCELA ÁLVAREZ y DANIELA SEGURA


Nueva versión de La casa de Bernarda Alba

La productora Tomorrow Films Entertainment (@tomorrowfilms_peru) llevará a escena el clásico de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba. Oficio Crítico conversó con la directora A. Napuri-Stucchi y las actrices Marcela Álvarez y Daniela Segura, la primera de ellas encargada además de la producción ejecutiva.

La legendaria obra de Federico García Lorca regresa renovada y actualizada. Revive este mítico relato del matriarcado y la libertad, como nunca antes puesto en escena. Bernarda Alba acaba de enviudar y se queda a cargo de cuidar a sus cinco hijas. Todas solteras y cada vez mayores. Su único deseo es casarlas. ¿El único deseo de ellas? Salir de la casa de su madre.

La puesta estará en cartelera los viernes y sábados 18, 19, 25 y 26 de agosto, en horario de 7 p. m. en la Sala Alzedo del Teatro Principal Manuel A. Segura, ubicada en Jr. Huancavelica 251, Lima.

Sergio Velarde

24 de julio de 2023


Entrevista: MANUEL ALEGRÍA


“Creo que se aprende muchísimo viendo teatro.”

Oficio Crítico conversó con el joven dramaturgo y director Manuel Alegría, a raíz de la nueva temporada que viene preparando desde la dirección, titulada Suerte que está por venir, texto de Isabel Sala. La obra nos plantea una pregunta muy compleja: ¿Se podrá recuperar la confianza y el amor entre los integrantes de lo que un día fue llamada una familia modelo?

El estreno será el 5 de agosto, a cargo de Sorpréndete producciones, en el Club de Teatro de Lima (Av. 28 de julio 183, Miraflores) a las 7 p.m.Actúan Katia Salazar, Renato Pantigozo y Jade Durán, con la producción ejecutiva de Ysabel Cáceda.

La temporada de esta puesta en escena va hasta el 27 de agosto, los sábados y domingos a las 7 p. m. Las entradas ya están a la venta en Joinnus (https://www.joinnus.com/events/theater/lima-suerte-que-esta-por-venir-56299), en Atrápalo (https://www.atrapalo.pe/entradas/suerte-que-esta-por-venir_e4896845/) o al instagram @sorprendeteproducciones.

Sergio Velarde

24 de julio de 2023


Crítica: TERCERA LLAMADA – JULIO


Teatro exprés

El Teatro Barranco abre sus puertas para ofrecernos una propuesta diferente: tres obras con un aproximado de 20 minutos cada una e intervalos de 10 a 15 minutos, en los que el público puede consumir lo que el bar ofrece, así como también interactuar con los asistentes antes, entre y después de cada obra compartida. En esta experiencia hay de todo un poco: la bienvenida con una bebida, alimentos, risas, aplausos, drama y demás agregados con los que cada una de las personalidades en escena ejecutan la acción.

En ese sentido, Adulterio se percibe fresco, sostenido y consecuente. Damaris Zapata, con su oportuna gestualidad, contrasta muy bien la grandilocuente presencia de Cecilia Tosso, quien lleva la acción dramática. El histrionismo, la energía, así como también la adecuada escucha es lo que sobre sale en esta pieza. La historia es lúdica, jocosa y me arriesgo a señalar, bastante pertinente, pues nos representa la vida de una joven y una mujer de alcurnia, ambas con una necesidad que las llevará a una decisión final volviéndose parte del sistema en el que vivimos actualmente: el exacerbado consumo de las redes sociales, pornografía y, sobre todo, estar regidas por el poder de la economía.  

El segundo trabajo, Lima fashion week es llamativo, pomposo, escénicamente funcional y ameno, pero por la falta de acción de ambos actores, los silencios incongruentes, se cae en el mecanismo de actuar la forma de cada uno de sus personajes. La trama se vuelve forzada y termina sintiéndose melodramático el mismo texto, pues contiene una mención algo panfletaria de Romeo y Julieta, el discurso del amor romántico y un final que se sobreactúa.

Finalmente, el espectáculo cierra con una propuesta escénica interactiva, Cómo sobrevivir a una película de terror, donde es el público quien tiene la determinación para que la acción continúe, o eso nos hacen creer. Lo destacable aquí es la sensación de juego que está latente de inicio a fin. Pues el intermediario que aparece en el material audiovisual, muy bien logrado, nos señala claramente las reglas del juego y desde ahí se nos atrapa. Nos sentimos parte de algo más grande y es gracias a la entrega de Jesús Oro y Augusto Gutiérrez que vivimos un viaje dentro de la situación más cliché de terror, pero con profundo sentido desde la acción. Así pues, dentro de lo cómico que puede ser este trabajo se abordan también temas políticos, de marginalidad, homofobia, el amor, miedo y todo de la mano de dos solventes actuaciones que se entregan al espacio, a la historia y al público. El único detalle, para que se disfrute completamente esta obra, sería que, al involucrarse cierto grado de improvisación, los comentarios aparte que realizan los actores también tendrían que ser escuchados por el público, pues si no los escuchamos, así sea el comentario más absurdo, nos deja la sensación de que nos estamos perdiendo de algo importante. Todo lo hecho o dicho está por alguna razón, así es el teatro.

Conny Betzabé

24 de julio de 2023

Crítica: ALGO QUE PARECÍA BUENO PERO NO LO FUE


Descubrir una historia

Las convenciones del teatro han acostumbrado al público a ser receptores contemplativos de un hecho escénico, es decir, el espectador no tiene mayor implicancia que la de ser testigo de la historia que los actores encarnan en escena. Sin embargo, las experiencias contemporáneas nos ofrecen distintas posibilidades. Tal es el caso de Algo que parecía bueno pero no lo fue, una singular experiencia autoteatral inmersiva, en la cual el espectador es el protagonista.

