miércoles, 30 de septiembre de 2020

Crítica: UN IMPULSO REPENTINO


Sentida conversación

La pandemia viene obligando a toda la comunidad teatral a buscar maneras de continuar con su actividad artística, mientras se nos sea negado el teatro presencial. Los proyectos virtuales, que asomaron tímidamente al inicio, ahora han proliferado de manera abrumadora, a pesar de las constantes y molestas dificultades técnicas, que en muchos casos han terminado por estropear muy buenas iniciativas. Felizmente, no ha sido el caso de Un impulso repentino de Luciano Broudi y dirigido por el cineasta peruano Mauricio Franco Tosso desde España, quien fuera galardonado con el Premio Casa de América al mejor cortometraje de América Latina por El segundo amanecer de la ceguera. Se trata de una sentida conversación entre madre e hija, la primera buscando la redención de la segunda, por un terrible crimen cometido en el pasado.

En las interpretaciones figuran dos muy buenas actrices: la experimentada Cecilia Tosso, quien sabe desenvolverse a la perfección en cualquier género, especialmente en las comedias de Liberteatro de Jonathan Oliveros, consigue un muy buen nivel dramático para su personaje. Camila Mac Lennan, por su parte, le da la justa réplica y entre ambas consiguen hacer creíble la tirante relación madre-hija, en una situación límite en la que los personajes se encuentran. El hecho, además, de compartir el mismo espacio escénico les permite a la actrices una fluida interacción en beneficio de la historia, que acaso luzca demasiado corta para la capacidad de las actrices.

La proliferación de espectáculos virtuales, en su gran mayoría con temporadas de muy pocas funciones, pueden hacernos perder de vista propuestas tradicionales pero muy bien ejecutadas. Los proyectos experimentales y clásicos pueden dar resultados muy positivos, cada uno dentro de su estilo particular. Un impulso repentino es un discreto drama, muy bien interpretado, que podría dar más juego en una obra de mayor duración. Un posible proyecto para autor, director y actrices, cuando regresemos al teatro presencial.

Sergio Velarde

30 de setiembre de 2020

martes, 29 de septiembre de 2020

Crítica: 4TO FESTIVAL DE ESCENAS CORTAS – NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIA


Hay que seguir creando

En esta ocasión, continuamos con las dos últimas presentaciones virtuales del 4to Festival de Escenas Cortas organizado por la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD). Dichos trabajos, han sido creados con detalles y particularidades, que bien podrían recordarnos la frase: “Nada es lo que parece”, pues, el factor sorpresa y las revelaciones que vienen del interior, son algunas de las premisas en ambas historias. Así, las posibilidades para crear continúan en auge, y ello se agradece.

Monólogo de un actor desconocido

La breve pieza Un extraordinario homenaje del dramaturgo Daniel Dillon, ha sido el punto de partida de esta historia que nos revela al primer actor Rodolfo Hidalgo, quien ha decidido realizar dos únicas presentaciones vía Zoom de su unipersonal Monólogo de un actor desconocido, luego de mantenerse alejado de los escenarios por la cuarentena. Sin embargo, la propuesta dirigida por Miguel Torres da un giro inesperado al presentarnos a una mujer (Yasmin de la Oliva) que empieza disculpando la ausencia de Hidalgo, para luego explicar que él ha muerto, entonces ella toma su lugar y como su hija, le rinde homenaje a su memoria, haciéndonos partícipes de las anécdotas y pasajes de la vida del actor. Una contundente interpretación por parte de la actriz permitió al espectador entrar en el juego de la ‘no presencia’ del supuesto protagonista, quien de alguna manera estaba presente a través de las palabras de ella. Por otro lado, el acertado diseño de escenografía y el manejo de los recursos audiovisuales que nos llevaron de vuelta al teatro (como recinto) por un momento, enriquecieron y terminaron de redondear la propuesta.    

