domingo, 12 de julio de 2026

Crítica: ¿LOS HOMBRES SON ESTÚPIDOS?


Cuando el humor desnuda las formas en que aprendimos a amar 

En el Club de Teatro de Lima se presenta ¿Los hombres son estúpidos?, dirigida por Kelly Esquerre y Carlo Mario Pacheco, con producción general de Vianca Campos. A través de tres piezas breves escritas por distintos autores, el montaje explora diversas formas de entender el amor, las relaciones y las contradicciones masculinas y femeninas desde la comedia, el absurdo y el homoerotismo. El resultado es una experiencia dinámica que utiliza el humor para cuestionar aquello que, muchas veces, asumimos como natural dentro de nuestros vínculos.

La primera historia, Qué difícil resulta hablar de amor, escrita por Pacheco, establece desde el inicio una convención clara mediante el uso de la narraturgia. Los propios personajes conducen al espectador por la historia, alternando narración y acción sin ocultar el artificio teatral. La escenografía minimalista, la iluminación cálida y un vestuario que diferencia con claridad las personalidades permiten concentrar la atención en el conflicto y la acción dramática de los protagonistas. En el plano interpretativo, la escucha y la complicidad entre los actores sostienen buena parte del relato. Aunque algunos pasajes presentan dificultades de dicción y ciertos momentos pierden intensidad debido a pausas prolongadas, la obra recupera su fuerza hacia el desenlace gracias a una mejor progresión dramática y a una secuencia final que incrementa eficazmente el conflicto.

La segunda pieza, El Tarot se confunde (¿o tal vez nosotras?), escrita por Esquerre, desarrolla con mayor consistencia su universo escénico. Desde los primeros minutos plantea una crisis clara para sus personajes y construye un ritmo sostenido apoyado por un diseño de iluminación dinámico, efectos sonoros precisos y referencias a la cultura pop que enriquecen el humor sin romper la coherencia de la ficción. Las actuaciones destacan por la escucha permanente y por una construcción orgánica del vínculo entre ambas intérpretes. Aunque algunos pasajes dramatúrgicos podrían fortalecer la progresión del conflicto, la claridad de las acciones y el ritmo escénico permiten que la historia mantenga su eficacia hasta el cierre.

Finalmente se presentó Amore Di Mafia, escrita por Susana Mercado. Desde la iluminación, el vestuario y la composición corporal construye un código claro que dialoga constantemente con el humor. Las variaciones de la gama cromática —especialmente el uso del rojo, azul y morado— acompañan las transiciones y potencian el juego entre violencia, romance y absurdo. El trabajo actoral evidencia un dominio del ritmo, una escucha constante y una construcción física que permite comprender con claridad los vínculos y objetivos de cada personaje. Aunque existen momentos donde algunas intenciones podrían definirse con mayor precisión, la coherencia del código actoral sostiene la propuesta de principio a fin.

En conjunto, el montaje demuestra que el formato breve puede convertirse en un espacio potente para experimentar con distintos lenguajes teatrales sin perder comunicación con el público. La dirección logra articular tres universos independientes bajo una misma mirada: utilizar el humor como herramienta para observar críticamente las relaciones humanas y las decisiones que tomamos en el ámbito amoroso.

Rubén Aquije

12 de julio de 2026

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