A estas alturas, resultaría ya necio seguir negando la relevancia del teatro de formato breve en nuestra capital. Si bien es cierto que quien escribe fue quizás uno de los primeros detractores de esta modalidad de exploración escénica hace ya más de una década, es pertinente mencionar también que la pandemia (al menos, para este servidor) cambió para siempre las reglas del juego, fortaleciendo las virtudes y conveniencias innegables de proponer al público un simpático divertimento de 15 a 20 minutos, con historias y personajes sencillos (difíciles de profundizar en tan corto tiempo), pero que con creatividad y buen oficio bien podrían, incluso, llevar a la necesaria reflexión al espectador. Mea culpa.
Salvando las distancias, a un nivel literario, sería absurdo reconocerle todos los méritos a los grandes novelistas de todos los tiempos, menospreciando a los brillantes cuentistas universales que han enriquecido nuestra imaginación desde siempre, con historias de pocas páginas pero que encierran enormes conceptos en entrañables tramas de corta duración.
Por supuesto que aquel refrán que reza "De todo tiene la viña del Señor" es (muy) aplicable a este formato de teatro breve, como a cualquier otro de corte artístico, y claramente evidenciado en los últimos años. Menospreciar al teatro de formato breve, justo en estos tiempos en los que más de la mitad de nuestra comunidad teatral limeña se encuentra abocada a estos proyectos, constituye un craso error, sin duda. No es de extrañar que el premio Luces lo haya obviado en sus nominaciones de este año, pero sí sorprende su exclusión, por ejemplo, en los recientes premios Teatro en el Perú.
Si bien perdimos el muy agradable espacio de Piso 1 hace un tiempo, podemos encontrar ahora teatro breve en Teatro Barranco, Butaca Film, Escena Dragón, Casa Kona, Juanita Tarnawiecki y algunos lugares más. Pues bien, el colectivo Las Creadoras viene ofreciendo todos los miércoles de febrero un interesante ciclo de puestas en escena de corta duración en Casa Bulbo de Barranco, acogedor punto de reunión social en el que el público puede acceder además, a diversos aperitivos y una buena charla.
En el caso de Delivery, la obra sorprende por los giros que engrana su ingeniosa trama, escrita por Laura Delgado y dirigida con buen pulso por Lia Camilo. Un ascensor malogrado, en el que permanece atrapado un repartidor de pizza (Roy Zevallos), es la excusa perfecta y “planeada” para un inicial juego de seducción por parte de la dueña del departamento (Isabel Chapell). La conexión entre ambos personajes va desarrollándose, mientras los oscuros descubrimientos en las motivaciones de la mujer aparecen dosificados hábilmente. Bien resuelto el aprovechamiento del espacio y muy bien las actuaciones de ambos intérpretes, especialmente Chapell, totalmente consumida por un personaje desconcertante y enigmático. El final, acaso “demasiado” conveniente y apresurado, no empaña las virtudes de la propuesta.
Por otro lado, Sola, puesta de autoría de Greymar Hernández y dirigida por Igor Olsen, parte con cierta desventaja, específicamente, por la sala en la que se escenifica, cerca al punto de encuentro social de los asistentes al espacio. Sin embargo, la temática de la pieza y el feliz debut de Adri Vainilla compensa esa mínima distracción. La vida del artista siempre será motivo de múltiples exploraciones escénicas, como por ejemplo, el hecho de que los trabajos que deben aceptar para poder sobrevivir no siempre son los más motivadores. Vainilla interpreta a una teleoperadora que sueña con ser actriz (o a una actriz forzada a trabajar en teleoperaciones) y debe, previsiblemente, enviar castings virtuales en medio de su agobiante trabajo. Olsen conduce con eficiencia a la actriz, en este corto lapso en el que debe alternar ambas acciones laborales, ella sola, con el descalabro emocional que ello conlleva, y ejecutado con convicción por la intérprete. Recomendable.
Felicitaciones a Noche de Creadoras por apostar en convertirse en una alternativa cultural para este formato teatral, que todavía tiene por ofrecer múltiples posibilidades para explorar en escena y regalar un tiempo de entretenimiento y reflexión al público.
Sergio Velarde
22 de febrero de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario