martes, 13 de junio de 2023

Crítica: LOS SONIDOS AL OTRO LADO DE MI PUERTA


Un mundo mejor para tod@s

Es muy gratificante presenciar trabajos escénicos comprometidos en fomentar la cultura y el entretenimiento en sectores poco atendidos, como lo son los niños y niñas neurodivergentes. Los sonidos al otro lado de mi puerta fue una obra de teatro de títeres en formato distendido, creada especialmente para este público objetivo. Bajo la producción de Benjamín Suárez (La Hipérbole - laboratorio para las artes), la función piloto tuvo lugar en la Asociación Cultural La Vaca Multicolor.

La historia nos presenta a Juana, una niña que no ha visto a su abuelo hace 179 días. Por su parte, Azul lleva 178 días escondido en su armario, hasta que una noche decide salir de su escondite y le propone a Juana emprender un viaje al otro lado del océano para encontrar a su abuelo. Dirigida por el sensible pulso de Rosa Victoria Chauca y escrita por Mario Zanatta, la tierna y conmovedora narrativa deja un importante mensaje acerca del amor, la solidaridad y la empatía.

En la animación de los títeres, Martín Molina, Klaus Herencia y Flavia Santillán hacen un buen equipo, reflejando su destreza no solo en el manejo de los muñecos, sino también en la potencia de sus voces al crear a los distintos personajes y sonidos. A su vez, la música en vivo a cargo de Eduardo Arana le imprimió una dinámica ágil a la composición escénica, caracterizada por la sencillez y precisión de los elementos de utilería. Cabe resaltar que los cambios de escena se hicieron sobre la marcha por la propia directora y su asistente de dirección, José Miguel Herrera, quienes quitaban elementos y ponían otros, recreando, por ejemplo, las montañas, el océano, la habitación, etc. Detalle que le otorgó al resultado visual un sello más artesanal, propio de las experiencias en vivo, lo cual se agradece, sobre todo tratándose de un público infantil.

Los sonidos al otro lado de mi puerta fue una necesaria e inspiradora puesta en escena, que nos lleva a reflexionar acerca de la creación de más proyectos artísticos que se involucren con los diversos sectores de la población; además del apoyo que se necesita del Estado y la inversión privada, en aras de fomentar la cultura y el entretenimiento que tod@s merecemos disfrutar.     

Maria Cristina Mory Cárdenas

13 de junio de 2023

domingo, 11 de junio de 2023

Crónica: HOMOFOBIA


La plenitud de sentirse libre

En el mes del orgullo LGTBIQ+, las diversas propuestas teatrales gestadas por artistas escénicos que pertenecen a la comunidad nos regalan espectáculos entrañables. En este caso, el próximo estreno de HOMOFOBIA, show Cultural LGTB es un buen ejemplo de trabajo constante en defensa de la visibilidad y la libertad, bajo la producción de Zip Zap.

Oficio Crítico estuvo presente en el preestreno de este formato 3 en 1, y conversó con Male del Aguila, gestora del proyecto, quien refirió que: “este proyecto nació en el 2018, y yo en esa época ya estaba en los últimos ciclos de la carrera de actuación; nace también por dos razones importantes: la primera, es que en ese año yo ‘salgo del clóset’ y no fue una experiencia tan bonita, entonces parte de algo muy personal. La segunda, eran las ganas de una artista que recién estaba saliendo al mundo real, porque quería generar proyectos escénicos; así, estos dos motivos se unen y para mí es como una catarsis, es mi espacio seguro, es una reafirmación de lo que soy, y mucha gente se sumó al proyecto justamente por eso, porque se sintieron identificadxs con el proyecto, con las ideas que querían plasmar. Esa fue la motivación del proyecto”.

