lunes, 29 de julio de 2024

Crítica: TITO ANDRÓNICO


Qué mueve la voluntad humana para ejercer violencia

La violencia, como tal, es un fenómeno complejo que tiene muchos orígenes y causas, que abarcan desde las biológicas (algunos estudios sugieren que la violencia puede tener causas genéticas y así pues, predisponer a las personas a ciertos comportamientos agresivos), ambientales o del entorno (nuestro aprendizaje de vida en donde crecemos y vivimos; es decir, estar expuestos a entornos hostiles, represivos o de continuo conflicto), culturales (la sociedad en la que vivimos, los valores, normas y creencias que fomentan este comportamiento), psicológicas (factores emocionales como la ira, el miedo, la frustración y la ansiedad mal gestionados pueden también llevar a conductas violentas) y la historia (los traumas y experiencias adversas en la infancia y adolescencia, como el abuso, abandono o negligencia, aumentan el riesgo de comportamientos violentos en el futuro).

La violencia es, entonces, un fenómeno de muchas variables, donde no hay una sola causa u origen y que a lo largo de nuestra historia como humanidad nos ha hecho ser capaces de las mayores barbaries, desde las más sutiles hasta las más viscerales. Shakespeare, obviamente, no era ajeno a esto y escribió Tito Andrónico, una de sus obras más oscuras y violentas, y por su estilo y lenguaje se sugiere que fue creada en un periodo de experimentación y desarrollo en la carrera del dramaturgo. Se cree que fue escrita alrededor de 1588 y 1594; la primera edición impresa fue publicada en 1594. En 1987, la directora Deborah Warner llevó la historia con Brian Cox como Tito Andrónico, exhibiendo todo el horror de la obra; y en 1999, Julie Taymor elige a Anthony Hopkins como el protagonista para su adaptación cinematográfica.

En esta oportunidad, La Ira Producciones trae a escena Tito Andrónico en el Teatro Segura, dirigida por Mikhail Page, que al mismo tiempo hace una versión acorde a nuestra época y esa visión se adecúa bien a nuestros tiempos violentos, en el que “el otro”, por ser de otro equipo, país o color de piel, es muy diferente a nosotros. También nos muestra con eficacia un ambiente político de corrupción e intereses individuales; la visión de la obra no se aleja de esa realidad evidente y sobre todo, de la ira que lleva a su protagonista a la venganza más cruda. Quizá en ese aspecto, la propuesta pudo haber arriesgado un tanto más por mostrarnos esa violencia a la que somos capaces de llegar ante determinado contexto. Por otro lado, la utilización del espacio escénico es precisa, con una escenografía que apunta mucho a la imaginación del público y basándose más en el trabajo del actor. Las luces, además, contribuyen a conseguir la atmósfera lúgubre y abrumadora que la pieza propone.

El personaje de Tito Andrónico es interpretado por Bruno Odar y el de Tamora, por Mónica Sánchez; ambos, con todo su oficio, consiguen emociones que mantienen la atención del público, así como Diego Pérez, que en el papel de Saturnino le otorga una tensión constante a la obra. Los hijos del protagonista se encuentran a cargo de unos excelentes Jorge Armas, Diego Salinas, Joaquín Escobar, Giovanni Arce y especialmente, Cindy Díaz. Completan el elenco Carlos Mesta, Daniel Cano, Martín Velásquez, Sebastián Ramos, Gilberto Nué y Patricia Frayssinet, todos muy eficientes.  Tito Andrónico es una puesta en escena muy recomendable.

Manuel Trujillo

29 de julio de 2024

Crítica: AMNESIA


Identidad y olvido

Al ingresar a la sala se observa una tenue luz azul que recae sobre los personajes, la cual nos invita a sumergirnos en un fugaz suspenso; inmediatamente, unas risas y un golpe de Sandra cayendo al piso dan inicio a Amnesia, una obra de teatro escrita por Chiara Roggero que narra cómo la joven en cuestión, quien tras una noche de fiesta despierta en casa ajena sin recordar lo ocurrido, generando mucha confusión en ella y la desconfianza de su anfitrión, un taxista llamado Sandro, quien de manera amable intenta explicarle a detalle lo sucedido la noche anterior, desarrollándose así la trama.

Bajo la dirección de Ricardo Caffo, la obra logra una fusión efectiva de comedia y crítica social. El director guía la interacción entre los personajes, creando no solo un ambiente de gracia, sino también invita a la reflexión sobre problemáticas profundas que afectan a la sociedad actual. Justamente, las interpretaciones de Miguel Cente y Cheli Vera destacan por su profesionalismo y la química que comparten en escena, aportando una frescura a la puesta; asimismo, sus reacciones dinámicas y genuinas enriquecen la experiencia del espectador. La escenografía es efectiva al situar a la audiencia en el lugar de la acción.

Amnesia aborda, de manera metafórica, el fondo sobre el olvido de las raíces y la identidad, especialmente relevante en el contexto de las festividades patrias. A través de un formato cómico, la obra también expone temas de discriminación y prejuicios que, trágicamente, persisten en nuestra sociedad.

La pieza de Roggero es una obra que deja una huella significativa desde el inicio hasta el final, gracias a la trama y a las destacadas actuaciones, estas logran hacer palpable el humor negro de la historia. Además, el sorprendente desenlace hace que la puesta en escena posea todos los elementos necesarios para mantener al público cautivado, ofreciendo una experiencia teatral enriquecedora.

Javier Gutiérrez

29 de julio de 2024

Crítica: LAS TÓXICAS


Mujeres al borde de un ataque de nervios

La toxicidad en una relación de pareja se ha convertido en los últimos años en un tema recurrente; sin embargo, es bien cierto que este concepto no es nuevo y viene ocurriendo quizás desde siempre. Mucho se ha escrito sobre esta problemática sentimental: en una relación tóxica, la pareja, o al menos uno de sus integrantes, se siente mal en mayor o menor grado, generando ansiedad o un sinnúmero de emociones negativas, ya que esto implica los esfuerzos denodados para que la relación funcione y no dejar que se termine. La actriz y dramaturga Romina Viñas explora esta temática en una puesta en escena netamente femenina, titulada adecuadamente Las tóxicas, y que a pesar de ciertos ajustes aún por realizar, se convierte en una simpática comedia para disfrutar el momento.

Una reunión de treintañeras, en la casa de una de ellas, es la excusa para mostrar algunos síntomas de toxicidad, justamente desde el punto de vista de “ellas” y sus confesiones más íntimas: infidelidades, desconfianza, violencia física y psicológica, dependencia emocional, falta de compromiso, entre otros aspectos que vamos conociendo de las vidas de estas mujeres, matizadas por un contenido sexual que pareciera dominarlo todo. Si bien se hace evidente la falta de un conflicto concreto en todo el primer acto, los diálogos entre Fabiola Vargas, Mellanie Elguera y la misma Viñas son lo suficientemente simpáticos y atrevidos como para sostener la secuencia; es recién con la llegada de Kiara Tangüis que se revela un fatal acontecimiento que pondrá en jaque al cuarteto de tóxicas y su amistad.

Con algunos aspectos por revisar, como el apartado estético (¡esa mesita forrada!), la puesta sale adelante gracias al carisma y energía de las cuatro actrices, las que saben defender sus respectivos personajes incluso en situaciones límite, bien dirigidas por Johan Escalante. Presentada en su primera temporada en el Teatro Barranco, Las tóxicas, a través del humor negro que la trama de Viñas permite, es la clara evidencia del terrible destino que les depara a aquellas parejas que permanecen unidas a pesar de la baja autoestima, la angustia, la frustración y sobre todo, la injustificable violencia que tarde o temprano aparecerá.

Sergio Velarde

29 de julio de 2024

domingo, 28 de julio de 2024

Colaboración regional: LA LUCACHA


Mirando desde el corazón de Vallejo

Es difícil imaginar que una obra alrededor de la poesía de Vallejo no se encuentre atravesada por la víscera y el dolor universal. Esto es algo que la agrupación cultural ayacuchana Awaqmuyu tiene muy presente, y en su última obra, La lucacha busca llevar a su extremo visual.

