domingo, 22 de febrero de 2026

Crítica: MAYBE BABY


El mercado de los afectos

Podría decirse que, actualmente, vivimos en una era donde la tecnología y el capital nos han hecho creer que todo puede ser tercerizado, incluso… los procesos más íntimos de la biología humana. Pareciera que, si se tiene el dinero suficiente, pudiera comprarse el tiempo, evitar el dolor, y delegar la espera. Sin embargo, ¿qué sucede con ese residuo emocional que no figura en ningún contrato? Esta es la punzante interrogante que plantea Maybe Baby, obra escrita por Cinthia Delgado Ramos y dirigida por Norma Martínez, que se presenta como una de las propuestas más necesarias y reflexivas de la cartelera actual.

La historia nos presenta a Elisa (Fiorella Pennano) y Alonso (Jordi Sousa), una pareja radicada en Madrid cuya estabilidad se ve sacudida por un embarazo inesperado. Mientras Alonso se ve movido por una urgencia biológica de ser padre lo antes posible, Elisa se resiste a que su cuerpo sea el territorio de ese proceso. Dentro de ese conflicto, entra en escena Clara (Claudia Pascal), quien, impulsada por la necesidad económica, acepta convertirse en el “recipiente” de un embrión ajeno. Lo que inicia como una transacción racional y aséptica, pronto se desborda hacia un terreno ético y emocional de donde nadie saldrá ileso.

La dirección de Norma Martínez es un ejercicio de sobriedad y agudeza. La decisión de prescindir de escenografía y apostar por un minimalismo absoluto es un acierto rotundo. Al utilizar la totalidad del espacio vacío, Martínez expone a los personajes (y a los actores) a una vulnerabilidad constante. En ese escenario desnudo, no hay donde esconderse; los cuerpos están en vitrina, subrayando la atmósfera de tensión y el control obsesivo que los protagonistas intentan ejercer sobre la vida de Clara.

En el plano actoral, Pennano logra transmitir con sutileza la fractura interna de una mujer que busca defender su autonomía, apoyada por breves y poéticas secuencias físicas que nos permiten asomarnos a su desasosiego sin necesidad de palabras. Pascal sostiene el peso de la obra con una interpretación orgánica y conmovedora; su Clara no es una víctima pasiva, sino un ser humano lidiando con el cansancio y la invasión de su propio cuerpo.

Por su parte, Sousa construye un Alonso humano y complejo. No es un villano, sino un hombre desesperado cuya ceguera ética lo lleva a ignorar las consecuencias de sus actos. Brian Cano aporta una nota de tensión necesaria como Héctor, cuyo enojo —más egoísta que solidario— añade una capa de realismo sobre cómo el entorno también intenta sacar provecho de la situación. Finalmente, la gran Montserrat Brugué refresca la puesta con su ingreso, aunque su personaje de madre llega para recordarnos que el juicio social y familiar sigue siendo una sombra pesada sobre las decisiones reproductivas.

Maybe Baby, obra ganadora de Iberescena y de los Estímulos del Ministerio de Cultura, es una pieza que incomoda porque nos confronta con la mercantilización de la vida. Es teatro que no busca dar respuestas masticadas, sino que utiliza el vacío escénico para llenarlo con preguntas urgentes sobre la maternidad, el privilegio y la fuerza indomable de la naturaleza frente al dinero. Una experiencia imprescindible que se sostiene en la verdad de sus interpretaciones y en la inteligencia de su puesta. Altamente recomendable.

Daniela Ortega

22 de febrero de 2026

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