De otro lado, como se menciona líneas arriba, el formato se compone de dos obras cortas y un show de stand up comedy, lo cual le inserta agilidad y una dinámica entretenida al espectáculo. En primer lugar, la obra El consultorio, escrita y dirigida por Del Aguila e interpretada por Josue Parodi y Piera del Campo, una afianzada dupla que interpreta a Rogelio y Roselia, quienes coinciden en un consultorio psicológico, enfrentándose a duros cuestionamientos que los harán descubrir sus miedos más profundos acerca del amor y la aceptación. Luego, la comediante Pelen Ruiz, a través del humor agudo y franco, nos revela su experiencia como lesbiana en medio de una sociedad aún conservadora. Finalmente, Cena de Despedida, escrita y dirigida por Mayra Carbajal y Valeria Mannucci, trae la historia de Constanza y su pareja, quienes invitan a la hermana de este último a cenar a su casa, surgiendo un reencuentro con un amor del pasado de Constanza, lo cual desata más de una revelación que la lleva a cuestionarse sus verdaderos sentimientos y sus planes a futuro. En el elenco, figuran Liz Roggero, Almendra Calle, Sergio Caycho y Male del Aguila.

HOMOFOBIA, show cultural LGTB es una divertida y ágil propuesta realizada por y para la comunidad LGTB+, que bien vale la pena ser vista por todos y todas, para sensibilizarnos y unirnos más como sociedad. Las funciones se llevarán a cabo los días 15, 16 y 17 de junio en el Teatro Barranco a las 8:00 pm. Las entradas se encuentran disponibles en Joinnus y en el Instagram de la obra @homofobialgtb.

Maria Cristina Mory Cárdenas

11 de junio de 2023

Crítica: POR UNA FLOR


¿Cuánto de nuestros intereses personales afecta nuestro entorno?

El recordado actor, director y dramaturgo Ismael Contreras, que siempre estará en nuestros corazones y que es un referente importante para nuestro arte escénico nacional, especialmente en el teatro para niños, así como ganador de varios premios nacionales e internacionales por sus textos, fue el director de la Asociación Cultural Palosanto, colectivo que destaca por su defensa del medio ambiente a través del teatro.

Una de sus obras para público infantil más destacada es la que se presenta en el Centro Cultural CAFAE, Por una flor, ganadora del XXV Concurso Nacional de Obras de Teatro para Niños y Jóvenes de la Universidad Mayor de San Marcos.

En cuanto a la dirección a cargo de Marisa Contreras, esta es bastante dinámica y aporta muy bien a la interacción con los niños, haciéndoles continuamente partícipes de lo que ocurre y hace como si todo (la puesta en escena y la participación del público) fuese uno solo; es decir, el espacio en escena pasa a ser nuestro espacio. Los niños se sienten involucrados, tanto en el mismo conflicto como en la reflexión final, y siento que se llevan claro el mensaje a casa, uno que fomenta la convivencia en paz. Los movimientos de los actores están bien definidos para mantener la acción todo el tiempo y la puesta en escena dura lo justo. Es interesante cómo, en un momento, los vecinos se declaran la guerra y entran en ella, pero al mismo tiempo todo es lúdico y bien llevado para el público infantil.

En cuanto a los actores, Yasmine Incháustegui, Juan de los Santos, Mehida Monzón, Francisco Rodríguez y Andrés Solano, realizan una muy buena sinergia en donde todos destacan, estando muy bien fusionados a cada instante con la propuesta; es un loable trabajo físico y actoral también, por los cambios de personajes y el juego constante con los niños que desarrollan, sin dejar de lado el mensaje de la obra.

Por otro lado, la escenografía ayudó mucho a construir espacios bien definidos, y con los elementos necesarios. De esta manera, todo recae en el trabajo del actor y de cada personaje, que necesitan tener cierta dinámica para mantener al niño en escucha activa y participe durante la puesta en escena. Los vestuarios con colores vivos logran que conectemos de inmediato con lo que pasaba.

Finalmente, en cuanto a la obra, trata temas sobre la importancia de la amistad y cómo la violencia afecta la vida y al medio ambiente. Una historia que habla de cómo muchas veces estamos tan metidos en nuestro propio mundo, en nuestros conflictos con nosotros mismos y con los demás, que no somos conscientes de lo que en realidad importa. Nuestros egos y nuestro sentido de pertenencia nos lleva muchas veces a personalizar los sucesos, las opiniones, hasta las personas y cualquier forma de vida; esto pasa cuando desvirtuamos lo que en realidad es el valor de la vida y los vínculos con los demás, y pasamos a pensar que tenemos derecho a todo y llegamos a hasta límites insospechados. Hasta que nos damos cuenta de lo absurda que es nuestra guerra y abrazamos lo que en realidad nos da sentido: la amistad, la empatía, el cuidado de nuestro medio ambiente y pensar que estamos conectados con todo y somos uno con la naturaleza.

Manuel Trujillo

11 de junio de 2023

sábado, 10 de junio de 2023

Crítica: LO MISMO LO DISTINTO


Insólito experimento escénico-literario

El director Roberto Sánchez-Piérola siempre nos ofrece espectáculos atípicos, riesgosos y especialmente exigentes con sus espectadores, alejándose de cualquier atisbo de convencionalismos. Ya sea con su colectivo Cuer2 o con el grupo El Quipu Enredado desde la Casa de la Literatura Peruana. Es justamente en este espacio en el que viene presentándose el proyecto escénico Lo mismo lo distinto que, en su propósito de fomentar la lectura de autores de diversos estilos y calibres, apunta a crear una curiosa experiencia teatral, en la que confluyen textos de variopintos escritores peruanos de distintas generaciones, recitados por un trío de actores en un mismo contexto espacio-temporal. Los resultados de tamaña empresa escénica pueden discutirse, en función de la sensibilidad de cada espectador, pero es innegable que se trata de una interesante y valiosa exploración, en la que el público es puesto a prueba en todo momento.

¿Será posible interconectar en un mismo espectáculo una clásica novela corta como Las noches hundidas de José Antonio Bravo, un imprescindible poemario de Blanca Varela como Concierto Animal y una necesaria pieza dramática como Qoyllur Ritti de Delfina Paredes? ¿Pueden coexistir en un mismo plano las palabras escritas por autores peruanos tan disímiles como Rodolfo Hinostroza, Pablo Guevara o Hernando Cortés? ¿Existirán puentes que puedan tenderse entre la obra Amor, gran laberinto de Sebastián Salazar Bondy, el poema La mano desasida de Martín Adán y la novela 56 días en la vida de un frik de Morella Petrozzi? ¿Autores contemporáneos como el escritor Carlos García, la poetisa Mary Soto y el dramaturgo Alfredo Bushby tendrán puntos en común que compartir en escena? Pues para Sánchez-Piérola y sus actores Conny Betzabé, Godo Lozano y Francisco Rodríguez, la respuesta es afirmativa en todos los casos. Luego de intensos ensayos, como lo comentó el equipo creativo al final de la función, los intérpretes consiguieron hilar una misma trama, acerca de la identidad inherente del ser humano, utilizando fragmentos escogidos de las obras de los autores mencionados, respetando estrictamente sus palabras. Sin duda, un experimento arriesgado y retador para cualquier espectador.

Para el completo disfrute y entendimiento de la puesta en escena, se hace necesaria la total atención por parte del espectador. Por ejemplo, el salón escogido para la función fue acondicionado para una típica conferencia, con una mesa al centro, pantalla multimedia y pizarra acrílica en ambos frentes, y dos filas de sillas para el público a los lados; la particularidad radica en que los nombres de la obra y su autor aparecen en la pantalla conforme sus respectivos textos van siendo recitados en escena. Queda entonces, en cada espectador, el elegir solo apreciar el trabajo interpretativo de los actores o desviar la mirada continuamente para descubrir qué obra literaria está siendo mencionada. Además, depende de la ubicación de cada asistente el conseguir ver con claridad qué se escribe en la pizarra en determinado momento o qué se lee en algunos papeles escritos por los actores y que son entregados solo a algunos espectadores. En todo caso, resulta muy válida la labor creativa y experimental de Sánchez-Piérola en su afán de proponer nuevas maneras de comunicación escénica; y este mosaico dramático llamado Lo mismo lo distinto cumple con creces su principal objetivo: el de motivar al público a (re)descubrir estas trece obras de literatura nacional y así, en tiempos de intensa virtualidad, devolverle el placer de leer un libro en físico.

Sergio Velarde

10 de junio de 2023

jueves, 8 de junio de 2023

Crítica: EL DÍA QUE CAMBIÓ LA VIDA DEL SEÑOR ODIO


Tolerancia y respeto

Oswaldo Maccio es un joven y reconocido actor, director y dramaturgo venezolano. Una de sus premiadas piezas permaneció en nuestra cartelera teatral en mayo último, titulada El día que cambió la vida del Señor Odio (2013), dirigida al público familiar, en el auditorio del Centro Cultural Ricardo Palma. En su país natal, Maccio recibió, en su momento, distinciones por dramaturgia y dirección gracias al citado montaje, uno que lleva un mensaje en favor de la tolerancia y el respeto. Desde su título ya puede anticiparse quién será el protagonista: el huraño y malgeniado Señor Odio (Ricardo Ospino), quien aprenderá una valiosa lección de vida en cuestión de horas. Este texto ya había sido llevado a las tablas en otros países, incluso siendo ejecutado en escena con títeres; para la versión nacional, el actor y director Johan Escalante apostó por un tratamiento más convencional, pero no carente de energía en las interpretaciones y de claridad en su muy pertinente moraleja.

En estas épocas tan aceleradas y mediáticas, en las que preferimos aislarnos del resto y permanecer al margen de cualquier circunstancia ajena, Kuokka Producciones acierta al presentarnos los motivos del giro radical en la conducta del personaje del título. La historia es sencilla: la Narradora (Morelis Rodríguez) nos cuenta que cuando el Señor Odio se entera que pronto tendrá un vecino de departamento, decide que no puede ver alterada de ninguna manera su “tranquilidad”; es por ello que decide evitar a toda costa que la mudanza se concrete. Sin embargo, su futuro vecino es nada menos que el Señor Amor (Eduardo Albarracín), así que los malévolos planes no resultarán como se esperaba. La trama es ingeniosa y además, es ejecutada con brío y fluidez, contando con mínimos elementos en escena, destacando la prolija utilización de las puertas móviles, que sirven a su vez para simbolizar las barreras que debe atravesar el antagonista para convertirse en un nuevo ser humano.

Excelente trabajo del elenco en pleno, todos carismáticos y convincentes, destacando la cuidada interpretación llena de detalles de Ospino, en el rol principal. Por otro lado, convendría revisar, eso sí, ciertos detalles estéticos, como evaluar la presencia o no de gigantografías que no llenan del todo el espacio en el foro, por ejemplo. El día que cambió la vida del Señor Odio nos permitió conocer el trabajo de un destacado dramaturgo venezolano como lo es Maccio, en un montaje para niños muy bien actuado y dirigido, que nos hace reflexionar acerca de cuánto podría cambiar el mundo, si nosotros mismos estuviéramos justamente dispuestos al cambio, y a aprender a vivir en armonía y con tolerancia hacia los demás.

Sergio Velarde

8 de junio de 2023

miércoles, 7 de junio de 2023

Crónica: MUSIQUESCENA


Historias que suenan

Oficio Crítico estuvo presente en la función para medios del espectáculo: MUSIQUESCENA – Historias que suenan, impactante recital que reúne selectas canciones del teatro musical peruano, como La Mariscala, Agua, La loca del frente, Surte, Acepto, Cero en conducta, Japan, Pizza party y Todos odian a Géminis. La producción está a cargo de la Asociación Iberoamericana de Artes y Letras (AIBAL), con el apoyo de la Universidad Mayor de San Marcos y el Instituto Nacional de Teatro Musical (INATEM).

Bajo la dirección general de Percy Encinas y la dirección vocal de Yeli Brown, este imperdible show cuenta con la participación de los artistas Laly Guimarey, Martín Velásquez, Fernanda Llanos y Alphie Pagano, quienes despliegan gran energía y potencia en escena.       

Una mención especial para las inspiradoras composiciones de los autores Gonzalo Polar, Chino Sabogal, Luis Álvaro Félix, Sebastián Abad, Sergio Cavero, Mario Mendoza, Estéfano Encinas, Róger Moreno y José Miguel Ríos.