Dos hermanas y su anciano padre se reúnen para darle el último adiós a su menor hermana, Rimacha, quien se quitó la vida antes del inicio de la obra. A medida que avanza la ceremonia, diferentes flashbacks y secuencias físicas (bien diferenciadas a través de las luces) nos terminan de mostrar de cuerpo completo no solo la situación de la hermana, sino del simbolismo trágico que representa toda la familia sobre la sociedad y la política en el Perú.

El uso del espacio es creativo y muy bien logrado. Las actuaciones destacan principalmente por el trabajo físico del elenco, con personajes y secuencias bien trabajadas. Un punto de mejora importante sería lograr el equilibrio entre la historia y su significado, pues este último absorbe al primero a veces, y vemos a las hermanas más como símbolos de la izquierda y la derecha peruanas que como seres humanos. Frases reconocibles de nuestra política, así como transiciones prolongadas con mensajes explícitos, hacen que a veces se pierda el hilo y mensaje principal de la obra.

Pero, a medida que nos acercábamos al final, me surgía la pregunta: ¿Y si no hay otra manera de encajar esta historia que no sea a través del caos y la denuncia? Sin alusiones sutiles, sino destapando nuestra putrefacción. En ese tenso funeral aparecen las verdades que, como país, nos cuesta aceptar sobre nuestra política, nuestra hipocresía, nuestra “cultura del más sapo”, nuestra violencia de género. Cada imagen y transición se vuelven así únicas (cortesía de una precisa dirección y musicalización) y culminan en la figura del Perú como una araña descabezada, o como un grupo de hermanas traicioneras, víctimas a su vez de un decrépito, dominante y obsoleto status quo.

La lucacha bebe del expresionismo como una muestra del alma pura y desangrada del peruano. Esta es una obra necesaria de hacerse en la UNSCH, en el corazón de Huamanga más que en cualquier otro lado, y una muestra de la evolución a futuro que un grupo joven como Awaqmuyu puede desarrollar. Véanla con buen ojo, y recen para que al próximo Bicentenario, su realidad sea cosa del pasado.

José Miguel Herrera

Ayacucho, 28 de julio de 2024

viernes, 26 de julio de 2024

Crítica: LA REPÚBLICA ANIMAL


Una historia atemporal 

BUTACA Arte y Comunicación, junto a Bravo Productora, han estrenado la temporada de La República Animal, basada en la novela satírica Animal Farm, del escritor británico George Orwell, cuya trama gira alrededor de un grupo de animales que deciden rebelarse en contra de los humanos que dirigen la granja en la que viven, componiendo un nuevo sistema de gobierno que en principio los beneficiaría a todos por igual, pero que termina siendo una tiranía que destruye los ideales y la convivencia entre ellos. Es así que la historia se posiciona en el plano político, constituyendo una crítica abierta en contra de los sistemas corruptos y la crudeza de la condición humana. 

La versión escrita y dirigida por Martín Velasquéz Marvelat sitúa la fábula de Orwell en una recóndita chacra de la sierra peruana, donde los animales se rebelan en contra del maltrato y explotación que reciben de los seres humanos. Al lograr su cometido, instauran un nuevo sistema que tiene como pilares la justicia, dignidad e igualdad, el cual se ve desbaratado por la ambición y los intereses de algunos miembros de la chacra. Con clarísimas alusiones a nuestro día a día como peruanos, Marvelat nos confronta con una desoladora realidad social y política, que parece no tener cuando acabar.

Sobre la puesta en escena, los coloridos vestuarios y las máscaras a la mitad del rostro, de entrada, nos transportan al universo de la obra, complementándose con los elementos escénicos funcionales, el juego de luces y las canciones interpretadas por los personajes. El escenario del Teatro Ricardo Roca Rey de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) alberga al nutrido elenco, conformado por Briscila Degregori, Juan Carlos Díaz, Miguel Agurto, Luis Cárdenas-Natteri, Alejandra Reyes, David Huamán, Alexandra Garcés, Omar Velásquez, Cynthia Bravo, Daniel Suárez Lezama, Paola Chacaltana y Edgar Linares, quienes realizan logradas construcciones, siendo evidente el trabajo corporal y vocal sostenido a lo largo de puesta, incluso en los cambios de personajes entre humanos y animales. 

La República Animal es una propuesta intensa y pertinente, sobre todo, en esta coyuntura de celebraciones patrias, pues desnuda las miserias de una nación todavía fragmentada por la violencia, el olvido y la corrupción. Tan mordaz como estremecedora, esta historia nos confronta con situaciones que se han normalizado en nuestro país. Queda mucho por reflexionar; sin embargo, desde la tribuna artística es importante visibilizar estos temas, quizá, irremediablemente atemporales para gran parte de las naciones en el mundo. 

Maria Cristina Mory Cárdenas

26 de julio de 2024

Crítica: BAJO LA BATALLA DE MIRAFLORES


Claustrofobia y crítica en Fiestas Patrias

En un sótano de Miraflores, se presenta una obra sobre un sótano miraflorino durante la guerra con Chile. Bajo la batalla de Miraflores dirigida por Edwin Chino Lam y Manuel Guerrero y escrita por Paola Vicente se ha repuesto en el teatro Selina, con una puesta en escena tan funcional como el texto se lo pide.

Ingresamos a la sala. En silencio, a oscuras, a los minutos, Doña Clara (Trilce Cavero), Julia (Alexandra Garcés) y Esperanza (Yaremís Rebaza) se encierran en el sótano de la casa miraflorina de clase media a horas que empiece la batalla de Miraflores. Inmediatamente la claustrofobia entra en escena y la desesperación es tan real que es inevitable pensar en la realidad; es cuestión de tiempo para que el ejército chileno invada Lima y Miraflores, y por lo tanto, también caigan. Y si en este sótano de desesperanza no se estaba lo suficientemente atrapado, la llegada de un soldado peruano, en maneras sospechosas, complica aún más la situación.

Pero la obra, a pesar de lo que la temporada de Fiestas Patrias nos haría creer, no busca caer en discursos ni chauvinistas ni maniqueos, en los que los pobrecitos somos nosotros y los malos son los invasores. Todo lo contrario, el enemigo siempre está en casa. El acierto en Bajo la batalla de Miraflores” termina siendo una puesta en escena que comulga tanto con el espacio como con el contexto. Estamos en un sótano en Miraflores, viendo una representación de cómo peruanos sobreviven también en un sótano en Miraflores hace más de cien años atrás. Sin embargo, el enemigo siempre fue el peruano y sus dirigentes que actúan con el mismo egoísmo del ciudadano capaz de traicionar a su familia para aprovecharse de la situación. Cien años atrás, en la guerra y en la paz, la mirada crítica es tanto al costado como hacia uno mismo. Una gran puesta en escena a cargo de El Patio - Colectivo Escénico.

Gabriel Calderón

26 de julio de 2024

miércoles, 24 de julio de 2024

Entrevista: MIGUEL CENTE


“Un actor de teatro debe tener disciplina, responsabilidad y pasión.”

Viene presentándose en el Teatro Esencia la puesta en escena de Amnesia, escrita por Chiara Rogger, con la dirección de Ricardo Caffo. Oficio Crítico conversó con uno de sus actores, Miguel Cente, quien nos comentó acerca de su trayectoria profesional y de la mencionada puesta en la que actúa al lado de Cheli Vera.

Una realidad donde la identidad peruana y los prejuicios se ven reflejados en nuestra sociedad como fiestas patrias. La trama consiste de Sandra que se va de fiesta y amanece en la casa de un taxista, pero no recuerda nada. Él le ofrece una amable hospitalidad y le cuenta detalladamente todo lo que Sandra hizo la noche anterior.

Presentada por el colectivo Aranwaypukllaq, con la producción ejecutiva de Victor Lucana, Amnesia se presentará en sus dos últimas funciones, los miércoles 24 y 31 de julio a las 8:00 p. m. en Teatro Esencia, ubicado en Miguel Grau 071, Barranco.

