martes, 17 de febrero de 2026

Crítica: 3 HISTORIAS BIEN PERUCHAS


Humor frontal en tiempos de elecciones

En el Teatro Municipal de Surco, 3 historias bien peruchas, escrita, protagonizada y dirigida por Javier Valdez y Martín Martínez, lleva al escenario el universo que ya conocemos de Emoliente TV. Lo que nació como sketch digital da el salto al teatro, y ese cambio de formato implica un reto: sostener en vivo lo que en pantalla funciona con cortes rápidos y remates inmediatos.

La propuesta mantiene su sello: personajes reconocibles, situaciones cotidianas y conflictos que giran en torno a tensiones sociales y muy actuales. El público se ríe, porque se ve reflejado. Hay códigos claros, referencias directas y una apuesta por un humor que no busca sutilezas.

La obra opta por la frontalidad. Cuando un personaje se coloca la banda presidencial, no hay duda alguna sobre de quién nos están hablando. La crítica es directa, sin metáforas ni rodeos. Esto puede parecer simple desde cierta mirada más exigente, pero también es una decisión clara: el mensaje debe llegar sin adornos. El humor es accesible y busca que todos entiendan la referencia de inmediato.

Esa elección tiene ventajas, pero también riesgos. Cuando el chiste es muy evidente, puede perder fuerza si se extiende más de lo necesario. En algunos momentos, ciertas escenas podrían ser más precisas o mejor estructuradas para evitar repeticiones. El paso del sketch breve al formato teatral todavía tiene aspectos por afinar, sobre todo en el ritmo y las transiciones.

También hay instantes donde la denuncia no termina de definirse con claridad. Por momentos, la crítica parece apuntar a una especie de “discriminación inversa”, idea que resulta discutible si consideramos que las relaciones de poder no funcionan de la misma manera para todos. Sin embargo, podemos poner el foco en el peligro de los estereotipos, de las etiquetas y de la mirada violenta entre todos los ciudadanos de un país que no aguanta más divisiones. 

Aun así, la obra logra algo importante: poner sobre la mesa un tema que hoy atraviesa a todos los peruanos. En un contexto de elecciones presidenciales y tensión política, el escenario se convierte en un espacio para canalizar esa inquietud colectiva. Nos reímos, sí, pero también recordamos lo que está en juego.

En todo caso, 3 historias bien peruchas cumple con su objetivo: decir lo que quiere decir y hablar del momento que vivimos. El humor funciona como desahogo, pero también como advertencia. Nos permite reírnos de aquello que nos incomoda, mientras señala las consecuencias de decidir desde el privilegio o desde la comodidad de no pensar más allá del gesto inmediato. Entre la risa y la sátira, la obra nos deja una pregunta necesaria: ¿cuestionamos el poder o simplemente lo reducimos a un chiste pasajero? Allí está su mayor fuerza y, al mismo tiempo, su mayor reto.

Cristina Soto Arce

17 de febrero de 2026

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