El retrato de un país en decadencia
La Real Compañía Estólida, conformada por Dánitza Montero, Gabriela Gutiérrez, José Miguel Herrera, Paulina Bazán y Ricardo Bromley nos trae una comedia escrita y dirigida por Alfonso Santistevan, y basada en Ubú rey de Alfred Jarry. En esta adaptación, vemos y experimentamos cómo un espacio tan pequeño y a primera vista no muy cómodo como lo es Paya Casa se transforma en un lugar donde las coincidencias no existen, como bien lo anticipa el afiche de la obra; un lugar donde la realidad y la ficción se entremezclan de tal manera que hasta lo más imposible resulta ser lo verdadero.
La primera impresión es de un escenario modesto, solo con un mueble, un pequeño comedor y una pared de fondo que podría describirse como un personaje más o el elemento más poderoso que complementa la obra, pues a medida que pasan los acontecimientos y el tiempo, vemos cómo van cambiando los cuadros, cómo funciona para situarnos en distintas regiones del país sin necesidad de utilizar grandes escenografías, lo cual habla muy bien de la capacidad actoral de los artistas, pues con esos pocos elementos logran transportar a toda la audiencia a los distintos lugares.
Además del buen uso del espacio, se destacan otros elementos que posiblemente pasarán a ser característicos de la obra, como son las máscaras de animales hechas especialmente para la ocasión y de manera artesanal por La Contra Máscara. Estas máscaras y demás elementos hechos como manualidades suman bastante a la obra y su carácter minimalista. No se descuidó ningún aspecto, cada detalle se notó sumamente planificado y hecho con mucha dedicación.
Respecto a la narrativa que maneja, es bastante crítica con la situación actual nacional. Sin llegar a ser explícitos ni mencionar nombres en concreto, todos en el público pueden identificar las personalidades y patrones de comportamiento que se repiten. Es un espacio de catarsis mutua, pues en un contexto en el cual uno no puede más que sentirse impotente ante la cantidad de malas noticias que se ven a diarIo y la nulidad de acción por parte de las autoridades, así como la corrupción que sigue siendo la plaga que cada vez nos va consumiendo como país, tener una obra como esta, una sátira que puede hacernos reír y reflexionar al mismo tiempo sobre eso que dolió y sigue doliendo, convierte una localidad cualquiera en un espacio donde tanto artistas como espectadores pueden reírse de su propia decadencia. En esa carcajada común hay algo que une a todo un auditorio cansado y agobiado pero que aún resiste desde sus propias trincheras.
Tanto la puesta en escena como la compañía de teatro se destacan por poner sobre la mesa nuevos temas y tener un elenco lleno de frescura, con actores dispuestos a transmitir nuevas historias que se acercan más al ciudadano de a pie que simplemente repetir los mismos cuentos de siempre.
Barbara Rios
25 de febrero de 2026

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