domingo, 3 de mayo de 2026

Crítica: ROBERTO ZUCCO


Intensidad actoral en una puesta que se diluye

Dentro del Nuevo Teatro Julieta emerge la figura de Roberto Zucco, asesino en serie que da cuerpo al clásico episódico de Bernard-Marie Koltès. Bajo la dirección de Ximena Arroyo y Haysen Percovich, esta propuesta funciona como muestra final del primer taller del Teatro Julieta, con un elenco integrado por egresados.

La dirección evidencia intenciones claras en ciertos pasajes, pero no logra sostener una línea consistente. El texto, lejos de condensarse, se dilata innecesariamente y termina por erosionar la acción dramática. A ello se suma el uso de recursos escénicos que, en lugar de potenciar la puesta, la recargan y dispersan su foco.

El mayor acierto recae en el trabajo actoral. El elenco sostiene una escucha activa que permite dinamizar el ritmo, y el intérprete de Roberto Zucco construye una presencia verosímil, con un realismo que captura la atención y articula la experiencia escénica.

Enfrentar este texto no es menor, y los actores logran sostener su complejidad; sin embargo, la propuesta carece de un marco que ordene sus decisiones. Aun así, el público se deja arrastrar por el recorrido del protagonista, impulsado por un trabajo corporal consistente.

Se percibe una intención de alcanzar un acabado profesional, pero la dirección de arte no acompaña ese objetivo. Por el contrario, los elementos escénicos entorpecen la limpieza de la propuesta, que encuentra mayor fuerza cuando se apoya únicamente en la actuación.

Un montaje que funciona como ejercicio formativo y evidencia intérpretes capaces, pero cuya resolución escénica queda atrapada en la indefinición

Juan Pablo Rueda

3 de mayo de 2026

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