viernes, 22 de mayo de 2026

Crítica: RITUALES PARA DESPEDIRSE


Rituales de un país en duelo

Ver Rituales para despedirse es enfrentarse a una herida que, a pesar de los años, sigue abierta. Como ese duelo reciente, o incluso aquel que lleva años acompañándonos, que vuelve a removerse cuando se habla de pérdidas, despedidas y cielos prometidos. Así se siente esta obra: como un recordatorio de la incertidumbre, el pánico y la vulnerabilidad que atravesaron nuestras vidas durante la pandemia, pero también de lo peor de la humanidad que fuimos capaces de ver —y ser— en esos momentos.

Sí, la obra parte de lo que fue toda la experiencia del COVID-19; pero va más allá para hablar de la necesidad profundamente humana de buscar explicaciones y despedidas, aun sin saber exactamente dónde ni cómo hacerlo. Aquí es donde las interpretaciones de todo el elenco construyen personajes cercanos, repletos de emociones contenidas por las circunstancias. Personajes que viven el dolor desde lugares distintos, logrando que el público se identifique con esas múltiples maneras de lidiar con la ausencia, más aún en un contexto tan macabro.

No existe una dramatización exagerada de la pérdida ni una moraleja que intente explicarlo todo. Por el contrario, la obra muestra emociones honestas: la mezcla de miedo, confusión y desesperación reflejada en reacciones y pequeños gestos muy humanos —y muy peruanos—.

Esos tiempos nos dejaron muy en claro que la enfermedad no distingue color de piel, cuentas bancarias ni grandes títulos. La puesta en escena nos lo vuelve a poner enfrente, por si se nos ha olvidado que, para la muerte, todos somos iguales. Por eso, la obra no solo relata historias individuales, sino que también retrata la realidad de nuestro país en tiempos de pandemia y, por qué no, parte de su propia idiosincrasia.

Uno de los aspectos más interesantes del montaje es cómo utiliza la idea de los rituales. Después de la pandemia, muchas personas no pudieron despedirse de sus familiares como hubieran querido debido a las prohibiciones que ya conocemos. No hubo abrazos, velorios ni una última conversación para decirlo todo. Frente a eso, la obra muestra cómo los seres humanos terminamos creando nuevas maneras de recordar, honrar y seguir adelante. Buscamos señales en todas partes y formas de comunicarnos con quienes ya no están. Los rituales aparecen entonces como una forma de resistencia emocional, como intentos de darle sentido a aquello que parece imposible de aceptar.

Más que hablar de la muerte o de pandemias, Rituales para despedirse habla de quienes permanecen en este mundo. De las personas que, aun cargando ausencias, intentan reconstruirse y encontrar una forma de seguir viviendo —o sobreviviendo— sin olvidar.

Cristina Soto Arce

22 de mayo de 2026

No hay comentarios: