Entre la risa popular y una verdad que sí golpea
En Super mamá con huevos, unipersonal interpretado por María Victoria Santana, la escena se convierte en un espacio de transformación constante. A través de distintos personajes y registros, la obra construye un recorrido que mezcla humor popular, experiencia autobiográfica y observación social sobre lo que significa ser madre, mujer y artista en el Perú.
La propuesta inicia con el playback de una canción que funciona como carta de presentación del universo escénico. Desde el comienzo, el tono se instala en un código criollo y directo que rápidamente conecta con el público. La intérprete entra no solo como personaje, sino también como ella misma: actriz, madre y trabajadora que expone las distintas capas que ha tenido que atravesar para sostener su vida y su carrera.
El unipersonal se sostiene en una estructura fragmentada donde aparecen distintas figuras: la “super mamá”, la “paloma migajera”, la propia actriz y, por supuesto, Pánfila, personaje que termina convirtiéndose en el núcleo más potente de la noche. Ahí la energía cambia por completo. La escena encuentra mayor precisión, soltura y verdad. Su desvergüenza, rapidez y capacidad para decir lo que piensa sin filtro generan una conexión inmediata que evidencia cuánto tiempo ha habitado ese personaje y cuánto domina ese lenguaje.
La obra apuesta constantemente por la interacción con el público. Hay comentarios, respuestas espontáneas y referencias populares que activan la participación natural de los asistentes. Aunque algunos recursos ligados al humor más contemporáneo o a frases virales se sienten por momentos demasiado explicados, el espectáculo logra sostener la cercanía gracias a la presencia escénica de la actriz y a la honestidad con la que se relaciona con quienes la observan.
Más allá de la comicidad, uno de los aspectos más interesantes del montaje aparece cuando la obra deja ver el desgaste detrás del entretenimiento. El relato evidencia algo profundamente real y poco romantizado: todo lo que una madre debe hacer para sobrevivir, especialmente dentro de un sistema que históricamente abandona a los artistas populares. La obra recuerda que ni siquiera la televisión asegura estabilidad económica, continuidad laboral o protección para quienes han dedicado años a entretener al país.
Ese cruce entre humor y precariedad alcanza uno de sus momentos más conmovedores en el personaje final: una mujer mayor, viuda y agotada, que continúa trabajando para sostenerse y acompañar a sus hijos adultos. La construcción del personaje evita caer en el melodrama. Por el contrario, encuentra en la risa una manera profundamente humana de atravesar el cansancio, la soledad y el paso del tiempo.
Ahí aparece también uno de los mayores aciertos del espectáculo: entender el humor no como evasión, sino como mecanismo de resistencia. La obra no niega las dificultades ni las maquilla. Las enfrenta desde el juego, desde la exageración y desde una comicidad popular que permite que lo doloroso pueda decirse sin quebrar por completo la escena.
Super mamá con huevos dialoga especialmente con un público adulto que reconoce esos códigos televisivos y esa tradición de humor criollo. Sin embargo, incluso fuera de esa generación, el unipersonal deja una sensación clara: detrás de cada chiste hay una mujer que ha tenido que sostener muchísimo más de lo que la gente imagina.
Y quizás por eso el momento final golpea tanto. Entre risas, canciones y personajes, la obra termina dejando una advertencia sencilla pero brutal: visiten a sus mamás. Porque cuando esa figura falta, el vacío ya no tiene remate posible.
Naomi Noblecilla
15 de mayo de 2026
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario