jueves, 2 de julio de 2026

Crítica: UN SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Una noche artificial envuelta en un sueño

El Teatro Británico abre sus puertas para inducirnos a un universo irreverente y completamente grotesco. Esta vez se trata de Un sueño de una noche de verano de William Shakespeare, bajo la dirección de Jean Pierre Gamarra, con Leonardo Torres Vilar, Alonso Cano, Kareen Spano, Amaranta Kun, Óscar Yépez, Carolina Cano, André Silva y Alejandro Tagle.

Hay mucho que decir sobre el grupo: Éxodo, una vez más, se consolida como una compañía de teatro clásico que desempolva los textos para reformularlos desde una mirada completamente contemporánea. Desde su primer debut hasta ahora, ha logrado consolidarse con un público propio que los recibe, aplaude y recuerda.

La dirección de Gamarra abandona los clásicos solemnes para convertirse en una musicalidad irreverente, llena de mecanismos estéticos y estilísticos grotescos. En primer plano observamos la mirada impecable de Albani, que nos adentra en un espacio caótico y místico donde habitarán personajes de un lado y del otro vislumbrados por el anochecer, generando una atmósfera paradisíaca de pérdida, fantasía y comicidad.

Desde ese punto de vista, no es gratuito que se proponga un vestuario que va de marrones a colores grisáceos, donde la suciedad y lo atrevido desbordan. Este clásico es ocurrente y, sin duda alguna, bajo el concepto propuesto se construye una lectura oportuna. Desde ese primer vistazo observamos que la adaptación transforma la tradicional comedia shakesperiana en un recorrido por un entorno marcado por los excesos y personajes bohemios alejados de las convenciones sociales.

En ese sentido, la propuesta es voraz, no solo por su alcance de salir de lo no convencional, sino porque sugiere un entorno onírico enmarcado por la suciedad. Como sabemos, uno de los principales hitos emblemáticos de aquella obra es el enredo y, bajo esa lógica, cada elemento que forma parte de la escenografía juega con la idea del teatro dentro del teatro, donde las falencias y lo verosímil son una oportunidad para el hecho escénico.

Asimismo, es interesante cómo la obra toma ese aspecto del teatro de época isabelina, donde los hombres representaban personajes femeninos, y desde la escritura Shakespeare utiliza lo fantástico a su favor. Desde la dirección se hace honor a la mirada del dramaturgo al proponer un coro de predicadores obscenos para la reina Titania, interpretada por la vehemente Spano. Es ahí donde Un sueño de una noche de verano deja de ser una propuesta inocente para convertirse en una exploración de los deseos y anhelos de lo romántico.

Por otra parte, la obra juega con este aspecto de la teatralidad dentro de la representación escénica. Es decir, hay un esfuerzo por demostrar el tono shakesperiano y su voz. Gamarra propone una convención donde los actores juegan con el estado del humor y el desborde de la corporalidad escénica. Es ahí donde aparece el esperpento, muy al estilo valleinclanesco, donde lo absurdo es una técnica explorada para jugar con el onirismo; la lógica queda envuelta por lo ilógico. Vale decir que los animales y las cosas se humanizan, mientras que los seres humanos se animalizan y caen en un profundo sueño.

Por otro lado, el elenco acompaña de manera estratégica y coral la obra. Desde el canto, Carolina Cano cautiva y hace su debut dentro de Éxodo Teatro, donde logra habitar y crear a una Helena inocente, astuta y perversa, empecinada en dejarse dominar por la romanticidad y la vanidad. Kun, en la piel de Hermia, comienza derrochando amor y termina siendo atravesada por la desdicha. Ella forma parte del repertorio de Éxodo y, en esta obra, logra una vez más encontrar ese arquetipo clásico desdichado.

No puede pasar por alto el humor caricaturesco que trae Alonso Cano desde Oberón, creando un personaje completamente atrevido, marcado por la irreverencia, que abusa de su condición de poder desde lo sucio. Y Tagle logra algo mágico en escena: crea un Bottom enternecedor, atrevido y clownesco, donde, semióticamente, la figura del burro representa el arco dramático del personaje, que termina siendo ridiculizado bajo la ironía.

En definitiva, Un sueño de una noche de verano llega al Teatro Británico para convertirse en una experiencia de enredos desde el lenguaje shakesperiano, pero también al estilo de Gamarra, poniendo la noche como protagonista de la obra. Entendida como un símbolo del bosque, lleno de luces artificiales, la noche se vuelve erótica, exuberante y fabulesca. Es así que… Éxodo lo hace una vez más.

Juan Pablo Rueda

2 de julio de 2026

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