domingo, 6 de septiembre de 2026

Crítica: LAS BODAS DE FÍGARO


El placer de mirar ante un teatro que se disfruta

Hay obras que comienzan cuando se apagan las luces, pero hay otras que empiezan mucho antes. Las bodas de Fígaro, de Éxodo Teatro, es una de ellas: desde que el espectador entra a la sala, el teatro ya está sucediendo. Así, antes incluso de que la historia comience, ya estamos inmersos en su atmósfera y en ese mundo que la puesta propone. Es una entrada sutil y muy efectiva que nos invita a ser parte de lo que está por suceder.

Uno de los grandes aciertos de la puesta es su trabajo en conjunto. Hay una energía constante, mucha escucha, acción y una notable armonía entre los intérpretes. Cada actor está atento no solo a su propio recorrido, sino también a lo que sucede alrededor, construyendo un organismo escénico que se mantiene vivo en todo momento y eso se percibe en el público.

Se percibe un disfrute genuino por parte de los actores, una entrega y una complicidad que atraviesan el escenario y terminan contagiándonos. Es difícil desconectarse de lo que ocurre, porque siempre hay algo sucediendo: una mirada, una reacción, un movimiento o una acción que mantiene nuestra atención como público.

La dirección de Jean Pierre Gamarra consigue articular esta energía con precisión, sin perder el ritmo ni la dimensión lúdica de la comedia. La puesta en escena tiene movimiento, dinamismo y una clara comprensión de que el humor no depende únicamente del texto, sino también de los cuerpos, los tiempos, las relaciones y la presencia escénica.

La escenografía de Lorenzo Albani completa este universo y contribuye a que el espacio sea parte activa de la experiencia. Todo se siente pensado en función de la propuesta y de la construcción de ese mundo.

Quiero destacar especialmente la entrega del elenco completo. Fernando Luque, Maria Grazia Gamarra, Óscar Yépez, Amaranta Kun, Alonso Cano, Denise Arregui, Alejandro Tagle y Martín Aliaga sostienen una dinámica colectiva en la que cada presencia aporta y potencia a las demás. Como espectadora salí con esa sensación que, para mí, es una de las más valiosas que puede dejar el teatro: las ganas de seguir mirando.

Felicitaciones a Gamarra, Albani, al elenco y a todo el equipo de Éxodo Teatro por una puesta tan completa, dinámica y disfrutable. Éxodo vuelve a demostrar por qué es una compañía que apuesta por producciones de gran calidad y por un teatro que logra conectar con el público sin perder el rigor de su propuesta escénica.

Las bodas de Fígaro es la segunda entrega de la trilogía de Pierre-Augustin de Beaumarchais. En el Teatro de la Alianza Francesa de Lima, en temporada hasta el 26 de septiembre.

Tammy Alfaro

6 de setiembre de 2026

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