jueves, 23 de mayo de 2013

Crítica: CARNE DE MUJERES

Universo femenino del riesgo

Teatro del Riesgo es un colectivo que inició sus actividades en el 2011 con el estreno de la obra Tú no entiendes nada de Juan José Oviedo, dirigida por Paco Caparó, en la que la acción física desarrollada en el escenario tuvo una importancia abrumadoramente superior a la de su sencillo texto. En su nuevo montaje laboratorio, estrenado en el Teatro Mocha Graña y titulado Carne de mujeres, Caparó conduce su propio texto hacia derroteros mucho más tradicionales, y a la vez, comprensibles para un público más amplio. Sin dejar por completo de lado la corporalidad de los actores, las escenas que conforman esta nueva vuelta de tuerca a la ya trillada guerra de los sexos, resultan mucho más entendibles y divertidas comparándolas con, por ejemplo, la obra Mujeres, curiosamente también dirigida por Caparó y en la que también participaban las actrices Cintia Díaz del Olmo e Ivonne Trujillo.

El universo femenino es un tema amplísimo y la dramaturgia toca algunos puntos que no dejan de ser algo superficiales, como la presión de estar delgada o el machismo imperante en la sociedad, pero están resueltos con mucho ingenio y total entrega por parte del elenco, en el que habría que destacar a Katherina Sánchez (a quien vimos en Máquina Hamlet), a Daniela Rodríguez y a Jonathan Oliveros (ambos de Tú no entiendes nada); este último, el único varón en el reparto, pero que sabiamente intercala los personajes masculinos y femeninos dentro de los cuadros, enfatizando el ridículo (y hasta vergonzoso) comportamiento cavernario de algunos “varones” contra el mal llamado sexo débil.

Luego del lúdico entretenimiento, plagado de hilarantes canciones con voz en vivo acompañadas de sutiles coreografías, en el que nos envuelven las cuatro actrices y el actor; llega el momento serio: así como en Mujeres, Caparó vuelve a rematar su espectáculo, desnudando a los personajes y mostrando la dura realidad que viven los intérpretes. Puede que algunos consideren este final como algo manipulador, pero es verdad que una buena obra de teatro debe divertir, pero también conmover. Es por ello que podemos afirmar, sin mucho aspaviento y con la mayor discreción, que Carne de mujeres no utiliza el facilista recurso de presentar a las féminas como infelices victimas, sino que las presenta como seres humanos complejos y ambivalentes, con tantos defectos como virtudes, y con una indescifrable riqueza interior. Y es que para Teatro del Riesgo, nadie imagina lo que una mujer lleva por dentro.

Sergio Velarde
25 de mayo de 2013

miércoles, 15 de mayo de 2013

Crítica: LA CHICA DE LA TORRE DE MARFIL

Muy disfrutable espectáculo multidisciplinario

Tal como lo hizo en el 2010 con el feliz estreno de La Pera de Oro, el reconocido dramaturgo César De María vuelve a adentrarse en el terreno de los cuentos infantiles y nos presenta su nueva obra, titulada La Chica de la Torre de Marfil, una adaptación del conocido cuento de Rapunzel, en la que consigue darle una mayor profundidad a los personajes, a la vez que la trama adquiere proporciones épicas, gracias al enfoque multidisciplinario otorgado por el director Sergio Galliani e Insomnio Producciones. La inclusión de secuencias con danza contemporánea, números de circo, acrobacias en bicicleta, telas colgantes y especialmente, las canciones originales con voz y música en vivo, le dan brillos a la historia, además protagonizada por un solvente grupo de actores.

