sábado, 10 de enero de 2026

Crítica: UN MISTERIO, UNA PASIÓN


Barra crema en escena

Percy Ramón Rodríguez Marchand, conocido también como Misterio, no solo fue uno de los hinchas más acérrimos de Universitario de Deportes, sino que además fue uno de los fundadores de la Trinchera Norte a finales de los años ochenta. La violencia con la que convivió Percy, dentro de su fragmentado hogar y en las tribunas de los estadios y sus alrededores, fue la inspiración para que Aldo Miyashiro escribiera una de sus obras más memorables. Un misterio, una pasión encontró su versión definitiva en 2003, en una puesta en escena a la que no le pudo hacer sombra su esmerada reposición del 2018. A finales del año pasado llegó un montaje independiente a cargo de La Escena Producciones, en una única función, que sirvió para recordarnos lo buen dramaturgo que sigue siendo Miyashiro.

El joven artista Johan Robles, en su último trabajo de dirección, toma un enorme riesgo al enfrentarse a una historia de dilatada duración, que dejó huella duradera en los escenarios hace ya más de dos décadas y también en el imaginario colectivo popular, gracias a la miniserie televisiva Misterio (2005), protagonizada por Pietro Sibille. Pudiendo crear una estética en los espacios que ofrece el lugar, Robles elige la austeridad sobre las tablas del Teatro Barranco, breves apagones en los cambios de escena, con un ajustado mobiliario y solo utilizando la ya característica pantalla del foro para las secuencias del noticiero. Si bien, en términos generales, esta decisión no afecta demasiado el producto final, sí deben tomarse consideraciones en cuanto a la época en la que ocurre la acción: si estamos empezando los noventas, cuesta ver a personajes hablando por celular y otros, tecleando máquinas de escribir. Frases como “Qué fue, mano” rompen la convención de aquellos tiempos del inicio de la trinchera.

Sin duda, son las actuaciones las que deben ser la mayor fortaleza de esta nueva adaptación del clásico de Miyashiro. En ese sentido, el elenco que encabeza Miguel Cente como Misterio hace un despliegue de energía, pasión y entrega tal que se desborda muchas veces, pero que permiten bosquejar muy bien a los personajes del drama (algunos, ya icónicos) y consiguen así que el espectador siga las diversas historias con interés. Robles cumple con Un misterio, una pasión uno de sus grandes retos como director: enfrentarse a un enorme texto considerado, por muchos, como intocable; pero apoyado por un elenco entregado por completo a la causa y que con algunos ajustes bien podrían considerar una oportuna reposición en el futuro, en sentido homenaje a un joven director como Robles, que así como Misterio, fue un hincha acérrimo del quehacer teatral.

Sergio Velarde

10 de enero de 2026

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