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lunes, 6 de mayo de 2013

Crítica: NÚMEROS REALES

Entre lo racional e irracional

Diego López, como director, ha tenido con el estreno en el MALI de la pieza Números reales, una muy positiva evolución. Su anterior montaje, Madrugada de Gilberto Nué, fue un divertidísimo entretenimiento sin mayor profundidad dramática, pero que explotaba al máximo el histrionismo de su versátil elenco. Es justamente la dirección de actores, uno de los puntos más altos alcanzados en el presente montaje, escrito por Rafael Dumett, en el que somos testigos del derrumbe de una familia disfuncional a finales de la crítica década de los 80, con cierto parecido en su ambientación a otro montaje aún en cartelera. Por otro lado, la analogía de los números reales resulta perfecta para describir lo racional e irracional que puede convertirse el ser humano, y a veces, con dramáticas y fatales consecuencias.

Luego del breve prólogo, nos situamos en la correccional de menores, en donde Rubén (Renato Rueda, grata revelación) es visitado por su hermano (un correcto Emanuel Soriano), y nos enteramos de la muerte del padre de ambos a manos de Rubén, en defensa de la madre. Luego retrocedemos en el tiempo para conocer cómo fueron los hechos, en un ingenioso giro dramático, que nos permite sentir una gran compasión por aquel señor a quien en el barrio tildan de “loco”, el padre de familia con un grave trastorno mental, que necesita del litio que le echan en secreto en su sopa, mientras habla con fervor de su telescopio en construcción, delante de su esposa e hijos, en el humilde comedor de la casa.

Las escenas dramáticas entre el padre y la madre constituyen los pilares del montaje: él, pierde el sentido de la realidad de manera violenta; y ella, no puede abandonarlo a su suerte, porque aún lo ama. En ese sentido, la elección de Leonardo Torres Vilar (enérgico actor con visos de genialidad, como en Los Número Seis) y Andrea Fernández (feliz descubrimiento de El lenguaje de las sirenas) para estos personajes resulta de lo más acertada. Torres Vilar luce inmejorable como el demente padre, irreconocible, conmovedor y hasta peligroso, demostrando su feliz evolución como actor. A su lado, Fernández le da la réplica exacta con mucho nervio, haciendo olvidar su extrema juventud para este difícil rol.

Números reales contiene muchos momentos memorables, tanto dramáticos como cómicos, todos con una violencia latente, como en la relación entre los hermanos o el mismo parricidio en la cima del Morro Solar. Buen trabajo de los actores de reparto, como Paul Ramírez (a quien recordamos en La mueca) y María Fernanda Valera (una de las actrices de Madrugada), en papeles clave. Completa el elenco, un grupo de jóvenes y talentosos intérpretes, quienes cumplen cabalmente en sus discretos roles: Jely Reátegui (genial en El deseo más canalla y Laberinto de monstruos), Oscar Meza (descubrimiento en ¿Qué tortura?), Henry Sotomayor (protagonista de Cacúmenes) y Ricardo Otta (de El Libro de la Selva). Acompañados sólo por una funcional y discreta escenografía, el director le da, esta vez, verdadera relevancia al uso de las proyecciones en la pantalla del foro, superando largamente a sus anteriores montajes, como Karaoke, por ejemplo. Todo un verdadero avance en la carrera de Diego López y uno de los mejores montajes independientes en lo que va del año.

Sergio Velarde
06 de mayo de 2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

Comenzaron las apuestas: PREMIO LUCES A LO MEJOR DEL TEATRO 2013

Acaparando las nominaciones: Lo mejor del teatro 2013 para nuestro cada vez más “diversificado” Decano de la Prensa Nacional

Ya está lista la encuesta de El Comercio para reconocer a lo mejor del 2013. Pero esta vez, la sección de Teatro ha aparecido parcialmente renovada, lo cual desde aquí, felicitamos.

Primero, las razones para celebrar:
Así como en nuestra usual encuesta de El Oficio Crítico (que por cierto, sale sí o sí el 1° de diciembre), ahora han aparecido ternas para los mejores actores de reparto, reconociendo así el importante trabajo de los intérpretes de apoyo dentro de un montaje.
Además, hay un premio especial para los dramaturgos, lo que constituye un hecho insólito para la historia del Premio Luces. ¿Pero acaso Números reales no es un tardío re-estreno? En fin, nosotros desde aquí alimentamos la esperanza que fue nuestra discreta crítica del año pasado, al deplorar la total ausencia de los autores de las obras dentro de las nominaciones, lo que generó este feliz cambio.