Esta creación fue producida por Zip Zap, con la dramaturgia sonora de Favio Rojas, a cargo de Anónima Colectiva, conformada por Alessandra Rivas, Mayra Carbajal, Stephany Moreno y Valeria Manucci, quienes intervinieron algunos espacios de la librería Placeres Compulsivos en Barranco, acondicionándolos para una experiencia en dupla. El formato está diseñado mediante audios indicativos, por ello el uso de la tecnología es indispensable (tener un celular con internet y audífonos). Una vez que la pareja se instala en su espacio, tiene a su alcance diversos objetos que serán utilizados mediante las indicaciones del audio. Este detalle fue bien pensado por parte del colectivo, pues todo estaba delimitado: las instrucciones, las pausas, los objetos; sin duda, un trabajo minucioso, que si bien, como toda nueva experiencia tuvo algunos obstáculos, fueron resueltos con amabilidad por parte del staff.

Lo interesante del proyecto es la develación de la historia que se va construyendo a partir del audio y los objetos; la trama gira en torno a una Lima distópica del 2034, entonces los participantes se ven envueltos en una investigación promovida por el Estado, descubriendo una relación entre los personajes propuestos. Los temas que se tratan reúnen intereses sociales, como la industrialización de los alimentos, el ejercicio del poder que se ha instaurado en nuestras relaciones interpersonales y el consumismo.  

Algo que parecía bueno pero no lo fue fue una agradable experiencia de primera mano, que además de presentar este novedoso formato del autoteatro*, es una buena excusa para fortalecer nuestros propios vínculos, pues el compartir con otra persona esta vivencia resulta muy divertido. Lo que se recomendó fue asistir con alguien conocido, pero puedo decir que en mi caso funcionó pasar por el experimento con alguien a quien no conocía. Se agradece el trabajo de investigación y la apuesta por nuevas experiencias artísticas, por parte de Anónima Colectiva, un grupo de mujeres jóvenes que seguro aportarán mucho más al medio artístico.

Maria Cristina Mory Cárdenas

24 de julio de 2023

*Artículos sobre el autoteatro:

https://revistaseug.ugr.es/index.php/sobre/article/view/21517

https://www.pagina12.com.ar/70317-la-experiencia-intima-del-autoteatro

domingo, 23 de julio de 2023

Crítica: ÉL ES GAY


Un grito contra la intolerancia

La trágica muerte de Assil en Argelia, a manos de dos extraños que dejaron un mensaje de odio con su sangre, nos conmueve y nos invita a reflexionar. ¿Quién era realmente Assil? ¿Cuáles eran sus sueños y qué anhelaba cumplir? ¿Por qué fue víctima de tanta violencia?

Desde el momento en que entramos al espacio teatral, nos encontramos con un ambiente claro y contundente: la escena de un crimen. Un conjunto de papelotes con palabras y frases, acompañado de fotografías que capturan diferentes momentos de la vida de Assil, nos permite adentrarnos en su historia desde el inicio. El elenco, con su ingenio y humor, nos introduce gradualmente en la narrativa, haciendo que el público se sienta parte de la obra desde el primer instante.

Los tres actores, aunque en ocasiones parezcan forzados al representarse a sí mismos en bromas internas, destacan en la transmisión de emociones necesarias para dar vida a esta obra llena de vitalidad, pero que también narra un hecho trágico e injusto de la vida real. Su juventud se convierte en un puente para familiarizarnos con el ausente Assil, sintiendo su presencia a través de las interpretaciones magistrales del elenco.

A medida que avanza la obra, nos vamos adentrando en la oscuridad de la intolerancia y el odio que llevó a este cruel crimen. El desenlace nos deja con un sabor agridulce, con una sensación de impotencia al ser testigos de la discriminación que, lamentablemente, sigue presente en nuestra sociedad.

Él es gay es una valiosa producción escrita por Federico Abrill y bajo la dirección de Piera del Campo, quien con una buena dirección logra conmovernos y sacudirnos al denunciar un crimen de odio. La actuación impecable de Vania Torres, Alejandro Mejía y Quini Gómez es un testimonio del talento de este equipo teatral.

La obra, bajo la producción de Punto y Coma - Teatro, es un grito contra la intolerancia que nos invita a la reflexión y el cambio. Con una puesta en escena impactante, Él es gay nos recuerda la importancia de luchar contra la discriminación y construir un mundo más inclusivo y respetuoso.

No podemos más que aplaudir el gran trabajo de todo el equipo involucrado en este proyecto, que logra dejar una huella profunda en el espectador y nos insta a seguir combatiendo el odio con amor y comprensión. Una experiencia teatral conmovedora y necesaria para nuestra sociedad.

Milagros Guevara 

23 de julio de 2023

Crítica: EL BIEN AMADO


La vigencia del bien amado

Se dice que la corrupción en nuestro país es, hasta la actualidad, uno de los problemas que más preocupa a la población peruana. En la obra El bien amado nos sumergen en Sucupira, un pueblo del interior de algún lugar de América Latina, donde también la corrupción es preocupante. Con fines proselitistas, el candidato a la alcaldía, Odorico Paraguacú, promete construir un cementerio; sin embargo, durante su gobierno, nadie muere, lo que lo lleva a inventar diversas estrategias para que aparezca el primer difunto y así justificar el enorme gasto del dinero público.

Si bien la obra fue escrita en Brasil en 1960, al verla, indudablemente nos lleva a reflexionar e identificar nuestra sociedad, en la cual desde hace décadas somos testigos de cómo los sistemas de poder se desarrollan y, a diario, vivimos casos de corrupción en las personas involucradas en este sistema, las cuales solo velan por sus propios intereses y no por el pueblo.

El bien amado es un clásico teatral escrito por el dramaturgo brasileño Dias Gomes. Llegó al Centro Cultural de la PUCP en una adaptación teatral realizada por la directora de la obra, Ana Julia Marko, e interpretada por los estudiantes de octavo ciclo de la Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP.

La directora supo llevar esta obra por la línea correcta. En tal sentido, podemos afirmar que hubo una dirección impecable y se notó un montaje limpio, divertido y conmovedor. Marko, a pesar de haber tenido el reto de dirigir a más de doce personas, logró darle a cada uno de los actores el peso que les correspondía en escena, a pesar de que todos los alumnos permanecieron en todo momento en el escenario. Además, fue interesante ver cómo jugó con la quintuplicidad del protagonista; de los cinco actores que interpretaron a Odorico, tres fueron mujeres, logrando una adaptación muy divertida.

Por otro lado, en cuanto a los intérpretes, todos estuvieron a la altura de la puesta en escena, se les vio cómodos, frescos y naturales en los personajes que les tocó interpretar; algunos de ellos hicieron doble papel, logrando claramente diferenciar uno del otro. También los vimos cantar y bailar de manera orgánica, notándose el buen trabajo corporal y vocal que realizaron; algunos con mejor proyección y dicción que otros, pero en general se podría decir que saldrá una promoción talentosa de actores y actrices.

En cuanto al escenario, en mi criterio, los pocos elementos utilizados fueron los necesarios para completar esta adaptación que se convirtió en un hermoso espectáculo, lleno de mucho color. Un montaje que, sin duda, volvería a ver.

Milagros Guevara

23 de julio de 2023

sábado, 22 de julio de 2023

Crítica: ANTES DE QUE TE VAYAS


El precio de decir adiós

Sobre la muerte se ha escrito mucho y seguramente, se seguirá escribiendo. Habrá quienes la tomen como un nuevo comienzo en otra dimensión, como el inicio de la nada o hasta como un alivio a todo lo mal que nos puede ir en este plano terrenal. Lo que sí es innegable acerca de la muerte es que, en la mayoría de los casos, conlleva un proceso doloroso, pero que enfrentamos siempre por la ajena, es decir, nunca por la nuestra. Son justamente estas distintas maneras de cómo lidiar con la muerte las que ha tomado, como punto de partida, el entusiasta actor (y ahora exitoso comunicador virtual) Cristhian Palomino para preparar así su regreso al escenario teatral presencial, titulado Antes de que te vayas, a través del ahora recurrente formato de antología de microteatro.

Llevar las riendas de su propio espectáculo (Palomino escribe, dirige y actúa) constituye, sin duda, una ventaja y un acierto a la vez: trabajar con su propio material le permite al joven artista estrenar un tríptico escénico muy personal, en el que presenta un trío de distintas propuestas (dos de ellas ya vistas anteriormente por Oficio Crítico, tanto presencial como virtualmente) sobre la inevitable partida hacia el más allá. En el primer segmento, nos conmovemos con el drama de un anciano payaso (Palomino en una sorprendente caracterización), quien pasa renegando sus últimos días en un asilo, mientras es visitado por un joven fanático (el tiktokero Sibenito) que no piensa abandonarlo; en la segunda, una elegante vidente (Amparo Brambilla) asegura poder comunicarse con el perro fallecido de un joven estudiante (Palomino); y en la última, una muchacha influencer de potente voz (Lita Pezo) despierta en su propio velorio, ante la sorpresa de su atónito amigo (Palomino).

La producción de la puesta en el Teatro Barranco luce impecable y ordenada, especialmente desde la entrada, mérito del equipo que comanda el productor Andres Rivas. Cuidar, eso sí, los detalles técnicos, como la estática de los micrófonos y las proyecciones en la pantalla del fondo. Por su parte, Palomino es creíble y convincente en sus tres personajes, que además conoce muy bien; no obstante, acaso su mayor virtud sea la de conseguir unidad, en términos generales, al guiar a sus tres acompañantes en escena, cada uno con sus respectivas fortalezas: el carisma de Sibenito, el oficio de Brambilla y las virtudes musicales de Pezo. Antes de que te vayas es un conmovedor espectáculo, con tres historias sobre el decir adiós muy distintas entre sí, pero que conmueven y entretienen gracias a la solvencia y talento de Cristhian Palomino, en su auspicioso regreso a las tablas.

Sergio Velarde

22 de julio de 2023

miércoles, 19 de julio de 2023

Crítica: SALOMÉ


La mujer enamorada del profeta

Lorenzo Albani (escenógrafo) escoge una mesa grande y larga que se pierde en la lateralidad derecha del escenario, candelabros suntuosos cuelgan del techo y el espacio es hostil, parece una caverna oscura pero lujosa, en donde la lascivia del mundo se anida. El inicio marca un tiempo distinto, los personajes repiten un patrón de movimiento contenido, los cuerpos parecen descomponerse en apariencias que intentan cubrir la carne del pecado. Hay lujos, también opulencia, pero una maldad latente que palpita incesantemente.

El ingreso de Salomé (Amaranta Kun) es apoteósico: la lentitud de los cuerpos se vuelve más evidente y una luz potente con un viento oscilante cargado de hojas aparecen desde la lateralidad derecha del escenario; y ahí está ella, deslumbrando con su vestido y con su presencia, la mirada clavada en el horizonte izquierdo y los personajes ofuscados por la sensualidad de su piel.

Los actores responden al desplazamiento de Salomé y realizan una orgía del movimiento. Mientras ella camina, parece afectar profundamente a cada uno de ellos. Herodes arde en su interior, el cuerpo de Leonardo Torres actúa con docilidad, el manejo de su energía permite causar una sensación de contención erótica. Mónica Sánchez encarna a Herodías, la madre de Salomé; ella sufre con el ingreso de su hija, hay varias sensaciones en la actriz, una profunda oscuridad parece envolverla, pero su cuerpo es sensual y dominante. El Capitán es el que podría tener los sentimientos más dulces en todo el espacio cargado de sentimientos bajos; Alejandro Tagle interpreta a un joven capitán que parece chispear sus pupilas cuando Salomé ingresa, y finalmente rompe el embrujo en que están sumidos todos con la palabra e inicia la obra, que pese a haber pasado el momento ralentizado, no pierde esa sensación de tener otro tempo.

