La historia transcurre en un Perú convulsionado, marcado por la inseguridad económica y el terrorismo, pero también habitado por una población llena de sueños, esperanzas e ilusiones.
La historia gira en torno a Hugo quien representa a todas aquellas personas que, en algún momento de sus vidas, tuvieron que dejar sus sueños de lado por las circunstancias. Su deseo de convertirse en músico no es simplemente una aspiración profesional, sino una ilusión que forma parte de lo que quiere ser y de la vida que alguna vez imaginó para sí mismo. Sin embargo, la realidad termina imponiéndose y lo obliga a tomar otro camino. Lo interesante del personaje es que, aunque el tiempo pasa y sus aspiraciones parecen haber quedado atrás, estas no desaparecen del todo. De alguna manera, Hugo encuentra en otra persona la posibilidad de volver a acercarse a aquello que no pudo alcanzar. Es aquí donde su historia adquiere una dimensión más humana y emotiva, pues nos plantea una pregunta: ¿hasta qué punto los sueños que no logramos cumplir siguen acompañándonos a lo largo de la vida?
Sin duda, Giovanni Arce, desde la dirección, ha sabido llevar la obra por un camino cargado de emociones, manteniendo la tensión dramática e incorporando la comedia en el instante preciso. Sumado a ello ha logrado hilar la historia con tal naturalidad que la obra no solo resulta fácil de comprender, sino que también consigue involucrarnos con cada escena.
El elenco constituye una de las fortalezas de la puesta en escena. Se aprecia un trabajo actoral sólido y cohesionado, donde la química entre los intérpretes trasciende lo individual para construir un conjunto convincente. Cada actor dota a su personaje de identidad, objetivos claros y acciones bien definidas, evitando interpretaciones superficiales y aportando matices que enriquecen la historia. Destaca, además, la naturalidad con la que incorporan los momentos de canto, resueltos con claridad y expresividad. No se trata de exhibir virtuosismo vocal, sino de integrar la voz como parte orgánica de la interpretación.
En cuanto al aspecto técnico, cada elemento escenográfico está dispuesto con sentido y contribuye a enriquecer el relato, sin convertirse en un mero recurso decorativo. La iluminación, por su parte, destaca por su capacidad para crear una atmósfera acorde con cada escena. Se percibe una propuesta técnica bien articulada, en la que los recursos visuales dialogan con la historia y fortalecen la experiencia teatral.
Es una obra que tenemos que ver, pues nos invita a reencontrarnos con nuestros sueños y despierta el deseo de luchar por aquello que anhelamos, incluso frente a las adversidades. Su puesta en escena logra cautivar al espectador de principio a fin, combinando emoción, sensibilidad y momentos de disfrute. Una propuesta teatral que deja huella y que vale la pena no perderse.
Javier Gutiérrez
8 de noviembre de 2026


