lunes, 17 de agosto de 2026

Crítica: RAFA EL PREDICADOR


La sombra y la luz

Un hombre condenado por su fe, cómo podría ser, o un hombre con un poderoso reto. El arte sirve para que cada uno encuentre una forma de ver la vida, las cualidades de los artistas son diversas, las propuestas también. Rafa brilla, desde sus ojos, el personaje está colocado justo donde debe de estar, la sensibilidad con que maneja la energía nos mete a la vibración de la obra, cuando miramos a Rafa comprendemos su estado, sabemos que le está pasando. El actor se desenvuelve muy bien, con el giro dramático que le corresponde, un crecimiento y desarrollo del personaje limpio, potente.

El elenco que lo acompaña es preciso, en el momento que lo tiene que ser, los que funcionan como coro, como cuerpo de movimiento, transitan de un estado a otro, con una pizca de picardía, sus cambios son adecuados, funcionan para el objetivo de la obra, aportan diversidad porque cada uno tiene una forma distinta de transformarse, de acercarse al humor y al drama, los diferentes personajes que van apareciendo construyen el mundo de Rafa, lo ayudan a caminar hacia su destino, como guías o como verdugos; los actores demuestran gran dinamismo en la improvisación y la frescura escénica, jugando de un lado a otro, de un personaje a otro. La esposa respondía constantemente, nos sumergía en la realidad de Rafa, su contexto y sus situaciones, fresca y directa, muy expresiva desde el cuerpo. La esposa acompañaba a Rafa hacia su muerte, hacia su redención.

La madre y otros personajes como la monja, aportaban un peso distinto, sus transiciones y cambios eran el punto perfecto para el equilibrio, el manejo de la energía en cada personaje fue resaltante, eran momentos tensos, cargados de drama, la amargura de la madre, con la postura corporal provocando una descarga energética diferente al de la monja eran muestras de la alquimia del actor, la transición de estados, un atleta de las emociones como dicen y también de vidas. La obra tenía la dosis exacta en cada personaje y en cada artista, mantenía un buen ritmo y cada vez entrábamos con más fuerza hacia el mundo de Rafa, sus versos desarmados y su fe, errática, delirante quizás o incluso profética.

El escenario es simple, pero aporta un componente creativo, ilustrativo en el sentido del universo del personaje, las frases cayendo en papeles pueden ser muchas cosas para cada uno, pero provocan una interpretación o sensación y eso es importante. El juego que se hace con las luces pinta todo el dibujo escénico, le da color, en el sentido literal de la palabra, su presencia es un personaje más, es como la sombra y la luz de Rafa, sus distintos matices, su tristeza y su final.

Moises Aurazo

17 de agosto de 2026

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