lunes, 6 de julio de 2026

Crítica: EL DESPERTAR DE LA PRIMAVERA


Despertar o seguir soñando

Spring Awakening o El Despertar de la Primavera es el nombre del musical que Segundo Acto Producciones presentó como cierre de su último taller montaje antes de la pausa que tomará la productora -según lo que el director anunció- al final de la función. Basado en la obra homónima de 1891 escrita por el alemán Frank Wedekind, este musical narra las vicisitudes de un grupo de adolescentes que luchan en contra de la represión sexual impuesta por sus padres y el rigor castrante que caracteriza sus clases mientras que empiezan a experimentar sus primeros enamoramientos, descubrir su propia identidad y alcanzar su despertar sexual. El teatro Aforo XI es la sede de esta puesta que tiene la difícil misión de montar uno de los musicales más entrañables y a la vez controversiales de la historia. ¿Logra el elenco traer todo el pathos que esta historia requiere al escenario, o es que la poca experiencia de algunos miembros del elenco en conjunción con las limitaciones propias de un taller termina por hacer que esta primavera no despierte del todo?

El principal inconveniente de esta puesta musical es muy sencillo y representa un patrón que he empezado a notar en las muestras de los talleres montaje. Y este es que los esfuerzos puestos en las canciones y números musicales no es equivalente a aquellos colocados en el aspecto actoral y, en menor medida en este caso ya que no hay tanta necesidad de coreografías complejas, en el dancístico. En otras palabras, aunque el joven elenco logra brillar durante los momentos cantados gracias a su talento natural y carisma, el producto final en sí sufre al no saber realmente hilar dichos momentos con secuencias textuales logradas. Aterrizando más esta noción, a nivel actoral hay muy poca interiorización de los textos (en muchas ocasiones estos suenan impuestos e inorgánicos), no hay uso correcto de matices (el manejo de texto en general es bastante plano y pobre), y por sobre todas las cosas, no hay verdadera noción de los objetivos y solo una asimilación muy elemental de las circunstancias dadas de cada personaje. Básicamente, tenemos aquí a un elenco que ha recibido un texto que se los ha comido, y que no han podido realmente aprovechar. Y es que por supuesto, al no haber un entendimiento claro de la acción dramática que atraviesa toda la obra, esta no despega bien, y cuando llegan los momentos más álgidos y pivotales de la trama, estos resultan injustificados, gratuitos y abruptos. 

Lejos de querer desmerecer el trabajo puesto en este montaje, lo que pretendo es intentar entender el origen de sus falencias. Primero que nada, como ya he mencionado, esta escenificación no es un montaje profesional sino el resultado de un proceso de taller. Esto significa que algunos miembros del elenco son personas sin ninguna experiencia en escena. Más aún, al no haber pasado por un proceso completo de estudio y entrenamiento de una verdadera técnica actoral, su desempeño dista mucho de aquel que tendría uno que sí conoce y ha entrenado su técnica. Finalmente, creo que existe (en este y en muchos elencos de talleres de montaje musicales) un grado particular de fanatismo que no me parece malo en sí, pero que en un nivel tan alto irónicamente puede llegar a ser contraproducente. Desde mi perspectiva, muchos de estos muchachos y muchachas admiran tanto y se sienten tan identificados con la parte vocal de estos musicales que ingresan a estos talleres precisamente para poder interpretar estas canciones que tanto aman, otorgándoles poco o nulo interés a los momentos no musicalizados de estas obras, casi como si estos fueran el relleno, o la excusa para llegar a cada canción. Insisto, gustar de y admirar los musicales no tiene nada de malo en sí mismo, pero es clave darse cuenta de que existe una diferencia muy grande entre mostrar tu fanatismo por algo, y profesionalizarte en un rubro tan complejo y demandante como lo es el teatro musical, que en su nivel más alto implica el dominar no una, sino tres disciplinas artísticas, lo cual únicamente ocurrirá con años de entrenamiento, práctica y experiencia.

Quizá ese sea el verdadero despertar que debe ocurrir en aquellos que deseen continuar en este camino: entender que, aunque los talleres montaje ofrecen un primer acercamiento a este tipo de teatro y permiten experimentar estas piezas musicales desde el escenario, estos no son suficientes para desarrollar y perfeccionar la técnica vocal, actoral y dancística. Es solo comprendiendo esto que estos nuevos artistas podrán, si así lo desean, florecer como intérpretes y pasar de producciones amateur a producciones profesionales. Potencial tienen. Solo les falta despertar.  

Sergio Lescano

6 de julio de 2026

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