lunes, 7 de septiembre de 2026

Crítica: I.D.I.O.T.A.


Cuando pensar se convierte en una peligrosa forma de sobrevivir

En el Teatro de Lucía, en Miraflores, se presenta I.D.I.O.T.A., thriller de humor negro escrito por el dramaturgo español Jordi Casanovas y dirigido por David Carrillo. Con Sandra Bernasconi y Armando Machuca en escena, la obra propone un juego psicológico en el que la inteligencia, la manipulación y la necesidad económica se convierten en piezas de un mecanismo cada vez más inquietante.

La historia sigue a Carlos Varela, que acepta participar en un experimento psicológico a cambio de una importante suma de dinero. Lo que inicialmente parece una prueba de inteligencia pronto se transforma en un enfrentamiento donde las reglas cambian y cada respuesta puede tener consecuencias inesperadas.

Desde el ingreso a la sala, la propuesta visual establece un código definido. La escenografía minimalista, dominada por el blanco y una composición geométrica de líneas y elementos precisos, construye un espacio cercano al público y coherente con la idea de un laboratorio controlado. La aparente limpieza del escenario dialoga con una atmósfera de vigilancia y experimentación. El vestuario, a su vez, diferencia con claridad los universos de ambos personajes y aporta información sobre sus cualidades psicológicas.

La iluminación cumple una función decisiva en la construcción del relato. Los cambios cromáticos acompañan la tensión de la acción y contribuyen a delimitar estados emocionales: el rojo intensifica la amenaza, mientras los tonos fríos refuerzan el misterio y la distancia. Sin embargo, algunas intensidades lumínicas afectan momentáneamente la visibilidad. Del mismo modo, ciertos recursos tecnológicos y sonoros podrían alcanzar una mayor precisión en su sincronía con la acción.

La música y los efectos sonoros funcionan como una partitura que sostiene el ritmo del experimento. Sonidos asociados al tiempo y la urgencia incrementan la presión sobre los personajes y acompañan la progresión del conflicto.

En el plano interpretativo, Bernasconi y Machuca sostienen un vínculo de permanente confrontación. La escucha entre ambos permite que la acción y ritmo se reactive constantemente y que el humor conviva con la tensión. Destaca la construcción de dos personajes diferenciados, unidos por una relación que, progresivamente, revela zonas más complejas y humanas.

No obstante, algunos pasajes pierden fuerza cuando el diálogo se prolonga sin que la acción dramática avance con la misma intensidad. En determinados momentos, las transformaciones emocionales aparecen de manera acelerada o ciertas reacciones requieren una progresión más clara para resultar plenamente verosímiles. Esto provoca pequeñas caídas en el ritmo, aunque la obra logra recuperar su tensión gracias a la composición escénica y al conflicto central.

Uno de los mayores aciertos de la dirección es la articulación de los signos escénicos. Espacio, luz, vestuario, sonido y actuación dialogan para construir un universo donde el espectador también es parte del experimento. I.D.I.O.T.A. no solo pregunta cuánto sabemos, sino qué estamos dispuestos a hacer cuando alguien más controla las reglas. 

Rubén Aquije

7 de setiembre de 2026

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