La antítesis del teatro comercial
Arte ConSentido, grupo escénico fundado en el 2023, trajo por dos únicas funciones Dos Calculadores, peculiar puesta que combina danza y teatro en un solo viaje sensorial altamente impactante. Yadhira Chaney y Giacomo Ossio son los artistas escénicos que asumen la ardua tarea de sostener un montaje que desafía toda estructura narrativa clásica, apelando al movimiento como principal herramienta de comunicación, y asumiendo el absurdo como parte central de su identidad. ¿Cumple esta pieza con su objetivo de sumergirnos en un mar de emociones, o es que el carácter abstracto y complejo de la misma es tan extremo que termina por alienar a su audiencia?
Dos Calculadores no tiene una historia propiamente dicha. Ni siquiera tiene mucho texto, de hecho, y el poco que tiene (escrito por José Manuel Lázaro) es absurdo en su naturaleza. Los personajes tampoco tienen nombre. Simplemente son seres (¿entes?) que, vestidos de forma etérea, ocupan el espacio y se contorsionan en movimientos erráticos individuales y en conjunto mientras van soltando frases sueltas, muchas veces repetitivas, que van construyendo un sendero narrativo que nosotros como audiencia tenemos potestad de llenar con lo que sintamos y queramos. En otras palabras, a pesar de que probablemente podría llegarse a un consenso acerca de los temas centrales del montaje (la rutina, el tedio, la infelicidad, la incapacidad de aceptar una realidad que no es la que queríamos para nosotros, etc.), los detalles más específicos de la trama quedan enteramente a interpretación del público.
La propuesta de dirección de Fabián Moschietti, secundado por el mismo Ossio, apuesta por el minimalismo, despojando al escenario de cualquier elemento y en su lugar otorgándole al actor y a la actriz un terreno libre en el cual moverse, explayarse, existir y afectarse el uno al otro. La dirección coreográfica encuentra en Yadhira y Giacomo dos cuerpos aptos, entregados, y completamente rendidos a los requerimientos del montaje. El manejo corporal de ambos es aplaudible, e igual de efectivo es su manejo de texto, el cual suena siempre habitado, lleno de intención, y con una carga emocional fuerte. La música juega un rol crucial y nos transporta a otro universo. Lejos de ser placentera, es agresiva, tensa, y utiliza los in crescendos para interpelarnos, para sacudirnos, para estremecernos. La iluminación, finalmente, define momentos, los realza; los hace brillar de tal forma que todas las acciones cobran niveles artísticos muy superiores al que tendrían con un manejo de iluminación más rudimentario.
Quizá tras haber dicho todo esto resulte un tanto contradictorio que no recomiende esta pieza a todo el mundo, pero en realidad creo que es lo más adecuado en este caso. Después de todo, no todos van a estar satisfechos con un texto que en gran medida está constituido por frases absurdas y/o sueltas repetidas hasta el cansancio. No todos van a apreciar la dedicación que toma y la intención que existe detrás de la repetición de un mismo movimiento durante varios minutos para enfatizar el estancamiento de los personajes. No todos tendrán la paciencia necesaria para adecuarse al cadencioso, pesado y muchas veces perturbador ritmo que tiene el montaje. Finalmente, no todos tendrán la voluntad de llenar de color el lienzo a blanco y negro que nos propone esta obra.
Pero para los que estén del otro lado del espectro, creo que Dos Calculadores será la experiencia que busca ser y que particularmente yo aprecié, sobre todo, por ser lo suficientemente valiente para apostar por un producto que requiere de tiempo para revelarse, de voluntad para entenderse, y de mucha inteligencia emocional para digerirse. En un mundo que va tan rápido que si un video no captura nuestra atención en tres segundos lo pasamos, Dos Calculadores es un verdadero y necesario acto de rebeldía. Uno que nos recuerda que hay productos artísticos que escapan categorización, necesitan de nuestra concentración plena, y nos retan intelectual y emocionalmente. Por último, solo diré que fue muy refrescante ver una obra que no solo se ríe del cliché de lo muchas veces absurdo que puede ser el teatro independiente, sino que lo abraza, y, más importante aún, le da significado y trasfondo al aparente sin sentido, redimiendo así uno de los tipos de teatro más polarizantes y controversiales que existen.
Sergio Lescano
1° de junio de 2026
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