Teatro, música y talento en Ica
En Ica hay teatro, y Chaplin Grupo Cultural sostiene esa actividad con Jesucristo Rockstar, presentada en el auditorio del Colegio de Ingenieros bajo la dirección general de Harold Lopez. La propuesta reúne rock en vivo, danza y actuación. Su principal fortaleza está en la energía musical; el desafío, en conseguir que esa fuerza sostenga una progresión dramática clara y una composición escénica coherente.
Desde el inicio, la banda musical ofrece precisión y cohesión, acompañando la sucesión de acontecimientos y manteniendo la energía del espectáculo. La distribución espacial facilita el desplazamiento de los intérpretes, mientras la estructura metálica permite cambios de escena prácticos. La danza también se integra con claridad en distintas situaciones. Hay escucha, complicidad y dinámicas lúdicas entre los actores, y algunas canciones comunican con intención y afinación. Durante el entreacto, Black and White aporta un momento musical que mantiene la conexión con el público. No obstante, la versatilidad sonora no siempre se traduce en intensidad dramática. Los gritos y las dificultades de apoyo vocal afectan algunas escenas, aunque aparecen variaciones prosódicas y momentos de buena afinación. La dramaturgia tampoco mantiene una curva dramática coherente: ciertas escenas no producen consecuencias claras, y algunos personajes ingresan sin objetivos suficientemente definidos.
El vestuario carece de una estética unificada, mientras el recurso audiovisual, como la proyección de nubes en la escena de Judas, no se integra eficazmente con la acción. Sin embargo, hay situaciones en las que se comunica claramente el espacio. La iluminación encuentra aciertos, especialmente en el segundo acto, como cuando el rojo construye una atmósfera de expectativa y dialoga con la música. Sin embargo, el seguimiento excesivo de luz sobreexpone algunos rostros y las transiciones no siempre acompañan la continuidad dramática. La estructura metálica, útil para los cambios, también limita la composición y la visibilidad en determinados momentos. Los momentos de pelea, la crucifixión y la muerte de Judas requieren acciones más legibles y una construcción escénica capaz de comunicar el peso de esos acontecimientos.Los recursos visuales no alcanzan el impacto esperado. En contraste, la resurrección está mejor construida y ofrece mayor claridad.
La puesta en escena presenta a intérpretes con energía y disposición para el trabajo colectivo, además de una banda musical que constituye uno de sus pilares. Pero la relación entre música, actuación, iluminación y dramaturgia necesita mayor precisión. La intensidad de una canción no reemplaza la progresión de una escena, del mismo modo que una imagen sugerente no adquiere sentido por sí sola: debe integrarse a la acción y contribuir a que el público comprenda qué cambia y por qué. En una historia atravesada por la muerte, el sacrificio y la esperanza, la dimensión ritual exige algo más que representar acontecimientos reconocibles: requiere construir cada momento con profundidad, claridad y consecuencias emocionales. El montaje evidencia una búsqueda expresiva que necesita articular con mayor precisión sus recursos para que la música, el cuerpo y la imagen no solo acompañen el relato, sino que revelen su dimensión humana. Al salir de la función, la historia nos hace reflexionar y nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué significa realmente la esperanza de la resurrección cuando atravesar el sacrificio y la muerte exige enfrentarnos a nuestras propias contradicciones?
Rubén Aquije
8 de noviembre de 2026

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