domingo, 25 de octubre de 2020

Crítica: DESDE LA COSTA, LEYENDAS DE LA SIERRA Y SELVA


Cordillera y Aves

El trabajo que presenta Jonathan Pittman, director de XT laboratorio teatral, es sencillamente original desde un punto vista audiovisual y de formato. Él, como director y actor a lado de Ximena Rivera, recrean unas tradiciones orales de los Andes y Amazonía: “Achiqué”, una leyenda sin autor de la región de Ancash; y “Ayaymama”, de Ciro Alegría.

En estos tiempos de teatro virtualizado, se nos obliga a apostar por nuevos formatos. Sin duda, con “Desde la Costa, leyendas de la Sierra y Selva” llego a concluir que no siempre los montajes en vivo son la mejor opción, pues el internet siempre será un impedimento y/o en todo caso, la calidad de la visualización dejará mucho de desear. Es de felicitar que lo hayan subido a la plataforma Dailymotion, donde el trabajo se pudo apreciar con una gran calidad de video. Durante la presentación, lo que más me impresionó fueron los juegos de cámara, los cortes, los planos al rostro del actor. Sin duda, era lo que más atraía de la narración. Por momentos, se notaba que la cámara tambaleaba un poco, pero en general tenía cuadros fijos. Parecía que uno estuviese viendo un documental, más que un espectáculo para niños, pero era muy atractivo visualmente.

Tengo un poco de conocimientos de Antropología e Historia y de verdad, que me hubiera gustado ver a Arguedas con su cuento “Zorro de arriba” o a Valdelomar con “Hijos de Sol”. Cuentos con los que uno, personalmente, se apasiona desde el colegio y luego, en la universidad entiende su contexto. Hay ciertos elementos en ambos cuentos que me parecieron con inspiración de los hermanos Grimm, es decir, como los de Europa Medieval. Elementos como “la Bruja”, “las pociones” o “el hechizo” dejan una sensación extraña que acaso los Grimm han influenciado en las tradiciones orales peruanas o, tal vez, ¿no será que los narradores orales fueron influenciados por los Grimm primero y lo adaptaron para construir narraciones sobre el origen de la cordillera y las aves de la Amazonía?

Finalmente, es de felicitar la iniciativa de la producción. El montaje dejaba una sensación que puedo haber usado una mayor utilería para recrear los Andes o la Selva, pues el fondo oscuro dejaba una sensación de vacío; sin embargo, el lenguaje corporal de los actores y la emoción que pusieron fue suficiente para disfrutar la función.

Enrique Pacheco

25 de octubre de 2020

lunes, 19 de octubre de 2020

Crítica: LO HICE YO SOLA


Pie de limón para el alma

Y es verdad, soy un payaso,

pero qué le voy a hacer,

uno no es lo que quiere,

sino lo que puede ser.

“Payaso”, Rafael Pérez Botija

 

La Vecindad Escuela de Clown es un espacio de formación de clown escénico con una enorme trayectoria cercana a los 20 años, que no solo ha continuado con su intensa labor formativa durante estos meses pandémicos, sino que también ha apostado por el espectáculo virtual. A través de sus Veladas Payasas, ha presentado no pocos espectáculos a lo largo del año contando, incluso, con participaciones del extranjero. Este medio dedicó algunas líneas a Wolf y Lud, expertos campamentistas y Los Dalio en clave de Sol. En esta oportunidad, nos referiremos a Lo hice yo sola, espectáculo unipersonal presentado en una única fecha en setiembre, que contó con la participación de Luciana Arispe y la dirección de Fiorella Gambini.

La sinopsis de la obra es sencilla: una payasa abre un canal por Internet y, mientras cocina un pie de limón durante un webcast, nos habla sobre lo aprendido en el sinuoso camino de la independencia al vivir sola. La propuesta añade verosimilitud y riesgo al incorporar la interacción del público asistente con la payasa, permitiéndole activar sus cámaras y comunicarse a través del chat de la plataforma Zoom.

