viernes, 6 de febrero de 2026

Crítica: EL PRINCIPITO


Una puesta que nos recuerda que “lo esencial es invisible a los ojos”

El colectivo teatral Telón Mestizo abrió su temporada en el Centro Cultural Cafae-SE con El Principito, adaptación del clásico de Antoine de Saint-Exupéry realizada por Omar Velásquez. La dirección estuvo a cargo de Jiro de la Vega, la directora de movimiento es Linda García, con Emili Espinoza en la asistencia de dirección y Rocío Guerra como asistente de producción.

No ahondaré en la historia —supongo que es conocida por quienes leen esta crítica—, pero sí destaco la acertada decisión de presentar la obra en un espacio pequeño. Resalto, además, el trabajo físico de los actores y su capacidad para jugar con los elementos de utilería, construyendo una historia dinámica. Como suele ocurrir en las obras familiares, los personajes buscan conectar directamente con los niños para incluirlos activamente en la experiencia.

Si bien el guion mantiene la esencia del libro, se incorporan elementos que remiten a momentos muy peruanos y audios en tendencia de TikTok, aportando un enfoque más local. Una decisión especialmente acertada es el acompañamiento musical, que aporta agilidad y hace la obra más amena.

El Principito es una puesta familiar, y lo mejor antes de asistir es comentar brevemente la historia con los más pequeños de la casa, para que puedan entender el contexto de la obra y no estén tan perdidos.

Finalmente, es necesario mencionar que el elenco está conformado por Danny Borja, Sandra Epequin, César Marticorena, Jacqui Arce, Víctor Lucana y el mismo De la Vega. El acompañamiento musical estuvo a cargo de Eduardo Zapata.

Javier Bendezú

6 de febrero de 2026

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