Las entradas en Teleticket.

https://www.joinnus.com/events/theater/lima-amnesia-de-chiara-roggero-62808

Sergio Velarde

24 de julio de 2024

Crítica: DESARMANDO


Frescura

El espectáculo comienza con música. Armando Machuca canta, mientras nos cuenta qué va a suceder en los próximos minutos. Los ingresantes han escrito en unos papelitos, que nos han entregado antes de abrir las puertas de sala, algunas sugerencias para la improvisación, como canciones favoritas, situaciones o temáticas; estos papelitos han sido pegados en pequeñas pizarras que se han colocado en el escenario. 

El reto está planteado: Armando va cogiendo algunos papelitos e intentará tejer una historia a partir de esos estímulos. Va demostrando que sabe lo que hace; considero que lo irreverente se vuelve parte de la propuesta, el hecho es que no exista una situación lógica que conecte la historia, el hecho está en lo inesperado de los sucesos.

Cómo se van conectando las ideas hace que la situación sea sorprendente y graciosa; es cierto que hay que tener una gran capacidad mental para poder responder a frecuencias inesperadas- La primera historia fue resuelta con solvencia: la creación de un gato y un conflicto entre sus dueños fue fortalecido por la forma en que se introdujo la música. La historia fue fresca y divertida, no hubo mayor inconveniente.

La segunda historia también tuvo un buen desarrollo, lo ocurrente de los sucesos hace que el público se divierta; de alguna manera considero que las personas que asisten al espectáculo también están predispuestas a reírse.

Sin embargo, no todo es color de rosa: hubo un momento donde pese a que la historia parecía seguir un hilo narrativo, Machuca no pudo desarrollarla con solvencia; al parecer, la suerte también influye en este tipo de espectáculos. Finalmente tuvo que acabarla y considerar que había sido un fracaso, pero pese a ello a mí me resultó muy divertida. Me interesa lo irreverente de la propuesta y la pérdida de sentido, todo se puede conectar desde una mirada que esté presta a dejarse llevar por lo que propone el artista.

Hubo un juego con una pareja que refrescó un poco el momento tenso, la presencia de personas desconocidas hace que el espectáculo sea muy cercano al público y creo que esto hace que sea real y las personas se conectan con más naturalidad. Para cerrar con broche de oro apareció Zumba, el invitado de la noche. Hubo momentos donde conectaron muy bien y Zumba parece tener un cuerpo presto al juego y al dinamismo, fue divertido verlo bailar ballet, mientras esquivaba unas balas que intentaban asesinarlo.

Hubo otros momentos donde parecían no conectar y la historia perdía un poco de fuerza, porque veíamos a dos personas que iban cada uno por su lado; sin embargo, eso no debe ser estrictamente como un algoritmo matemático, es algo más espontáneo, sin respuestas concretas. Hay una incertidumbre espectacular que es necesaria para la vida, para refrescar el día a día que a veces está tan absorbido por la rutina y por la repetición constante, perdiendo de esa manera la sorpresa. 

Entonces el espectáculo tuvo eso: frescura y sucesos inesperados, muy necesarios para aliviar la asfixia del trabajo y de la ciudad. Si es que necesitas escapar de métodos concretos e inamovibles, pues es una oportunidad para experimentar un espacio en donde no se sabe lo que va a suceder, tampoco la historia que se contará o los sucesos que se desarrollarán. De por sí la risa está asegurada, la fantasía y la creatividad serán las notas musicales de un juego dinámico y sin rumbo preciso, una invitación a lo desconocido y a la incertidumbre.

Moisés Aurazo

24 de julio de 2024

Crítica: TARTUFO


No hay pierde con Molière

Tomando como feliz pretexto los 400 años del nacimiento del imprescindible dramaturgo y director francés Jean Baptiste Poquelin, Molière, una nueva puesta de este clásico autor cierra la trilogía iniciada en 2022 en la Alianza Francesa de Miraflores, siempre con la acertadísima dirección de Jean Pierre Gamarra y el deslumbrante diseño escenográfico de Lorenzo Albani. Tartufo, luego de los muy valiosos montajes de El misántropo y El avaro, es un nuevo triunfo de Éxodo Teatro, tanto de forma como de fondo, que denuncia sin paliativos algunas de las muchas taras de una sociedad que sigue tan enferma como en el siglo XVII.

Y qué duda cabe de ser considerado un verdadero clásico este texto de Molière, que señala inequívocamente a todos aquellos hipócritas beatos, con cilicios incluidos, que esgrimen su ferviente religiosidad para esconder su desgraciada doble moral. Muchos, incluso, ocupan puestos públicos en nuestros días. La hortera manipulación y las ansias de riqueza, en medio de la lograda sátira que el autor propone, son fácilmente identificables por el público en la historia del embustero Tartufo (Fernando Luque), quien maneja a su antojo al pudiente Orgón (Alonso Cano) para quedarse con sus bienes, a pesar de las varias señales de alerta que recibe.

Gamarra aplica nuevamente, por lo menos en las primeras secuencias, la funcional propuesta de tener a todos sus personajes en escena, así todavía no aparezcan en el texto original; vale decir, todos hablan de Tartufo como si no estuviera presente, pero sí lo está. Lejos de confundir, este formato suma al juego y a la irreverencia que son tan propias del director y que le hace justicia al autor. Además, le permite a Luque, el inmejorable actor fetiche de Gamarra, solo con sus gestos y miradas anticipar la real dimensión de su personaje. Por otro lado, la crítica social que tan bien delinea Molière en la trama funciona adecuadamente; acaso el único reparo sería el tramo final, con la intervención del gobierno para hacer real justicia, un cierre que le fuera impuesto a Moliere en su momento y que aquí desdibuja ciertamente los paralelos con nuestra actual situación política.  

El maquillaje, las pelucas, las prótesis y la caracterización en general de los actores enriquecen la puesta en escena. Excelentes interpretaciones de todo el elenco, con Luque y Cano a la cabeza, ambos en estado de gracia, muy bien acompañados por una excelente Amaranta Kun, una sorprendente Maria Grazia Gamarra, unos irreconocibles Denise Arregui y Oscar Yepez, y unos impecables María Fernanda Misajel, Alejandro Tagle y Stefano Salvini. Bien por Éxodo Teatro y este sólido montaje de Tartufo, que demuestra que Molière no solo no tiene pierde, sino que mantiene intacta su visión sarcástica de una sociedad como la nuestra, que manifiesta su hipocresía y doble moral en todo momento.

Sergio Velarde

24 de julio de 2024 

lunes, 22 de julio de 2024

Crítica: CASO DE ÉXITO


Que sigan los éxitos

Caso de éxito, una comedia musical pensada desde lo inusual y sumamente entretenida, ha logrado llenar de risas y emoción a una sala llena de espectadores que, sin duda, han disfrutado de cada canción y momento de la historia.

No se escatima en creatividad: la obra parte de una premisa que busca jugar con los desbarajustes de la industria del marketing, de la lucha de las buenas ideas, pero también de las mentiras y lo fácil que puede perderse uno por la búsqueda del dinero. Poco a poco nos vamos adentrando a un plano más íntimo, en el cual nuestros protagonistas terminan por encontrar su propio caso de éxito, la satisfacción de ver volar sus ideas y apreciar el momento.

Si bien el inicio puede parecer enredado al querer explicar el argumento, la obra crece y se permite brillar a través de sus personajes. Todos con características marcadas que delimitan el tipo de relación que tienen entre ellos, personajes claros y que saben para qué están en la escena. Vale la pena destacar a nuestros protagonistas, de un gran talento musical: tanto Kalid Lino como Fabián Zambrano logran cautivar y vincular al público con su calidad vocal, y son los protagonistas que deseamos siempre en la historia. De igual forma, el trabajo coreográfico, de escenas y canciones, va creciendo hasta darnos un cierre grandioso y con gran despliegue enérgico.

Si algo hubiese que observar con cierto detenimiento, sería el registro interpretativo de Zambrano, cuyo personaje parece haber sido construido bajo un parámetro más sutil. Si bien ciertas características hacen que pueda ser, de entre todos, el más centrado y analítico de la situación que él mismo intenta encubrir, faltó un poco más de consistencia en su presencia escénica.

Por lo demás, la obra está bien contada, con momentos únicos también de Stephany Iriarte y Luis Golding, quienes deben seguir acostumbrándonos a grandes interpretaciones. Vilchez, Paredes y Ríos se llevan nuestras risas con cada entrada al escenario, y completan este gran elenco lleno de comicidad y carisma. Que sigan los éxitos.

Omar Peralta

22 de julio de 2024

domingo, 21 de julio de 2024

Crítica: QUIERO SER VEDETTE


Homenaje a una artista inolvidable

La recordada Analí Cabrera es considerada por muchos como la artista peruana contemporánea más cercana de ser una verdadera vedette. Entendiéndose el término, de acuerdo a la RAE, como la artista principal en un espectáculo de variedades o aquella persona que destaca o quiere hacerse notar en algún ámbito; la mayor de las hermanas Cabrera demostró sus enormes cualidades en el baile y especialmente, en la actuación teatral, de la mano del maestro Cattone. Una vedette, entonces, dejando de lado el cariz peyorativo y machista del término dentro de la sociedad limeña, vendría a ser una artista que destaque en su labor para entretener al público, ya sea cantando, bailando o animando. Quiero ser vedette, estrenado en la Sala Inatem, es un vistoso y arriesgado unipersonal en el que se le rindió un oportuno homenaje a Analí.

Esta revista musical, creada por Jorge Pecho y Karlo Luyo, es representada a la manera de teatro testimonial, en la que vemos a Lola, personaje ficticio encarnado por una carismática Paloma Liendo, que le cuenta al público sus orígenes, su tenacidad y perseverancia en convertirse en una artista consumada, mientras nos regala diversas rutinas de canto y baile, acompañada por dos bailarines. Si bien las dificultades que Lola enfrenta no llegan a ser extremas, como en el caso de la protagonista de Candela, diario de una actriz, la dramaturgia sí señala, con mucho acierto, todos los prejuicios y vicisitudes que una mujer debe atravesar, en medio de una sociedad como la nuestra, tan machista y conservadora, para ver realizada su meta artística.

El saber cuánto de realidad existiría entre las vidas del personaje y de la actriz no es lo crucial de la puesta. En todo caso, Liendo tiene la suficiente energía y solidez para entretener a su público, así como de encontrar el equilibrio exacto entre ingenuidad y sensualidad en su personaje y en la efectiva ejecucuión de sus rutinas de canto y baile. Lucir el traje de lentejuelas, en una de las secuencias, resulta además un acto liberador y de empoderamiento; mérito de la actriz y la dirección conseguir tal resultado. Quiero ser vedette nos descubre a una talentosa actriz como lo es Liendo, con el suficiente potencial para trascender en un futuro cercano, y es también un más que respetuoso homenaje para la gran artista que fue la recordada Analí.

Sergio Velarde

21 de julio de 2024

Crítica: NATASHA


El poder del texto

Natasha, obra escrita y dirigida por Fernando Luque y con las actuaciones de Ana Paula Gálvez y Francesco Bacilio, nos muestra de manera trepidante lo complejo de la lucha del amor y nuestros instintos naturales. Con una avasallante energía escénica, los actores logran capturar y afrontar el reto de un texto que se influye mucho de lo clásico, pero que se llena de otras influencias en la puesta escénica y nos adentra no solo al análisis, sino también a un viaje intenso de impresiones e interpretaciones.

Hay un reto actoral muy claro. Pues nos topamos, de inicio, con un texto que se muestra fuerte en la construcción de lo versado y lo narrativo, y que nos invita a repensar el decir clásico en un contexto de contemporaneidad. Este tipo de textos, que mezclan lo clásico, lo poético y lo cotidiano, invitan a que la propuesta escénica sea igual de cargada y llena de capas; por momentos, inspiraciones de lo absurdo, música, un estado dionisiaco de los actores.

La obra da un preludio que plasma las primeras imágenes en el espacio, lo primeros tonos en los que hablará la obra y que sirve también a los actores para entrar en un estado de conflicto. Los cambios de registro son rápidos, te transportan de un lado a otro, y si bien uno podría pensar que necesita un poco más de espacio para entender lo que te quiere decir el texto, al final no hace falta, ya que los actores los expresan y lo que uno se va llevando son las emociones. Terminamos atrapados en la dinámica que plantea la relación, vivimos con la misma pasión lo que les está aconteciendo, no podemos detenernos tanto tiempo, sino visualizar bien todo lo que los personajes están expresando. Sin duda, esta es una obra que logra capturar a su público.

Una de las cosas que más ha calado es la potencia y la gestualidad con la que los actores abordan el texto. No puede haber otra manera, por lo menos, ellos han descubierto la suya. Uno no termina de procesar todo en el momento, pero lo vemos en ellos. Lo que uno le dice al otro, lo afecta realmente. La realidad de la obra se va resquebrajando poco a poco, y da pase a momentos de absurdo y de juegos estéticos que buscan elevar el sentido de la discusión. Es allí, en esos momentos, en los que uno puede respirar y pensar: ¿qué es lo que está pasando realmente en esa relación, qué límites se cruza, que instintos se vislumbran, que conceptos morales se muestran débiles y otros, por el contrario, hacen falta?

Estos elementos disruptivos llenan la obra, la hacen mucho más que una sola discusión de pareja, hacen de la obra un cuerpo absoluto en el que hay algo que va más allá de nosotros y de las experiencias que se han plasmado. Hay una búsqueda genuina por generar un diálogo con el espectador, no solo exponer un hecho. Muchas más cosas se pueden decir de la obra. Lo principal: está construida a partir de un texto sumamente sólido, y que nos interpela en nuestras ideas del amor.

Omar Peralta

21 de julio de 2024

Crítica: HIJOS DE LA GUERRA


Magnificando la gestualidad del cuerpo

Hijos de la guerra es un montaje inmersivo, donde el uso de tecnologías audiovisuales transforma la experiencia teatral en un experimento video-teatral, en donde las posibilidades escénicas se multiplican y se exaltan ciertos elementos discursivos y narrativos sobre la guerra.

Una propuesta interesante que parte de la invasión de lo bélico en el núcleo relacional de una pareja, que busca mantener su relación, pero donde la guerra se ha infiltrado en sus pensamientos y posturas morales. La guerra se inserta, en una primera instancia, en la vida privada de la gente. Punto de partida para desarrollar las consecuencias atroces de la avasallante máquina de guerra. Con un inicio que juega con imágenes, composición coreográfica y un juego de sombras, vemos cómo la guerra se infiltra en lo íntimo, pero se convierte en algo macro, de escalas mundiales.

Algo que llama mucho la atención es cómo los escenarios se van tiñendo de crudeza, llegando a mostrar casos de tortura y alejando un poco la historia de la trama principal. Es interesante plantearse también el rol que juegan los medios de comunicación en este aspecto. Según lo muestran en el montaje, queda en un término medio entre la mirada irónica y lo verdaderamente informativo. ¿Será esto un juego planteado para criticar u observar las falencias de los medios de comunicación occidentales respecto a los conflictos bélicos? Sin duda, tenemos una visión sesgada de las cosas que pasan en la guerra. Todo se registra de un lado, pero ese mismo lado se intenta revelar contra sí mismo.

Esta investigación logra ahondar y llevar el juego audiovisual a un nivel protagónico de la escena, para crear focos de atención en el espectador y magnitud en la gestualidad de los actores. Esto es algo muy interesante de ver, pues genera una nueva narrativa. No se trata solo de presentar imágenes, se trata de enlazar la historia con lo estético y lo multimedia. No se trata de una exposición, se trata de la creación de un lenguaje escénico que cause efectos en el público.

Ahora, regresando al desempeño actoral, podemos ver que en los protagonistas hay un esfuerzo grande por entrar en las circunstancias de la obra, le cuesta un poco más al personaje de Stanley, quien logra entrar en mayor compromiso corporal cuando se desarrollan las escenas más físicas y los diálogos con su pareja se vuelven más amenazantes y emocionales; en un inicio se muestra solo en forma, como un juego externo del personaje, elevado a través de la cámara, pero no completamente presente. Por otro lado, Viviana Távara encontraba mayor anclaje en su personaje gracias a su conflicto. En general, el resto de los actores logra encajar y mostrar una unidad consecuente a los hechos expuestos. Logran darle el cuerpo necesario a la obra para que no sea solo en base a la relación de Stanley y Alice.

En ese sentido, valdría la pena considerar también que la obra se va abriendo a tocar temas mucho más crudos y específicos sobre la guerra, y que, en cierta medida, se presta como para ahondar en esa dirección: los temas de tortura, crímenes contra la humanidad, se convierten en algo que llama mucho más la atención al conflicto moral/marital que mantienen los personajes principales. Luego ambas ideas se unen, pero no se suelta esta sensación de que la obra pudo profundizar mucho más en este otro tema inmerso en el tema general de la guerra.

Omar Peralta

21 de julio de 2024

sábado, 20 de julio de 2024

Crítica: ESQUIZOFRENIA y (VIH)SIBLE


Visibilizando la salud mental en el teatro

Las artes escénicas nos brindan un espacio para abordar y explorar temas complejos y difíciles de expresar, como la salud mental, la discriminación y los prejuicios que muchas personas padecen por alguna situación o condición y que, a menudo, los vuelve invisibles para los demás. Estas cuestiones se encuentran plasmadas en las obras Esquizofrenia y (VIH)sible, dos microobras producidas por Telón Mestizo y presentadas en el Teatro Esencia.

La primera puesta en escena, Esquizofrenia, bajo la dirección e interpretación de Alexander Rodríguez, narra la historia de un joven internado en un manicomio que relata el motivo que lo llevó a su reclusión: el asesinato de “su musa”. La caracterización de Rodríguez refleja la decadencia de la mente ante un hecho que puede ser traumático como una decepción amorosa, sumado a la traición, discriminación y condiciones adversas. La interpretación del actor, junto a otros elementos de la puesta en escena, genera una atmósfera de ansiedad, miedo, sorpresa y curiosidad en el espectador, logrando a su vez la empatía con el personaje. Sin embargo, llevarlo a un extremo podría caer en la caricaturización del personaje.

La segunda microobra presentada fue (VIH)sible,  escrita, dirigida y protagonizada por Víctor Lucana, con el acompañamiento de Lucía Carrasco y Ricardo Adrián, y música en vivo de Hugo Menéndez. Es una obra de autoficción que nos presenta a Valentino, un joven diagnosticado con VIH. La propuesta escénica mezcla diversos recursos como música, baile, canto, entre otros, que escenifican la cruda historia de Valentino, quien comparte su vida como paciente seropositivo y los desafíos que enfrenta debido a la serofobia, desinformación, desabastecimiento de medicamentos y depresión, entre otros. Aunque la variedad de elementos en juego aporta riqueza a la obra, en algunos momentos puede resultar excesiva y distractiva para al espectador de la historia. El momento cumbre es cuando la ficción y la realidad se fusionan, y Lucana habla al público desde su propio testimonio.

Queda claro que ambas propuestas están dentro del marco de una temática como la salud mental, que muchas veces se toma como tabú, pero que han sabido llevar de manera sincera sin dejar de ser directa, para lograr transmitir un mensaje de concientización en el público.

Alexandra Valdivieso Chudán 

20 de julio de 2024

jueves, 18 de julio de 2024

Crítica: ALGUNAS FORMAS DE LOS ANHELOS


Estilizada propuesta sensorial sobre la migración

Qué refrescante resulta encontrar en nuestra nutrida cartelera un espectáculo teatral que escape de los convencionalismos y explore nuevos caminos para contar historias. Porque la propuesta que exhibe Algunas formas de los anhelos, un bienvenido estreno trinacional (Bolivia-Ecuador-Perú), tiene como pilares una elaborada dramaturgia que no prioriza los diálogos, una dirección compartida que utiliza imágenes, luces, sonidos y acciones como eficaces medios de comunicación, y un excepcional elenco que utiliza con madurez sus cuerpos y voces para darle vida a tres historias sobre el fenómeno de la migración, una problemática mundial de por sí dolorosa, pero que se convierte en el presente montaje en la excusa para realizar un excelente despliegue artístico.

Estrenada en el Teatro de la Universidad del Pacífico, la puesta se estructura en tres secuencias, cada una escrita y dirigida de manera independiente, pero que guardan entre sí muchos puntos en común, especialmente en el apartado estético, pues todas se encuentran ambientadas en espacios distópicos, que podrían ser cualquier lugar en realidad. En Caminantes de Percy Encinas, dos desconocidos de orígenes distintos deben buscar la manera de comunicarse para lograr sus respectivos objetivos; en Duo domo de Julia Thays, una persona auxilia a otra en peligro, pero tiempo después los roles se invierten; y en Rutas circulares de Carlos Gonzales Villanueva, a través de una propuesta coreografiada, cuatro seres nos muestran cómo el hombre es incapaz de trabajar en conjunto, primando siempre la propia conveniencia. Las piezas mencionadas fueron publicadas previamente en el libro Teatro Migrante.

Las tres directoras encargadas, la ecuatoriana Madeleine Loayza, la boliviana Samadi Valcárcel y la peruana Sandra Castro Pinedo, diestras y sensibles, guían las historias con acierto y fluidez con un muy buen aprovechamiento del espacio, de la mano de cuatro intérpretes a la altura del proyecto, como lo son Daniela Rodríguez León, Rodrigo Rodríguez, Henry Sotomayor y Andrea Cárpena. Mención especial para la musicalización, creada específicamente para este espectáculo por Estéfano Encinas y Rafael Arenas, que suma a la realización de las estilizadas atmósferas que propone cada cuadro, así como la utilización de las proyecciones en pantalla. Producida por la Asociación Iberoamericana de Artes y Letras (AIBAL), con el apoyo de IBERESCENA, la Facultad de Letras de la UNMSM y el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, Algunas formas de los anhelos es mucho más que un cuidado y exigente montaje multidisciplinario, es la concretización de un importante proyecto artístico que pudo crear lazos entre naciones hermanas, teniendo como contexto uno de los más graves desafíos que enfrenta la humanidad como lo es el de la migración, uno que debemos visibilizar y entender en toda su complejidad y así encontrar soluciones coherentes para poder vivir en paz.

Sergio Velarde

18 de julio de 2024

miércoles, 17 de julio de 2024

Crítica: ¿QUIÉN MATÓ A PALOMINO MOLERO?


Novela policíaca en escena

Escrita en 1986 por nuestro premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, e inspirada en un hecho real acontecido en 1978, la novela ¿Quién mató a Palomino Molero? llega al Teatro Marsano. No se trata necesariamente de una novela de misterio o suspenso (como se señala en el material promocional), es más bien una obra que entra en el terreno del policial. El horrendo asesinato del joven aviador Palomino Molero es el disparador de una curiosa investigación por parte de la policía de Talara para encontrar al asesino; en el proceso, Vargas Llosa, un notable escritor imposible de encasillarle en una categoría literaria, dibuja con maestría un colorido grupo de personajes, que refleja no solo nuestra particular idiosincrasia, sino también nuestros prejuicios y especialmente, nuestra triste corrupción de toda la vida.

Dirigida por el muy competente Edgar Saba, y presentada por la incansable productora Makhy Arana, la puesta le hace justicia al material original en su traducción al escenario del Marsano, condensando sus ocho capítulos en un solo acto de dos horas sin intermedio, que no le da tregua al espectador, en la búsqueda por la verdad. La propuesta de escenografía en el teatro de Cattone nunca defrauda: un enorme árbol al medio, en donde yace el cadáver de Molero con los brazos extendidos, y montículos de tierra sobre el escenario, simulando el ambiente rural. Con estructuras levadizas, mobiliario específico y un efectivo trabajo de luces y sonido se resuelve de manera funcional la delimitación de los varios espacios en donde se desarrollarán las acciones. 

A destacar al inspirado elenco: el teniente Silva (Oscar Carrillo) y el guardia Lituma (Oscar Beltrán), encargados del caso al estilo Holmes y Watson, realizan sus pesquisas, topándose con la madre del difunto (Haydeé Cáceres), el coronel (Gustavo Bueno), el taxista (Ramón García), la dueña del bar (una sorprendente Susan León) y el teniente (un genial Claudio Calmet, en doble rol). Saba, además, introduce en escena la lírica presencia del muchacho asesinado (un excelente Gabriel Gil) quien aporta valiosa información cantando e interactuando con el resto de personajes, especialmente con la hija del coronel (gratísima revelación, Marialola Arispe). Más allá de seguir con interés el esquema del whodunit, la inquietante resolución de ¿Quién mató a Palomino Molero? acierta en retratar nuestra nefasta sociedad, una que todavía sigue cautiva de los prejuicios, la ambición y la conveniencia. 

Sergio Velarde
17 de julio de 2024

Crítica: ENTRE NOS


Salud mental

Una sinopsis que no plantea el argumento de la obra en su totalidad es tentadora como primera incitación; cuando estamos en el espacio, vamos comprendiendo que hay una pareja de novios que han decidido empezar a convivir, André y Angélica; es interesante, porque en la sinopsis se plantea que hay alguien que interfiere la calma que han sabido ganarse, pero tal vez lo más fácil de creer sería que esas personas que interfieren la relación son agentes externos, como unos amantes. Sin embargo, en el transcurso de la obra nos damos cuenta, a partir de reflexiones directas y preguntas como ¿de dónde aparecieron?, ¿cómo es qué ingresaron a casa?, ¿cómo es qué aparecen en el momento menos esperado?, ¿cómo es que tienen tanta confianza con la pareja? o ¿por qué no son expulsados de la casa?, ¿viven con ellos acaso?, ¿por qué?, que esas personas que están interfiriendo en la relación de los novios puede que no existan o en todo caso, existen en otro plano o de otra manera.

Hasta este punto la relación que se va dando con los novios es dinámica, construyen de forma atractiva sus personajes y la convivencia se manifiesta espontáneamente; las personas que aparecen e interfieren con la relación llevan ropa negra y mantienen malicia en la mirada, ellos son Ricardo y Fiorella, son el equilibrio de la puesta, el otro lado, la otra sensación que es necesaria para equiparar el bien y el mal, el alter y el ego lo oculto y lo visible.

Todo parece una situación de infidelidad vivida por esta pareja joven, pero hay algo extraño en la forma que se materializan los agentes infieles. Hasta el punto en donde el momento onírico empieza a cobrar vigencia, solo podemos guiarnos por conjeturas. Un sonido repetitivo nos anuncia que algo está cambiando, ya no estamos en el plano concreto, de bruces hemos caído en el plano abstracto; es ahí que nos topamos con la existencia de traumas y procesos psicológicos complejos, y se confirma que los agentes infieles o las personas que hacían caer en tentación a la pareja joven no son más que ellos mismos.

Es creativo personificar un trauma y más aun ponerle un nombre y conectarlo con una existencia concreta, en el caso de Angélica (Mafy Cueva), el abuso que vivió con el padre y el sacrificio exhausto de su hermana por protegerla hizo que su figura se proyectara en ella misma, obnubilando los recuerdos de violencia paterna. En el caso de André (Yahir Manosalva), su mejor amigo y la muerte lo terminan extrapolando hacia su imagen, es así que ambos seres aparecen y se apoderan de ellos y destruyen su relación.

El juego que se realiza con los vestuarios y las acciones de los personajes contrasta consecuentemente, al igual que la forma en la que aparecen los seres alternos y su naturaleza, permiten que se intuya una situación compleja, algo que ver con la mente. A partir de la mitad hacia adelante estas suspicacias se confirman y las relaciones adquieren otra forma.

Hay un pequeño atisbo de melodrama, de comedia que fácilmente se pudo quedar en eso, una serie de televisión que observamos durante la noche, las cuestiones psicológicas y las cargas que desencadenan hace que la escena adquiera otro matiz; no se escapa del melodrama, pero adquiere mayor énfasis interpretativo, el texto es interesante, las actuaciones de los artistas también poseen una gran capacidad de soltura y naturalismo.

La sombra del novio, Ricardo (Julio Prada) me sorprendió por el trabajo de la mirada y la contención de la energía, había en su presencia una situación complicada una carga emocional y una oscuridad tajante, el novio (Manosalva) es laxo en comparación a esta sombra, esto permite que se equilibren en escena, su atracción es carismática. En cuanto a la novia (Cueva), hay un despliegue interesante en su esquema corporal y sus textos son dichos con solvencia, hay una naturalidad que facilita la construcción del universo de la obra; es dinámica en su movimiento y su energía es atractiva para el escenario. En cuanto a su sombra Fiorella (Janeth Pascacio), de la misma manera que en el caso de los chicos, matiza muy bien la dulzura de la novia y nos lleva a otro espacio, a un lugar más crudo, más carnal; la actriz maneja muy bien la energía erótica y el desenfreno se desencadena consecuentemente desde sus acciones; sus desplazamientos son adecuados y la construcción de personaje avizora un manejo de técnica.

Es importante resaltar la labor del director y dramaturgo Prada al haber sabido entrelazar las capacidades de sus intérpretes; de la misma manera, me parece destacado el trabajo del contacto corporal y del erotismo, que desde mi vista estuvo bien cuidado y fue sutil, los besos tuvieron lo necesario y la erotización del cuerpo mantuvo un equilibrio. Por otro lado, es complicado armar una estructura de desplazamientos y a la vez estar en ellos, es como sacar los ojos para poder ver desde afuera; en este sentido, la ocupación del espacio fue manejada de forma inteligente y el texto invita a un interés por la salud mental dentro de nuestras relaciones cotidianas y especialmente en nuestro país, que parece tan debilitado en ese sentido.

Moisés Aurazo

17 de julio de 2024

Crítica: SERÍA UNA PENA QUE SE MARCHITARAN LAS PLANTAS


¿Qué hay después del amor?

Seguro queda mucho por escribir acerca del amor, un tema universal que nos une y, valgan verdades, también puede separarnos, tal como plantea la dramaturgia del escritor croata Ivor Martinic, titulada Sería una pena que se marchitaran las plantas, bajo la dirección de Jennifer Aguirre Woytkowski, con las actuaciones de Lita Baluarte y Alfonso Dibos.

El siempre acogedor Teatro de Lucía es el escenario que alberga esta novedosa propuesta de formato libre y abierto, es decir, que se va construyendo mientras sucede, con la presencia de un invitado que funge como director. Asumió dicho rol la actriz Magali Bolivar, en la función del sábado 13 de julio. Por otro lado, debido a la naturaleza de la obra, cada presentación es distinta y única, lo cual es un interesante reto para los actores, que interpretan desde una perspectiva naturalista y cercana a esta pareja que pronto ya no lo será, acompañados por la sencilla escenografía donde las plantas cobran vida, como símbolo y metáfora de lo no dicho, del deterioro de un vínculo que no puede disolverse tan fácilmente. En este punto, son pieza clave la complicidad y escucha del elenco, que descubre los recuerdos, los miedos, las frustraciones, los anhelos y el enojo acumulado de los personajes, tal vez, con la esperanza de recuperar lo que han perdido en el camino.     

Sería una pena que se marchitaran las plantas aborda la transición dolorosa e incómoda de una ruptura, desde una perspectiva tan sutil como realista, proponiendo una estructura poco convencional, en la cual radica el éxito de la narrativa, que elije transitar este proceso mediante la vulnerabilidad y profunda honestidad de las interpretaciones, invitando al espectador a cuestionarse: ¿Qué habrá después del amor?

Maria Cristina Mory Cárdenas

17 de julio de 2024

Crítica: MORIR DE AMOR


Cómo el amor nos transforma

Alguna vez oí decir que la vida no había que tomársela muy en serio, que entre todas las tragedias y dramas que vivimos y que muchas veces no controlamos, si nuestra actitud ante esto es peor, pues el peso es mayor; quizá igual pase con el amor, muchas veces podemos personalizarlo tanto por nuestra historia de aprendizaje que nos aferramos a lo que pensamos que debería ser este y caemos en profundas tristezas.

En la pieza teatral Morir de amor, escrita por Marisol Palacios y Alfonso Santistevan, se muestra precisamente esta sátira al amor, es una mirada de cómo tenemos secuestrado el juicio y nos volvemos impredecibles ante alguien nuevo que nos gusta, ante la pérdida o ante lo que exigimos que el otro haga o deje de hacer para que el vínculo funcione tal cual lo imaginamos; no solo eso, sino que en esos momentos se nos vienen canciones a la mente que parecen hundirnos más en un estado casi grotesco, en este caso, con canciones de la Nueva Ola, haciendo aún más risible cada momento.

Morir de amor tuvo un primer estreno en el 2006 y una reposición en el 2008; y esta vez, dieciséis años después se lleva a escena con un nuevo elenco y con una nueva versión de acorde al contexto actual; la dirección es acertada y precisa, cada canción de la Nueva Ola (de cantantes como Nino Bravo, Roberto Carlos, Raphael, etc.) aparecen en momentos muy precisos y ayudan en el desarrollo de la pieza. El ritmo y el tiempo de la comedia están muy bien trabajados. El escenario está dividido en tres ambientes, que son los departamentos de las parejas, donde se puede notar las diferentes formas de vivir y un bar donde comparten sus confesiones.

Finalmente, los actores Patricia Barreto, Gisela Ponce de León, Carolina Cano, Andrés Salas, Gabriel Iglesias y César Ritter conforman un elenco con mucha química, sinergia y totalmente entregados en las más de dos horas que dura la puesta en escena, pero que transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Recomendable.

Manuel Trujillo

17 de julio de 2024

domingo, 14 de julio de 2024

Crítica: MAMÁ NEGRA


¿Cómo encontrar una identidad cultural puede sanar nuestro presente?

Hacer un viaje a nuestro pasado, muchas veces, nos sirve para entender nuestro presente; muchas veces, incluso, es necesario y vital hacerlo, así podemos entender nuestro contexto y nuestra historia de aprendizaje, sobre nuestros ancestros, la cultura en la que se consolidan nuestras costumbres y por qué es tan importante valorar nuestras raíces. Cuánto hemos perdido como cultura por importar costumbres de otros lugares, porque nos sentimos muchas veces separados de nuestra propia tierra, ajenos totalmente a nuestros a antepasados; tratando de encajar con modelos extranjeros, porque no tenemos una identidad propia o la ignoramos y parece cada vez estar más ausente.

Si hay una comunidad que ha buscado siempre volver a sus raíces históricas y revalorizarse es la comunidad afrodescendiente; en esta oportunidad, con la puesta en escena Mamá Negra, proyecto ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2024, presentada en el marco del mes de la cultura afroperuana (los junios de cada año) con la idea de la búsqueda de la madre para los hijos de la diáspora que hemos heredado en Perú y para seguir reforzando una identidad en la comunidad afroperuana. Creada y dirigida por Charka Paucar, este montaje nos trae una propuesta que mezcla lo testimonial con la ficción; en lo testimonial, cada una de las actrices va contando su experiencia y su sentir de lo que para ellas significa ser madre o mujer afrodescendiente, lo cual acerca muy bien al público a la reflexión y a la empatía con ella; y en lo ficcional, es el viaje de una mujer llamada Paciencia por un rudo desierto en algún lugar del universo con el objetivo de sanar a su madre.

Con elementos mínimos, y solo el buen trabajo de las actrices, La Mamba, Gusell Campos y Tabata Pancracia, en quienes recae toda la historia, van narrándola con sus testimonios, rituales, danzas, canciones y todo un vínculo ancestral, con una sinergia que logra ir hacia las raíces de su historia y abrazar sus heridas. Las luces tenues, casi todo el tiempo, ayudan mucho para dar una atmósfera de lo ritualizado y de cómo van encontrando cada uno y juntas su propio camino hacia adentro. Recomendable.

Manuel Trujillo

14 de julio de 2024

Crítica: HAMLET


Por siempre, el Bardo de Avon

Las lecturas que se les pueden realizar a los textos de Shakespeare son efectivamente ilimitadas, así como los continuos montajes de sus grandes clásicos a lo largo del tiempo. Y siempre es grato reencontrarse en escena con la ya emblemática tragedia Hamlet, pieza capital que retrata con agudeza y poesía el hambre de poder, la venganza y la locura. Teatropía y Duncan Producciones presentó la última función de su temporada en el Teatro Antonio Banderas del Centro Español del Perú, en una versión reducida en diálogos y acciones, que concentró sus cinco actos en uno solo de casi dos horas sin intermedio. Los resultados, con algunos ajustes que realizar para futuras temporadas, fueron positivos. 

La producción general de Betsy Duncan y la dirección de Bruno Neciosup, como se mencionó anteriormente, abordan únicamente lo esencial del drama, manteniendo en escena solo a los personajes principales y las acciones más representativas. La función de teatro dentro de la obra de teatro resulta un claro ejemplo: el mismo Hamlet y un solo actor son los encargados de revelar la identidad del asesino del rey Hamlet, a través de la puesta en escena que transcurre entre los tronos de Claudio y Gertrudis, con la complicidad del mismo público de la sala como espectadores. Este minimalismo, también evidente en el vestuario contemporáneo y la escenografía, permite que el joven y entusiasta elenco asuma sus interpretaciones como la mayor fortaleza de la obra y a la vez, hace que la puesta avance sin mayores tropiezos.

Limpio trabajo del elenco, conformado por Eduardo de Luque, Katia Aldave, Fernando Capitán, Abraham Jamil, Chiky Huamán, Jaz Gavidia, Roussell Alvarado, Sebastián Valle, Pachi Pacheco, Carlos Facho y Juan Manuel Zubiate, que saca adelante sus respectivos personajes con bastante corrección. La juventud visible de algunos intérpretes con sus papeles asignados, las rupturas de la cuarta pared en determinadas secuencias y el ocasional humor involuntario no interfieren con la fluidez del montaje hasta su trágico desenlace. Hamlet se mantiene con una pieza de visión imprescindible y este nuevo montaje le hace justicia al genio del Bardo de Avon.

Sergio Velarde

14 de julio de 2024

jueves, 11 de julio de 2024

Crítica: KORTAS


Cuarta temporada

Se ha estrenado en el teatro Barranco Kortas, la cuarta temporada de un espectáculo de cuatro obras teatrales muy diferentes entre sí. Con chilcano y salchipapa en mano pude entrar a ver estas cuatro opciones.

Lo dejo… y punto

Me siento y la primera obra que se presenta resulta ser la más entreverada de todas. Dirigida por Sergio Muñoa y escrita por Marc Egea, cuenta una historia en la que un ama de casa (Adriana Benito) contrata a un terapeuta (Andre Natteri) con un misterioso método para dejar de fumar. Una obra en general graciosa, pero con problemas de verosimilitud en la que no se termina de comprender del todo qué sucede ni el tono de la obra. Entre aciertos y desaciertos, los momentos de risa son opacados por una comedia de confusiones en la que actores y público también terminamos confundidos.

Yo (NO) lo parí

Ya desde el primer minuto, la segunda obra alejaba su propuesta de la primera. Si Lo dejo y… punto era una comedia, Yo (NO) lo parí de Juliana Morales Carreño y dirigida por Gretha Marston y Flavio Giribaldi se presenta como una obra de protesta. Se sirve de una premisa en la que dos mujeres en distintas partes de la ciudad quedan embarazadas al recordar no tomar la pastilla anticonceptiva para evidenciar a una sociedad reaccionaria-imperialista-capitalista- conformista-carnicocéntrica-apostólica y romana. Los recursos de los que se vale Yo (NO) lo parí también distan de la primera obra. A través de monólogos y de lo físico se valen para contar una historia que en tan solo 15 minutos es capaz de hacer una crítica fuerte y clara a un sistema opresor. El uso de los visuales, del escenario compuesto de tan solo dos sillas, es aprovechado para redondear en una crítica directa y poderosa.

Ya, pero… ¿eres o no eres?

Probablemente la mejor de las cuatro obras de la noche al haber leído el humor del teatro Barranco. La obra, escrita y dirigida por Gian Loli, muestra a Lucho quien despierta en la madrugada en el cuarto de Beto luego de haber tenido relaciones. Entre situaciones incómodas y de aceptación, la obra nunca baja el tono de comedia sin importar lo dramático que está contando. Y gran parte de ese mérito recae en Beto, interpretado por Eduardo Pinillos, que con un gran timing para la comedia y un texto del que se apodera nos atrapa, al igual que ellos, en ese cuarto a las 4 de la mañana. La reflexión de la obra sobre la soledad y el drama por no saber quién es uno aparece sin restarle al tono a una comedia que no pretende nada más que hacernos reír.