La propuesta de clown o payasa que Arispe propone sigue la línea del personaje sensible que es tan auténtico como falible. No teme exponer su vulnerabilidad, ni se esmera en disimular sus yerros o sus “defectos” (los que socialmente encaletamos). Por el contrario, exhibe una honestidad a prueba de balas que combina muy bien con un texto tan original como pletórico de lecciones de una vida cotidiana en solitario. El trabajo de la dramaturgia es notable. Conducen al espectador a través de este webcast que sorprende cada vez más y más con su singular mensaje, y se va ganando la atención (y, por qué no decirlo, el corazón) del espectador hasta conmoverlo. Dicho lo anterior, es necesario observar que percibimos una tendencia a intercalar en el texto bromas un tanto bobaliconas (“¡Temblor! No, mentira, ja, ja, ja, ja”) y que por su insistencia, pueden llegar a distraer e, incluso, hostigar. Por supuesto, esta es nuestra muy subjetiva apreciación, que de seguro no compartirá el público de la velada, más que entusiasta y extremadamente participativo, y que de manera incesante lo celebraba todo.

El montaje es relativamente sencillo, pero no por ello exento de elementos muy valiosos. El espacio reducido contiene todos lo necesario para desarrollar la única escena del webcast hasta el final. Se nos muestra una pequeña cocina que cuenta con electrodomésticos minimalistas y hasta funcionales, así como ingredientes para preparar un sencillo pie de limón. Así, la preparación del postre sucede en tiempo real. Este detalle, que puede parecer anecdótico o efectista, es clave para dotar de verosimilitud a la obra. El mensaje es claro: lo que se dice y lo que se hace aquí es verdadero. Así, esta obra es un paradigma de la realidad del decir y del hacer en escena.

Quien escribe estas líneas no es un amante del arte del clown. Por el contrario, no gusta de sus espectáculos ni de su humor que no pretende ser humor. Muchos profesionales entendidos en la materia recomiendan al clown como materia obligatoria en la formación de quien quiera ejercer el oficio actoral. Quien escribe estas líneas sospecha seriamente de sus métodos. Cuando este medio le encargó cubrir este espectáculo, aceptó con ánimo resignado, dispuesto apenas a tolerar, más que a disfrutar de lo que viese, haciendo de tripas corazón. Dicho lo anterior, y en reciprocidad a la honestidad a prueba de balas que esta obra exhibe, quien escribe estas líneas reconoce que Lo hice yo sola no solo le gustó e interesó, sino que lo conmovió. Poquito a poco, y sin que se dé cuenta. Muchísimo al final. Le hizo repensar en el estribillo de “Payaso”, canción que popularizara el Príncipe José José décadas atrás, y que en su aparente resignación revela una gran verdad: uno no siempre es lo que quiere, sino lo que puede ser. Y cuán bonito es descubrir que, a pesar de nosotros mismos (o gracias a ello) podemos llegar a ser, justamente, lo que podemos ser. Gracias.

David Huamán

19 de octubre de 2020

miércoles, 14 de octubre de 2020

Crítica: LA BOLOÑESA


Un arma de doble filo

El rol de los influencers hoy en día ha ganado un papel importante alrededor del mundo y es que la virtualidad se ha vuelto algo necesario en nuestras vidas y más aún, en estos momentos de encierro en el que nos vemos forzosamente sumergidos producto de la pandemia que no tiene cuando terminar. Sin embargo, la popularidad y el poder que este les da a los influencers puede ser un arma de doble filo.

Express Teatro Colectivo, bajo la dirección de Nany Flores y la asistencia de Joel Soria, presentó La Boloñesa, un texto de la autoría de los mencionados anteriormente. Precisamente nos cuenta la historia de un influencer, acosado por una seguidora, que lo persigue incansablemente, a través de su canal, argumentando que tiene que decirle algo importante. Pero sus intenciones son desenmascarar por venganza a este personaje frente a toda su audiencia, buscando justicia, tras la muerte de su hermana después de haber sido ilusionada por uno de ellos.

Los encargados de darle vida a esta obra, cargada de muchas emociones, fueron Cinthia de la Cruz y Nicholas Wenzel, quienes interpretaron de manera veraz y muy bien lograda los personajes que les tocó escenificar. En el caso de Wenzel, supo representar claramente a Alonso Valle, un influencer, quien aparentemente se mostraba en su programa como una persona amigable y en contra de todo tipo de injusticia y discriminación hacia los demás. Sin embargo, hubo algunos momentos dentro de la historia en que parecía que ya sabía lo que venía a continuación, pues no se mostraba sorprendido ante algunas preguntas que le hacía Daniela (De La Cruz)

En el caso de De La Cruz, tuvo una interpretación bastante interesante, en todo momento se la vio sumergida en el personaje de una aparente acosadora virtual, pero su intención era otra. Su actuación fue trabajada detalle a detalle para cumplir con el rol que requería su personaje, desenvolviéndose de manera versátil en las distintas situaciones que le tocó escenificar. Sumado a ello, los monólogos bien logrados que dijo dentro de la historia.

Como sabemos, en este tipo de formatos, los mismos actores son los responsables del manejo de las cámaras, podemos decir en ese sentido que los utilizados sumaron al desarrollo de la obra, hubo varios escenarios en el trascurso de la transmisión. Sin embrago, todos estaban enfocados de manera clara y la cámara en el ángulo preciso para no perder los detalles.

En cuanto al vestuario, podríamos decir que fue el adecuado. En el caso de Wenzel, un polo con el Escudo Nacional, acompañando a este una cadena con un dije del mapa del Perú, tal vez para dar entender que amaba a nuestro país y por ende que no soportaba las injusticias que usualmente solemos ver, mostrándose así como un cazador de justicia. En el caso de De La Cruz, tal como su actuación, fue versátil, pues cambió de vestuario y de peinado en varios momentos, esto ayudó a la creación de sus personajes, ya que trataba justamente de infiltrarse en el canal de este influencer, escenificando a varias personas y utilizando para ello la variedad en cuanto a lo mencionado. Resaltando incluso un momento en que tenía que provocar a Alfonso donde se le vio la espalda desnuda. Sin embargo, se supo cuidar los detalles para que la cámara enfoque solo lo necesario.

La música acompañó y sumó positivamente al desarrollo esta maravillosa obra, con algunos temas de los geniales The Beatles, siendo necesarios y acertados, pues en algunos momentos solo se veían acciones dentro de la historia y el hecho de escuchar canciones de fondo como “Come Together” o Cant´t Buy Me Love”, lograron que la obra no caiga en ritmo, el cual es importante y necesario, mucho más en este tipo de formatos. Al no utilizar este recurso probablemente se hubiera sentido algún vacío.

En general podemos decir que La Boloñesa fue una espectacular puesta en escena, con un texto interesante e importante de contar en estos tiempos de virtualidad, además de acompañar en todo momento la buena dirección que se vio reflejada a lo largo de los 40 minutos aproximadamente que duró la transmisión.

Milagros Guevara

14 de octubre de 2020

Crítica: HAY COSAS DE LAS QUE NO SE HABLA


Hablemos sobre el vínculo afectivo y la importancia de la conexión

Plotbox Producciones presentó recientemente la obra virtual Hay cosas de las que no se habla, del dramaturgo Raúl Sánchez McMillan, dirigida por Ximena Aguilar Florindo, con las actuaciones de Ximena Galiano y Andrea Montenegro. Lo que aparenta ser una videollamada común entre madre e hija, poco a poco resulta ser la oportunidad de hablar un tema pendiente desde hace mucho tiempo. A pesar de las resistencias a dicha conversación, los personajes se irán sincerando poco a poco, demostrando que el vínculo que los une es lo más importante.

La representación virtual se realizó a través de un link privado de la plataforma YouTube, un espacio bastante amigable para este tipo de propósitos. Al ser una obra en vivo, uno de los evidentes retos en estos casos es lidiar con la siempre posible inestabilidad del internet. Es importante que tanto el espectador como los artistas involucrados acepten esto como parte de la performance; no obstante, ¿hasta qué punto se debe continuar la función si estos problemas técnicos están presentes? En el caso de la función a la que asistí, una de las actrices tuvo problemas de conexión graves, de modo que esto afectaba realmente el desarrollo de la obra. Durante toda la representación, la conexión de Montenegro lamentablemente estuvo muy inestable, al punto de verse solamente imágenes congeladas de la actriz, ya que lo único que se escuchaba sin problema era su voz. Es importante establecer las condiciones en las que se debería o no decidir parar una función. Desde mi punto de vista, ante un problema tan serio de conexión, se debió decidir parar la función por ese día, ya que no solo afecta la interacción entre las actrices, también condiciona negativamente el producto que recibe el público. Se debe resaltar que Ximena Galiano, a pesar de este imprevisto, continuó la representación resolviendo y apoyando a su compañera de escena dentro de lo posible.

