En Casa Bulbo, tres microobras para pensar
En la primera edición de julio de Noche de Creadoras, pude presenciar tres obras que forman parte de su cartelera: Velorios Tour SAC, Los Irresponsables y Antes de irte (de la temporada de junio, pero que tuvo su última función el pasado 1 de julio). Cada una, en su breve duración, logró levantar un mundo completo y dejar una pregunta suspendida en la sala para cada espectador.
La primera obra, Velorios Tour SAC, escrita por Leticia Arbelo y dirigida por Lia Camilo, parte de una premisa tan insólita como macabra. Gla y Bea, dos profesoras jubiladas, organizan tours a velorios con comida y bebida incluidas. Cuando la crisis aprieta y la temporada viene floja de difuntos, toman una decisión desesperada que las lleva mucho más lejos de lo que imaginaban. Pocas veces me he reído tan genuinamente con una comedia corta. Me dejó con intriga, con ganas de saber cómo resolvían finalmente el conflicto que las atañe en ese momento y ver qué venía después. Es una premisa que parece simple y que sin embargo escala hacia resoluciones casi absurdas, y lo interesante es que, dada la extrañeza del punto de partida, esas salidas absurdas terminan por parecer hasta coherentes. La comedia funciona muy bien, porque sus dos personajes comparten mucho entre sí y a la vez son tan distintas en la forma de resolver las situaciones y en sus prioridades.
Diana Quijano y Magali Bolívar ofrecen actuaciones frescas y naturales que conectaron de inmediato con el público, que respondió con risas durante toda la función y con aplausos al cierre. Bajo su aparente ligereza, la obra deja una pregunta que incomoda: ¿qué límites morales está uno dispuesto a cruzar cuando la situación misma ya plantea un dilema ético?
Hay que felicitar a las actrices y también a una dirección fantástica. El espacio estuvo bien distribuido, sin desplazamientos que sobraran, y la dinámica entre ambas transmite una complicidad que sostiene todo el relato. La manera en que llevan el texto hace que el espectador se sumerja por completo en la situación.
Los Irresponsables, con dramaturgia de Luca Reátegui y dirección de Malu Gil, cambia por completo el registro. Ha ocurrido un incendio en un pueblo. Hay dos muertos, un detenido y una gobernadora que cree tenerlo todo bajo control. Su asesor, que también es su amante, no está tan seguro de que tengan al verdadero culpable, y esa noche ambos sostienen una conversación que pone en riesgo todo lo que han construido juntos. Aunque no hay nombres directos, queda muy claro que se trata de una crítica bien construida hacia el contexto peruano y latinoamericano actual, hacia esas redes de corrupción tejidas desde el poder. La obra muestra una lucha entre la lógica de izquierda y derecha y la lógica de quienes habitan el día a día frente a la clase poderosa. Aquí ese conflicto se encarna en un matrimonio donde las dos partes no gozan del mismo privilegio, y donde existe un tercero que nunca aparece pero que conduce toda la narrativa.
Silvana Picco logra transmitir el sadismo y la deshumanización del poder, mientras que Reátegui construye su contraparte. Con todo, queda flotando una duda. Si el caso planteado no hubiera implicado tanto al personaje de Reátegui, ¿aún habría confrontado la situación o se habría sumado al plan sin más?
La dirección de Malu Gil es excelente. Se perciben con claridad los juegos de poder y cómo estos fluctúan entre ambos personajes para asentarse finalmente en la gobernadora, y se vislumbran, de cierta forma, las dos dimensiones que atraviesan la relación en ese momento: la profesional y la conyugal. Es un drama cargado de complejidad para el poco tiempo que tiene en escena, y se sostiene de una manera que deja a los espectadores enganchados.
Finalmente, Antes de irte, escrita y dirigida por Micaela Valdés y Daniela Zea, está inspirada en las cartas reales entre Mariette Lydis y Erica Marx, y es una historia sobre arte, deseo y la necesidad de inventar un lugar donde poder existir. Debo confesar que amé esta representación sáfica. Esta es una historia de época contada a través de cartas; y, ese recurso resultó ser una estrategia ingeniosa para narrar desde la perspectiva de ambas mujeres. Las cartas se vuelven una ventana de subjetividad sobre lo que sucedió y le dan al público la posibilidad de rellenar con su imaginación los momentos intermedios. Así, la historia se construye tanto desde la obra como desde quienes la miramos, y eso hace que la conexión sea mucho mayor.
Marianne Carassa y Alexa Centurión reflejan la vulnerabilidad de ser una mujer sáfica, tanto en aquel momento como en la actualidad, junto con la sensibilidad y el deseo. Es una historia romántica, pero con una carga política muy fuerte, y deja una pregunta abierta: ¿cómo luchar por un espacio propio para amar en una sociedad que no te lo permite? La dirección es fenomenal. En escena no hay más que las actrices y las proyecciones, y resulta más que suficiente para contar esta historia. El ir y venir constante, las diferencias de proximidad entre ambas..., el movimiento mismo, junto con las cartas, nos mostraba muchísimo sobre su dinámica. Entendíamos lo que sentían y cómo su relación iba evolucionando. Ojalá haya una próxima reposición.
Vistas juntas, las tres microobras dejan la sensación de una noche en la que las creadoras pusieron a mujeres en el centro de la escena para hacerlas atravesar un dilema. El límite moral de una decisión desesperada, la complicidad con el poder y la búsqueda de un lugar donde amar. Tres registros muy distintos, la comedia, el drama político y el romance epistolar, que terminan compartiendo una misma pregunta por aquello que estamos dispuestas a hacer para sostener lo que queremos.
Daniela Ortega
10 de julio de 2026

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