jueves, 21 de mayo de 2026

Crítica: AÍDA


La majestuosidad de Verdi conquista el Gran Teatro Nacional

La monumental puesta en escena de la ópera Aída convierte al Gran Teatro Nacional del Perú en el escenario de una experiencia donde el amor, el poder y el deber chocan con intensidad desgarradora. Esta producción del 17.º Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda, bajo la dirección artística de Ernesto Palacio, apuesta por la grandiosidad visual y sonora sin perder de vista la dimensión humana del clásico de Giuseppe Verdi.

Desde la avant premiere, la propuesta dejó claro que su mayor fortaleza se encuentra en el impacto del conjunto de todos sus elementos escénicos. La escenografía diseñada por Pepe Sialer construye un Egipto monumental y elegante, capaz de envolver al espectador desde el primer instante, mientras el diseño de luces acompaña cada tensión dramática con precisión y atmósfera. La dirección escénica de Renato Bonajuto encuentra equilibrio entre lo íntimo y lo épico, permitiendo que los conflictos emocionales respiren dentro de una puesta de gran escala.

En el plano musical, la experiencia alcanza momentos verdaderamente memorables gracias a la imponente presencia de la Sinfonía por el Perú, dirigida por el gran maestro Cesare della Sciucca. La orquesta sostiene la intensidad dramática de Verdi con fuerza y sensibilidad, acompañando a un elenco internacional sólido encabezado por Yolanda Auyanet como Aída, Zinaida Tsarenko como Amneris e Ivan Magrì como Radamès. También destacan Marco Caria como Amonasro, Alberto Comes como Ramfis, Xavier Fernández como Il Re d’Egitto, D’Angelo Díaz como Il messaggero y Elizabeth Guerrero como Sacerdotessa. La participación especial del Coro Nacional del Perú aporta una potencia coral que engrandece las escenas colectivas y reafirma el carácter monumental de la obra.

La coreografía de Jimmy Shimizu suma dinamismo y belleza visual, especialmente a través del trabajo de los bailarines adultos, cuya presencia escénica aporta elegancia y energía a la puesta. La incorporación de bailarines infantiles añade sensibilidad y frescura a determinadas escenas. Asimismo, el vestuario diseñado por Susana Torres acompaña adecuadamente la estética monumental del montaje y contribuye a la construcción visual de este Egipto teatralizado.

Más allá de cada detalle técnico, lo que permanece es la experiencia profundamente envolvente de ver Aída en vivo, en la inmensidad del Gran Teatro Nacional del Perú. Una experiencia escénica que conmueve desde lo visual, lo musical y lo emocional, y que confirma por qué esta obra continúa siendo uno de los clásicos más apasionantes del repertorio universal. A esta producción le queda solo una función este 22 de mayo y las entradas se pueden conseguir en Teleticket: una última oportunidad para dejarse arrastrar por la fuerza inmortal de Verdi.

Tammy Alfaro

21 de mayo de 2026

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