La construcción del personaje de Galiano, Camila, estuvo llena de detalles desde el primer momento. Se notó un trabajo íntegro desde la corporalidad, la apropiación del texto y el vínculo con quien fue su madre en la ficción. La interiorización de este trabajo permitió que mantuviera la concentración y conexión con su compañera de escena durante toda la obra, incluso improvisando en los momentos en los que fue necesario dado el problema técnico mencionado. En el caso del personaje de la madre, lamentablemente no podría emitir una opinión completa, dadas las circunstancias. Sin embargo, por lo que se pudo percibir, hubo una apropiación del texto adecuada, ya que a pesar de que prácticamente solo logré oír su voz, pude darme idea de las características específicas de este personaje. Al igual que Galiano, Montenegro tuvo la actitud de continuar y resolver la representación dentro de lo posible.

El espacio elegido para la performance de cada actriz fue certero en los respectivos casos. Al ser la convención de la propuesta una videollamada, se utilizó una sola cámara por personaje. En el caso de la habitación de Camila, se notó una ambientación muy hogareña de una persona de su edad, incluso con detalles como la ropa desordenada que puede haber en una habitación. En el caso de la madre, se pudo percibir que era una cocina, definitivamente uno de los lugares donde el personaje tiene más actividades durante el día. La caracterización de los personajes estuvo pensada para reforzar la información de cada personaje: estilos y colores con claras diferencias generacionales.

Muchas veces tenemos la verdad en frente de nosotros y decidimos no verla, ya sea por prejuicio, por miedo o porque simplemente no estamos preparados. Sin embargo, al igual que con Camila y su madre, siempre llegará aquel momento en el que se tiene que dar aquel gran encuentro con la realidad. Esta representación nos demuestra que el vínculo afectivo termina teniendo más importancia que cualquier diferencia generacional o ideológica. Es el respeto por el otro el que debe movilizar las relaciones humanas.

Stefany Olivos

14 de octubre de 2020

Crítica: EXPLORACIÓN PANDÉMICA


Exploraciones en pandemia

La situación actual ha generado que varios equipos teatrales experimenten nuevos formatos de creación. Este es el caso de Cientos volando, compañía teatral dirigida por Juan José Oviedo, que busca interactuar con el espectador a través del proyecto Exploración pandémica, que nace a partir de una exploración uniendo lo signos teatrales y audiovisuales.

Ojos cerrados

Los seres humanos no somos iguales. Cada uno toma una perspectiva distinta de aquello que lo rodea. Entonces, en sí mismo se encuentra la posibilidad para decidir qué le afecta o no. En ese sentido, solo depende de este qué quiere ignorar o ver. Tal vez, decide cerrar los ojos e ignorar los problemas de afuera o abrir los ojos y sofocarse con aquello que observa.

El monólogo es interpretado por Tabata Fernández. Además, la historia presenta una duración de treinta segundos. La atmósfera que crea junto al director Oviedo es inhóspita. El ambiente que dibuja es blanquinegro, con una situación conflictiva: ignorar u observar lo que pasa a nuestro alrededor. Además, la musicalización también genera un espacio hostil que escarapela al espectador.

Por otro lado, en la historia existen dos personajes: uno pasivo y otro activo. El primero posee la duda de abrir o cerrar los ojos. La segunda es como su conciencia que le ordena abrir los ojos. Sobre esto, existe una línea delgada que separan a ambos personajes: las gafas y el carácter rígido. Sin embargo, el segundo personaje se mantiene en la misma estrategia para brindarle una orden. Pues no existía distinción alguna en el parlamento “Es una orden”. Además, algunas frases del personaje en conflicto no sumaban a la situación.