La decisión de ralentizar los textos funciona hasta cierto punto, porque en algún momento da la sensación de querer que empiece una velocidad normal, quizá así sucede y como la puesta es envolvente no he podido percibir el momento en que el tempo se normalizó. El ingreso de Jokanaan (Fernando Luque) es otro instante increíble: baja del cielo con los ojos vendados y sentado en una silla. El ambiente profético se siente a cada instante, pero hay un mal presagio, como si algo se acercara a su destrucción.


Salomé está apasionada con el profeta y busca su contacto, la primera relación que ellos tienen es sobre la mesa, como si fuera en otro plano, en otra jerarquía. Jokanaan tiene los ojos vendados, hay una constante atención al pensar que el actor se puede caer de la mesa, Salomé va hacia él y le pide besar sus labios, Jokanaan se rehúsa; mientras los demás se escandalizan, ocultando su propia lascivia en comentarios puritanos y corporalidades reprimidas. Salomé consigue quitar la venda de los ojos de Jokanaan e interactúan como un simbolismo, los cuerpos se erotizan, pero la santidad del profeta pone una vibración distinta a la romantización de los cuerpos. Hay dos actores seguros de lo que tienen que hacer y esto conecta con la mirada del espectador. Mientras Salomé busca el contacto del profeta, el joven capitán sufre su agonía amorosa, termina suicidándose con un cuchillo y se organizan constantemente figuras como cuadros pintados por pintores malditos. En una esquina, mientras Salomé acerca su vestido al cuerpo santo, Tagle agoniza en las manos de su amigo, la figura de un cura, el momento es silencio; dibuja otro espacio dentro de la realidad construida, los actores componen desde la inmovilidad, en especial Tagle, que muere y su cadáver se queda durante toda la obra, tarea difícil la de estar presente en el silencio y en la inmovilidad. Las formas que los cuerpos realizan mientras hay una escena principal sirven como fondo para resaltar la estética de la propuesta, los cuerpos se tuercen, se voltean y siempre hay una imagen que observar, un estado onírico.

Herodías quiere que maten a Jokanaan, pero Herodes teme por lo que puede hacer ese nuevo Dios del que se habla, pero hay algo que los mantiene en pecado, todos pretenden conocer al verdadero Dios, la monja y el judío, hablan como si tuvieran la razón y ríen diabólicamente ante su condición atrapada por la carne. Salomé es delicada, pero sabe que tiene poder ante Herodes, que siempre la está mirando frente a la molestia de su madre. Los actores saben llevar la carga de la construcción de personaje y deambulan en un mundo inventado para ellos.

El momento del clímax escénico es la danza de Salomé, las luces contribuyen a este espacio de ensueño y la danza de Kun parece un cuerpo poseído por los cánticos de los actores. El registro vocal de los personajes permitía la composición de un coro, con voces ubicadas en distintos niveles y tonalidades. Los contrastes son interesantes, porque mientras baila Salomé todos siguen reaccionando ante sus latigazos y en un momento el centro se va a Herodías, que con la elegancia de Sánchez, derrocha sensualidad y lujuria; es como si se realizara una orgía entre ellos, como si la carne ganara al espíritu. Pero hubo una condición de Salomé antes de iniciar el baile y es que Herodes le cumpla cualquiera de sus peticiones. Ella, sintiéndose rechazada por el profeta, pide su cabeza. El momento final se queda un poco corto, los textos de Luque pudieron tener más fuerza, el exceso de solemnidad tornaba densa la composición y cuando Kun, en sentido figurado, asesina a Jokanaan, todo se queda en un espacio superfluo. Los textos, el dolor y el beso, pese a tener un impacto en la expectación, pudieron ser mejor resueltos, con mayor profundidad en lo que está sucediendo y con las entrañas de una mujer que ha deseado a un hombre santo.

Sin embargo, la obra es buena, consigue atrapar por su estética y por la elección de los colores y de los materiales, la propuesta textual hace sentir una presencia escénica potente, al igual que los cuerpos constantemente reaccionando y formando figuras como de cuadros poseídos. Consiguen que el espectador se distancie de la realidad y vaya a un mundo onírico; los actores tienen fuerza en el escenario y son magnéticos a los ojos, es un buen elenco y la dirección de Jean Pierre Gamarra ha sabido aprovechar cada una de sus peculiaridades.

Moisés Aurazo

19 de julio de 2023

Crítica: BELLA Y LA BESTIA


Los cuentos que nos cuentan

El Teatro de la Universidad del Pacífico cierra la quinta edición del Festival de creación escénica contemporánea Sótano 2, con esta arriesgada y contundente propuesta escénica dirigida por María Dalidou. Donde se nos comparte el extenso y necesario monologo de Bella, una niña de ocho años de edad, donde convergen de manera destacada la realidad, fantasía y representación gracias a la sencilla y pertinente labor de las tres actrices que la encarnan de manera interactiva, en coro y unipersonal. 

La historia de Bella inicia con una breve y puntual presentación mediante el material escénico audiovisual, continúa con la aparición de ciertos elementos poéticos de su vida que se dejan apreciar la mayor parte del tiempo desde la parte superior del escenario y finaliza con el sostenido, repulsivo, pero a la vez cautivante texto que narra las situaciones que tiene que vivir esta niña y no sabemos cuántas más. Las actrices cumplen la función de ser emisoras de todo ello. Se dejan escuchar y se comunican sin sentimentalismos ni exageraciones, un micrófono se los permite y viene bien. 

Así, poco a poco estas tres actrices se encargan de transitar y revelarnos, como un cuento para infantes, acerca del mundo que rodea a Bella. El de la realidad, esa que reconocemos todas y todos los espectadores como problemática en nuestra sociedad (el abandono, abuso, maltrato y explotación infantil) y el de la ficción, aquel que usa ella como mecanismo de defensa para evocar, fantasear, desfogar e incluso dar conclusión a aquellos deseos violentos ya interiorizadas en ella. 

