jueves, 1 de octubre de 2026

Crítica: SANTIAGO – O CÓMO OLVIDAR A ALGUIEN


La herencia del dolor  

¿Cómo se explica la ausencia?, aquella que no se eligió, que fue violenta y sin explicación. Santiago – O cómo olvidar a alguien, escrita y dirigida por Omar Leonardo, plantea estas interrogantes, llevando a escena un drama familiar que hereda un dolor que pesa más que el olvido. 

Bajo la producción de Estado de Juego & Kaleido, la breve temporada se llevó a cabo en el Teatro Ares, espacio propicio para contar la historia de Santiago, un joven de diecisiete años que fue detenido durante el conflicto armado interno peruano, desapareciendo y dejando un vacío que por muchos años atormentó a su familia. Cuando los primos que nunca lo conocieron, regresan a casa, reviven el eco de su nombre, quizá para tratar de entender y sanar. El elenco lo conformaron Jared Portocarrero, Belén Suárez, Martín Fernández y Davo Salazar, quienes defendieron sus roles con aplomo, matizando las diferentes energías requeridas por los personajes.  

Respecto a la escenografía, los elementos representativos de la fe, el juego de luces, y accesorios como las sillas y mesa, funcionaron para el desarrollo de las escenas; así como los cambios de vestuario. Sin embargo, en una parte del monólogo de la madre, el sonido de la música no permitía escuchar del todo el clamor del personaje. A propósito, cabe destacar el trabajo musical en vivo de Luciana León, quien, con su voz y acordes de guitarra, terminó de construir la atmósfera de nostalgia, dolor y esperanza que la obra proponía. Por ejemplo: la escena del cumpleaños de Santiago o la escena de la procesión, reflejaron los momentos más conmovedores de la puesta.     

Santiago – O cómo olvidar a alguien es un justo recordatorio de una época dolorosa en la historia de nuestro país. Una paradoja debido al título de la obra, que se cuestiona el olvido de un ser humano, cuya su historia familiar se convierte en un duelo que sobrevive a las generaciones posteriores.  

Maria Cristina Mory Cárdenas

1° de octubre de 2026

Crítica: ¡FUNADO!


Cuando se cae la máscara

¡Funado!, escrita y dirigida por Gerardo Ruiz Miñán, reúne en escena a Óscar López Arias y Anahí de Cárdenas como protagonistas, junto a Miguel Álvarez, Jackie Vásquez, Elisa Costa y Guadalupe Farfán. La historia sigue a Juan Carlos (López Arias), un publicista limeño que decide dedicarse a la escritura y encuentra en ella un nuevo éxito.

Nos enteramos al iniciar la obra que su libro ha sido premiado con un galardón importante. Sin embargo, la celebración por ello dura poco, pues luego de sus actitudes cuestionables durante su rueda de prensa, empiezan a circular acusaciones en redes que manchan su imagen pública, y es ahí donde el título cobra sentido.

Lo más interesante de la obra es cómo muestra que la sobreexposición de las redes moldea nuestra manera de pensar y, de forma casi inevitable, deja a la vista la peor versión de nosotros. Y esa versión aparece con más fuerza cuando la máscara que construimos ante los otros se cae. Juan Carlos, quien se presenta como un hombre exitoso y respetable, ve en tiempo real cómo esa imagen se desmorona frente a todos. A ello se suma la idea de que “los tiempos han cambiado”. Lo que antes se consideraba normal, hoy ya no lo es, porque existe una nueva vara moral que se ha visto masificada por la facilidad de intercambio de información que hay en las redes.

Las actuaciones sostienen bien el ritmo de la comedia. Vásquez, como Giovanna, tiene una actuación remarcable, con una presencia escénica potente que roba las miradas de los espectadores. La química que construye con De Cárdenas y López Arias es muy buena e hilarante, y se deja entrever en cada cruce que tienen. 

Cabe precisar una breve observación: el personaje de Farfán, quien detona el arranque del conflicto de Juan Carlos, lo hace desde un hecho lejano que ocurre fuera de escena, y luego reaparece para seguir removiendo las cosas. Considero que, al ser tan determinante para la historia, el personaje pudo haber tenido más presencia y más peso dentro de ella.