Reacción

Vivir en un ambiente hostil es nocivo y podría transformarse en tragedia. Aquí, no importa si alguien es masculino o femenino. Ese ambiente perturba la vida de la víctima. Depende solo de ti si deseas reaccionar y huir o quedarte y soportarlo.

El monólogo es interpretado por Grace Humire. Además, presenta una duración de cuarenta segundos aproximadamente. Un ambiente blanquinegro, un personaje tratando de huir y una voz grave y monótona se unen para generar un espacio de intranquilidad en el espectador. Por un lado, el personaje presenta un gran conflicto. Sin embargo, no existe ningún cambio de ritmo. Por lo cual, genera que el personaje termine como inició. Por otro lado, esa voz grave y monótona genera pesadez en el espectador y por momentos, funciona. Sin embargo, puede tornarse molestoso para el público cuando no logra escucharse claramente.

Delirium

El monólogo es interpretado por Oviedo. Además, presenta una duración de cincuenta segundos aproximadamente. Igual que en los monólogos anteriores, el ambiente también es blanquinegro. Además, presenta una musicalización al lado de una voz gruesa y monótona que genera ansiedad en el espectador. La situación es clara. el personaje se encuentra en conflicto. Eso le brinda cierta urgencia para buscar respuestas. Además, usa varias estrategias para cumplir su objetivo. Así, logra una transformación progresiva de su personaje.

Por otro lado, la interacción entre la voz en off y el personaje funcionó. Pues ambos querían algo e iban hacia ello. A pesar de que esta voz era monótona, había cierta intención en las frases que decía, al igual que en el personaje principal.

Espiral

El monólogo es interpretado por Marcia Castro Málaga. Además, cuenta con una duración de treinta segundos aproximadamente. El trabajo es visual y acústico más que actuado. La musicalización y las imágenes transportan al espectador hacia otro mundo. La intérprete funciona como una narradora de toda la situación, mientras que los otros elementos guían la imaginación y la sensación del espectador.

En resumen, Exploración pandémica es un proyecto que permite al público reflexionar y viajar por distintas sensaciones. No sigue la línea argumental, así como una obra teatral o un film. Sin embargo, presenta una fusión entre las técnicas actorales y audiovisuales.

Elio Rodríguez

14 de octubre de 2020

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Crítica: UN IMPULSO REPENTINO


Sentida conversación

La pandemia viene obligando a toda la comunidad teatral a buscar maneras de continuar con su actividad artística, mientras se nos sea negado el teatro presencial. Los proyectos virtuales, que asomaron tímidamente al inicio, ahora han proliferado de manera abrumadora, a pesar de las constantes y molestas dificultades técnicas, que en muchos casos han terminado por estropear muy buenas iniciativas. Felizmente, no ha sido el caso de Un impulso repentino de Luciano Broudi y dirigido por el cineasta peruano Mauricio Franco Tosso desde España, quien fuera galardonado con el Premio Casa de América al mejor cortometraje de América Latina por El segundo amanecer de la ceguera. Se trata de una sentida conversación entre madre e hija, la primera buscando la redención de la segunda, por un terrible crimen cometido en el pasado.

En las interpretaciones figuran dos muy buenas actrices: la experimentada Cecilia Tosso, quien sabe desenvolverse a la perfección en cualquier género, especialmente en las comedias de Liberteatro de Jonathan Oliveros, consigue un muy buen nivel dramático para su personaje. Camila Mac Lennan, por su parte, le da la justa réplica y entre ambas consiguen hacer creíble la tirante relación madre-hija, en una situación límite en la que los personajes se encuentran. El hecho, además, de compartir el mismo espacio escénico les permite a la actrices una fluida interacción en beneficio de la historia, que acaso luzca demasiado corta para la capacidad de las actrices.

La proliferación de espectáculos virtuales, en su gran mayoría con temporadas de muy pocas funciones, pueden hacernos perder de vista propuestas tradicionales pero muy bien ejecutadas. Los proyectos experimentales y clásicos pueden dar resultados muy positivos, cada uno dentro de su estilo particular. Un impulso repentino es un discreto drama, muy bien interpretado, que podría dar más juego en una obra de mayor duración. Un posible proyecto para autor, director y actrices, cuando regresemos al teatro presencial.

Sergio Velarde

30 de setiembre de 2020

martes, 29 de septiembre de 2020

Crítica: 4TO FESTIVAL DE ESCENAS CORTAS – NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIA


Hay que seguir creando

En esta ocasión, continuamos con las dos últimas presentaciones virtuales del 4to Festival de Escenas Cortas organizado por la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD). Dichos trabajos, han sido creados con detalles y particularidades, que bien podrían recordarnos la frase: “Nada es lo que parece”, pues, el factor sorpresa y las revelaciones que vienen del interior, son algunas de las premisas en ambas historias. Así, las posibilidades para crear continúan en auge, y ello se agradece.

Monólogo de un actor desconocido

La breve pieza Un extraordinario homenaje del dramaturgo Daniel Dillon, ha sido el punto de partida de esta historia que nos revela al primer actor Rodolfo Hidalgo, quien ha decidido realizar dos únicas presentaciones vía Zoom de su unipersonal Monólogo de un actor desconocido, luego de mantenerse alejado de los escenarios por la cuarentena. Sin embargo, la propuesta dirigida por Miguel Torres da un giro inesperado al presentarnos a una mujer (Yasmin de la Oliva) que empieza disculpando la ausencia de Hidalgo, para luego explicar que él ha muerto, entonces ella toma su lugar y como su hija, le rinde homenaje a su memoria, haciéndonos partícipes de las anécdotas y pasajes de la vida del actor. Una contundente interpretación por parte de la actriz permitió al espectador entrar en el juego de la ‘no presencia’ del supuesto protagonista, quien de alguna manera estaba presente a través de las palabras de ella. Por otro lado, el acertado diseño de escenografía y el manejo de los recursos audiovisuales que nos llevaron de vuelta al teatro (como recinto) por un momento, enriquecieron y terminaron de redondear la propuesta.    

Ecléctico-La manzana de Adán

Bajo la creación y dirección de Marisol Frasaida Mamani Aviles, esta propuesta se construyó en base a la exploración del actor/performer Pável José Paniagua Tapahuasco, quien mediante el trabajo físico y el baile, nos presenta a un ser humano que busca despojarse de algunos aprendizajes y prejuicios. Un viaje hacia el interior, propuesto desde un escenario extra cotidiano, como una fantasía o sueño que busca realizarse. Acompaña al intérprete, una narradora, quien teje la historia con palabras en verso y guía esta suerte de transformación, la cual se complementa con la música y el buen uso de las imágenes. Cabe resaltar, la conmovedora y cuidada ejecución del personaje por parte de Pável Paniagua, quien nos mostró la vulnerabilidad y honestidad de un ser que pretende evolucionar y soltar las cargas impuestas, tal vez por la familia, o por la propia sociedad. Desde luego, la simbología de la propuesta, nos revela que podemos reflejarnos en este personaje ecléctico, humano y conciliador.

Maria Cristina Mory Cárdenas

29 de setiembre de 2020

Crítica: DELICADA FLOR DE LOTO


El poder de la risa en épocas de Covid 19

Pold Gastello y Biviana Goto protagonizaron recientemente la obra virtual Delicada flor de loto, comedia escrita por Esmeralda Fern -pensada especialmente para el formato digital- y dirigida por Sergio Paris. Harumi es una mujer japonesa que desea estudiar una maestría en Perú para conocer más sobre la cultura de este país. Si bien su tradicional familia está en contra, acudirá a su profesor de español para que, con su ayuda, pueda lograr aquel objetivo. La propuesta constituye un ejemplo de las nuevas formas de expresión que se van dando virtualmente desde las artes escénicas.

La obra virtual se plantea bajo la modalidad de una videollamada entre ambos personajes, con motivo del cierre de las clases de español que Harumi estaba tomando. El planteamiento de los personajes estuvo lleno de detalles, desde la caracterización hasta la apropiación de los textos. Debo resaltar la construcción del personaje de Harumi, pues trabajó un acento limpio e interiorizado por la actriz; además, la corporalidad del personaje asiático fue muy particular, lo más logrado de la propuesta. Este tipo de representaciones desde la virtualidad exigen que los actores también se encarguen de los cambios de cámara, locación, entre otros temas técnicos. En el caso de Delicada flor de loto, estas tareas fueron cumplidas de manera precisa, permitiendo así que la obra siga el transcurso natural, sin interrupciones de ningún tipo.