Sin embargo, nuestro Decano no aprende, así tenga cada vez más y más medios en circulación en su poder:
Las obras nominadas a la mejor del año brillan por la ausencia del principal progenitor de cada proyecto: sus autores. Insisten en afirmar que les pertenecen a los directores. Felizmente estamos aquí para apoyar desinteresadamente a los redactores del diario de los Miró Quesada (a pesar de no haber todavía comprado nuestras acciones).

Corazón normal (The normal heart) es de Larry Kramer; El Chico de Oz (The boy from Oz) es un musical basado en la vida de Peter Allen, con libreto y libro originales de Martin Sherman y Nick Enright, respectivamente; Doce hombres en pugna (12 angry men) es de Reginald Rose; Ricardo III (The Life and Death of King Richard III), es de William Shakespeare. Mariana De Althaus es la única autora y directora que sí es “propietaria” absoluta de su montaje Padre Nuestro, en el listado mencionado.
Y finalmente, si ustedes, amables lectores, son algo perspicaces, se darán cuenta que las obras nominadas a la mejor del año han sido presentadas en el Teatro La Plaza (tres), en el Centro Cultural de la Católica (una) y en el Teatro Municipal (una). En fin, una raya más al tigre, qué más da.

A continuación, el listado completo de nominados:  

Obra del año
“Corazón normal”, de Juan Carlos Fisher.
“El chico de Oz”, de Mateo Chiarella.
“Doce hombres en pugna”, de Ricardo Morán.
“Ricardo III”, de Chela de Ferrari.
“Padre nuestro”, de Mariana de Althaus.

Mejor dramaturgia nacional
“La chica de la torre de marfil”, de César de María.
“Números reales”, de Rafael Dumett.
“¿Eres tú, pequeño?, de Daniel Amaru Silva.
“Padre nuestro”, de Mariana de Althaus.
“La eternidad en sus ojos”, de Eduardo Adrianzén.

Actor de reparto
Ricardo Velásquez, “Doce hombres en pugna”.
Carlos Tuccio, “Doce hombres en pugna”.
César Ritter, “viaje al final de la noche”.
Raúl Zuazo, “El apagón”.
Paul Martin, “Corazón normal”.

Mejor actor
Leonardo Torres, “Doce hombres en pugna”.
Alberto Ísola, “Viaje al fin de la noche”.
Miguel Iza, “Ricardo III”.
Marcos Zunino, “El chico de Oz”.
Omar García, “Deseo bajo los olmos”.

Actriz de reparto
Wendy Ramos, “El apagón”.
Haydée Cáceres, “Ricardo III”.
Elena Romero, “El chico de Oz”.
Vanessa Vizcarra, “Cenando entre amigos”.
Ana Cecilia Natteri, “A la gente le gusta el té”.

Mejor actriz
Vanessa Saba, “Un dios salvaje”.
Denise Arregui, “Después de la lluvia”.
Jimena Lindo, “Casa de muñecas”.
Sofía Rocha, “Viaje al fi nal de la noche”.
Mirella Carbone, “El baile”.

Notables obras y excelentes intérpretes entre los nominados, a los cuales felicitamos y celebramos. 

El 1° de diciembre, como ya es costumbre, haremos nuestro particular balance de lo mejor de las artes escénicas dentro del panorama independiente, rescatando a los sufridos teatristas que presentan sus trabajos teatrales con mucho profesionalismo y creatividad en nuestras salas alternativas, ajenas por completo a nuestro medio periodístico más representativo, que a pesar de tener ahora más "sucursales", aún no puede mirar más allá de su sesgado panorama.