11:11

Como acto final aparece 11:11 que cierra la noche con otra propuesta totalmente diferente a las anteriores. Desde una escenografía más clásica y unos diálogos más directos. Escrita y dirigida por Ricardo Caffo, esta obra muestra a Andrea quién acaba de conocer a Matías a las 11:11 el día en el que pensaba matarse. ¿Es una señal? Ya sin el tono de comedia de las otras obras, 11:11 toma un tono más solemne que funciona debido a la química de sus actores y a la puesta en escena que nos hace preguntarnos: ¿existen las casualidades?

Gabriel Calderón

11 de julio de 2024 

Crítica: MICRO TEATRO II


DosMujeres
 DosHombres

Esta vez tocó ver a Trazos producciones en Micro Teatro II, una recopilación de dos microobras distintas. Durante la acción de la primera, La mujer que llegaba a las seis de Gabriel García Márquez, dirigida por Veriuska Samanamud y adaptada por Juan Robles, observamos un espacio que parece ser un restaurante. Un joven carismático (Carlos Jiménez) hace su aparición, parece ser un cocinero, realiza algunas acciones mientras aguarda algo. Al instante, ingresa una joven (Dayana Espinoza), tiene un aspecto cansado y hay algo que la atormenta, empieza a desarrollarse una conversación entre ambos; a partir de un plato de comida se va construyendo una interacción emotiva y física entre los personajes. José ama a Reina, pero no la puede tener, simplemente llegan a un coqueteo psicológico, que se observa coherente en el ritmo de las palabras y la interrelación de los personajes. Él no se niega a sus peticiones y le da dinero y comida, parece estar a su merced, ella con un hondo pesar juega contándole sobre algo que ambos saben, el hecho de que a Reina le gusta estar con otros hombres y nunca ha cedido en carne ante José, aunque emotivamente pueda ser la única persona a la que quiera de verdad. José se ve tentado a apasionarse, desbordarse en sus emociones, al ser consultado sobre lo que es capaz de hacer por amor, mientras Reina incentiva su sentir. La conducción del estado del personaje, la transición desde el inicio aun cauteloso hasta un momento donde la razón cede a la pasión, es un proceso que a veces aparece sin una consecuencia de acciones. 

La actriz, por momentos, es un poco forzada dentro de la emoción, por lo visto es una carga grande la que tiene y dificultosa para poder expresarla con solvencia; sin embargo, su compañero la conduce por la acción escénica inconscientemente. El dueño del restaurante está más presente en el sentido que realiza acciones físicas mientras dice su parlamento, esta situación lo vuelve un poco más creíble y atento ante lo que sucede; la actriz está en otro plano, parece que su emotividad la obnubila y la conduce hacia un lugar distante, donde no puede conectar con exactitud con su compañero. Empero la presencia del cuerpo se torna llamativa, hay una respuesta ante la emotividad de la joven, un intercambio un sufrimiento, el conflicto se desarrolló adecuadamente, quizá aun falte afinar algunos detalles en cuanto a interpretación. Por lo demás, siempre hay cosas que rescatar, hay una gran fuerza en las circunstancias dadas de cada uno de ellos, una relación que tiene atisbos de materializarse, un ajuste desde la dirección podría hacer que encajen de mejor manera.

La segunda obra, Te la dedico, escrita y dirigida por Juan Robles es algo similar: el joven (Josué Atapoma) está más presente que la madre (Paola Stagnaro), que parece por momentos desbordarse en emotividad, situación que no estaría mal, pero da la sensación de que están en códigos distintos. El muchacho aparece bien plantado y tiene una mirada que logra convencer y atrapar al que observa, cuando su acompañante interactúa con él falta algo para afinar la relación. Son un hijo y una madre que mantienen una relación distante y quebrada, pero permanecen unidos por lazos de amor profundos, hay un ir y venir de emociones que es manejado adecuadamente por el actor. La actriz consigue mimetizarse en unos momentos con más claridad que en otros. A pesar de ello, consiguen desarrollar el conflicto de mejor manera, la interrelación se va volviendo más interesante a medida que la historia trascurre en el escenario. Hay una carga fuerte, se presencia una energía conmovedora, una promesa, un recuerdo, una dedicación a alguien, como dice el mismo nombre de la puesta. La relación de esta madre y su hijo es frágil, pero consiguen rescatarla a través de la superación de adversidades; al final, el hijo muere de forma inesperada y se consolida un buen momento, la energía de ambos logra explotar y conectar concretamente. En este sentido es propicio rescatar la atmósfera que se logró concretar, una alusión a este recuerdo o a esta promesa, hay algo que conmueve, un corazón que late incansable y que lucha, esta situación conmueve la piel de los que observamos y nos convence de que algo está sucediendo dentro de la ficción, algo que trasciende a ella, y se vuelve eterna en la mente de quién sabe por qué lo hace y de quien apenas intuye lo que está sucediendo.

Al final de la puesta nos damos con la sorpresa de que la segunda historia está basada en la vida real, quizá es por ello que se sintió tan cargada en el trascurso de las acciones. No obstante, también valoro la interpretación del joven que hacía de hijo, porque estuvo presente desde el inicio y sus cambios fueros reales, el desarrollo de su personaje fue adecuado y el trabajo de la mirada y la energía va por buen camino. En el caso de la primera obra me agradó más José, porque era real su palabra, sus acciones y su corporalidad; aunque en momentos forzaba sus reacciones, creo que el trabajo estuvo bueno. En cuanto a la actriz de la primera puesta es interesante su presencia y el manejo de energía, por el otro lado en la segunda historia la presencia de la actriz se vuelve de peso, da un reconocimiento absoluto de lo que sucede y la conmoción de su sentir llega a palpar nuestra expectación.

Moisés Aurazo

11 de julio de 2024

Crítica: CARNET DE IDENTIDAD


¿Qué le da valor a la vida humana?

A lo largo de la historia de la humanidad, quizá una de las grandes preguntas que nos planteamos como seres humanos, sea la de qué nos da valor o cómo encontramos el nuestro como seres humanos en las diferentes etapas de nuestra historia. Parece ser que cada vez que intentamos responder o sentir nuestro valor, aquel que quizá debería estar relacionado a lo que hace nuestra vida significativa como nuestros logros personales, el contribuir a la sociedad, el impulsar una más solidaria, empática y que trabaje en ideas colectivas, o que tengamos vínculos más responsables y significativos; resulta que nos vemos impedidos de reforzar aquellos valores mencionados anteriormente, porque en nuestra historia humana de conflictos, desigualdades, egoísmo, intereses individuales, corrupción, guerras y fanatismo, todos estos factores han sido precisamente porque el mismo ser humano ha traducido como valor el hecho de la “posesión”, de que eres por lo que tienes, ya sean bienes, o títulos, o propiedades, o fama, o belleza.

Juan Gonzalo Rose en 1960 escribe Carnet de Identidad, que es la historia del cabo Tino Berussi quien emerge de un refugio subterráneo para hacerse presente en una civilización dos mil años avanzada a su época; justo aquí es retenido por los humanos de aquella época que lo mantienen con vida porque (por increíble que parezca) tiene una pulga que hace un factor diferencial y de valor con respecto a otros grupos humanos en ese contexto; no obstante en un momento de desesperación y de ira mata a la pulga. Hasta aquí aquel hecho importante de que en un “futuro distópico”   una pulga representa más valor que la vida humana, no por el hecho de ser la pulga, sino por deshumanización, la total indiferencia del dolor de un ser humano ante otro. Todo eso muy bien reflejado en la actuación de Reynaldo Arenas como Berussi, en quien recae todo el peso escénico de la pieza teatral, acompañado de los actores Isabel Pinto, Johel Garcia y Yurby Risco.

Fernando Romero logra llevar a cabo una buena dirección, de una historia muy íntima, con una escenografía minimalista, así todo estaba reflejado en el drama de Tino Berussi, y en hacernos observar qué valor tiene el ser humano ante un contexto distinto que a su vez pasa también en nuestros tiempos. Recomendada.

Manuel Trujillo

11 de julio de 2024