Además, ese juego de realidad/fantasía sucede de la mano de la intertextualidad a partir de fragmentos de las historias infantiles de los hermanos Grimm, solo que en esta ocasión han sido compuestos como un audaz mecanismo de creación para, no solo una perspectiva reflexiva infantil, sino que, sobre todo, evidenciar y problematizar temas como la discriminación, la estigmatización y la cada vez más creciente polarización social. Además del, a veces necesario acto migratorio, el rechazo que padecen las minorías LGTBIQ+, la demencia senil, el suicidio, el abuso de poder, la pederastia. 

Por ello, concluir con que este espectáculo contiene algunos relatos que podrían herir la sensibilidad de ciertas personas, como aquellas que prefieren hacer caso omiso a las problemáticas que prevalecen nuestra sociedad; en el caso de Lima, por ejemplo, el matrimonio infantil es del 20%, en Cusco 28% y en Loreto casi el 50%. O la maternidad en menores de 15 años, que ha incrementado de 1158 a 1438 casos entre 2020-2021 y el 14% en 2022.

Conny Betzabé 

19 de julio de 2023


Crítica: LA ZORRA VANIDOSA


El legado de Ismael

El maestro Ismael Contreras es una pieza clave dentro del teatro peruano, especialmente, aquel dirigido para los más pequeños. Su partida el año pasado ha dejado un hondo vacío dentro de nuestra comunidad artística. Desde el 2008, con su colectivo Palosanto y su primer estreno al año siguiente, Achikée, la tierra seca, vino presentando sin descanso más de una docena de piezas infantiles, con el objetivo no solo de entretener a toda la familia, sino de aportar una muy pertinente reflexión sobre la contaminación ambiental. La Zorra Vanidosa, a trece años de su estreno original y ahora dirigido por su hija Marisa, es el más que merecido homenaje para un verdadero hombre de teatro, el entrañable Ismael.

Basada en relatos recopilados por José María Arguedas, la puesta nos presenta a la Zorra del título (Yasmine Incháustegui), preocupada únicamente en mantener atractiva su voluminosa cola, descuidando así el trabajo que debería realizar para poder alimentarse. Es así que se vale de múltiples engaños para poder sobrevivir, en complicidad con su compadre, el Chivo (Juan De Los Santos); entonces aparecen el señor Liebre (Francisco Rodríguez) y la señora Ratona (Isabel Falcón), quienes le darán una lección. La propuesta escénica de la directora funciona muy bien, con los actores cantando, actuando y bailando al compás de los efectos y la música en vivo, a cargo de Juan Diego Rondón. Un aspecto a destacar en las propuestas de Palosanto es la oportuna participación de los niños en la obra; en ese sentido, se juega con la cuarta pared con bastante propiedad y en la medida justa.

Muy buen trabajo del carismático elenco en pleno, cada uno definiendo física y vocalmente sus respectivos personajes, utilizando vistosos vestuarios. Con algunos detalles por afinar, como corregir la estática en los micrófonos o darle un mayor énfasis al estropicio que causan en la naturaleza los productos que usa la Zorra para su cola, el espectáculo se disfruta de principio a fin. La Zorra Vanidosa, actualmente en cartelera en el Centro Cultural Ricardo Palma bajo la producción de Cecilia Zapata, es una muy recomendable obra para niños para disfrutar en familia y que confirma que el legado de Ismael Contreras y su colectivo Palosanto seguirá vigente, siempre en defensa del medio ambiente.

Sergio Velarde

19 de julio de 2023


martes, 18 de julio de 2023

Crítica: LAS MUJERES DE LINDSAY


Misterios femeninos


El fenómeno del microteatro se encuentra nuevamente en boga y tal parece que ha llegado para quedarse. Con sus pros y contras, este formato, siempre y cuando se encuentre bien orientado y ejecutado, permite la creación de historias que si bien no pueden ofrecer personajes o tramas con un gran desarrollo dramático, sí que pueden lograr ciertas atmósferas o secuencias atractivas y que además, inviten a la reflexión. Tal es el caso, sin duda, del díptico femenino titulado Las mujeres de Lindsay, compuesto por dos obras breves de la premiada dramaturga norteamericana Bárbara Lindsay, producido por el colectivo Baco, con la dirección de la experimentada Kathy Serrano.


El espectáculo ofrece piezas que escapan de los convencionalismos habituales y sorprenden por su profundidad temática, con un ácido sentido del humor y una velada crítica hacia nuestra frágil cotidianeidad. En Sally ve la luz, dos amigas de clase alta se reúnen para almorzar y hablar de trivialidades, pero una de ellas entra en pánico al percatarse de algunas verdades incómodas que alterarán sus propias convenciones. Y en La esposa de mi novio, una mujer va al cementerio en busca de la difunta mujer de su prometido para tener una seria conversación. Las apariencias con las que convivimos a diario se develan en interesantes reflexiones sobre temas tan distintos, como nuestro modelo económico y el verdadero significado del amor. 


Serrano consigue sugerentes atmósferas en el espacio del Club de Teatro de Lima, regando muchas bolsas de tiendas exclusivas de ropa por todo el escenario en la primera microobra; e iluminando de manera particular al fantasma de la esposa toda vestida de blanco, en la segunda. Buen trabajo de las actrices Clemen Morales Klinge y Paola Miñán, quienes asumen los cuatro personajes del montaje con mucho aplomo y convicción. Las mujeres de Lindsay nos permite conocer una muy interesante dramaturga norteamericana, a la vez que ofrece al público la oportunidad de ver dos curiosas y cautivantes piezas de microteatro sobre el siempre sorprendente universo femenino.