Ecléctico-La manzana de Adán

Bajo la creación y dirección de Marisol Frasaida Mamani Aviles, esta propuesta se construyó en base a la exploración del actor/performer Pável José Paniagua Tapahuasco, quien mediante el trabajo físico y el baile, nos presenta a un ser humano que busca despojarse de algunos aprendizajes y prejuicios. Un viaje hacia el interior, propuesto desde un escenario extra cotidiano, como una fantasía o sueño que busca realizarse. Acompaña al intérprete, una narradora, quien teje la historia con palabras en verso y guía esta suerte de transformación, la cual se complementa con la música y el buen uso de las imágenes. Cabe resaltar, la conmovedora y cuidada ejecución del personaje por parte de Pável Paniagua, quien nos mostró la vulnerabilidad y honestidad de un ser que pretende evolucionar y soltar las cargas impuestas, tal vez por la familia, o por la propia sociedad. Desde luego, la simbología de la propuesta, nos revela que podemos reflejarnos en este personaje ecléctico, humano y conciliador.

Maria Cristina Mory Cárdenas

29 de setiembre de 2020

Crítica: DELICADA FLOR DE LOTO


El poder de la risa en épocas de Covid 19

Pold Gastello y Biviana Goto protagonizaron recientemente la obra virtual Delicada flor de loto, comedia escrita por Esmeralda Fern -pensada especialmente para el formato digital- y dirigida por Sergio Paris. Harumi es una mujer japonesa que desea estudiar una maestría en Perú para conocer más sobre la cultura de este país. Si bien su tradicional familia está en contra, acudirá a su profesor de español para que, con su ayuda, pueda lograr aquel objetivo. La propuesta constituye un ejemplo de las nuevas formas de expresión que se van dando virtualmente desde las artes escénicas.

La obra virtual se plantea bajo la modalidad de una videollamada entre ambos personajes, con motivo del cierre de las clases de español que Harumi estaba tomando. El planteamiento de los personajes estuvo lleno de detalles, desde la caracterización hasta la apropiación de los textos. Debo resaltar la construcción del personaje de Harumi, pues trabajó un acento limpio e interiorizado por la actriz; además, la corporalidad del personaje asiático fue muy particular, lo más logrado de la propuesta. Este tipo de representaciones desde la virtualidad exigen que los actores también se encarguen de los cambios de cámara, locación, entre otros temas técnicos. En el caso de Delicada flor de loto, estas tareas fueron cumplidas de manera precisa, permitiendo así que la obra siga el transcurso natural, sin interrupciones de ningún tipo.

Un aspecto importante dentro de una representación virtual es el cuidado de todo lo que la cámara mostrará al espectador. La obra plantea la comunicación de dos ciudadanos de distintos países, los cuales, además, tienen diferencias culturales bastante evidentes. Sin embargo, la escenografía mostrada no mostraba mayor diferencia entre ambos personajes. Se tendría que haber detallado mucho más los elementos escenográficos del personaje de Harumi; es decir, elementos claves que denoten la diferencia cultural que implica el ser una mujer que vive en Japón, sobre todo para diferenciarse del ambiente hogareño peruano del personaje de Gastello.

Delicada flor de loto es una propuesta llena de humor, que desde el inicio capta la atención del espectador. En  momentos de crisis mundial como estos, es una necesidad el poder seguir creando productos artísticos que pueda llegar al público, ya sea desde el humor o desde cualquier otro código. En conclusión, esta obra es una invitación a que el público pueda lograr contagiarse de la energía el humor puede transmitir.

Stefany Olivos

29 de setiembre de 2020

viernes, 25 de septiembre de 2020

Crítica: VLADIMIR


Fracasos y utopías

Desde México, el director arequipeño Carlos Vargas le trajo algo de esperanza a nuestra comunidad teatral en medio de la crisis. Y resulta paradójico que lo haya hecho con una pieza que habla justamente de desesperanzas y utopías. La inmensa Vladimir, obra clásica del dramaturgo Alfonso Santistevan, fue puesta en teatro presencial por la Compañía Universitaria de Teatro de la Universidad Autónoma de México, con los actores con protectores faciales, bajo la dirección de Vargas, y que pudimos disfrutar desde la plataforma Zoom. Es cierto, no es lo mismo estar sentado en la butaca que detrás de la pantalla, pero por algo se empieza. Vargas ya conocía a profundidad el texto (actuó y dirigió su propio montaje en 1996 con Aviñón Teatro, de acuerdo a su crónica) y es por ello, que estos nuevos resultados no defraudan. Imposible hacerle una justa reseña a un montaje teatral visto desde la virtualidad, pero sí que valen algunos apuntes para reflexionar.

Acaso no queda mucho que escribir ya sobre la historia de Vladimir. A los que no pudimos ver el montaje original del propio Santistevan en 1994, con la actuación de aquella enorme artista que fue Maritza Gutti, por lo menos nos quedó el consuelo de ver la excelente puesta de Mikhail Page (2014), a cargo de estudiantes de la PUCP y con la genial interpretación de Magali Bolívar. Se trata de una pieza que el mismo Vargas reconoce puede resultar hasta anacrónica para estas nuevas generaciones, que viven completamente acelerados en su vida diaria y la mayoría, profundamente defraudada de la clase política. A pesar de ello, es una obra necesaria de ver y apreciar dentro de su contexto original, ya que nos encontramos en la Lima de 1993, en plena crisis social y política con Sendero acechando en las calles y el “fujishock” destruyendo los presupuestos familiares. Una mujer se despide de su hijo adolescente Vladimir; ella, una ferviente defensora del socialismo, no le queda más remedio que emigrar derrotada a Estados Unidos para trabajar y así conseguir dinero, mientras que él decide quedarse para encontrar su propio camino. En medio de ellos, la presencia del Che Guevara y el padre ausente que aparece en flashbacks.

El montaje de Vargas resulta impecable, muy bien articulado y excelentemente interpretado por Rubí Palomino y Pedro Faritt, consiguiendo una creíble relación madre-hijo; al lado de Teo Ramírez, en un convincente doble papel; y una sorprendente Griselda González como el amigo de Vladimir, en una arriesgada decisión de casting, pero lograda sobradamente. Las luces y la escenografía se encuentran al servicio de la historia, con los espacios bien delimitados y los saltos en el tiempo, comprensibles. Eso sí, la decisión de incluir mexicanismos en un texto tan nuestro como Vladimir puede confundir (incluso se utiliza el término “vieja” para referirse a madres y novias en una misma escena), contrastando con la camiseta peruana del joven. Pero eso solo es un detalle menor, pues la trama entretiene y conmueve, con unas agradecidas pinceladas de humor en medio de sus fracasos y utopías

El tiempo no se detiene y aquella época de los noventas va alejándose cada vez más de nuestro igual de convulsionado presente. Y no solo en nuestro país: por ejemplo, habría que ver alguna adaptación realizada en Venezuela de esta pieza que habla de la migración. Sin embargo, pertinentes reestrenos como este permiten que aquellas difíciles circunstancias que le tocaron vivir a toda una generación no queden en el olvido. Otras piezas hermanas de temática similar, como El nido de las palomas o La eternidad en sus ojos (ambas de Eduardo Adrianzén) se encargarán de ello. Vladimir, con su puesta en escena mexicana, no es un fracaso; es un indudable triunfo tanto artístico como extrateatral, ya que esperamos todos con ansias volver a las butacas y a los escenarios, pero esta vez en nuestra ciudad.

Sergio Velarde

25 de setiembre de 2020

martes, 22 de septiembre de 2020

Crítica: JUSTICIAS LÍQUIDAS


Teatro Podcast

Es imposible olvidar un montaje de Desly Angulo. Siempre sus propuestas están cargadas de elementos de emotividad, creatividad y mucha música. Fue el último montaje en vivo que vi, La Coleccionista y la Buscadora Perdida, antes del inicio de esta lamentable pandemia. Puede que suene exagerado mi comentario, pero no es muy común dentro de la dramaturgia joven, ver esa vocación y compromiso por la creación y experimentación que muestra Desly. Creo que es una potencial Cesar de María del teatro peruano en una década.