Luego de una introducción musical en la que los actores se presentan ante el público, un par de narradores nos cuentan la “verdadera” historia de Rapunzel (una luminosa Tati Alcántara), que incluye una variedad de temas engranados con mucha astucia: desde el amor maternal a prueba de todo que tiene la Reina (Daniela Camaiora), al perder a su hija por soberbia, y el de la Bruja (una genial Patricia Portocarrero), en su afán por protegerla del mundo, encerrándola en la Torre de Marfil; hasta la contaminación ambiental que sufren los bosques, por parte del Duque Mercurio (Renato Bonifaz), un inescrupuloso fabricante de fármacos. Pero acaso lo mejor del montaje sea la ingeniosa vuelta de tuerca que se le da a la personalidad de la Bruja Maruja, mitad Madre mitad Bruja: ya no sólo es la malvada antagonista que tiene prisionera a Rapunzel, sino que ahora es también la protectora de la naturaleza, que sana el bosque de los efectos nocivos de los químicos. Acaso el personaje menos conseguido sea el interés amoroso de Rapunzel, el Príncipe (Andrés Wiese), que pierde progresivamente protagonismo hacia el final del montaje, a pesar de ser coronado como nuevo rey.

Excelente el trabajo musical de la protagonista Tati Alcántara y el del resto del elenco, destacando una sorprendente Daniela Camaiora como la majestuosa Reina. Mención aparte para la actriz Patricia Portocarrero en el papel de la bruja Maruja, quien se roba cada escena en la que aparece, tal como lo hizo en Hairspray. El vestuario anacrónico con toques urbanos de los actores luce muy vistoso y el diseño escenográfico es lo suficientemente funcional como para permitir el cambio fluido de los espacios. Los superables problemas técnicos, tales como el audio y algunos detalles con los telones, no impiden el disfrute de la obra. La Chica de la Torre de Marfil, todavía en temporada en el Teatro Canout, es un espectáculo completo y entretenido, disfrutable para grandes y chicos, que confirma a César De María como un hábil narrador de historias y a Sergio Galliani como un efectivo director, capaz de sacar adelante proyectos de gran envergadura.

Sergio Velarde
15 de mayo de 2013

martes, 14 de mayo de 2013

Crítica: DESEO BAJO LOS OLMOS

Tibio montaje de tragedia clásica

Decepcionante incursión de la actriz y directora Marisol Palacios en el complejo y poético universo del premiado dramaturgo norteamericano Eugene O’Neill. Estrenado en 1924, Deseo bajo los olmos es un intenso drama con tintes de tragedia griega, ambientado en una decadente y olvidada granja de Nueva Inglaterra, en el que la ambición por poseer tierras y los amores obsesivos son los grandes protagonistas. Pero la presente adaptación, a cargo de la experimentada Giovanna Pollarolo, con una vasta experiencia cinematográfica, parece no ser la más adecuada para conducir a los espectadores por ese terrible viaje que atraviesan los personajes, capaces de realizar los actos más brutales y reprochables. Los tibios aplausos al concluir la función, son síntomas ineludibles de este nuevo traspiés en el teatro comercial, esta vez en el Teatro Británico.

El viejo Efraín Cabot no se lleva bien con sus hijos Peter, Simón y Eben. Los dos primeros prefieren huir a California a buscar oro, mientras que Eben decide quedarse para heredar la granja. Sin embargo, el viejo Cabot se casa con una joven arribista, la sensual Abbie, quien llega a la granja dispuesta a quedársela. Pronto, la atracción entre los jóvenes terminará en tragedia, cuando el futuro hijo de Abbie encuentre un desgraciado final. Se trata de una historia dura y cargada de emociones, pero que no llega a calar en el espectador debido principalmente, a una simplificación del argumento y en especial, de la resolución final que llega sin fuerza y veracidad, inclusive causando algunas risas en el respetable. El admirable diseño escenográfico, muy cuidado y funcional, poco contribuye para lograr la atmósfera y el vendaval de pasiones que el texto exigía a gritos.

En el primer acto se encuentra, sin duda, lo mejor de la obra, gracias a la química lograda por los enérgicos y carismáticos Alberick García y Emilram Cossio, como Simon y Peter, respectivamente, a quienes ya habíamos visto juntos en La Chunga. Los problemas empiezan con la llegada de la bella Tatiana Astengo, quien se queda corta al retratar la ambigüedad y osadía de Abbie. Alberto Herrera, como el viejo Cabot, tiene más suerte en escena que el Eben de Omar García, en este triángulo amoroso ciertamente desdibujado. Las palabras que recita la pareja protagónica y las emociones que ambos dicen sentir, no calan ni conmueven lo suficiente para llegar a entender el sacrificio final.