Al respecto, Yeli Brown nos comenta: “Creo que es la primera vez que se está haciendo este trabajo en Perú y es una buena oportunidad para valorar lo que venimos trabajando desde hace un par de años (en el teatro musical peruano), como industria emergente”. Por otro lado, el actor Martín Velásquez refiere: “Musiquescena es un musical que reúne estas obras de teatro musical hecho en Perú, entonces tendremos canciones folclóricas, valses, canciones en género de rock, baladas, etc., lo más importante es que haya sido hecho aquí, que tenga el sello de hecho en Perú; además de darle al público la oportunidad de revivir estas canciones en vivo y en directo”.

Sin duda, un trabajo en conjunto y repotenciado que vuelve a los escenarios este miércoles 14 de junio, a las 8:00 pm (única función), en el Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores).

Las redes sociales del espectáculo: @musiquescena en Instagram y Tik Tok. 

Maria Cristina Mory Cárdenas

7 de junio de 2023

martes, 6 de junio de 2023

Crítica: PEQUEÑAS INFIDELIDADES


Lealtades puestas en jaque

Ema y Alejandro se separaron hace veinte años; sin embargo, un encuentro casual los reúne en un departamento que él quiere adquirir, siendo su ex esposa la encargada de mostrarle dicha propiedad. A medida que avanza la conversación entre ambos, se desvelan viejas heridas, secretos oscuros de su pasado en común, lo cual nos lleva a reflexionar sobre aquellas debilidades inexplicables y acaso imperdonables de las que adolecemos los seres humanos. Bajo este argumento se presenta la obra Pequeñas Infidelidades, del dramaturgo argentino Mario Diament y la dirección del también argentino Francisco Lumerman.

Cabe resaltar que es la primera producción teatral de VENAVER, la cual se alberga en el Teatro de Lucía. Los protagonistas están encarnados por Javier Valdés y Patricia Villalobos; esta última, además de ser su esposa en la vida real, está de vuelta en los escenarios tras veinticinco años de ausencia. Sin duda, una dupla muy afianzada en escena; la química y naturalidad de los intérpretes se evidencia en cada intervención, en cada gesto y en cada mirada. Respecto a la propuesta visual, prevalece la sencillez, pues vemos una estructura que funge como la sala de un departamento vacío, una silla, entre otros elementos funcionales, además de la iluminación. No obstante, la narrativa mordaz, punzante y tremendamente directa envuelve al espectador, que no se espera semejantes revelaciones, cuando en principio el reencuentro parece ser cordial y hasta divertido. En este punto, la calidad interpretativa es crucial para llevar a cabo este juego que lleva a los personajes al límite. 

Pequeñas Infidelidades es una imperdible puesta en escena, que pone sobre la mesa uno de los aspectos que tanto nos preocupa: la lealtad, que en este caso se torna frágil, ante las pasiones y egoísmos de sus protagonistas, quienes aprovechan este inusual encuentro para detonar los problemas no resueltos su momento. Por otro lado, la obra también nos habla del abuso sexual dentro de la pareja, un tema todavía postergado y poco denunciado. Queda mucho por reflexionar. Bien dicen que las propuestas más memorables son las que te dejan pensando al salir de la función; entonces, la invitación está hecha.

Maria Cristina Mory Cárdenas

6 de junio de 2023

sábado, 3 de junio de 2023

Crítica: NACÍ PARA QUERERTE


El grito del pueblo es el grito de Dios

Luego de un par de sólidos espectáculos musicales con sabor peruano, como lo fueron Déjame que te cuente (2017) y Todos vuelven (2019), la asociación cultural Preludio apuesta por el que podría ser su montaje más político hasta la fecha, titulado Nací para quererte. Y es que la coyuntura nacional, con el país polarizado y ahogado en un mar de corrupción, no deja de ser propicia para estrenar un musical con un fuerte contenido social y además, diestramente ejecutado. La dramaturgia de Mateo Chiarella acierta al cubrir tres décadas de violencia, injusticia y decadencia, compuestas por historias ficticias pero muy factibles de haber sucedido (y de seguro, de velada permanencia actual), matizadas con excelentes números musicales e interconectadas por la omnipresencia de un siniestro y surrealista personaje (Paul Martin), que representa todos y cada uno de nuestros vicios, excesos e imperfecciones que impiden que podamos salir adelante como nación.