Teatra, Globos al Viento trae en esta oportunidad el montaje Justicias Líquidas, con las actuaciones de Draco Santos como Ulises y Rocío Olivera como Sofía. Lo primero resaltante e intrigante es la diagramación de la publicidad, donde se puede ver un torso desnudo en una escena de placer: felicidades al diseñador. Por otro lado, todo el montaje es innovador, está presentado enteramente de manera auditiva al mismo estilo de un podcast o una radionovela, en este caso de 45 minutos de duración. En ese sentido, la musicalización de los momentos de intermedio y mayor tensión fue atractiva e intrigante. Hacia el final de la presentación, Desly confesó que era música funk de una banda muy antigua de los 70’s llamada Chakachas.

Tocando el tema de presentación, es de destacar que su teatro es auditivo con muchos elementos de percusión y uso del tambor. En ningún momento de la historia bajó el ritmo. Sin embargo, por momentos uno quedaba confundido, pues el montaje empezaba con un encuentro entre la hermana y su amigo, y luego una fantasía de este chico dentro de la historia sobre poemas con el color rojo, es decir, una historia dentro de otra historia. Esto quedaba claro, pero a veces la dicción de los actores no era muy cambiante entre estos “episodios” y uno quedaba como confundido si había terminado esa segunda historia o si seguíamos en la primera.

Por otro lado, hablando de aspectos vocales, la interpretación de Santos es de resaltar con el volumen de su voz y la intensidad. Luego confesaría que mientras estaba en la carrera de actuación, una de las materias con la que se llevaba muy bien era la relacionada con la locución, he ahí los resultados. Tengo que confesar que la voz de Olivera, especialmente en los momentos de mayor erotismo, no fue del todo convincente, le faltaba emoción y actitud; sin embargo, sí se le notó entrenamiento. Hacia el final, durante la conversación con el público, confesó que ella entrena mucho su cuerpo y lo prepara para la concentración en su personaje. También, los actores manifestaron que entrenaron muchas horas en técnicas “Foley” (efectos de sala) y no salirse del eje del micro.

Sinceramente, es un montaje original, fresco y muy recomendable. Desly tiene mucho talento, pues sus montajes demuestran un profesionalismo in crescendo. Felicidades.

Enrique Pacheco

22 de setiembre de 2020

lunes, 21 de septiembre de 2020

Crítica: OSHTA Y EL DUENDE


Una obra para enseñar

¿Recuerdas la primera vez que te quedaste solo o sola en casa? Tal vez tenías ocho o nueve años. Tu mami, papi o ambos tenían que salir de casa, pero tú no podías ir con ellos. Antes de que salgan, te decían la frase que todos los padres nos dicen: “Ya venimos, avanza con tu tarea y no te entretengas con otras cosas”. Pero, ¿cuántos, en verdad, hacíamos caso a esa frasecita imperativa? Estoy seguro de que a ti también te llegaron esos pensamientos que te dicen “Enciende tu playstation, mira tv o toma algún juguete”. Pues estábamos sujetos a entretenernos con cualquier cosa que nos agradaba. Claro, luego regresar a nuestras tareas, aunque hayamos perdido tanto tiempo ahí. Eso que nos ocurrió a nosotros de niño o niña, es similar a Oshta y el duende, historia escrita por Carlota Carvallo de Nuñez. Esta vez, el Grupo de Teatro Llaqta vuelve a presentar la obra, pero en formato de radioteatro.

Oshta y el duende es trasmitido todos los domingos a través de la página de Facebook del mencionado colectivo. Además, la obra se divide en cuatro capítulos con una duración media de nueve minutos. Sobre esto, cada uno es cortado en un momento clave de la historia. Por ejemplo, el capítulo dos termina cuando el duende observa a Oshta. Eso siembra en el espectador cierto enganche con la obra, pues lo deja expectante al finalizar cada capítulo.