Por último, mucho se ha hablado y escrito del desnudo, frontal y total, de Astengo en la obra. Para algunos, se trata simplemente de una astuta estrategia de marketing; para otros, una estilizada imagen que contribuye a entender las motivaciones de los personajes. Pues ni lo uno ni lo otro: si el conflicto entre Abbie y Eben se percibe apurado y forzado, resulta innecesario para ella el despojarse de sus prendas. Tal como lo mencionara la colega Gabriela Javier Caballero, este Deseo bajo los olmos sirve únicamente para acercarnos al universo de Eugene O’Neill, desde el cuidado y cómodo palco del teatro comercial; y para esperar con paciencia una nueva puesta en escena que le haga verdadera justicia al autor, acaso desde la muy superior (en lo que va del año) y aguerrida trinchera del teatro alternativo.

Sergio Velarde
14 de mayo de 2013

lunes, 6 de mayo de 2013

Crítica: NÚMEROS REALES

Entre lo racional e irracional

Diego López, como director, ha tenido con el estreno en el MALI de la pieza Números reales, una muy positiva evolución. Su anterior montaje, Madrugada de Gilberto Nué, fue un divertidísimo entretenimiento sin mayor profundidad dramática, pero que explotaba al máximo el histrionismo de su versátil elenco. Es justamente la dirección de actores, uno de los puntos más altos alcanzados en el presente montaje, escrito por Rafael Dumett, en el que somos testigos del derrumbe de una familia disfuncional a finales de la crítica década de los 80, con cierto parecido en su ambientación a otro montaje aún en cartelera. Por otro lado, la analogía de los números reales resulta perfecta para describir lo racional e irracional que puede convertirse el ser humano, y a veces, con dramáticas y fatales consecuencias.

Luego del breve prólogo, nos situamos en la correccional de menores, en donde Rubén (Renato Rueda, grata revelación) es visitado por su hermano (un correcto Emanuel Soriano), y nos enteramos de la muerte del padre de ambos a manos de Rubén, en defensa de la madre. Luego retrocedemos en el tiempo para conocer cómo fueron los hechos, en un ingenioso giro dramático, que nos permite sentir una gran compasión por aquel señor a quien en el barrio tildan de “loco”, el padre de familia con un grave trastorno mental, que necesita del litio que le echan en secreto en su sopa, mientras habla con fervor de su telescopio en construcción, delante de su esposa e hijos, en el humilde comedor de la casa.

Las escenas dramáticas entre el padre y la madre constituyen los pilares del montaje: él, pierde el sentido de la realidad de manera violenta; y ella, no puede abandonarlo a su suerte, porque aún lo ama. En ese sentido, la elección de Leonardo Torres Vilar (enérgico actor con visos de genialidad, como en Los Número Seis) y Andrea Fernández (feliz descubrimiento de El lenguaje de las sirenas) para estos personajes resulta de lo más acertada. Torres Vilar luce inmejorable como el demente padre, irreconocible, conmovedor y hasta peligroso, demostrando su feliz evolución como actor. A su lado, Fernández le da la réplica exacta con mucho nervio, haciendo olvidar su extrema juventud para este difícil rol.

Números reales contiene muchos momentos memorables, tanto dramáticos como cómicos, todos con una violencia latente, como en la relación entre los hermanos o el mismo parricidio en la cima del Morro Solar. Buen trabajo de los actores de reparto, como Paul Ramírez (a quien recordamos en La mueca) y María Fernanda Valera (una de las actrices de Madrugada), en papeles clave. Completa el elenco, un grupo de jóvenes y talentosos intérpretes, quienes cumplen cabalmente en sus discretos roles: Jely Reátegui (genial en El deseo más canalla y Laberinto de monstruos), Oscar Meza (descubrimiento en ¿Qué tortura?), Henry Sotomayor (protagonista de Cacúmenes) y Ricardo Otta (de El Libro de la Selva). Acompañados sólo por una funcional y discreta escenografía, el director le da, esta vez, verdadera relevancia al uso de las proyecciones en la pantalla del foro, superando largamente a sus anteriores montajes, como Karaoke, por ejemplo. Todo un verdadero avance en la carrera de Diego López y uno de los mejores montajes independientes en lo que va del año.

