Cuando la realidad no supera la ficción
Una vez más, la Asociación de Artistas Aficionados AAA fue cómplice de una puesta en escena que revivió y adaptó un clásico muy necesario para el contexto actual. La obra en cuestión es Rebelión en la granja, de George Orwell, cuya premisa es la toma de una granja por parte de los animales que la habitan, todo esto a manera de fábula. La obra pasó a la historia como una sátira del régimen zarista. La Revolución Rusa y el estalinismo, de cómo este corrompe al socialismo.
En esta ocasión, el escritor y director Martín Velásquez Marvelat, junto con la asistencia de dirección de Ester Fajardo, Bravo Productora y BUTACA Arte & Comunicación, adaptaron la obra a la realidad nacional: los animales de una chacra del Perú organizan una rebelión contra el maltrato y la explotación por parte de los seres humanos, expulsando al dueño de la chacra para siempre. De esta manera, instauran un nuevo sistema de organización justo y digno para todos los animales; sin embargo, algunos de ellos empezarán a tomar decisiones en su propio beneficio.
Con un escenario que se servía de lo justo y necesario en lo que se refiere a escenografía, lo que dio más vida a la historia fueron las máscaras de animales y todo el trabajo por parte de los actores para poder imitar los comportamientos del animal que les correspondía interpretar. Se notó que hubo un trabajo de preparación y estudio de cada personaje. Los actores Valeria Arévalo, Juan Carlos Díaz, Miguel Ángel Agurto, Luis Cárdenas-Natteri, Alejandra Reyes, David Huamán, Rocío Montesinos, Omar Velásquez, Keyla Ramirez, Daniel Suárez Lezama, Paola Chacaltana y Edgard Linares se desenvuelven sobre el escenario con una agilidad tanto en acciones como en diálogo. Son capaces de generar escenarios tensos tan solo con gestos y palabras, complementando el juego de luces azules y rojas intensas que también ponían al espectador en una situación de alerta y tensión.
Si bien se dejó de lado el tema del maltrato de los humanos hacia los animales; es decir, no hubo una crítica muy profunda al respecto –lo cual bien podría ser por cuestión de duración de la obra- sí abordó de manera dinámica y sin caer en moralismos o fórmulas que te dicen qué es correcto y qué no. La puesta retrata la realidad nacional, hace parodia de alcaldes que son identificables con los gobernadores de ese entonces. Se percibe como una obra que no tiene miedo de levantar la voz y denunciar lo que considera injusto. El hecho de adaptar un libro de ese estilo a una realidad como la nuestra, si bien no es tarea fácil, vale la pena intentarlo, y en esta ocasión dieron en el clavo. Por más intentos valientes como este.
Barbara Rios
2 de agosto de 2026

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