Un Hamlet frente al polvo del olvido
Dentro del Centro Cultural Inca Garcilaso, se encuentra un héroe guerrillero, muy cerca a un Hamlet que recibe el llamado de su padre para iniciar un viaje. Este guerrero se desnuda frente al espectador para contar sobre lo dicho y lo no dicho a través de una historia que indaga sobre el tiempo y la memoria. Se trata de Los Héroes de mi patria, primera producción de la compañía escénica Archivo Nacional Teatro (2024), con Ernesto Barraza Elespuru, escritor de dicha obra, bajo la dirección de Rocia Limo y la producción de Monserrat Gomez de la Torre Barrera.
Barraza, mediante una investigación que remueve y recapitula un viaje de descubrimiento hacia su pasado nos muestra lo que ha heredado y qué lugar tiene como peruano en la historia de nuestro país. Es interesante, cómo a través de una mirada personal esta historia trasciende hacia lo colectivo, puesto a que mientras confronta a los fantasmas de su propio pasado se desencadenan archivos y memorias que restauran una noción de patria.
En cuanto a la propuesta de montaje, el espacio del Centro Inca Garcilaso de la Vega funciona de forma efectiva y oportuna, mediante la instalación de un circuito cerrado, se instaura un espacio de intimidad. A través de archivos fotográficos, documentos y objetos museicos nace una revisión sobre lo que no está terminado de contar, sobre ese polvo de estrellas que pertenece a generaciones del pasado.
Mientras observaba a Barraza me preguntaba: ¿qué pasa cuando comenzamos a excavar y desenterrar sobre ese polvo del pasado?, ¿qué cambia? Y más aún: ¿qué pasa cuando ese pasado es lo único que tengo para entender qué rol tengo como artista hoy en día? Estas cuestiones emergen tras escuchar el relato testimonial de dicho autor.
De esta manera, quisiera hacer énfasis sobre la semioticidad de los recursos utilizados: el polvo, como una suerte de limpiar el ritual; el vestuario, para enfrentar la historicidad de una patria y documento para poner en tela de juicio las figuras que son parte de la historia; el uso de las cajas como el traslado, el viajar hacia fuera de la patria para también volver a quedarse, esa resignificación de un teatro de objetos que nos permite entender esos fantasmas que no duermen.
Asimismo, la obra consigue instalar una pregunta profundamente política sobre la memoria: ¿cómo habitamos aquello que heredamos? No desde el heroísmo monumental ni desde la construcción oficial de la patria, sino desde la fragilidad de un cuerpo que recuerda, duda y reconstruye. Allí, Barraza convierte el archivo en un acto vivo, en una herida abierta que dialoga con el presente.
Los Héroes de mi Patria no busca ofrecer respuestas definitivas, sino abrir fisuras. En esas grietas aparece el espectador, convocado también a revisar sus propios restos, sus propios héroes y silencios. La obra se convierte entonces en una excavación sensible sobre la identidad, donde el teatro deja de ser únicamente representación para transformarse en un espacio ritual de memoria, resistencia y permanencia.
Juan Carlos Rueda
25 de mayo de 2026

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