Sergio Velarde
06 de mayo de 2013

domingo, 5 de mayo de 2013

Crítica: UN TRÉBOL MÁGICO

Winaray debuta en teatro infantil

Todos los sábados de mayo se viene presentando en el ICPNA de Lima, la obra infantil Un Trébol Mágico, escrita y dirigida por Cristian Lévano, y presentada por Winaray Teatro, una agrupación que nos regalara montajes de un sano pero excesivo sentido del humor con mucha locura, como El misterioso asesinato de You Payaso y Francisco. En el presente montaje, dirigido para toda la familia, se percibe también una oportuna reflexión sobre la clase política, tan preocupada sólo por su propia conveniencia, sin importarle los intereses del pueblo; así como los problemas territoriales entre las naciones.

Un simpático y desmemoriado Arlequín, que responde a cualquier nombre (Miriam Guevara) presenta a los asistentes al teatro, la historia de los reyes Lucho (Roberto Huamán) y Federica (Carmela Tamayo), quienes descuidan a sus respectivos pueblos por pelearse por un pequeño trozo de tierra, en donde se encuentra el trébol mágico en cuestión, que supuestamente les traerá paz y armonía. La aparición de otro rey (Alfredo Lévano, padre del director) y su reluciente asistente (Rod Díaz Sánchez, a quien vimos en Super Popper) complicará aún más la situación hasta el previsible final feliz. Lévano presenta un montaje correcto y ordenado, que felizmente no cae en el facilista recurso de grabar las voces de sus propias canciones, pero tampoco encuentra la manera correcta de presentarlas en escena.

Algunos aportes que se podrían hacer en beneficio del montaje: buscar la manera de que las voces en vivo de los actores se luzcan y no queden aplastadas por la pista musical; se podría, ya sea o disminuir el volumen a los parlantes, o camuflar micrófonos en escena, o acompañar con una guitarra desde el escenario. Por otro lado, los vestuarios de los reyes Lucho y Federica deberían ser más llamativos y vistosos, como el del Rey Panzón: basta un par de coronas para ellos, lo que ayudaría a los niños a comprender la historia desde el inicio. Winaray Teatro y su director Cristian Lévano debutan dignamente en el teatro infantil con Un trébol mágico y ya preparan la reposición de su ópera prima ¿Qué hiciste Diego Díaz?, en el mes de junio en el Club de Teatro de Lima.

Sergio Velarde
05 de mayo de 2013

martes, 30 de abril de 2013

Crítica: ¡BAILA CON LA MUERTE! TRAGICOMEDIA DE ARQUETIPOS

Los excesos de la clase política

El estreno de ¡Baila con la muerte! Tragicomedia de arquetipos, escrita por Maritza Núñez y dirigida por Jorge Sarmiento, es la excusa perfecta para inaugurar la nueva e íntima Sala ENSAD, de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático, dentro del Parque de la Exposición. Lamentablemente, el acogedor espacio tiene el mismo inconveniente que el del restaurante Patagonia en Miraflores: los sonidos del exterior se filtran con facilidad; sin embargo, esto no impidió para nada el disfrute de una puesta en escena con muchas virtudes, como por ejemplo, la del riesgo tomado para involucrar a señeros y veteranos actores en una trama desenfrenada y llena de excesos.