Sergio Velarde
12 de noviembre de 2013

jueves, 24 de octubre de 2013

Crítica: FALSARIOS

Contundente retrato de violencia

Luego de la estimable reposición de Números reales hace algunos meses, el Museo de Arte de Lima – MALI vuelve a ser escenario de un excelente espectáculo, que aprovecha con sabiduría el potencial de la historia, los elementos técnicos del auditorio y el talento del elenco involucrado. Falsarios nos transporta a un demencial viaje hacia el mundo de las mentiras y las apariencias, como si se tratara de una verdadera road-movie de pesadilla, en la que asistimos al desarrollo de  un súbito secuestro, perpetrado por dos subversivos amateurs (Manuel Gold y Lizet Chávez), con trágicas consecuencias; y al progresivo desmoronamiento de una infeliz pareja (César Ritter y Mónica Madueño). Escrita por Gino Luque (autor de Los Número Seis, una puesta en escena acaso adelantada para su época) y dirigida por Carlos Galiano (director de Newmarket y actor de la extraordinaria Demasiado poco tiempo), Falsarios salpica dolor, violencia y sangre en cada cuadro, constituyéndose en uno de los montajes imperdibles de este año.

A destacar el elenco: Manuel Gold (notabilísimo en A ver, un aplauso) y Lizet Chávez  personifican convincentemente  a la pareja de jóvenes terroristas, servidos por las ingeniosas líneas de Luque, que juegan mucho con la redundancia y el despropósito. Gold aprovecha su registro para la comedia para construir un sólido personaje con varios niveles dramáticos; y Chávez tiene la difícil tarea de atravesar por toda una gama de emociones, saliendo airosa del reto, especialmente en la escena en el cine. Acompaña un César Ritter en plena evolución, demostrando sus grandes avances como actor dramático: sus escenas con Mónica Madueño son exigentes y contundentes.

En suma, una conmovedora historia que acierta en su presentación llena de rupturas temporales, que así como logró con creces Números reales, nos permiten sentir una inmensa compasión por los antagonistas de la historia. Una funcional escenografía y el moderado pero acertado uso de las proyecciones, estilizan en gran forma el montaje. Una amalgama de felices aciertos técnicos, con sonidos y luz precisos, que junto al competente reparto, realzan la puesta en escena. Un espectáculo de visión imprescindible. Virtuosismo teatral crudo, puro y duro. Eso es Falsarios.

Sergio Velarde
24 de octubre de 2013

domingo, 9 de noviembre de 2014

Comenzaron las apuestas: PREMIO LUCES A LO MEJOR DEL TEATRO 2014


Se anunciaron ya los nominados para el Premio LUCES 2014, organizado como ya es costumbre por nuestro Decano de la Prensa Nacional. Y si bien es cierto no hay mayores sorpresas acerca de las únicas salas que frecuentan sus periodistas, esta vez las mejores puestas del año se dividen en dos categorías: Dramas y Comedias o Musicales (acaso sirva nuestro humilde blog como una confiable fuente de consulta).

Se repite, eso sí, la saludable propuesta del año pasado de premiar a los mejores actores y actrices de reparto, y también el de reconocer a la mejor dramaturgia peruana, sin cometer esta vez el error del 2013 de premiar re-estrenos tardíos, como fue el caso de Números reales.

Notables puestas en escena y mejores directores y actores forman parte de esta lista. Por supuesto, imaginando que El Comercio no tiene más espacio para incluir a otros artistas un poco más alternativos (por llamarlos de alguna manera), El Oficio Crítico presentará su particular encuesta  este 1° de diciembre, como ya es costumbre.

He aquí los nominados de este año para el Premio LUCES 2014, y podrán votar a partir del miércoles 12 de este mes:

1. Mejor obra dramática
"Incendios"
"La cautiva"
"La controversia de Valladolid"
"Todos eran mis hijos"
“Vergüenza"

2. Mejor dramaturgia nacional
César de María y Marisol Palacios por "Horas extra"
Eduardo Adrianzén por "Cómo crecen los árboles"
Luis Alberto León por "La cautiva"
Mariana Silva Yrigoyen por "Sobre lobos"
Rafael Santa Cruz por "Duelo en Malambo"

3. Mejor musical o comedia
"Blancanieves"
"Horas extra"
"Sweet Charity"
"La tiendita del horror"
"Los mataviejas"

4. Mejor director
Jorge Villanueva por "Al otro lado de la cerca"
Carlos Tolentino por "Todos eran mis hijos"
Jorge Chiarella por "La controversia de Valladolid"
Juan Carlos Fisher por "Incendios"
Chela de Ferrari por "La cautiva"