Como toda antología, pues es en el primer acto cuando se nos presentan las tres historias principales (pueblos de nuestra Costa, Sierra y Selva en las décadas de los 60, 80 y 2000, respectivamente), cada una de las secuencias tiene sus particulares aciertos y fortalezas: destaca el enérgico trabajo coral de actores y bailarines en la trama del pueblo costero, con personajes y situaciones bien definidas y resueltas en conjunto; en la comunidad andina aparece acaso la problemática más interesante y mejor desarrollada, con la presencia de la ilusa candidata a congresista y su insensible asistente (unas notables Sandra Muente y Bertha Bohórquez), así como el emisario enviado a Lima para advertir del peligro subversivo (un conmovedor Sebastián Ramos); y las inmejorables performances de Miguel Álvarez y Miluska Eskenazi en el último tramo, servidos por las alegres y contagiantes melodías selváticas. Es en el segundo acto, en donde el trío de historias confluye al mismo tiempo en la capital, en el que el personaje antagónico de Martin (acaso demasiado ausente en el primer acto) protagoniza las escenas más memorables del espectáculo, ya que nadie, como peruano, puede permanecer indiferente al ver cómo este ser enmascarado apodado el Mil Caras, al lado de los malos elementos de siempre en nuestro sociedad, entonan con desparpajo nuestras canciones más patrióticas o manipulan cínicamente nuestra bandera nacional.

Con la impecable producción de Denisse Dibós y la efectiva codirección de Tommy Párraga y Juan Pablo Lostannau, Nací para quererte fluye sin tropiezos, acusando muy pocos problemas técnicos de sonido. La propuesta escenográfica, con paneles móviles y proyecciones de video, es muy funcional para crear los ambientes; y la selección de nuestros conocidos temas musicales, con arreglos de César Vega, se encuentra hábilmente engranada para potenciar las historias. Significativo también el uso del color rojo en los vestuarios de los personajes (incluido para los subversivos de la segunda historia), que visibiliza la complejidad de nuestros problemas. Con un sólido elenco (en el que habría que agregar la destacada labor de Alfredo Valente y Ricardo Bromley, así como el inspirado trabajo de los bailarines), esta nueva propuesta musical de Preludio, en el Teatro Municipal, es un entretenido y muy recomendable espectáculo que nos deja una pertinente reflexión acerca del mal uso del poder, ejercido por décadas en nuestro país y que depende exclusivamente de nosotros, como sociedad, ponerle freno y demostrar así que realmente nacimos para querer a nuestro a Perú.

Sergio Velarde

3 de junio de 2023

viernes, 2 de junio de 2023

Crítica: EL SIERVO


¿?

Experiencia escénica creada por Angeldemonio Colectivo Escénico, dirigida por Ricardo Delgado. Presente en la Quinta Edición de Sótano 2 - Festival de creación escénica contemporánea. En esta se encuentra una reflexión alrededor del Hombre y su relación con la naturaleza en el transcurso del tiempo; el poder que ejerce este desde una perspectiva fuerte de sincretismo a raíz de tradiciones andinas y occidentales: destacando así, íconos como la brujería, los santos, la vida humana/animal, incluso sobrehumana. Podría arriesgarme a señalar que, con una atmósfera bastante distópica ambivalente casi mágica que atrapa, PERO...