La pieza está dividida en dos actos muy definidos, dentro de un banquete ofrecido por un general: en el primero, la presentación de los variados personajes y el contexto social y político en el que se hayan envueltos; y en el segundo, la orgía desatada entre los comensales al fallecer la anfitriona. Los viejos socios lucen completamente amorales, mientras cambian con total facilidad sus preferencias por los candidatos presidenciales, en plena década de los 50, finalizando el gobierno de Odría. Todos, con excepción del mayordomo Perico, el único personaje con algo de humanidad, bien retratada al fallecer su ama y especialmente, al enfrentarse contra el autoritarismo. Los excesos de la orgía en el segundo acto, con todos bailando alrededor de un falo, mientras la muerta yace sentada en la mesa, resultan coherentes con la propuesta de arremeter contra el ansia de poder, como arquetipo máximo de la conveniencia. La imagen lograda es sobrecogedora. La música y voz en vivo es un punto a favor del montaje, así como el vestuario y escenografía.

¡Baila con la muerte! Tragicomedia de arquetipos funciona como un sarcástico retrato de la clase política, completamente ajena a los intereses del pueblo, pero sí muy interesada y convenida en estar de lado de los que tienen algo de poder. Igualmente, es una delicia apreciar a un grupo de actores con mucho oficio y trayectoria, como Leonardo Torres Descalzi, Gustavo Mc Lennan, Pilar Núñez, María José De Zaldívar y Lieve Delanoy, dejándolo todo en el escenario, muy bien acompañados por Rocío Ántero-Cabrera y Nelson Tafur. Mención especial para el feliz retorno a los escenarios de ese gran actor que es Emilio Montero. Bien vale la pena apreciar esta arriesgada propuesta, y además, recibir con entusiasmo esta nueva y acogedora sala teatral.

Sergio Velarde
30 de abril de 2013

ÚLTIMAS FUNCIONES: HASTA EL 05 DE MAYO
Jueves a sábado a las 7:30 pm.
Domingo a las 6:30 pm.
(Hora exacta. Venir una hora antes para recoger sus entradas)
Entradas:
General: 20 soles/ estudiante y jubilado: 10 soles
JUEVES: 2 X1
Venta de entradas en la boletería de la Sala ENSAD - Paseo de la República s/n.
(Parque de la Exposición – La Cabaña)
Ingreso por la Av. 28 de Julio con Petit Thouars / estacionamiento privado.
Reservas: 332-0432 / www.ensad.edu.pe
Apta sólo para mayores de 18 años

jueves, 25 de abril de 2013

Crítica: LA ETERNIDAD EN SUS OJOS

Homenaje de generaciones

La Asociación de Artistas Aficionados es un lugar de mucha historia teatral, y obligado referente cultural en nuestra ciudad. Actualmente se viene presentando ahí una obra muy particular, titulada La eternidad en sus ojos, escrita por el destacado dramaturgo nacional Eduardo Adrianzén. La pieza en cuestión está narrada en dos espacios y tiempos diferentes, bien delimitados: el departamento de una profesora de literatura jubilada, en la actualidad; y un cuarto de hotel, lugar de encuentros furtivos entre la profesora y uno de sus alumnos, en plena década del ochenta.

La acción en el presente: la repentina aparición del joven Claudio (Jorge Bardales, a quien vimos en La razón blindada) pone en aprietos a la septuagenaria Nina (Sonia Seminario, celebrando seis décadas en la actuación) y pronto, un secreto se descubre. Y en el pasado: Nina (ahora Ximena Arroyo, hija de Sonia, pero consumada actriz por derecho propio), casada y bordeando los cuarenta, tiene un romance con uno de sus alumnos, llamado Alejandro (Claudio Calmet, ocupadísimo el año pasado con La huella, La mueca y El último fuego), un joven profesor con aspiraciones de poeta y futuro padre de Claudio.

Si bien es cierto, los recuerdos no parecen ser del todo ciertos, a juzgar por lo que afirman los personajes en el presente, el dramaturgo Eduardo Adrianzén acierta en, por lo menos, dos niveles: la historia de amor de Nina y Alejandro, y la certera ambientación de aquellos años, que parece mentira, luzcan ahora tan lejanos. Este último aspecto es particularmente logrado, por ejemplo, con el estallido de los coches bombas, engranando perfectamente con el deterioro de la relación entre Nina y Alejandro, salpicada también por detalles netamente ochenteros, como el comienzo del movimiento senderista y las costumbres de aquella época, como la compra de dólares MUC en el mercado negro y la necesidad imperiosa de Nina por “evacuar” a sus hijos del país, en plena crisis económica.

