domingo, 1 de febrero de 2026

Crítica: CONTRA-FUTURO


Entre el pasado y el futuro

Contra-futuro fue una propuesta escénica gestada a partir de un laboratorio escénico e investigación colectiva, la cual se presentó en la edición 2026 del Festival Saliendo de la Caja. Bajo la dirección Leonardo André, el montaje inicia con la evocación al descubrimiento del fuego robado por Prometeo, presentado no solo como un hito histórico, sino como el primer gesto de transformación humana. Entonces, cinco historias se entrelazan: el ser más primitivo buscando sobrevivir; una montonera atrapada en medio del conflicto; una mujer que relata el pasado entre mitos y deidades; la era moderna representada por una bailarina que no encuentra su lugar; y el futuro tan incierto como inminente.   

El tiempo y las distintas eras que ha recorrido la humanidad se conectan más por la experiencia física y simbólica que por una narrativa lineal.  Así, las interpretaciones de Fiorella Bastidas, Matías Dextre, Rafaela Prado, Inés Arroyo y Ritzia Landauro utilizan el cuerpo como principal vehículo de expresión. Se percibe una exploración física sostenida, donde el gesto y la presencia escénica tienen tanto peso como la palabra. Los cuerpos que aprenden, que se adaptan y se enfrentan a la violencia, la tecnología y la modernidad.

Respecto a la escenografía, el uso de varios elementos móviles, las prótesis (elaboradas por ellos mismos), los vestuarios, la iluminación y la música acompañan la idea de evolución y transformación constante. Sin embargo, el ritmo en algunos cambios de escena puede revisarse para futuras presentaciones.

Contra-futuro, a través de la identidad queer* como impulso del lenguaje escénico, no busca dar una respuesta, sino abrir el debate frente al progreso, la identidad y el precio de la modernidad. Además, reconoce el paso del tiempo y las nuevas formas de habitar el mundo. Sin duda, una creación post-moderna honesta y potente que dialoga con el pasado, el presente y las inquietudes del espectador contemporáneo.        

Maria Cristina Mory Cárdenas

1º de febrero de 2026

*https://cnnespanol.cnn.com/2024/06/28/que-es-ser-significa-queer-trax

Crítica: CAOS EN FAMILIA


¡A repartirse la herencia!

Uno de los últimos montajes de Mever Producciones, escrito y dirigido por Gianfranco Mejía, fue La herencia (2024), un eficiente drama que tuvo en su elenco a nuestro primer actor Hernán Romero en su último papel sobre las tablas. Pertinente mencionar esta puesta en escena, pues Mejía viene presentando actualmente otra temporada similar titulada Caos en familia, en el Centro Cultural Ricardo Palma, que guarda muchos paralelismos con la pieza antes mencionada, incluso compartiendo parte de su elenco. En esta obra, nuevamente la repartición de una herencia ocasiona los previsibles enfrentamientos entre una familia disfuncional; sin embargo, existe ahora el propósito de mostrarlos en clave de comedia, con resultados irregulares que bien podrían superarse con una revisión en la dramaturgia.

Debe señalarse que Caos en familia no es un estreno posterior a La herencia: se trata de un tardío reestreno de la puesta original en el 2019. La trama, como ya se mencionó, sigue los mismos derroteros: el patriarca de cuestionable conducta fallecido recientemente, dos hermanos enfrentados por bienes materiales, un mayordomo mediador entre ambas partes y un mensaje aleccionador hacia el final. Acaso Mejía debe siempre tener cuidado cuando recicla textos pasados de su autoría, ya que son sus últimos estrenos los que vienen acusando una saludable madurez, pues en sus reestrenos, muchas veces, esta no se logra visibilizar, como en Eutanasia (2023). Caos en familia no escapa de ese aspecto: el humor no termina de despegar en varias escenas; algunos personajes se encuentran apenas bosquejados; la mejor secuencia (aquella de los brownies) no tiene relación alguna con la herencia en sí; y se sobrecarga la trama con discursos dramáticos, que remiten irremediablemente a la muy superior La herencia.

Si bien la tensa relación entre los hijos herederos del difunto (Paola Miñán y Pedro Olórtegui) y la sensata presencia del mayordomo (Rafael Sánchez Mena) se encuentran bien delineadas, es en los personajes más jóvenes en donde se visualizan las oportunidades perdidas, debido a la escasez de conflictos mayores: los primos superficiales (Luis Alonso Leiva, Alexis Arteaga y Renato Babilonia), la guapa estudiante de intercambio (Valkiria Aragón) y la hija rebelde del criado (Lorena Reynoso) prometían un mayor desarrollo dramático (y cómico) entre ellos, que bien pudo explotarse en mayor medida. A pesar de estos reparos, la nueva reposición de Caos en familia de Mejía no deja de mantener el interés y entretiene como la amable comedia que pretende ser.

Sergio Velarde

1º de febrero de 2026