lunes, 17 de agosto de 2026

Crítica: PRIMA FACIE


Cuando la justicia es la verduga: el colapso del sistema en Prima Facie

Hace unos días estuve en el teatro La Plaza para ver Prima Facie, obra escrita por Suzie Miller, dirigida por Juan Carlos Fisher e interpretada por Wendy Vásquez.

Aquí conocemos a Tessa, una exitosa defensora de las reglas, a quien acompañamos en un recorrido que la lleva desde la euforia y el triunfo profesional hasta el colapso absoluto cuando el sistema que tanto adoraba le da la espalda. Respecto a este punto, cabe mencionar que el texto de Miller es brillante y, si bien se respetó el peso de cada palabra en la traducción, por momentos el lenguaje jurídico puede abrumar a quienes no lo dominan, lo que resta cierta fluidez.

En cuanto a la dirección, Fisher ofrece una propuesta ágil que aprovecha la cercanía con el público. Sin embargo, aunque la obra plantea momentos de gran tensión al inicio, hacia la mitad se abusa de la prisa sin darle el respiro necesario a la escena. Es necesario mencionar que sostener un monólogo de hora y media exige una actriz con solidez técnica, inteligencia escénica y un aguante emocional de primer nivel. Vásquez estuvo a la altura del reto con un despliegue de gran valentía, aunque con ligeros altibajos en el manejo de los picos de tensión.

Respecto a la producción, destaca el diseño de iluminación, que funciona a la perfección y se convierte en un acompañante silencioso a lo largo de la obra. Por su parte, la escenografía apuesta por una propuesta sobria, donde el mobiliario se desplaza ágilmente ante la mirada del espectador, lo que evita distracciones y mantiene el foco en el personaje.

Finalmente, esta obra es imperdible no solo por el virtuosismo de su ejercicio actoral unipersonal y por demostrar cómo abordar textos complejos con impecable factura técnica. Lo es, sobre todo, porque funciona como un potente detonante de conversación al salir de la sala, abriendo el debate sobre esa brecha abismal entre conocer el funcionamiento de la ley en la teoría y sentir la frialdad de su rigor burocrático en la propia piel.

Javier Bendezú

17 de agosto de 2026

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