La eternidad en sus ojos llega al escenario de la AAA, como un merecido homenaje a la veterana actriz Sonia Seminario, por sus 60 años de impecable trayectoria artística. Y ella debe sentirse seguramente muy orgullosa además, por compartir escenario con su hija, una inmensa Ximena Arroyo, absolutamente genial en el personaje de la Nina cuarentona, con un impecable dominio escénico, muy bien acompañada por un conmovedor y convincente Claudio Calmet, y servida además, por las inspiradas líneas escritas por Eduardo Adrianzén. El director Oscar Carrillo consigue los mismos brillos obtenidos en el mismo escenario, con El jardín de los cerezos, celebrando en aquel entonces, el medio siglo en las tablas de Seminario. Un montaje pleno de añoranza, de visión obligatoria.

Sergio Velarde
25 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Crítica: EL ORNITORRINCO

Audaz triángulo amoroso  

Escrita por el mexicano Humberto Robles (uno de los dramaturgos más populares en América Latina), estrenada en el Teatro Mocha Graña de Barranco y presentada por La Fuente de Castalia, El ornitorrinco es una comedia postmoderna con tintes dramáticos, que nos habla sobre las muchas apariencias que surgen en las identidades sexuales de las personas. El animal que le da título a la obra es una especie de mamífero australiano, que desconcertó a los científicos en su momento por sus extrañas características, tildado inclusive por algunos como “una elaborada falsificación”. Analogía correcta para describir las caretas que tuvo, tiene y tendrá el género humano, a la hora de querer relacionarse unos con otros.

Justamente el ornitorrinco es el tema de la tesis de la protagonista Ana (María del Carmen Sirvas, autora de Jardín de colores y protagonista de Madrugada), mientras que es consultada por su pareja Paco (Ernesto Ballardo) sobre la innecesaria cuestión de la “monogamia” dentro de su relación. Un primer acto algo reiterativo, pero que finalmente nos presenta la leitmotiv de la obra; le siguen tres actos más, en los que también interviene el amigo de ambos, David (Marco Antonio Huachaca, a quien vimos en El lenguaje de las sirenas y Los cuatro puntos cardinales), con el que se completa este sorpresivo triángulo amoroso, siempre con una cama en escena como eje central del drama. Los desnudos y escenas subidas de tono están planteados con una necesaria sobriedad estética, pues el mayor atractivo del montaje radica en el planteamiento de las tribulaciones de los personajes.

El director Manuel Trujillo logra un trío de interpretaciones bastante sólido y corrige detalles mayúsculos de su anterior montaje El disparo; en El ornitorrinco sí existe coherencia entre lo que vemos y escuchamos. Acaso el mayor mérito del director sea el de arriesgarse con la intromisión del músico en vivo (Loko Pérez con su guitarra) en algunas escenas: lejos de perturbar, sirve como un perfecto comic relief dentro del espinoso drama. En conclusión: El ornitorrinco es un montaje bastante solvente, divertido, bien dirigido y actuado, con ese toque de modernidad que nos susurra al oído que todo es ahora (para bien o para mal) demasiado relativo y cambiante.

Sergio Velarde
21 de abril de 2013

lunes, 15 de abril de 2013

Crítica: OPCIÓN MÚLTIPLE

Personalidades disociadas

Cuenta el mismo Luis Mario Moncada, autor y director de nacionalidad mexicana, que escribió una obra a pedido de cinco actrices recién egresadas de un instituto de arte escénico, que querían actuar juntas en una pieza en la que todas tuvieran el mismo peso dramático. Lo más sensato, pensó Moncada en ese entonces, fue que interpretaran al mismo personaje. Es así que nace este divertido espectáculo, Opción múltiple, en el que trastorno de personalidad disociada es el gran protagonista. Luis Miguel Talledo dirige la puesta peruana en el Teatro Larco, con un competente elenco, y aprovechando lo absurdo del planteamiento de Moncada.

