martes, 9 de junio de 2026

Crítica: TRADICIONES EN SALSA VERDE


Historias con mucho ají

Con un escenario minimalista y apenas una silla en medio del espacio, aparece Ricardo Palma para invitarnos a recorrer aquellas historias ocultas, pícaras y sensuales que durante años permanecieron al margen de sus célebres Tradiciones peruanas. Desde el inicio, la propuesta de Tradiciones en Salsa Verde deja claro que no busca el escándalo fácil ni la vulgaridad gratuita, sino rescatar el humor, el doble sentido y el erotismo popular presentes en la escritura palmista.

Bajo la dirección de Rafael Sánchez Mena, quien además interpreta al propio Palma, la obra construye un recorrido teatral dinámico a través de diversos cuadros escénicos donde el deseo, la picardía y la criollada peruana se convierten en el centro de la acción dramática. Acompañado por Carlos Victoria, Lucía Brozovich, Malena Rospigliosi y Gian Marco Valle, el elenco despliega una versatilidad constante al asumir múltiples personajes y registros actorales a lo largo de la puesta.

La obra inicia con una canción que introduce el tono festivo del montaje. A partir de allí, se desarrollan distintos momentos dramáticos inspirados en textos como La pinga del Libertador, La consigna de Lara, Un calambur del ciego de La Merced, La cosa de la mujer, El lechero del convento, Pato con arroz y La cena del capitán, entre otros relatos donde Palma explora las debilidades humanas desde el humor y la insinuación.

Uno de los mayores aciertos del montaje radica en el trabajo actoral. Los intérpretes transitan constantemente entre el melodrama, la sátira y la comedia popular, construyendo personajes dominados por la lujuria, el deseo y los impulsos carnales. Sin embargo, lejos de convertirlos en caricaturas vacías, la puesta consigue otorgarles humanidad y cercanía. Allí aparece también una lectura interesante sobre las costumbres de la Lima colonial y republicana: una sociedad atravesada por el conservadurismo oficial, pero profundamente marcada por el placer clandestino, la doble moral y la picardía cotidiana.

El ritmo de la obra se sostiene gracias a una puesta en escena siempre activa. Los actores no abandonan el movimiento: hay coreografías, desplazamientos corporales y cambios constantes de energía que mantienen viva la atención del público. A esto se suman las canciones compuestas por el propio Sánchez Mena, las cuales funcionan como puentes narrativos y refuerzan el carácter festivo de la propuesta.

El público responde con carcajadas permanentes. Y no es para menos: el léxico de Palma, cargado de insinuaciones, juegos verbales y dobles sentidos, continúa teniendo una sorprendente vigencia humorística. La obra entiende muy bien que el verdadero valor de estos textos no está únicamente en lo “prohibido” o “picante”, sino en la posibilidad de observar cómo el humor popular peruano ha dialogado históricamente con el deseo, la religión y el poder.

Tradiciones en Salsa Verde logra así algo valioso: acercar al espectador contemporáneo a una faceta menos conocida de Ricardo Palma mediante una puesta entretenida, ágil y bien interpretada. Más allá de la risa, el montaje permite reconocer que detrás de aquellas tradiciones “verdes” existía también una radiografía social del Perú de otros tiempos, donde el humor funcionaba como una forma de resistencia frente a las rigideces morales de la época.

Edu Gutiérrez

9 de junio de 2026

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