Sergio Velarde

18 de julio de 2023


lunes, 17 de julio de 2023

Crítica: EL CRÈMEBRÛLÉE


Un ligero y entretenido postre

Las novedosas propuestas teatrales en formato corto, sin duda, han vuelto para quedarse. Esta vez, la iniciativa de 15 Minutos Teatro presenta en Selina de Miraflores, diversas microobras que van los martes y miércoles en horarios a escoger. El Crèmebrûlée es una dinámica puesta interactiva, escrita y dirigida por Miguel Seminario, bajo la producción de El Patio Colectivo Escénico.

Una historia que gira en torno a Joaquín (Jano Baca) y Almendra (Gia Rosalino), una feliz pareja con varios años de convivencia. Sin embargo, en medio de una cena por el cumpleaños de Joaquín, y mientras esperan el crèmebrûlée, este decide poner fin a la relación, porque ya no soporta la particular risa de su novia. Completa el elenco, un dispuesto y simpático mesero (Renzo Abrill), quien es también el moderador para la votación del público. Respecto a la narrativa, hacer partícipe al público en la toma de decisiones de los personajes es un detalle que funciona y genera expectativa, haciendo de esta breve propuesta una experiencia ágil y amena. Por otro lado, los actores manejan el código de humor con solvencia, mostrándonos a personajes cotidianos con emociones tan humanas como hilarantes. Todo ello, bien complementado con la utilería, sonido y el uso del espacio.  

El Crèmebrûlée es una divertida comedia que también nos ofrece un punto de vista acerca de la complejidad de las relaciones de pareja, mostrándonos que, a veces, el amor no es suficiente y que un simple detalle puede ser (o no) el punto de quiebre del amor.

Maria Cristina Mory Cárdenas

17 de julio de 2023

Crítica: DRAMATIS PERSONAE


Poesía en tiempos de caos

De por sí el título es impactante: Dramatis Personae. Esta frase, traducida desde el latín, significa “el drama de la gente”. Tengo que confesar que el dramaturgo Gonzalo Rodríguez Risco tiene una imaginación muy sutil, pues nos hace reflexionar sobre el carácter de la vida; es decir, que a pesar de las terribles circunstancias en las que se puede estar viviendo, la vida y, sobre todo, la alegría sigue. El montaje aborda la tragedia de tres escritores, Lucas (René Ynquillay), Juan (John Benites) y Marla (Romina Farfán), quienes no pueden encontrar sus respectivas inspiraciones artísticas. Lo brutal es que lo hacían en medio de los años de la violencia política del Perú, en los ochenta y noventa. Esta situación planteada no genera empatía, más bien enojo por la indolencia; sin embargo, a medida que transcurren las escenas, el espectador va resolviendo preguntas y concluyendo que la tragedia y la alegría de la vida son caras de muchas monedas. Todo es relativo. ¿Acaso en plena pandemia del COVID no se siguieron celebrando cumpleaños o bodas?

Actoralmente resaltaron todos los actores por la propuesta tan bien realizada de sus personajes y también, por su memoria, pues Dramatis Personae duró casi una hora y media. Quiero felicitar el hecho de que en ningún momento los actores perdieron energía y presencia escénica. Destacaron Ynquillay y Benites como los escritores bohemios; queda claro que ambos hicieron una investigación previa de qué es la vida literaria de Lima, pues las gesticulaciones y dicciones eran propias de un escritor joven. Esto me gustó mucho, pues hace que los montajes sean más interesantes. Además, hubo escenas en donde el personaje de Farfán se desespera, pero la actriz nunca llegó a sobreactuar y eso fue muy resaltante. La escena más impactante fue la desgarradora revelación de un pariente fallecido (Luis Cuadros), en donde es más que evidente la influencia de la primera escena de Hamlet, pero a diferencia de Shakespeare, Rodríguez Risco apuesta por un diálogo con carácter de confrontación. A pesar de que la actriz Grecia Morales actuó en breves momentos, es de destacar cómo construyó de manera tan clara y arriesgada a su personaje de meretriz; para cualquier actriz el representar este papel, sin caer en la vulgaridad, debe ser un gran reto y ella lo logró con creces. 

La escenografía fue una composición de elementos propios de una vida bohemia. Me gustó que se usara la luz roja en las escenas en las que los actores recuerdan vivencias pasadas y pasajes de sus historias literarias. Felicitaciones a la productora Atmósfera Alterna. El público peruano merece más gente entusiasta y original como ustedes.

Enrique Pacheco

17 de julio de 2023

Crítica: AUSENTE


La presencia de la soledad

Break Teatro se inserta en la segunda temporada de 15 Minutos, experiencia teatral en Selina de Miraflores, con la reposición (presencial) de Ausente, monólogo escrito y dirigido por el dramaturgo y director Ernesto Barraza Eléspuru e interpretado por Katerina D’Onofrio.

La narrativa nos presenta a una solitaria mujer, que una tarde escucha la voz de alguien que canta en el departamento de abajo, quedando prendada. Entonces ella establece un vínculo con la misteriosa voz, que se convertirá en su fiel compañía durante un tiempo. Así, la (in) comodidad de la soledad se interrumpe, hasta que la muerte llega para cambiarlo todo. Una vez más, esta mujer advierte que la ausencia ha vuelto para quedarse; sin embargo, una nueva melodía surge para salvarla.  

La puesta inicia con la proyección del video realizado para la versión digital, luego aparece en escena D’Onofrio, quien domina el texto con precisión, regalándonos una intensa interpretación. Ahora bien, la decisión de adaptar imágenes de la propuesta virtual y combinarlas con la ejecución del monólogo en vivo sí funciona, pues nos revela un contexto más general de los temas que se abordan en la narrativa, tales como la soledad, el desapego, las conexiones, etc., que en aquel entonces (2020) estaban más relacionadas con el encierro obligatorio a causa de la pandemia. El cambio de vestuario para esta versión, nos ofrece un contraste interesante, el cual se agradece visualmente.

Por otro lado, como apreciación muy personal, considero que se pudo rescatar la sentida escena del baile, ejecutada en la versión virtual, como símbolo de la ausencia plasmada en este íntimo y bien articulado texto.

