viernes, 15 de mayo de 2026

Crónica: EL SHULCA


Breves prosas sobre el sudor en escena

XIX Muestra Macroregional de Teatro Lima – Ica – Callao, Bruno Luera

Ser partícipe y volar, ser partícipe y soñar, así jugaba Bruno Luera a ser lo que él quería, lo que él añoraba, quizá solo existía, pero su existencia ya era un acontecimiento teatral. Esta semana se inauguró la XIX Muestra Macroregional de Teatro Lima – Ica - Callao que lleva su nombre. Me he sentido muy a gusto de participar con el elenco de Haciendo Pueblo. El 8 de mayo abrimos con El Shulca, una obra potente, colectiva, ahí se manifiesta el decir “el teatro es colectivo”, somos un engranaje corporal que se mueve por un latido ajeno al mundo, inspirados en Vallejo recitamos a Bruno: lamentamos, reímos, jugamos y peleamos. 

Una obra contundente en el máximo sentido de la palabra, iniciamos con los pallos que van arengando al aire, gritando a viva voz como si estuvieran en su hábitat natural; los cuerpos se organizan en una fila circular, y empiezan los versos de Vallejo. Cada cuerpo tiene una voz particular y esto hace especial el momento, son diversos cuerpos recitando con muchas voces, y varias sensaciones, una experiencia metafísica como Vallejo. Los sucesos van acomodándose, la niñez, el recuerdo y el juego aparecen; hay un momento cumbre y empieza a calentarse el escenario con la maravilla de luz que permite Adrián Luera, una construcción de atmósferas que se convierten en un acto poético, una rebeldía ante la naturaleza, una exaltación para la realidad. 

La sala se vuelve un aula, y los estudiantes acuciosos observan a Paco Yunque, se manifiesta un desagrado, quizá el malestar de ser dominado por algo que deprime, que afecta la circulación de la sangre, una tristeza que se encarna en el profesor, perpetuador del sistema, perpetuador de la rutina, tal vez el pobre tampoco tiene mucho por hacer o finge no saber su responsabilidad. Sin el ánimo de ser pesimista a veces, parece que serlo es una rebeldía, ante la esperanza que me aburre por buena gente, que me aburre porque me mantiene esperando, la esperanza es lo último que se pierde dicen algunos, tal vez debería ser lo primero que deberíamos perder, para conseguir otra esencia, una esencia que motive a la acción no a la espera; pero habrá muchos que saltarán y dirán está equivocado. Así es el arte: solo emitimos nuestro punto de vista, no es un dogma, no soy el dueño de la verdad, solo escribo para curar mi alma. El profesor permite los abusos de Grieve. Paco Yunque no puede soltar la voz, por miedo, al golpe, al abuso. Los compañeros intentan sacudirlo del escombro, pero solo consiguen atemorizarlo más cada vez más.

Después de este momento lúgubre, la fiesta vuelve, los cuerpos saltan como niños y juegan con cubos mágicos, construyen ilusiones, esperanzas no, hoy aborrezco la esperanza, quizá mi teclado se volvió vallejiano…tan solo es un suspiro que se aproxima a un entendimiento, jamás seremos iguales, jamás seré otro. Hay un punto donde los estudiantes vuelven y se arma una pelea, Grieve abusa de Paco, y Juncos lo defiende, pero a esto salta Cancio y se arma un nuevo conflicto, batalla campal que termina amenamente en un canto de unión y de paz.

El Shulca se vuelve conflicto, es conflicto desde su existencia. Haciendo Pueblo es la demostración del teatro comunitario trascendiendo la realidad, elevándose a la voz de Bruno Luera, al misticismo del recuerdo y al misterio del sudor en escena.

La Muestra Macroregional de Teatro empieza con fuerza. Muchos grupos se avecinan, la sala está caliente, hay arte por montones, la importancia de ser uno para saber ser grupo, la importancia de mirar para ser mirado, de respetar para ser respetado. Hoy aborrezco la esperanza, y creo en certezas, la certeza del artista para el arte y por el arte, no para algo en especial, sino para algo insustancial, un vacío, algo ajeno a una existencia, una mirada a la oscuridad donde la luz se va opacando lentamente, ¡que viva el teatro y sus teatreros!

Moisés Aurazo

15 de mayo de 2026

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