martes, 10 de febrero de 2026

Crítica: DOS SIGLOS DE SOBREMESA


La historia que se repite en sobremesa

Dos siglos de sobremesa propone un diálogo escénico entre dos momentos clave de la historia peruana: 1824 y 2024. A través de una estructura temporal alternada, la obra revela cómo problemáticas como el racismo, el machismo y las desigualdades sociales persisten desde la independencia hasta la actualidad, evidenciando una continuidad histórica que interpela al espectador.

La puesta en escena se apoya en recursos audiovisuales que proyectan imágenes y sonidos de marchas y protestas, conectando ambos tiempos y reforzando la idea de que los conflictos del pasado siguen resonando en el presente. En 1824, el conflicto se articula en torno al matrimonio arreglado de Constanza con Fernando, un español, mientras que en 2024 el drama surge cuando la pareja conformada por Rodrigo y Mariana intenta vender su antigua casona a Fernando y a la arquitecta Teresa. A esta negociación se suma Miguel, un migrante y emprendedor emergente que encarna las tensiones contemporáneas en torno al racismo y la exclusión social.

La obra establece paralelismos potentes: la rebelión de los indígenas en la hacienda en 1824 dialoga con una marcha social en 2024, subrayando la repetición de las luchas y demandas colectivas a lo largo del tiempo. Bajo la sólida dirección de Gustavo López Infantas y con un texto de Eduardo Adrianzén, la puesta logra articular lo íntimo y lo político desde una mirada crítica y reflexiva.

El elenco, integrado por Gonzalo Molina, Urpi Gibbons, Paulina Bazán, Guadalupe Farfán, Gianni Chichizola, Alaín Salinas y Sol Nacarino, ofrece interpretaciones consistentes que sostienen el ritmo y la profundidad del relato.

Dos siglos de sobremesa invita a reflexionar, como sociedad peruana, sobre los problemas que arrastramos desde la independencia, recordándonos que muchas de estas tensiones nacen, y se reproducen, en el espacio más cercano: la conversación familiar, ese lugar donde la historia, la memoria y el conflicto se sientan a la mesa.

Edu Gutiérrez

10 de febrero de 2026

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