martes, 16 de junio de 2026

Crítica: MM* (MARÍA MARICÓN)


La fiesta patronal del exceso

Hace poco estuve presente en la función de preestreno de María Maricón, actualmente conocida como MM*. La obra se presenta en Sala Quilla con las actuaciones de Jorge Guerra, Paul Lazo, Wedner Velásquez y Santiago Montoya, además de Gabriel Cárdenas, quien también es el director y productor de la puesta en escena.

Era la primera vez que veía MM* y, la verdad, me pareció una propuesta que desafía las normas tradicionales de género y los prejuicios religiosos con los que hemos crecido. Es sabido que se trata de una apuesta arriesgada que camina sobre la cuerda floja, balanceándose entre la genialidad de su protesta y el riesgo de caer en el egocentrismo artístico.

En cuanto a la dirección, Cárdenas demuestra una gran ambición: maneja con fluidez la composición espacial en este formato reducido, utilizando esa cercanía para incomodar y envolver al espectador. Sin embargo, en su afán por mantener la pieza en constante ebullición, satura el montaje con estímulos que por momentos asfixian las transiciones.

Sabemos que Cárdenas asume la responsabilidad de ser el conductor de esta ceremonia de rebeldía: su entrega física es incuestionable, ya que en esta puesta no solo hay actuación, sino también danza y canto. Sin embargo, al ser una creación con un arraigo testimonial tan profundo, el protagonista parece atrapado en su propia catarsis.

Quienes acompañan al protagonista en el escenario demuestran una gran entrega física; sin embargo, cada uno de ellos maneja un código interpretativo distinto en esta puesta. Es necesario mencionar que para esta temporada se incluyó a Guerra en el elenco, quien aporta una fuerza de atracción innegable; no obstante, su tono de realismo psicológico descarnado y su propio peso mediático terminan por eclipsar y quebrar la homogeneidad coral del grupo.

Asimismo, el hecho de que MM* se desarrolle en Sala Quilla juega totalmente a su favor, dado que se genera un espacio íntimo ideal para el encierro que la historia requiere. De hecho, la proximidad del público con el lado más oscuro y descarnado de los personajes transforma la función en una experiencia puramente emocional y física.

Sin duda, el elemento que más destaca en la puesta en escena es el vestuario. La deconstrucción de los trajes folclóricos y los mantos religiosos para revelar la corporalidad y la disidencia de los personajes está lograda con una factura notable.

Finalmente, tomando todo lo mencionado en cuenta, puedo decir que MM* es una propuesta necesaria en nuestra cartelera local. Si bien tiene toda la furia necesaria para transgredir, siento que todavía tienen cosas por mejorar, pero van por buen camino.

Javier Bendezú

16 de junio de 2026

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