viernes, 22 de mayo de 2026

Crítica: LA CASA DE BERNARDA ALBA


El hogar como jaula: el factor del deseo y la resistencia de la heroína trágica

La puesta en escena de La casa de Bernarda Alba, propuesta por La vaca multicolor, ha sido quizá la mejor que he visto en cuanto a representaciones de clásicos de Federico García Lorca en nuestra ciudad. Entre varios aspectos a resaltar, las excelentes interpretaciones de las actrices destacan sobre todo lo demás: la fuerza del personaje de Bernarda Alba se impone a través de Gabriela Gaspar, quien demuestra un férreo control sobre sus hijas, pero que encuentra un contrapunto en La Poncia (encarnada por Maria Fernanda Misajel); ella, jefa de servicio de la casa, intuye los pensamientos de las jóvenes, pero igual comprende las complejas dinámicas sociales. Entre ambos pilares del hogar, encuentran cobijo y rigor la ingenua Magdalena (Jimena Uribe), una delicada Angustias (Maria Celeste Farfán), la astuta Martirio (Rafaela Vittet) y una apasionada Adela (Sharon Olivares). Así, se desarrolla frente a nosotros, espectadores del drama, la historia de estas mujeres que viven reprimidas, tanto desde casa como por la sociedad. 

Nos complace recomendar una obra como esta, donde un clásico texto teatral es enriquecido por las técnicas y aportes del presente. De este modo, los juegos de luces nos sumergen en perspectivas filtradas por tonos distintos y colores que evocan las emociones de nuestras protagonistas. Sobre el uso del humo y la sensación de elevación de la temperatura, tales acompañan la situación desoladora que atraviesan las jóvenes y representan, en todo sentido, lo asfixiante de su destino. A la par, el vestuario fue bellamente cuidado y proyectaba las particularidades de cada hermana, como la sencillez en la ropa de quien se encuentra más enferma, o por ejemplo lo sombrío en aquella que guarda gran resentimiento. Junto con ello, el uso de la utilería y los muebles nos inserta en un ambiente de largo luto y de reglas religiosas, donde los elementos frágiles son metáforas del vulnerable equilibrio en el hogar. La movilización de nuestros personajes entre dos ambientes, donde uno es el espacio que comparte con los espectadores y otro un poco más alejado de ellos, reflejan y profundizan las dicotomías que se nos presentan: el mundo doméstico de la mujer (en contraste con lo público y masculino); el ansia de libertad sentimental y sexual ante la represión de los afectos; el cariño entre las hermanas, suspendido por sus rivalidades; así como el deseo de una vida cargada de sensaciones, truncada por el mandato materno de preservación del honor. 

Finalmente, queremos mencionar lo valioso que encontramos en este tipo de propuestas de teatro, y donde bajo la dirección de Fernando Luque y la asociación de La vaca multicolor, nos vemos partícipes de un arte que se despliega con pura virtud y sensibilidad. Esperamos que el público que disfruta de los clásicos de la literatura se anime a asistir a próximas funciones, y que en este proyecto encuentre también la esencia que define a nuestras heroínas trágicas: lo que se nos ofrece es una experiencia profundamente identificada con el sufrimiento femenino de la época, pero que no deja de interpelarnos sobre el lugar que ocupamos las mujeres en el presente.  

Jimena Muñoz

22 de mayo de 2026

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