viernes, 1 de mayo de 2026

Crítica: NOCHE DE CREADORAS - ABRIL


De todo un poco y un poco para todos

Es la segunda vez que puedo acudir a la Noche de Creadoras, iniciativa de Jen Aguirre Woytkowski que busca dar vitrina a artistas -tanto consagrados como emergentes- en una propuesta que integra diversos espectáculos artísticos breves en el contexto de una noche típicamente bohemia barranquina. Casa Bulbo, ubicada a pocas cuadras de la Plaza de Armas de Barranco, es el espacio designado para dicho fin. La noche arranca y el ambiente es inmediatamente acogedor y dinámico. Música, tragos, arte; todos los ingredientes para una gran noche están ahí. Pero, ¿qué hay de las obras seleccionadas para la edición de abril? ¿Encajan dentro de esta atmósfera fiestera y relajada, o es que desentonan y se sienten fuera de lugar en ella? 

Cuando estuve por aquí a inicios de marzo salí bastante contento con la selección de propuestas escénicas, todas ricas en diversidad, contenido y enfoque. Es satisfactorio constatar que el filtro de las creadoras ha mantenido su rigurosidad al traer ahora tres nuevas propuestas que no solo cumplen con los estándares mínimos de un espectáculo escénico, sino que brillan con luz propia y logran encontrar su propia identidad y especificidad.

Invocación Blanca Varela da inicio al recorrido artístico de la noche trayendo poemas de la aclamada escritora y poeta peruana al escenario en una propuesta performática intensa, interactiva y kinestésica. Micaela Távara (quien también dirige el montaje) y Jazmín Labrín son las actrices que prestan sus cuerpos y sus voces a la poesía de Varela en un montaje que desafía las nociones clásicas de la estructura dramática. Las intérpretes interactúan entre ellas, pero también miran directamente al público. Adoptan poses estáticas, pero también corretean desesperadamente por el escenario. Susurran frases, pero también las gritan a voz en cuello. Hacen movimientos ondulantes, pero también erráticos mientras recitan la poesía de la afamada peruana. Para alguien que conoce el trabajo de esta poeta, estoy seguro que este montaje fue una delicia; pero quizá el mérito principal radica precisamente en la reacción que ocasiona en alguien que, como yo, no estaba familiarizado con él. Más allá de abrirme el panorama e incitarme a conocer más de Varela, este montaje me deja con la sencilla, pero potente realización de que ver a dos actrices comprometidas al cien por ciento con sus acciones, objetivos y movimientos, nunca va a dejar de ser interesante. La propuesta, que además hace un uso efectivo del formato circular, se siente como una montaña rusa. Inicia con cierta quietud, mientras va elevándose, y luego, cuando llega el momento del inevitable descenso, no te suelta hasta el final. 

En Medea, es tu momento, una actriz (Daniela Zea) y una asistente de dirección (Marianne Carassa) se enfrentan en un duelo de palabras en el que se revelan las motivaciones ocultas de cada una; sobre todo las de Carassa, quien interpreta al personaje que sufre la transformación central en la obra. Esta simpática microobra funciona, en primera instancia, gracias al texto de Federico Abrill, el cual más allá del dinamismo y la organicidad, encuentra su mayor virtud en la autorreferencialidad. Debido a que los personajes habitan dentro de un universo teatral ficticio, Abrill aprovecha para desmenuzar de forma muy divertida el quehacer teatral. Desde las motivaciones que tiene un personaje, hasta el uso de los matices actorales erróneos, pasando por la revelación de la dura realidad de una actriz que además es madre, y el deseo latente de una asistente de dirección por encontrar su momento de brillar. El texto va un paso más allá incluso y logra conectar el monólogo de Medea (extraído de la reconocida obra de Eurípides) con el drama interno de uno de los personajes, haciendo que la inclusión de dicho texto griego no sea para nada gratuita, sino precisa y necesaria. Actoralmente hablando, las actrices tienen un desempeño correcto. Hay escucha y juego entre ellas, también un ritmo adecuado entre sus diálogos que permite que cada texto cale, pero me da la impresión de que pudo haberse trabajado aún más la dirección de actores, quizá llevándola más al extremo, elevando la urgencia, o en todo caso unificando un poco el código (por momentos el naturalismo coqueteaba un poco con la farsa). Aún así, es difícil fallar cuando hay un texto tan sólido que te ampara. Y si a esta ecuación añadimos el carisma natural de ambas actrices tenemos, definitivamente, una operación exitosa.

Las cuñadas aporta el momento más desenfrenado y pícaro de la noche. Optando por el formato teatral clásico (en el que el público está de un lado y el elenco del otro), esta obra apuesta por yuxtaponer dos vínculos intrínsecamente relacionados, pero no comúnmente abordados: el de dos amigas que se convierten en cuñadas, y el de un hermano y una hermana que deben dejarse ir el uno al otro cuando uno de ellos se casa. Lo que debería haber sido un día perfecto se convierte en una auténtica pesadilla cuando el novio (Dante del Águila) sufre una caída severa en plena celebración rompiéndose el brazo. Dicho impase ocasiona una feroz batalla entre la novia (Tania López Bravo) y la hermana del novio (Gia Rosalino). La segunda no solo culpa a la primera por haber ocasionado este accidente, sino que no tarda en revelar sus reservas en cuanto a las recientes nupcias de su hermano, llegando incluso a sugerir la anulación del matrimonio, desatando la furia de su nueva y flamante cuñada. La obra escrita por María Paula del Olmo se sostiene principalmente gracias a su elenco y a la dirección de Federico Abrill. El texto en sí no es para nada malo. Digamos que cumple con todos los requisitos indispensables para que un texto dramatúrgico satírico funcione. Pero a pesar de su interesante premisa, termina recorriendo territorio muy conocido; poco o nada en las interacciones o diálogos suena o parece realmente nuevo, específico o sorpresivo. Del Olmo cae en lugares comunes y parece querer deliberadamente quedarse ahí haciendo que la historia, aunque divertida, sea predecible prácticamente hasta el final. Sin embargo, debo destacar que Dante, Tania y Gia estuvieron estupendos en sus papeles, elevando mucho el material. Los tres mostraron mucho dominio de la comedia física, excelente timing cómico, efectiva particularización de la palabra a favor del humor, y conexión y escucha tangible entre ellos. Abrill por su parte, conduce el ritmo y unifica el código actoral de forma satisfactoria, e hilvana las entradas y salidas de los personajes de tal forma que le da dinamismo y chispa al montaje.

En líneas generales, fue otra gran noche gracias a las creadoras. O, mejor dicho, fue otra gran Noche de Creadoras. Se necesitan y se agradecen los espacios como este en los que distintas disciplinas artísticas pueden confluir y coexistir de forma armoniosa, y que además nos invitan a compartir nuestras impresiones sobre lo que hemos visto y experimentado al ritmo de buena música y bebiendo un rico coctel. Una de las partes más divertidas de ir al teatro, después de todo, es hablar de él, y Casa Bulbo ofrece un estupendo telón de fondo para hacerlo. Lastimosamente, todos los montajes de los que hablo en esta crítica llegaron a su fin de temporada el día que asistí a verlos, así que no me queda más que recomendar a todos estar muy atentos a la revelación de la cartelera que las creadoras tienen lista para mayo. Yo ciertamente lo estaré. ¿Nos vemos ahí?

Sergio Lescano

1° de mayo de 2026

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