El tránsito de lo “automatic”
El pasado 19 de diciembre, dentro del Teatro Barranco, se observaba el paso, lo automático y lo extracotidiano de la vida a través de un lenguaje experimental construido con una vehemencia escénica singular y un grito abierto a la melancolía. Automatic, creado y dirigido por Lucas Mendoza Sandoval, se sostiene en un elenco que presta su voz y su cuerpo para narrar una historia personal, integrado por Marcela Álvarez, Luis García, Calu Chávez, Diana Palacios y Fabián Suni.
Automatic es una celebración del ritual de la vida y del tránsito por un camino extracotidiano donde, por momentos, lo extraño permite visibilizar la otredad de la performance y su condición liminal con la vida misma. La pieza se convierte en una especie de umbral que utiliza el cuerpo y la voz como herramientas escénicas primordiales para contar una historia.
De esta manera, la narrativa propone el testimonio como un mecanismo contemporáneo para descifrar respuestas alojadas en la memoria y el silencio, donde cada animal aparece como una especie voraz que, poéticamente, devora al ser humano.
Desde mi punto de vista, la dirección es certera y está cargada de recursos escénicos que permiten encontrar esa lógica que los personajes buscan comprender. Por momentos, los actores se presentan como ellos mismos y abandonan el cuerpo del actor para sensibilizarse con la historia que están narrando.
Automatic se nombra contemporánea no solo por una propuesta fresca y moderna, sino porque traspasa los límites del teatro moderno y se adhiere al conflicto desde diversas dramaturgias escénicas: el cuerpo, el movimiento y la voz. En su conjunto, es una propuesta que se impregna del uso estético de lo humano para atravesar el ritual del autodescubrimiento y el renacimiento.
Juan Pablo Rueda
6 de enero de 2026