5. Mejor actor teatral
Marcello Rivera por "Calígula"
Alberto Ísola por "La controversia de Valladolid"
Miguel Iza por "Vergüenza"
Pietro Sibille por "El hombre del subsuelo"
Víctor Hugo Vieyra por "Todos eran mis hijos"

6. Mejor actriz teatral
Attilia Boschetti por "Todos eran mis hijos"
Gisela Ponce de León por "Sobre losobs"
Jimena Lindo por "Dueto en mí"
Nidia Bermejo por "La cautiva"
Norma Martínez por "Incendios"

7. Mejor actor de reparto
Alberto Ísola por "Incendios"
Carlos Mesta por "Cómo crecen los árboles"
Leonardo Torres Vilar por "Vergüenza"
Roberto Ruiz por "Un fraude epistolar"
Sergio Galliani por "La tiendita del horror"

8. Mejor actriz de reparto
Anahí de Cárdenas y Laly Guimarey por "Sweet Charity"
Ebelin Ortiz por "Vergüenza"
Gabriela Velásquez por "Incendios"
Sandra Bernasconi por "Bernarda"
Vanessa Saba por "Vergüenza"

Si se fijan bien, nuevamente los autores de las obras nominadas a la mejor del año han sido dejados de lado, pero para su suerte, al menos no fueron confundidos con sus respectivos directores como el año pasado. Pero para ello está El Oficio Crítico, siempre en defensa del dramaturgo, ya sea peruano o extranjero.

Los autores de las obras en competencia son los siguientes: 

Incendios es de Wajdi Mouawad
La cautiva es de Luis Alberto León
La controversia de Valladolid está basada en la obra de Jean-Claude Carrière.
Todos eran mis hijos es de  Arthur Miller
Vergüenza es de Ayad Akhtar

Blancanieves, el musical es de Mariana Silva, responsable del guión original
Horas extras es de César de María y Marisol Palacios
Sweet Charity tiene música de Cy Coleman, letra de Dorothy Fields y su libro original es de Neil Simon
La tiendita del horror es de Howard Ashman y Alan Menken
Los mataviejas es de Graham Linehan

¡Muchas felicitaciones a los nominados!


Sergio Velarde
9 de noviembre de 2014

jueves, 2 de abril de 2015

Crítica: EL CAMINO DE LOS PASOS PELIGROSOS

Los peligrosos amores fraternales  

Un nuevo caso de actor convertido en director. Fernando Luque, un competente intérprete que viene demostrando su versatilidad desde que lo notamos en Laberinto de monstruos de César De María en el 2012, es ahora el responsable del estreno de El camino de los pasos peligrosos, drama en un acto escrito por el canadiense Michel Marc Bouchard. Al igual que otros colegas debutantes en la dirección, como Urpi Gibbons (con El alma buena de Szechuán) y Diego Lombardi (con Phoenix: volver a empezar), los resultados obtenidos por Luque son auspiciosos. Más cercana a la hábil elección de Lombardi, la puesta en escena de El camino de los pasos peligrosos es sostenida principalmente por un efectivo trabajo actoral. El Auditorio del Centro Cultural El Olivar es presentado en caja negra, con algunas ramas secas en la parrilla y con un juego de luces que suma a la creación de la atmósfera surrealista que la historia reclama.

Tres hermanos sufren un accidente automovilístico en el mismo lugar que murió su padre hace años, cuando viajaban al matrimonio de uno de ellos. Atrapados en esta especie de limbo, los terribles secretos irán saliendo progresivamente a la luz. Las culpas y las verdades nunca dichas son acaso los puntos en común que tienen Víctor (Julián Legaspi), Ambrosio (Omar García) y Carl (Renato Rueda), tres hermanos de caracteres muy distintos entre sí, que se ven forzados a enfrentar sus realidades mientras permanecen en aquel misterioso lugar. Carl estaba a pocas horas de casarse, al sufrir el accidente con sus hermanos, y al reunirse posteriormente con ellos, las caretas filiales van cayendo, desenterrando oscuros secretos, especialmente los que esconde Ambrosio. Cada uno expone su verdad a su manera, reclamando cariño o mostrando su frustración. Una intensa historia que mantiene la fluidez hasta el final.

