Crítica a través del entretenimiento
Una cadena de sucesos que no tienen mucha relación entre ellos, pero cada una tiene su encanto y su manera ingeniosa de hacerte reír y cuestionarte algunas situaciones del día a día. Escenas que te dejan con la sensación de no saber qué acabas de ver o por qué, pero de alguna forma igual te gustó y te hace aplaudir. Esto es solo un intento de definir lo que es la obra ganadora del Premio Víctor Falcón de Teatro de Cámara, categoría profesional: Trampolín, de César Vera Latorre.
Fito Bustamante, Franco Ocaña, Yaremís Rebaza y el mismo Vera Latorre son los cuatro actores que se suben a las tablas del Teatro Racional para dar vida a este mosaico de eventos que involucran a un mesero y su cliente, un verdugo y un condenado inmigrante, un grupo de mujeres de élite y sus parejas, y los empleados y usuarios de un club exclusivo. Cada una de estas escenas, acompañadas de una escenografía sencilla pero funcional y que da la impresión de estar siendo parte de un juego, sobre todo por los elementos usados por el mesero y su cliente: un trampolín para transitar de un lado a otro, una mesa plegable con el plato de comida pegado, el mismo plato con pinturas de colores neón que hacen de comida, ayudan a invitar al espectador a unirse a este intento por representar y parodiar lo cotidiano.
Las buenas interpretaciones de los cuatro actores, que radicaban en los extremos hasta caer en lo ridículo, y un libreto que potenciaba aún más ese sentimiento de lo absurdo, inevitablemente nos lleva a cuestionar nuestras propias acciones y las de los demás, todo a través de las risas y el sentido del humor. Es como tener un montón de cosas de las que quieres hablar, de las que quieres renegar y criticar; y en lugar de decirlas tal cual o escribir alguna nota o artículo al respecto, escribes una obra para expresar todo eso, pero de la manera más absurda posible, y te ayuda a reirte de ti mismo y los demás, de esas dinámicas de poder y prácticas sociales tan normalizadas pero que en realidad deberían ser cuestionadas.
La escena independiente actual limeña es muy diversa, hay obras que se dirigen más por lo superficial y no buscan despertar tantas emociones o pensamiento en el espectador, pero también aparecen puestas como esta, que parecen estar hechas desde una especie de resignación por su realidad; pero que aún no se dan por vencidos y creen en el teatro como herramienta de crítica a través del entretenimiento, y es precisamente eso lo que le da un sentido a este arte. Existir para algo que vaya más allá de las carcajadas y que toque los temas de siempre; pero desde otra óptica, seguir experimentando con eso que nos incomoda para comunicarlo en más de una manera y sentirnos acompañados en ese proceso.
Barbara Flores
16 de octubre de 2026

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