lunes, 20 de julio de 2026

Crítica: EL FANTASMA DE LA ÓPERA


La belleza de lo diferente: el triunfo de El Fantasma de la Ópera en La Plaza

Este fin de semana tuve la oportunidad de ir al teatro La Plaza para ver El fantasma de la ópera. La obra, basada en la novela de Gastón Leroux, contó con la adaptación de Els Vandell, quien también la dirigió conjuntamente con Rod Díaz. El elenco estuvo integrado por Paul Martin, Gabriel Iglesias, Anaí Padilla, Nicolás Ostolaza y Avril Gil.

Tenía muchas ganas de ver esta obra desde hace tiempo y, honestamente, creo que La Plaza acertó por completo al adaptar una historia tan grande a un espacio tan íntimo. La dirección de Els Vandell y Rod Díaz no solo brilla por su impecable nivel técnico, sino que logra transformar lo visual en un profundo mensaje sobre la empatía y la redención.

Creo que los directores lograron una transición fluida entre el misterio, el humor y la profunda vulnerabilidad de los personajes. En lugar de apoyarse en el terror efectista, la dirección decide poner el foco en el aislamiento emocional del Fantasma, transformando el suspenso en una lección sobre la inclusión y el miedo al rechazo.

Es sabido que La Plaza destaca por la proximidad que ofrece con el espectador y esta puesta en escena exprime esa intimidad al máximo. La recreación de los laberintos de la Ópera de París y sus catacumbas no depende de una escenografía hiperrealista o monumental, sino de un diseño inteligente del espacio. La puesta en escena es dinámica y sumamente lúdica: el escenario muta con rapidez cinematográfica ante nuestros ojos, envolviendo a niños y adultos en una atmósfera envolvente de fantasía puramente artesanal.

El manejo de actores es impecable, permitiendo un balance perfecto entre la comedia ligera y la carga dramática. Martin, quien interpreta al fantasma, entrega una gran interpretación y nos entrega a un ser atormentado, cuya gestualidad y voz transpiran una profunda necesidad de afecto. Por su parte, la Christine de Gil brilla con luz propia, mostrando una evolución orgánica desde la inocencia hasta la valentía de la compasión. El ensamble compuesto por figuras como Padilla, Iglesias y Ostolaza dota a la obra de un ritmo cómico y un soporte escénico brillante.

En torno al diseño del vestuario, necesita una mención aparte. Funciona como el puente estético definitivo entre la época original de la historia y el lenguaje visual contemporáneo de una obra familiar. Es una propuesta rica en colores, texturas y detalles que no solo embellecen la visualidad del escenario, sino que definen la psicología de los personajes. El contraste entre los trajes estructurados del personal de la ópera y la capa andrajosa pero imponente del Fantasma refuerza visualmente la narrativa de la exclusión.

La adaptación a cargo de Vandell es, en última instancia, el mayor acierto de la producción. Reducir las más de dos horas de la composición tradicional a un formato dinámico, sin perder la columna vertebral del relato, ha sido un gran reto. Esta es una puesta conmovedora, estéticamente impecable y éticamente necesaria la cual espero puedan disfrutar mientras se encuentra en temporada.

Javier Bendezú

20 de julio de 2026

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