A destacar el trabajo de Luque, que prefiere sabiamente centrar sus energías en la dirección de sus actores, apoyado principalmente en la destacable interpretación de Rueda, otra joven promesa de la actuación, que llamó la atención en Números reales hace un par de años. Por su parte, García y Legaspi, ambos con ciertas limitaciones histriónicas (especialmente en la dicción), logran secundarlo con bastante eficiencia. El camino de los pasos peligrosos es un entretenido montaje teatral, que genera un genuino interés por los conflictos filiales presentados por la historia y que se convierte en un digno debut en la dirección de Luque, que se revela como un talentoso director de actores.

Sergio Velarde
02 de abril de 2015

sábado, 11 de abril de 2015

Crítica: STOP KISS

Conmovedora y diferente historia de amor  

Siguiendo con la feliz decisión de poner en el tapete las absurdas ideologías que no dejan progresar a la sociedad (acaso sea ésa la importancia capital del teatro), llega a la escena limeña la pieza Stop Kiss, de la autora norteamericana Diana Son, estrenada originalmente en el Off-Broadway en 1998 y dirigida actualmente por la excelente actriz Norma Martínez en el Teatro de la Universidad del Pacífico. A pesar de los 17 años que separan su estreno del nuestro, el texto no ha perdido un ápice de vigencia, pues se trata de un dramático ataque homofóbico hacia dos mujeres en un parque de New York, pero que nunca es visto en el escenario. La relación que desarrollan Callie (Lizet Chávez) y Sara (Fiorella Pennano) es la gran protagonista de este montaje que denuncia la salvaje y primaria violencia que tiene y ejerce el ser humano sobre lo que no puede (o no quiere) entender.

Sin cambiar el espacio temporal propuesto por la autora, la trama nos lleva al Nueva York de finales de los noventa, y específicamente al departamento de Callie, una reportera de tráfico en una estación radial, que sobrevuela la ciudad todos los días en helicóptero, sin mayores preocupaciones en su vida. Una amiga de su amiga, llamada Sara, llega para dejarle su gato, pues trabaja en una escuela pública del Bronx y no puede cuidar de él. Las dos mujeres inician entonces, una estrecha amistad, que poco a poco va convirtiéndose en algo más. El mencionado ataque que sufren las dos mujeres es el punto de inflexión en la obra, pues las escenas se suceden en desorden cronológico, intercalándolas antes y después de la cobarde agresión. Al igual que sucedió en Números reales (2013), el saber de antemano la suerte de los personajes, nos permite sentir una profunda compasión por ellos. Y en el caso de Stop Kiss, rabia y frustración ante un acto violento irracional y sin justificación.

Todo el prejuicio y la intolerancia que todavía nos carcome, y que impide el justo respeto hacia el amor en sus distintas manifestaciones, es retratado de manera sumamente estilizada en la puesta en escena. La escenografía, urbana y funcional, nos remite a la de Frankie y Johnny en el Claro de Luna (2014), obra ambientada curiosamente también en Nueva York. Las actrices que interpretaran a Callie y Sara deben cargar todo el peso dramático sobre los hombros. En ese sentido, Chávez (quien ya había demostrado su enorme potencial histriónico en la acaso incomprendida Falsarios) luce en el presente montaje absolutamente convincente en cada una de sus intervenciones, especialmente cuando intercala las escenas con ruptura temporal, muy bien secundada por la joven Pennano, que le otorga a su personaje una agradable personalidad. Completan el elenco Rómulo Assereto , Montserrat Brugué, Nicolás Galindo y Eduardo Camino, todos ellos muy precisos en sus caracterizaciones. Stop Kiss es una conmovedora puesta en escena que se convierte en un perfecto ejemplo de lo irracional y absurda que es la homofobia.

Sergio Velarde
11 de abril de 2015

viernes, 30 de enero de 2015

Entrevista: IRENE EYZAGUIRRE

“Es importante rescatar momentos de nuestro pasado”

Una de nuestras actrices más sólidas y versátiles en la actualidad es, sin duda, Irene Eyzaguirre, ganadora del premio de El Oficio Crítico como mejor actriz dramática por su rol en En la Calle del Espíritu Santo de Celeste Viale. “Empecé como casi todos desde chica en el colegio, para mí era una cosa natural estar ahí arriba en el escenario. Es curioso,  siempre he sido tímida y extremadamente reservada, y actuar fue como una manera de romper con eso”, recuerda. Pero la formación profesional de Irene llegó cuando ingresó al TUC. “Recuerdo que, cuando estudiaba en la Católica fui al local del TUC en Camaná a ver Electra, con Mercy Bustos, Mónica Domínguez y Juan Manuel Ochoa. Me impactó ver esa tragedia con esas actrices fuertes;  a partir de ahí dejé la carrera de Derecho y me fui torciendo (risas).”