La narrativa que se maneja escénicamente no es del todo clara. Destacan aspectos de la mitología andina, la imagen femenina es potente, la sensación de ritualidad está presente de inicio a fin, desde el ingreso al recinto nos recibe un aroma fortísimo entre plantas y agua de florida que convive con nosotras durante todo espectáculo. Asimismo, los mecanismos de creación van desde el gran manejo físico de los ejecutantes en relación al espacio y la composición de imágenes, generando admiración por el virtuosismo y la plasticidad que presentan; no obstante, el tránsito de las acciones no queda del todo desarrolladas, puesto que se percibe el paso de “siervo” a “hombre” y viceversa un tanto abrupto, así como el de “brujo” a performer, sobre todo en entradas y salidas, interacciones con los compañeros en escena y el manejo de los elementos plásticos; pasando también por el uso de la danza como medio para dialogar.

Sin embargo, se siente y observa como si cada uno de los personajes, además de abordar tres cosmovisiones distintas a medias -porque no hay encarnación de aquello que representan-, los tres ejecutantes realizaran pequeños unipersonales donde son brutales, pero distantes, no solo con el otro en escena, sino con el público. Tanto que, en relación al manejo de texto... más del 50% de la obra, está perdido. Al aire, a los apus, a las deidades, para quien sea, menos para el público. O no es una experiencia para ese tipo de espacios escénicos o simplemente se tendría que ajustar el manejo de textos en los ejecutantes, porque no solo es el hecho de no comprender lo que se nos quiere comunicar (acción), sino que ni siquiera se logra escuchar lo que nos dicen. Es una observación bastante lamentable, porque se puede trabajar. Empero, en esta ocasión, la desconexión era notoria.  

Por otro lado, la composición visual lumínica y escénica, así como sonora, transita de lo envolvente hacia lo abrumador, causando una sobreexplotación de recursos por lo cual no se recoge ni matices o cambio alguno en la “trama”. Solo sucede y ya.

Conny Betzabé

2 de junio de 2023  

jueves, 1 de junio de 2023

Crítica: QUIZÁS MAÑANA


Duda o probabilidad

Esta es una versión muy bien adaptada por Larisa Landívar, de la película peruana homónima. En esta obra teatral conocemos la historia de Natalia y Juan Carlos, dos jóvenes que coinciden en una banca de algún parque. A partir de este suceso, ambos experimentan una serie de acontecimientos que les generan cuestionamientos y reflexiones alrededor de las decisiones que ha tomado cada uno de ellos en sus vidas, del pasado, el presente que cargan y un posible futuro. Sin conclusión alguna. Siendo así un viaje de dos personajes que nos regala un final abierto. Una duda que se arrastrará con el tiempo o un horizonte lleno de probabilidades.

Los recursos escénicos como iluminación, escenografía y sonido son mínimos y bien utilizados; sin embargo, podrían haber acompañado y compuesto las entradas y salidas en relación al trascurso del tiempo, no solo del espacio en el que ocurren los hechos. Por otro lado, los actores son activos y están en el presente, lo cual les permite lograr una labor certera. El estado de juego y escucha de ambos es compatible, eso nos permite a los espectadores poder viajar con ellos y vivenciar durante todo el trascurso aquello que les va ocurriendo a los personajes.

Aun así, Luisa María Tafur en un principio fuerza la acción, lo que le hace caer en una breve exageración causando una percepción incómoda, pues no se tiene claro de dónde viene, ni quién es, ni para qué está ahí. Sobre todo, algunos gritos o el comportamiento en sí, parece no tener sentido. O tal vez, Luis Jesús se encuentra ensimismado dejando de lado a su compañera en escena y por ello, caen incluso en la descoordinación de movimientos en relación al objeto que usaban y el sonido extradiegético que componía la dimensión de llamadas. En ese sentido, este sonido, quizá podría haber sido diegético, dándole mayor valor y credibilidad a la acción. No obstante, con el pasar del tiempo, cobra sentido el porqué de todo lo anterior mencionado. Quizá, esa percepción de incongruencia podría ajustarse si lo que realizan los actores fuera en relación a un para qué. ¿Para qué se comporta así Natalia? Y no solo entrar actuando la condición dada del personaje. Porque, en los primeros diez minutos, lo que hacen los actores no queda del todo claro. Pero pasado ese tiempo, ambos encajan como dos piezas perfectas para regalarnos la historia de Quizás mañana.

Conny Betzabé

1° de junio de 2023