Un aspecto importante dentro de una representación virtual es el cuidado de todo lo que la cámara mostrará al espectador. La obra plantea la comunicación de dos ciudadanos de distintos países, los cuales, además, tienen diferencias culturales bastante evidentes. Sin embargo, la escenografía mostrada no mostraba mayor diferencia entre ambos personajes. Se tendría que haber detallado mucho más los elementos escenográficos del personaje de Harumi; es decir, elementos claves que denoten la diferencia cultural que implica el ser una mujer que vive en Japón, sobre todo para diferenciarse del ambiente hogareño peruano del personaje de Gastello.

Delicada flor de loto es una propuesta llena de humor, que desde el inicio capta la atención del espectador. En  momentos de crisis mundial como estos, es una necesidad el poder seguir creando productos artísticos que pueda llegar al público, ya sea desde el humor o desde cualquier otro código. En conclusión, esta obra es una invitación a que el público pueda lograr contagiarse de la energía el humor puede transmitir.

Stefany Olivos

29 de setiembre de 2020

viernes, 25 de septiembre de 2020

Crítica: VLADIMIR


Fracasos y utopías

Desde México, el director arequipeño Carlos Vargas le trajo algo de esperanza a nuestra comunidad teatral en medio de la crisis. Y resulta paradójico que lo haya hecho con una pieza que habla justamente de desesperanzas y utopías. La inmensa Vladimir, obra clásica del dramaturgo Alfonso Santistevan, fue puesta en teatro presencial por la Compañía Universitaria de Teatro de la Universidad Autónoma de México, con los actores con protectores faciales, bajo la dirección de Vargas, y que pudimos disfrutar desde la plataforma Zoom. Es cierto, no es lo mismo estar sentado en la butaca que detrás de la pantalla, pero por algo se empieza. Vargas ya conocía a profundidad el texto (actuó y dirigió su propio montaje en 1996 con Aviñón Teatro, de acuerdo a su crónica) y es por ello, que estos nuevos resultados no defraudan. Imposible hacerle una justa reseña a un montaje teatral visto desde la virtualidad, pero sí que valen algunos apuntes para reflexionar.

Acaso no queda mucho que escribir ya sobre la historia de Vladimir. A los que no pudimos ver el montaje original del propio Santistevan en 1994, con la actuación de aquella enorme artista que fue Maritza Gutti, por lo menos nos quedó el consuelo de ver la excelente puesta de Mikhail Page (2014), a cargo de estudiantes de la PUCP y con la genial interpretación de Magali Bolívar. Se trata de una pieza que el mismo Vargas reconoce puede resultar hasta anacrónica para estas nuevas generaciones, que viven completamente acelerados en su vida diaria y la mayoría, profundamente defraudada de la clase política. A pesar de ello, es una obra necesaria de ver y apreciar dentro de su contexto original, ya que nos encontramos en la Lima de 1993, en plena crisis social y política con Sendero acechando en las calles y el “fujishock” destruyendo los presupuestos familiares. Una mujer se despide de su hijo adolescente Vladimir; ella, una ferviente defensora del socialismo, no le queda más remedio que emigrar derrotada a Estados Unidos para trabajar y así conseguir dinero, mientras que él decide quedarse para encontrar su propio camino. En medio de ellos, la presencia del Che Guevara y el padre ausente que aparece en flashbacks.

El montaje de Vargas resulta impecable, muy bien articulado y excelentemente interpretado por Rubí Palomino y Pedro Faritt, consiguiendo una creíble relación madre-hijo; al lado de Teo Ramírez, en un convincente doble papel; y una sorprendente Griselda González como el amigo de Vladimir, en una arriesgada decisión de casting, pero lograda sobradamente. Las luces y la escenografía se encuentran al servicio de la historia, con los espacios bien delimitados y los saltos en el tiempo, comprensibles. Eso sí, la decisión de incluir mexicanismos en un texto tan nuestro como Vladimir puede confundir (incluso se utiliza el término “vieja” para referirse a madres y novias en una misma escena), contrastando con la camiseta peruana del joven. Pero eso solo es un detalle menor, pues la trama entretiene y conmueve, con unas agradecidas pinceladas de humor en medio de sus fracasos y utopías

El tiempo no se detiene y aquella época de los noventas va alejándose cada vez más de nuestro igual de convulsionado presente. Y no solo en nuestro país: por ejemplo, habría que ver alguna adaptación realizada en Venezuela de esta pieza que habla de la migración. Sin embargo, pertinentes reestrenos como este permiten que aquellas difíciles circunstancias que le tocaron vivir a toda una generación no queden en el olvido. Otras piezas hermanas de temática similar, como El nido de las palomas o La eternidad en sus ojos (ambas de Eduardo Adrianzén) se encargarán de ello. Vladimir, con su puesta en escena mexicana, no es un fracaso; es un indudable triunfo tanto artístico como extrateatral, ya que esperamos todos con ansias volver a las butacas y a los escenarios, pero esta vez en nuestra ciudad.

Sergio Velarde

25 de setiembre de 2020

martes, 22 de septiembre de 2020

Crítica: JUSTICIAS LÍQUIDAS


Teatro Podcast

Es imposible olvidar un montaje de Desly Angulo. Siempre sus propuestas están cargadas de elementos de emotividad, creatividad y mucha música. Fue el último montaje en vivo que vi, La Coleccionista y la Buscadora Perdida, antes del inicio de esta lamentable pandemia. Puede que suene exagerado mi comentario, pero no es muy común dentro de la dramaturgia joven, ver esa vocación y compromiso por la creación y experimentación que muestra Desly. Creo que es una potencial Cesar de María del teatro peruano en una década.

Teatra, Globos al Viento trae en esta oportunidad el montaje Justicias Líquidas, con las actuaciones de Draco Santos como Ulises y Rocío Olivera como Sofía. Lo primero resaltante e intrigante es la diagramación de la publicidad, donde se puede ver un torso desnudo en una escena de placer: felicidades al diseñador. Por otro lado, todo el montaje es innovador, está presentado enteramente de manera auditiva al mismo estilo de un podcast o una radionovela, en este caso de 45 minutos de duración. En ese sentido, la musicalización de los momentos de intermedio y mayor tensión fue atractiva e intrigante. Hacia el final de la presentación, Desly confesó que era música funk de una banda muy antigua de los 70’s llamada Chakachas.

Tocando el tema de presentación, es de destacar que su teatro es auditivo con muchos elementos de percusión y uso del tambor. En ningún momento de la historia bajó el ritmo. Sin embargo, por momentos uno quedaba confundido, pues el montaje empezaba con un encuentro entre la hermana y su amigo, y luego una fantasía de este chico dentro de la historia sobre poemas con el color rojo, es decir, una historia dentro de otra historia. Esto quedaba claro, pero a veces la dicción de los actores no era muy cambiante entre estos “episodios” y uno quedaba como confundido si había terminado esa segunda historia o si seguíamos en la primera.

Por otro lado, hablando de aspectos vocales, la interpretación de Santos es de resaltar con el volumen de su voz y la intensidad. Luego confesaría que mientras estaba en la carrera de actuación, una de las materias con la que se llevaba muy bien era la relacionada con la locución, he ahí los resultados. Tengo que confesar que la voz de Olivera, especialmente en los momentos de mayor erotismo, no fue del todo convincente, le faltaba emoción y actitud; sin embargo, sí se le notó entrenamiento. Hacia el final, durante la conversación con el público, confesó que ella entrena mucho su cuerpo y lo prepara para la concentración en su personaje. También, los actores manifestaron que entrenaron muchas horas en técnicas “Foley” (efectos de sala) y no salirse del eje del micro.

Sinceramente, es un montaje original, fresco y muy recomendable. Desly tiene mucho talento, pues sus montajes demuestran un profesionalismo in crescendo. Felicidades.

Enrique Pacheco

22 de setiembre de 2020