domingo, 2 de agosto de 2026

Crítica: UNA OBRA PARA QUIENES VIVEN EN TIEMPOS DE EXTINCIÓN


¿Y si nos detenemos a pensar en nuestro paso por el mundo?

A inicios de este año, La Plaza apostó por una historia muy diferente a las habituales. Norma Martínez asumió el reto de dirigir una obra escrita por Miranda Rose Hall que abarca un tema importante pero poco discutido, sobre todo en el mundo del teatro. El tema del medio ambiente y cómo los humanos nos relacionamos con este siempre ha sido relegado a los márgenes o a otras disciplinas como las ciencias, pero nunca ha sido el centro de atención hasta este momento.

La actriz Fiorella Pennano interpreta a una dramaturga, que más allá de solo ejercer esa profesión y actuar bajo esa etiqueta, es una persona, un ser humano que se preocupa por los efectos de su existencia en el mundo y la huella que está dejando. Es así que la obra inicia de una manera poco usual: sale Fiorella al escenario, se la nota muy nerviosa, nadie sospecharía que estuviera actuando, hasta que se presenta como la dramaturga de la obra que íbamos a presenciar, pero que por motivos de fuerza mayor sus actrices no podrán acompañarla, así que ella tomó la decisión de superar su timidez, subir al escenario y explicarnos de qué iba a tratar su obra, pero termina relatándonos, como si se tratase de un salón de clases,sobre la vida en la Tierra en plena era de extinción ocasionada. por el ser humano.

Sobre el escenario tenemos a una Fiorella algo preocupada, desarreglada y con ropa muy casual, se toca constantemente las manos, se pone y saca los lentes cada tanto en tanto, pero a medida que va contándonos sobre las cosas que le apasionan, como son los temas medioambientales, vemos cómo en su rostro conviven tristeza y emoción, una especie de resignación con esperanza, una representación de la frase “hacer algo desde nuestra trinchera”. Y es que la obra no se trata solo de ella ni de lo que solo ella tenga para decir, y ese es uno de los puntos fuertes tanto del libreto como de la dirección: la obra pone su atención en el público, nos da una voz, nos escuchamos y tratamos de comprender cómo llegamos  este punto de no retorno.

Mediante el humor, momentos de angustia y otros de ternura, nos da una clase sobre la historia del origen de todo, del mundo, pero que intercala con emociones y experiencias personales que, a su vez, son muy universales, como tener un juguete favorito con forma de dinosaurio cuando éramos niños, y cómo ahora ese juguete nos ayuda a entender que el tiempo en este planeta se nos está acabando. Esa manera de involucrar al público desde la memoria, lo personal, contándonos entre todos nuestras historias con la naturaleza, como es cuidar de una planta o crecer junto al árbol de tu barrio, despierta una especie de empatía y sensibilidad que muy posiblemente estaba adormecida hasta ese momento, se crea un ambiente de complicidad, un grupo de desconocidos que se sienten unidos a través de sus recuerdos.

Hay este dilema de oscilar entre no querer saber nada, porque en esa ignorancia hay cierta tranquilidad, pero también ese sentir que necesitas saber para estar al tanto de lo que pasa a tu alrededor, porque finalmente todo está conectado. Por ejemplo, mientras uno nacía, había animales que estaban luchando para no extinguirse, una extinción que ellos no causaron. Ninguna existencia es aislada, y la impotencia que vemos en la actriz al sentir que no puede llegar a las personas, hacerlas sentir o hacer que les importe lo que está pasando, es desgarradora y muy compartida.

Finalmente, otro punto importante para destacar de la obra es que, quizás proponiéndoselo o no, no solo nos transmite emociones, sino también conocimientos que de por sí no son tan fáciles de encontrar o no despiertan mucho nuestra atención. Mencionar a mujeres de la Academia como Donna Haraway y Elizabeth Kolbert, no desde el pedestal de profesor de universidad, sino como una amiga que te cuenta sobre su libro favorito, despierta en el espectador la curiosidad de querer saber más al respecto. No son muchas las obras que tienen ese tipo de objetivos y, sobre todo, que puedan lograrlo. La escena limeña contemporánea necesita de más obras de este estilo, que despierten la curiosidad en las personas para querer seguir leyendo e investigando por su cuenta, obras que despierten los sentidos y nos recuerden lo importante que es cuestionarnos de vez en cuando.

Barbara Rios

2 de agosto de 2026

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