miércoles, 24 de abril de 2024

Crítica: PRÓXIMO


¿Es posible construir y mantener un vínculo afectivo de pareja a la distancia?

La mayor parte del tiempo buscamos certezas en cuanto a las relaciones amorosas, un amor a la medida; vivimos mucho de la ilusión en las primeras instancias del enamoramiento, a tal grado que por no perder todo aquello que creemos que el otro nos hace sentir, pues terminamos por perdernos a nosotros mismos, modificando incluso nuestros propios límites fijados para nuestro autocuidado, ya que nuestro deseo es mucho más fuerte y hacemos de todo para hacer que la relación “funcione”. A pesar, incluso, que podamos estar a kilómetros de distancia del ser amado y no haberlo visto ni tocado nunca, pero ese deseo precisamente es el que nos refuerza la conducta de justificarlo todo, porque nuestro anhelo es más grande.

Jaime Nieto, el director, relata muy bien en escena esta pieza teatral titulada Próximo, escrita por el reconocido autor argentino Claudio Tolcachir, que es bastante íntima, ya que puede sentirse cuán cerca pueden estar dos personas enamoradas si están a kilómetros de distancia. Por momentos, da la sensación que están en el mismo espacio, pero al mismo tiempo, queda bastante claro que está cada uno en la soledad en la que viven en los últimos tiempos, y cómo el otro se vuelve una compañía imprescindible y vital; así de próximos están, así de cercanos, y también así de lejanos, así de desconocidos. La elección del Teatro de Lucia se convierte en un total acierto, ya que al ser una sala pequeña, logra darnos la atmósfera perfecta de cuál es el contexto de los personajes y que parece que se les reduce más el espacio, al ir necesitando más al otro con el pasar del tiempo.

Otro acierto, también, es el uso de los elementos del escenario que ambos personajes comparten a pesar que están a kilómetros de distancia, pero que instala claramente en el espectador que el sillón, la cama o la mesa de noche son diferentes cuando los usa cada uno; esto apoyado muy bien por la iluminación, que ayuda a la intimidad que se quiere reflejar en momentos en que, muy sutilmente, va cambiando la tensión entre escena y escena.

Omar García y Alfonso Dibós, los protagonistas, tienen una dinámica en escena genial, llena de sutilezas en cuanto a sus miedos, desolación, ansiedad, estrés, incertidumbre, ira, frustración, sexualidad y amor; desarrollando con mucha solvencia el significativo detalle de ignorar la presencia del otro por el contexto que están en otros países y al mismo tiempo, sentirlos tan profundamente vinculados, y tal cual es el título de la obra, sentirse tan próximo el uno del otro. En estas épocas en que los amores virtuales cada vez más se convierten en una normalidad y que necesitamos más límites que nunca, esta puesta es muy recomendable.

Manuel Trujillo

24 de abril de 2024

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