Crónica de una muerte anunciada
AKA producciones, con el auspicio de Cientos Volando Producciones y Forja Perú, trae a las tablas ¿Y cómo va tu relación?, obra contemporánea de corte naturalista escrita por Jamal Romero, Ruth Ramírez y Diego Zavala-Molina, y dirigida por el mismo Zavala-Molina y Alejandra Villavicencio. El elenco lo componen Jairo Díaz Sansur, Moises Vera, Camila Guimet, Camila Málaga y Daniela Ríos Arenas, quienes interpretan a un grupo de amigos que se juntan para festejar el cumpleaños de uno de ellos. Lo que debería ser una velada amena termina siendo memorable por todas las razones equivocadas cuando un alcoholizado juego de verdad o reto revela secretos que una vez descubiertos dan un giro rotundo a la trama. ¿Logra ser esta una fiesta para el recuerdo, o es que el montaje cae aplastado bajo el peso de su trillada premisa?
Existe un problema central en ¿Y cómo va tu relación? evidente desde los primeros diálogos que lamentablemente atraviesa casi toda la obra. Digo “casi” ya que la escena final (de lejos lo mejor de todo el montaje) logra romper con el patrón y nos da la primera dosis de adrenalina y tensión verdadera. Desafortunadamente, para cuando esta ocurre ya es demasiado tarde; y por más interesante que sea esta porción del texto, no logra redimir la propuesta de la que forma parte.
¿Qué ocurre en la escena final que no ocurre durante todas las anteriores? La respuesta es muy sencilla: hay personajes con objetivos claros que usan una variedad distinta de estrategias para conseguirlos, una acción dramática definida, un sentido de urgencia latente, y obstáculos que generan conflictos específicos. En una sola palabra, en esta última escena hay una abundancia inequívoca de drama. Y esto es lo que debería ocurrir siempre en el teatro, ya que, sin esto, las escenas se vuelven circunstanciales, vacías, carentes de propósito y, por lo tanto, innecesarias. Piensen en una reunión con amigos de varias horas de duración. Si uno tomara los diálogos que ocurrieron en dicha reunión y los reprodujera en su totalidad sobre un escenario estos no solo sonarían bastante aburridos, sino que al no tener una línea narrativa que los una, se caerían inmediatamente. Esto es exactamente lo que pasa durante los dos primeros tercios de esta obra. Y la razón por la que la escena final resulta es precisamente porque a la inversa de todo lo anterior, esta sí representa un punto álgido de la noche, que por su naturaleza conflictiva (en el mejor sentido de la palabra) funciona muy bien en el teatro. Es más, estoy convencido de que si se mantuviera solo esta escena final (llevada más al extremo y reescrita para ajustarse al nuevo formato), los dramaturgos tendrían en sus manos una microobra muy interesante. Al no ser ese el caso, sin embargo, la obra avanza coja desde el inicio y para cuando llega el momento climático final, este no hace más que enfatizar las deficiencias de todo lo que vino antes.
Actoralmente no hay mucho que se pueda decir, ya que el elenco lucha en contra de un texto lleno de diálogos vápidos y en muchos casos descartables, no necesariamente por que estén “mal escritos” sino porque al no estar alineados a una acción dramática y a objetivos por personaje claros, resultan totalmente prescindibles. A pesar de eso, resalto a Moises Vera y a Jairo Díaz Sansur, que logran por lo menos sostener sus escenas a punta de carisma, compromiso con sus acciones físicas, buen timing cómico y una energía alta. Por el lado de la dirección, una vez más, el texto presenta el principal problema ya que, al supeditar a sus personajes a compartir un solo espacio durante un tiempo largo e ininterrumpido, hacer que los desplazamientos y transiciones sean limpias y justificadas se hace cada vez más difícil; por otro lado, creo que la dirección de actores pudo cuidar mucho más el ritmo, el manejo de la comedia de estilo naturalista y exigir mayor especificidad por parte de su elenco, quienes en su mayor parte terminan siendo personajes desdibujados, imprecisos y clichés, lo cual hace que sea bastante difícil empatizar con ellos.
En suma, creo que ¿Y cómo va tu relación? representa una oportunidad única de ver qué funciona en el teatro y qué no, ya que increíblemente el montaje tiene de las dos cosas. La lección está ahí para aprenderla, y es una que, especialmente si te dedicas al teatro, conviene nunca perder de vista. La obra tiene dos funciones más, este 22 y 23 de agosto en el Club de Teatro de Lima. Recomiendo como siempre ir a verla para poder forjar una opinión propia. ¡Nos vemos en el teatro!
Sergio Lescano
17 de agosto de 2026

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