Ausente es un potente y sensible monólogo que nos habla de esas curiosas contradicciones que tenemos los seres humanos; por un lado, la reafirmación de nuestra independencia como individuos, versus la necesidad experimentar la compañía, el sostén del otro, de algo. Sin duda, esta composición escénica es un buen pretexto para cuestionarnos al respecto.

Maria Cristina Mory Cárdenas

17 de julio de 2023

Crítica: BRUJAS


Eternos Cattone y su Marsano

Escribir sobre Brujas, comedia dramtica del autor argentino Luis Agustoni, es hacerlo irremediablemente sobre Osvaldo Cattone y su Teatro Marsano. Desde ya hace más de tres décadas, esta pieza, que aborda la reunión de cinco maduras amigas y la revelación de secretos y traiciones entre ellas, convocó una gran cantidad de espectadores desde su estreno en 1991, teniendo exitosas reposiciones en 1993, 2003 y 2017, siempre contando en el elenco con primerísimas y efectivas actrices. Pues bien, la productora Makhy Arana acomete una nueva versión de Brujas post pandemia, en homenaje al renovado Marsano y a la eterna figura de Cattone, a quien escuchamos decir en voz grabada, antes de levantarse el telón, que sus espectáculos pueden ser de diversa índole, pero jamás aburridos. En ese sentido, Brujas cumple largamente con el precepto del inolvidable actor y director argentino.

Yvonne Frayssinet, Pilar Brescia, Camucha Negrete, Teddy Guzmán y Martha Figueroa, amigas de infancia que compartieron estudios en un internado de monjas, no pueden terminar su ameno reencuentro después de varios años, pues un misterioso anónimo recién descubierto anuncia que una de ellas se acuesta con el marido de la otra. Los recuerdos, las intrigas y los misterios van sucediéndose progresivamente, combinando hilarantes secuencias con conmovedoras revelaciones; todas ellas ejecutadas con maestría por el quinteto de consumadas intérpretes, con personajes bien definidos y manteniendo la energía y el suspenso hasta el final. Las actrices en pleno, además, ya habían participado en alguna temporada anterior de la obra en el Marsano, siendo Frayssinet y Brescia las únicas originales. A destacar, en todo caso, a Guzmán, quien arrancó aplausos del público en algunos momentos.

Por su parte, el nuevo director Jorge Villanueva, acostumbrado a sorprendernos con montajes de una fuerte carga simbólica y lírica, como El Dragón de Oro, El último fuego o 2084, se ajusta el corset para presentarnos esta vez una muy entretenida comedia dramática “de salón”, con una deslumbrante escenografía y una inspirada dirección en sus actrices. Acaso lo más destacable del trabajo de Villanueva sea que ofrece, oportunamente y sin tacha, un espectáculo típico del Marsano. Brujas, estrenada a comienzos de los años 90, mantiene en gran medida la frescura y la vigencia en pleno 2023, convirtiéndose en una sólida y recomendable propuesta teatral, llena de emociones y nostalgia, y dejando en alto el legado del notable Cattone.

Sergio Velarde

17 de julio de 2023


miércoles, 12 de julio de 2023

Crítica: LISA MARIPOSA


Triunfo ecológico

Siguiendo el mismo camino de aquellas puestas en escena escritas específicamente para (re)conocer el valioso esfuerzo y sacrificio de mujeres reales de nuestra historia, como por ejemplo, la trabajadora social Mary Richmond en Mary Richmond, tú y los otros (2022) o la periodista de investigación Nelly Bly en Infiltrada en el manicomio (2023), llega esta muy apreciable pieza de microteatro, escrita por Ricardo Caffo y dirigida por Omar Velásquez, titulada Lisa Mariposa, basada en la cautivante historia de Julia "Butterfly" Hill, una activista ambiental norteamericana, que pasó cerca de dos años viviendo en un longevo árbol de secuoya para evitar así su tala. La trama es llevada por Caffo a nuestro contexto nacional, con una joven muchacha de la selva decidida a defender un árbol de lupuna de la empresa maderera más grande del país, la cual pretende derribarlo.

La íntima Sala Zurita es aprovechada al máximo para crear los dos ambientes principales: una tarima no tan alta para representar el árbol, en donde Lisa (Olga Acosta) interactúa desde arriba con el inspector de la empresa maderera y sus secuaces, pero también con un místico personaje llamado Rausara (el mismo Caffo), que simboliza al espíritu de la selva; y el piso llano para ubicar la casa del preocupado padre de Lisa (André Moyo). Quizás sería conveniente que el padre no esté sentado por mucho tiempo, ya que por la ubicación de las butacas en dos filas se interfiere la visibilidad. Por otro lado, las escasas luces se encuentran bien puestas; mientras que, por lo cerrado de la sala, el volumen de voz de los actores podría modularse aún más.

El drama es bien ejecutado por el elenco en general, con una muy sólida actuación de Acosta, quien convence y nos conmueve como la joven idealista, en defensa del medio ambiente. El suspenso se sostiene hasta el final, con los mismos resultados que obtuviera la original norteamericana, con las simbólicas mariposas festejando alrededor de la lupuna, intacta y a salvo. Lisa Mariposa, con la producción de Pasodegato, es un muy recomendable espectáculo de formato breve, que nos recuerda que todavía existen seres humanos reales dispuestos a todo con tal de defender nuestra tan castigada naturaleza.

Sergio Velarde

12 de julio de 2023

Crítica: ¿Y TÚ QUÉ QUIERES HACER ANTES DE...?