Anteriormente, Irene ya había llevado un taller de actuación con el reconocido actor Hernando Cortés. “Él era un erudito, una persona muy sabia, apasionada. Hicimos La Ciudad de los Reyes; allí me fui preparando con confianza para postular al TUC. Entramos en ese taller con Zelma Gálvez, Elmer Alfaro, Jorge Silva, entre otros.” En el TUC, Irene tuvo como profesor de actuación, en el primer año, a Roberto Ángeles, a quien considera “un maestro muy bueno, con una rigurosidad en el trabajo, te involucraba mucho en ser disciplinado, tremendamente estimulante, muy puntual con la disciplina, trabajo de investigación, muy estricto en eso”, refiere. En segundo año, a José Enrique Mavila (recordado actor, director y dramaturgo), “a quien le agradezco por la confianza que me dio, los estímulos, los retos que me puso”; y en tercero, a Ruth Escudero. “Con ella egresamos con un montaje basado en La casa de Bernarda Alba y Yerma. Sintonizamos con la sensibilidad y pasión lorquiana de Ruth en un bello montaje  que hizo que me enamorara más aún de la obra del poeta. Tuve profesores excelentes y exigentes como Alberto Isola, Luis Peirano, Coco Chiarella y Antonio Aguinaga.”

Las artes escénicas

Para Irene, un actor de teatro debe “tener disciplina, mucha pasión, estar ahí arriba y transmitir todo lo que el autor, tu personaje o tu director haya trabajado. Si tu pasión no es ésa, mejor no te embarques. Nada es fácil, habrá un montón de tropiezos, el actor tiene que tener una fortaleza mental, pero también de salud, debe procurar no ser “malitos” con el cuerpo.” Y por otro lado, un director teatral tiene que “tener paciencia y especialmente empatía, tener la capacidad de comunicarte con el actor, de poder transmitir cosas y que se enamoren de tu proyecto; y obviamente, ser un poco loco, tener una locura especial: la creatividad.” También afirma que no necesariamente un director debe haber sido actor, pero reconoce que sí le da algunas pautas básicas, pero no cree que deba ser una condición. “Por ejemplo, recuerdo que cuando ingresamos al TUC con Rafael Dumett (autor de Números reales), dijo delante de todos que no había ingresado para ser actor, sino que quería escribir, que quería saber el proceso del actor. Y lo mejor de todo es que en el montaje del último año, Rafael interpretó a una espléndida Angustias en La casa de Bernarda Alba”, recuerda.

Irene ha intervenido en numerosos montajes teatrales, pero recuerda algunos con especial cariño. “Medea, dirigida por Bruno Ortiz en la Alianza Francesa, tuvo una estética muy particular; Bruno es muy creativo, alternativo, rompió todos mis esquemas luego de haber tenido otras experiencias. Ese personaje fue totalizador, me fascinó, fue grande y trágico”, recuerda. También señala a Las bacantes, que dirigió Coco Guerra. Para Irene, Guerra es “otro de los grandes locos directores, recreó un universo alucinante. Fue un montaje que se hizo en el Museo de Arte de Lima, fue un trabajo físico intenso, con un elenco de peso (Alberto Isola, Milena Alva, Olga Bárcenas, Aristóteles Picho, entre otros) y como experiencia, fue grande.” Irene reconoce a Alberto Isola como un hito en su vida profesional. “Es un maestro, un grande. Cuando egresé del TUC, me llamó para Viaje a la tierra de Jauja y otras peregrinaciones del hambre, delicioso y tremendo montaje basado en pasos y entremeses. Es uno de mis recuerdos más queridos, fue la primera vez que canté en un escenario (gracias a Pepe Bárcenas, con el que desde allí participamos en diferentes espectáculos). El elenco estaba conformado por Luis Álvarez, Delfina Paredes, Haydée Cáceres, Mary Ann Vargas, Gianfranco Brero, Rosario Verastegui, Alicia Morales, Víctor Prada y Manuel Arenas.” A lo largo de los años, Irene ha tenido el placer de participar en otros montajes de Alberto, guardándole especial cariño a Las que cantan, El alma buena de Sechuán, El Pingajo y la Fandanga y Canciones para mirar.