Diana (Andrea Chuiman, a quien vimos en Cuento alrededor de un círculo de espuma) es una bella mujer con muchas inseguridades, que se vale de sus cuatro alter-egos para enfrentarlos: por un lado se encuentra la díscola Petra (Masha Chávarri, musa de Plan 9 en Demasiado poco tiempo y ¿Qué tortura?); por otro, la protectora Sabueso (Mayra Olivera); le sigue la conciliadora Julia (Fiorella Díaz de Sólo dime la verdad); y en medio de todas, la depresiva Olga (Alexa Centurión). Las cinco aparecen en el escenario utilizando el mismo vestuario y peinado, primero ante el sicólogo, luego ante el vendedor de una vidriería, y finalmente, ante el galán de turno, todos ellos interpretados por un solo actor (Junior Silva).

La dramaturgia es bastante ingeniosa, rematada por un final con tintes melodramáticos, pero bien aprovechada por el director y sus actrices protagónicas. La dilatada duración del espectáculo (hora y 45 minutos) no se siente. Co-producida por el TUC en la casa de la Asociación Cultural Plan 9, Opción múltiple destaca por su excelente ritmo y fluidez. El elenco es bastante efectivo, especialmente Díaz y Centurión. Si bien es cierto el montaje depende escénicamente de la temporada principal Sueños de un seductor, los cambios de elementos para delimitar los tres espacios en los que ocurre la acción (consultorio, tienda y departamento) son muy adecuados. En suma, una comedia muy recomendable.

Sergio Velarde
15 de abril de 2013

sábado, 13 de abril de 2013

Crítica: EL BOTÓN DE PLATA


Atractiva propuesta con luz negra

Existen muchas razones para ir al Centro Cultural CAFAE-SE y ver la nueva obra del grupo Palosanto, titulada El Botón de Plata. Para empezar: es la primera obra escrita por el reconocido director y dramaturgo nacional Ismael Contreras, ganadora en el XXVI Concurso Nacional de Obras de Teatro para Niños y jóvenes de la UNMSM. Además, mantiene la misma temática ecológica que ha caracterizado a las demás obras del repertorio del grupo, como La zorra vanidosa, Achikée, la Tierra Seca, Zacatapum, Villasucia, entre otras . Y finalmente, según las palabras del maestro Contreras, se trata de la primera obra para toda la familia, realizada íntegramente con luz negra.

El argumento gira en torno a una historia narrada por una cuentacuentos: Paichito, un pez inventor sin oportunidades en la pequeña laguna que habita, pese a tener buenas ideas para su desarrollo. Es entonces que decide irse de allí, para probar suerte en el exterior. La analogía está servida: nadie es profeta en su tierra. Un mensaje bastante claro y además, esperanzador para premiar el esfuerzo y el mérito. Paichito representa a todos aquellos que deben salir de su tierra natal para demostrar sus verdaderos talentos. Y el Botón de Plata es la perfecta metáfora de aquella laguna vista desde los cielos.

El experimentado Ismael Contreras dirige con bastante fluidez la historia, aprovechando con eficacia los beneficios de la luz negra, utilizando para ello títeres, marionetas, telas, vestuario y la misma plasticidad de los actores. Acaso la voz en algunas secuencias musicales, y las canciones grabadas, le resten puntos a un espectáculo innovador y atractivo, que irá afiatándose en el transcurso de la temporada. Acompañan a los habituales Julio César Delgado y Yasmine Incháustegui, los jóvenes Nadyr Espinosa, Juan José De los Santos y Herberth Hurtado. El Botón de Plata de Ismael Contreras sigue la misma línea de entrega y calidad de los espectáculos de Palosanto, y por las razones antes mencionadas, es una obra recomendable para toda la familia.

Sergio Velarde
13 de abril de 2013