miércoles, 27 de agosto de 2025

Crítica: BLANCA Y RADIANTE


Una comedia sobre los mitos del amor y la vida

Diez años después de su primera temporada, la obra de creación colectiva Blanca y Radiante regresa a los escenarios limeños. Esta vez se presenta en el Auditorio Británico, bajo la dirección de Sergio Paris y la producción de Pilar Cornejo, reuniendo nuevamente a un elenco versátil. Logra exponer los mitos y contradicciones, con humor y lucidez, que atraviesan la vida de las mujeres.

El montaje nos propone un viaje simbólico a través del “gran juego de la vida”, un tablero que sirve como metáfora de las etapas y decisiones que enfrentan las protagonistas. Cinco mujeres avanzan, retroceden y tropiezan con las expectativas sociales, los amores que prometen eternidad, pero se desvanecen, y las normas invisibles que condicionan sus elecciones. Esta estructura lúdica marca desde el inicio la convención teatral: el escenario se abre con un espacio dispuesto como tablero y una zona musical visible al frente que acompaña la acción.

La música en vivo cumple un rol fundamental en la obra. No solo marca el ritmo y da coherencia a los eventos, sino que también construye atmósferas específicas que potencian cada escena. La intérprete encargada de la ejecución musical logra ser un puente entre la acción y la sensibilidad del público. Este recurso dota al montaje de frescura y cercanía, evitando la monotonía y subrayando la tensión de los conflictos.

En términos visuales, la propuesta se sostiene en un diseño escenográfico funcional y simbólico. La utilería es empleada con dinamismo, reforzando la claridad narrativa y permitiendo a las actrices accionar con precisión. El vestuario y maquillaje cumplen un papel destacado: ofreciendo una lectura clara y coherente sobre los caracteres en juego.

El argumento aborda con ironía temas como el matrimonio, la felicidad conyugal y los ideales del amor romántico, cuestionando aquello que se asume como verdad desde la sociedad. Si bien la propuesta consigue momentos de gran comicidad y reflexión, por instantes cae en redundancias que diluyen la fuerza de los conflictos y limitan la intensidad dramática. Sin embargo, el tono irreverente y la mirada crítica logran sostener el eje de la puesta: reírnos de las convenciones sociales que pesan sobre las mujeres y lo necesario de abrir espacio a la reflexión.

Las interpretaciones son otro de los grandes aciertos del montaje. El elenco —Vivi Neves, Luzma de la Torre Ugarte, Macarena Layseca, Magali Luque y Pilar Cornejo— demuestra versatilidad, energía y una conexión constante con el público. La escucha entre las actrices, sumada al ritmo sostenido de la puesta, genera una complicidad que mantiene al espectador atento y comprometido con lo que sucede en escena.

En síntesis, Blanca y Radiante se reafirma como un montaje dinámico, lúdico y vigente. A pesar de ciertas reiteraciones, la obra consigue articular con frescura humor, música y sátira, ofreciendo un espectáculo que combina entretenimiento y crítica social. Su regreso confirma la capacidad del teatro independiente para cuestionar, divertir y conmover. 

Ruben Aquije

27 de agosto de 2025

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