La memoria del teatro

“Lo que podría decir de En la Calle del Espíritu Santo, es que doy las gracias de haber podido participar, porque me importa todo lo que tenga que ver con hablar del país, con bucear en nuestra historia para rescatar anécdotas y hablar sobre nosotros, sobre nuestra identidad. Creo que así  vamos a dejar de considerar a obras como La cautiva como una apología, es terrible”, afirma Irene. En el mencionado montaje, tuvo la oportunidad de trabajar con su gran amiga Cecilia Monserrate. “A Cecilia la conozco hace años, me dio un gusto tremendo por el papel que hizo, por la calidad de su trabajo; en el estreno nos abrazamos fuerte. Es importante dar a conocer que hay muchos actores y actrices valiosos, la gente tiene que darse cuenta de qué clase de actores tenemos”, reflexiona. “Así como se conoce la historia del país, también tiene que conocerse a su gente, no solo actores, también historiadores, dramaturgos, críticos y especialistas.”

La televisión, entre muchas producciones, también le brindó oportunidad a Irene para involucrarse en la historia de una danza típica ancestral, a través de su participación en El gran reto (2008), sobre los danzantes de tijera. “Me impactó el tema, que se tomara esta danza ancestral para crear una historia contemporánea. Tuvo tanta aceptación que la han repetido como siete veces, nos fuimos a Huánuco para grabar. Fue un placer trabajar con Pold Gastello, que es una persona con tanto talento, divertido, y como actor, qué más se puede desear por compañero. La pasamos muy bien en nuestra chacra.” Justamente, Irene tiene proyectos para televisión y uno de índole musical, pero que todavía no puede revelar y este 6 de febrero se está presentando en el Centro Español de Lima un corto en el que participa llamado La huida silenciosa, en la que comparte roles con María Fernanda Valera (a quien vimos en ¿Qué hiciste Diego Díaz?). “También tengo historias que quiero desarrollar desde hace años, no sé si las quiero escribir o actuar, pero es importante rescatar momentos de nuestro pasado, para conocer y entender lo que somos y lo que hemos sido.” Le deseamos toda la suerte del mundo a Irene en sus nuevos proyectos.

Sergio Velarde
30 de enero de 2015

lunes, 8 de febrero de 2016

Crítica: DOS PARA EL CAMINO

Finísimo e inquietante clásico moderno revisitado   

Estrenada en el 2002, la ya clásica pieza Dos para el camino de César De María se presentó en el Teatro Mocha Graña, con la dirección de Oscar Carrillo y las actuaciones de Gabriela Billotti y Miguel Iza, acompañados por los hermanos Roberto y José Miguel. Sus personajes, en un total de seis y repartidos en cinco cuadros,  atraviesan duras y complejas emociones, como también lo hacen Tripaloca y Tartaloro en A ver, un aplauso (1989) o Brunella y Joe en Super Popper (2006), dentro de los perversos universos que crea el autor. La justificable cobardía, la angustiosa duda, la peligrosa locura y la crónica desconfianza son punzantes dolores que atormentan a estos seres que aparecen y desaparecen del escenario luego de contarnos a la cara “literalmente” sus aparentemente inconexas historias, pero que se unen magistralmente en el camino llegando al final.

Una niña y su madre compartiendo el mismo cuerpo, mientras nos hablan de una supuesta invasión alienígena; un hombre que debe enfrentar un terrible cargo de conciencia al involucrarse en un cruel asesinato; una psicóloga que atraviesa un trauma emocional y toma una peligrosa decisión; un novio machista que se niega a certificar que tiene una seria enfermedad; y dos solitarios seres que se (des)encuentran en la sala de espera de un consultorio. Los alumnos del Taller de Producción II, pertenecientes al 9° ciclo de la carrera de Artes Escénicas en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú, son los responsables de llevar a escena esta finísima y antológica pieza de De María, repleta de detalles que enriquecen la puesta.

