Entre el saber y el aparentar
Hay textos que no pierden vigencia con el tiempo; al contrario, estos maduran como reflejos incómodos frente a la sociedad. Tal es el caso de Las mujeres sabias de Molière, una comedia muy atrevida que, a pesar de la distancia generacional, se mantiene aún vigente. Bajo la dirección de Viviana Andrade, esta puesta en escena se sumerge en la crítica a la pedantería y a esa obsesión tan humana de vivir de las apariencias, pretendiendo ser o saber aquello que, en el fondo, desconocemos por completo.
La particularidad de esta obra de teatro es el compromiso de su elenco. Si bien se puede percibir que nos encontramos ante actores en proceso de formación, se rescata la gran entrega física y emocional que dejan ver en escena. Hay una energía particular que recorre las tablas; una vitalidad que, en sus mejores momentos, regala actuaciones muy honestas y desarmantes que conectan directamente con el público. Es cierto que el ritmo de la obra atraviesa valles, momentos en los que la tensión cómica parece diluirse, pero la fuerza y energía que el elenco coloca logran rescatar la atención del espectador antes de que el hilo se rompa.
En cuanto a la parte técnica, los detalles están lejos de simples complementos. La escenografía y los apoyos visuales funcionan de gran ayuda a lo narrativo, construyendo la atmósfera necesaria para que el público comprenda no solo dónde están los personajes, sino también bajo qué situación se encuentran los personajes.
Estamos ante una obra que, aunque se perciba en desarrollo, no teme mostrarse vulnerable. Es precisamente ese conjunto de elementos que nos brinda de manera clara y honesta el mensaje de Molière, el cual llega nítido: la verdadera sabiduría no reside en la retórica vacía, sino en la autenticidad. Sin duda, una propuesta que nos invita a reírnos de nuestra propia necesidad de aparentar.
Javier Gutiérrez
4 de mayo de 2026

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