Normalización del status quo

La artista Gina Guerrero viene desarrollando una muy interesante producción como dramaturga, una destinada a explorar particularmente el universo femenino y sus constantes luchas para obtener tanto equidad como reconocimiento. En sus piezas, como Monólogos de mujeres (2019), Noche de mujeres (2021) o Milagros (2021), ya sea en la presencialidad o en la virtualidad, sus protagonistas aparecen como mujeres aguerridas que deben sortear mil dificultades en un mundo dominado por el machismo. Es en este contexto que aparece el colectivo Las Luchas Producciones, fundado por Guerrero, que tiene como meta el difundir historias que visibilicen las enormes problemáticas que sufren las mujeres y a la par, que sensibilicen al público mediante sus puestas en escena. Su último proyecto es ¿Y tú qué quieres hacer antes de…?, actualmente en cartelera en la Asociación Cultural Campo Abierto.

Y es que acaso el objetivo de este sencillo pero significativo unipersonal no sea necesariamente el de explorar los sucesos posteriores a aquel momento que todos atravesaremos en vida una única vez (los arreglos florales y las dedicatorias sobre el escenario antes empezar así lo delatan), sino el de comprobar lo arraigadas que se encuentran ciertas costumbres y tradiciones (de la cultura machista) en las memorias que escuchamos de esta jefa de obstetras de melodiosa voz; una vida que la llevó a convertirse en una madre soltera trabajadora y líder en su rubro, siendo hija a su vez de otra madre soltera. Toda esta historia está narrada sin ningún atisbo de victimización o lamento. Las cosas se dieron así y punto. Es allí donde radica el claro mensaje de Guerrero: hemos normalizado hasta tal punto la cultura del padre ausente, que incluso hasta ya no sorprende la irresponsabilidad del hombre en la crianza de los hijos y la titánica labor que deben enfrentar las madres en una sociedad tan machista como la nuestra.

La experimentada Norma Berrade dirige con buen pulso el espectáculo, contando con la inmejorable presencia de una actriz y cantante con muchos recursos, como lo es la carismática Trilce Cavero, quien aprovecha sus líneas para crear a esta campechana profesional de salud y transformar sus recuerdos llenos de hipocresía, envidia y frustraciones en entretenidas anécdotas para el público. Guerrero, Berrade y Cavero consiguen con ¿Y tú qué quieres hacer antes de…? un honesto unipersonal, sólido y funcional, que nos confronta con nuestra ya caduca idiosincrasia, repleta de prejuicios y estereotipos en contra de la mujer, y que ya debería dejar de normalizarse.

Sergio Velarde

12 de julio de 2023

Crítica: EL DAÑO QUE NOS HACEMOS


El amor y agujas al abrazar

La dramaturgia de Henry Sotomayor es una experiencia que puede soplar dentro de cualquier cavidad humana, porque el amor no discrimina como la razón, tampoco es exclusivo como el dinero. La experiencia está en la piel y al escuchar las palabras de los intérpretes puedes recordar muchas cosas; la historia no puede ser la misma, pero las emociones se parecen como si encontraran un punto de origen en la romantización de dos que se encuentran y juegan a suspirar y a besarse con sinceridad y ternura, hasta que la paciencia y el propio peso de los cuerpos lo permita.

Jean Carlos López y María Millena Calero se encuentran en el espacio dibujados por un círculo de papeles, la música suave cae entre nuestros hombros para perfumar el espacio de romance. El juego que los dos cuerpos realizan mientras van articulando sus textos es activo, ambos se encuentran se conocen y van cambiando de espacio de acuerdo a la sensación de las luces y a la relación que construyen con los papeles tirados en el suelo. Es interesante, porque aparte de dibujar una espacialidad determinada, también permite ver a dos actores constantemente accionando; entonces, sumado a la determinación del texto y a la confianza que tienen ambos actores porque son pareja tanto en la ficción como en la realidad, nos encontramos frente a una puesta en escena muy íntima, que caracteriza el contacto del romance y el sonido y las transformaciones del cuerpo sometidos al temblor del amor.

Los intérpretes diluyen el tiempo y nos muestran cómo es el amor, desde conocerse, hasta apasionarse y besarse con desenfreno, las sutilezas e intensidades de los primeros contactos del cuerpo y la costumbre a la que se someten al consolidar el encuentro. Después viene la batalla por sostener un amor que se concibe real, reconociendo que se han encontrado dos personas con historias y vidas distintas, los defectos, los errores, las distancias, el no coincidir en anhelos; cómo podemos enfrentarnos a esta situación si aun el cuerpo es débil de por sí, cómo sostener un doble peso, que no solo es el tuyo si no también es el de una persona que dices amar, pero que es tan distinta a ti. 

Todas estas metáforas son diseñadas con la distribución de los papeles, algunas veces los intérpretes los ordenan, otras dibujan líneas, también vuelan como ilusiones y también se caen como esperanzas. Durante el desarrollo de la escena se escucha una voz en off, que es la del personaje hombre envejecido, que conversa con un estudiante de sociología; esta voz va cuajando lo que sucede, los cuerpos reales exponen la situación y la voz grabada termina de sustentar la historia.

Los actores provocan una buena química en el escenario, la voz es clara, pero la distribución del espacio no permite que se escuche completamente, al igual que el audio con la voz envejecida del personaje varón, daba la sensación de perderse en el espacio y no todas las palabras llegaban a escucharse. Las luces son tiernas y la música acompasa las vicisitudes de la pareja.

Las imágenes que se consiguen con la interacción de los actores y los papeles son propicias para cada momento. La dirección de Franco Ocaña atina con la elección de la simbología, la música y el ritmo escénico; al final, vemos la lucha de estos dos cuerpos que terminaron superando la piel. 

Abrazar el amor, pero también abrazar las agujas que supone el conocer a una persona, el aceptar sus ideas y decisiones, la distancia y las metas personales. La obra es digerible y conecta rápidamente con los espectadores, la pasión con la que se relacionan los actores nos hace sentir la vibración de estar enamorados. Es como si supieras lo que va a venir, porque relacionas algunos sucesos o fantasías, pero sufres con ellos, palpitas con ellos, te desilusionas y te vuelves a ilusionar.

Moisés Aurazo

12 de julio de 2023