El joven director Rodrigo Chávez se aleja del modelo realista del estreno de Carrillo y aplica el mismo estilo que tantos brillos le diera a Salir (co-dirigida por su autor Daniel Amaru Silva), en el sentido de dejar que el texto sea el auténtico protagonista, de la mano de una acertada dirección de actores. Armados con un micrófono y un par de bancos en el escenario, los versátiles intérpretes Lucia Caravedo (a quien vimos en Lima Laberinto XXI) y Diego López (también director de la muy estimable Números reales) se lucen cada uno interpretando su trío de personajes con mucho humor y sentimiento, a la sorprendente manera de stand-up comedy en sus monólogos iniciales, para terminar con un diálogo que le da un oscuro y melancólico cierre a la historia. Dos para el camino es una de las obras clave dentro de la producción dramatúrgica de De María, y el presente montaje le hace un merecido y oportuno reconocimiento.

Sergio Velarde
8 de febrero de 2016

viernes, 27 de diciembre de 2013

Evento: ASÍ FUE LA PREMIACIÓN 2013



El jueves 26 de diciembre del 2013 se llevó a cabo el tercer evento en vivo de El Oficio Crítico en las instalaciones del CAFAE, contando con una gran afluencia de público y con la participación de la mayoría de los nominados, presentadores y ganadores. Aquí un recuento de lo acontecido en dicho evento.

RESULTADOS DE LA ENCUESTA:

Categoría COMEDIA





















Mejor actor de reparto:
JOSÉ ANTONIO BUENDÍA por El Vigilante Enmascarado




















Mejor actriz de reparto:
EMILY YACARINI por El Vigilante Enmascarado




















Mejor actor:
TITO VEGA por La Cena de los Idiotas




















Mejor actriz:
MARÍA GRAZIA GAMARRA por La Novicia Rebelde




















Mejor director:
DAVID CARRILLO por El Vigilante Enmascarado y Sueños de un seductor









Mejor obra:
EL VIGILANTE ENMASCARADO de Maritza Núñez







Categoría DRAMA:




















Mejor actor de reparto:
JOSÉ MIGUEL ARBULÚ por De repente el verano pasado




















Mejor actriz de reparto:
ANGIE RODRÍGUEZ por Morir (un instante antes de morir)




















Mejor actor:
NATALIO DÍAZ por El otro aplauso




















Mejor actriz:
XIMENA ARROYO por La eternidad en sus ojos












Mejor director:
DIEGO LA HOZ por El otro aplauso












Mejor obra:
LA ETERNIDAD EN SUS OJOS de Eduardo Adrianzén






HOMENAJES





















RECONOCIMIENTO A LA TRAYECTORIA





















CUERDOS TEATRO
Director: Roberto Sánchez Piérola






BALANCE DEL AÑO PARA EL OFICIO CRÍTICO

Categoría COMEDIA





















Mejor actor de reparto:
EMILIO MONTERO por ¡Baila con la muerte! Tragicomedia de arquetipos













Mejor actriz de reparto:
ALEXA CENTURIÓN por Opción múltiple y Escuela Vieja: todo lo que quiso olvidar sobre la educación peruana












Mejor actor:
MARIO SOLDEVILLA por Los últimos días de Clark Kent















Mejor actriz:
ALEXIA BRAZZINI por Los últimos días de Clark Kent





















Mejor director:
JUAN CARLOS DÍAZ por Mi buen amigo Judas












Mejor obra:
ESCUELA VIEJA: TODO LO QUE QUISO OLVIDAR SOBRE LA EDUCACIÓN PERUANA de Patricia Biffi







Categoría DRAMA:





















Mejor actor de reparto:
ALAIN SALINAS por Bolognesi en Arica





















Mejor actriz de reparto:
MIRTA URBINA por La traición y Los romances de Lorca




















Mejor actor:
SEBASTIÁN REÁTEGUI por El Hombre Elefante












Mejor actriz:
XIMENA ARROYO por La eternidad en sus ojos




















Mejor director:
DIEGO LÓPEZ por Números reales











Mejor obra:
LA ETERNIDAD EN SUS OJOS de Eduardo Adrianzén








Premio especial de dramaturgia
SALA DE INFARTO 2013





















JUAN JOSÉ OVIEDO por Árido






Las fotos del evento pueden verlas en la página de facebook.
¡Gracias por participar! ¡Felices fiestas!

Sergio Velarde 
27 de diciembre de 2013