¡Funado! es una obra que nos hace reír, pero también nos incomoda con preguntas que valen la pena hacerse. Mis felicitaciones al equipo por el trabajo.

Daniela Ortega

1° de octubre de 2026

Crítica: LO NUNCA VISTO


… que debes ver

Fiorella Pennano debuta como directora con una obra del dramaturgo español José Troncoso, en el cual nos presenta el drama humano a través del humor. Lo absurdo y lo grotesco se reúnen para hablar de la tragedia de tres personajes: Araceli, Maricarmen y Sofía.

Una maestra que se resiste al final de su carrera se propone hacer un espectáculo inolvidable. Ella es Araceli (Kareen Spano), quien, para demostrar su vigencia o dejar algo memorable a la eternidad, convoca a sus alumnas de muchos años. Con ellas quiere contar su gran historia, que es la historia de su vida. Sin embargo, solo consigue la concurrencia de dos: Maricarmen y Sofía, que terminan, ellas, contando sus respectivas tragedias.

El humor en los textos y reacciones está cargado de ironía, lenguaje absurdo y tintes farsescos que se representan más allá del maquillaje. Pero son testimonios en los que aflora la verdad de cada una. Cada cual carga con su propio drama. El de Araceli es no aceptar que todo ha terminado. De distinto modo, todas quieren regresar en el tiempo, pero el tiempo pasa, no se detiene. La obra abunda en reiteraciones que, a modo de mantra, intentan afirmar con desesperación algo: la angustia por el paso del tiempo. Así lo repite Maricarmen, disculpándose cada vez por interrumpir a Araceli.

Claudia Bernizon, en el papel de Maricarmen derrocha una energía sorprendente y una emoción contagiante. Ella se adueña del escenario con su gestualidad hilarante. Justamente el momento más memorable de la obra corre a cargo de ella, cuando relata el episodio más triste de su vida. Mientras lo hace, Araceli, la profesora y Sofía se turnan para proyectar imágenes en el fondo desde una luz al ras del suelo, como cuando de niños jugábamos a hacer cine y lográbamos unas siluetas caricaturescas que parecen burlarse del dolor humano que se cuenta y luego, unos videos completan la escena de máxima emoción.

Sofía es una joven bailarina de barrio, bastante menor que Maricarmen, poco comunicativa y más bien achorada. A pesar de su entrega, Tamara Jhiareth se ve reducida en su participación a un personaje de apoyo. Ella aporta su talento como una excelente bailarina y de eso trata la obra. Pero su talento es desaprovechado al reducirlo a un instante en el que enseña pasos de baile a Maricarmen, cuya comicidad captura la atención. En la versión española, presentada por el propio Troncoso, Maricarmen es una ama de casa recién fugada de su hogar y Sofía, una drogadicta gallega. Con poco texto y un drama personal bastante menos conmovedor que el de Maricarmen, el resultado es un desbalance protagónico donde Sofía parece casi prescindible. Esa libertad asumida por Pennano se siente extraña, pero ello no afecta el exitoso resultado de una comedia dramática que divierte, emociona y permite empatizar con esas mujeres, a pesar de sus respectivas desgracias. 

Finalmente, Spano, con su experiencia y talento, impone el clima y parece controlar sutilmente la intensidad de los otros personajes. Su drama es evidente desde el inicio: el tiempo que cae sobre ella es el motivo de la reunión de las tres. La fragilidad de la maestra está en el cuerpo, apoyado en un bastón, pero no en el espíritu y por eso es capaz de lanzarse a esta aventura. Su escuela ha desaparecido, pero sus sueños la siguen impulsando. Araceli nos transmite esa lucha personal por no dejarse vencer. Aunque la maestra no logre montar ese gran espectáculo nunca visto, ver a Spano en ese papel ya es inolvidable.

Lo nunca visto nos trae un debut exitoso y auspicioso de una nueva directora para enriquecer la escena nacional ¡Bien, Fiorella!

David Cárdenas (Pepedavid)

1° de octubre de 2026