En el formato radioteatral, el espectador completa la historia en su imaginación. En este caso, en cada suceso de la historia se presentaban imágenes que acompañaban a lo que pasaba en la historia. Si Oshta estaba con sus ovejas en el campo, colocaban una imagen de Oshta y sus ovejas. Esto situaba al espectador en la historia y lo guiaba. Sin embargo, dejaban pocos espacios para la imaginación del espectador, aunque el proyecto haya sido dirigido a un público infantil.  

Finalmente, en formatos así, todo lo que se escucha cuenta algo al espectador. La musicalización y la intención de cada palabra son claves para el desarrollo de la historia. Por un lado, la música introductoria dibujaba el ambiente de lo que querían contar, ya que pintaba un lugar alejado de los sonidos chirriantes de la costa. Asimismo, la musicalización que acompañaba al duende evocaba la aparición de algo mágico. Así, esta advertía la llegada de un ser con misticismo. Por otro lado, en términos generales, los intérpretes vocalizaban bien cada palabra del texto. Sin embargo, no se apreciaba alguna urgencia en los personajes. Esto generó que los parlamentos se vuelvan monótonos en la mayoría de las interacciones entre ellos.

En resumen, Oshta y el duende es una obra dirigida al público infantil. Esta presenta algunos percances, aun así es entendible y didáctica para su espectador.

Elio Rodríguez

21 de septiembre de 2020

Crítica: 4TO FESTIVAL DE ESCENAS CORTAS – NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIA


A grandes cambios, pertinentes adaptaciones

La Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD) ha estrenado el 4to Festival de Escenas Cortas, esta vez, desde la virtualidad y con el uso de los recursos audiovisuales. Se presentan esta suerte de performances o micro-obras en línea, cuya temática –en esta ocasión- expone a sus protagonistas a situaciones límite. Y aunque cada una se distingue tanto en su composición como en su narrativa, guardan una estrecha relación en cuanto a los conflictos que reflejan. A continuación, se detallarán tres, de las cinco propuestas del Festival.    

Hambre

Creación colectiva, dirigida por Mehida Monzón Aguilar y ejecutada por la actriz/performer Naomi Moreno Chipana, nos revela una problemática vigente en nuestros días: el estereotipo del cuerpo perfecto, el culto a la belleza física. Un inicio contundente y provisto de energía, presenta a una emocionada jovencita, dispuesta a compartir en sus redes sociales, los tips para bajar de peso; en esta primera parte, el manejo de humor ofrece imágenes poderosas, reales y crudas al espectador. El uso de las cámaras, los ambientes y elementos extra, permiten al público ser testigo del ‘festín insaciable’ de comida que hace a esta mujer, volverse presa de la ansiedad y la culpa. Así, poco a poco va desarmándose hasta mostrar su lado más frágil. Sin duda, Hambre llega a calar y conmover por su absoluta franqueza al tocar el tema de los estereotipos físicos y las repercusiones en la autoestima una mujer; además, la notable interpretación de Moreno, termina de convencernos de la importancia de no dejarnos apabullar por la opinión de los demás acerca de nuestro aspecto. Finalmente, otro detalle que terminó de redondear la propuesta fueron los testimonios en audio de valientes mujeres que se animaron a contar su experiencia respecto al tema.

Dös

Dirigida por Christopher Gaona y correctamente ejecutada por Muriel García, esta performance nos adelanta, en la sumilla del programa de mano, el no pretender encontrar una historia; sin embargo, nos da algunas pistas de lo que podríamos encontrar: la soledad. Lo cierto es que cada quien puede encontrar su propia idea o interpretación acerca de esta interesante exploración artística; particularmente, encontré en el silencio constante de esta mujer, un grito interno que no puede liberar. ¿Es hartazgo? ¿Es encierro? Pues mediante la repetición de ciertas acciones y los movimientos físicos, podríamos decir que sí, pero las infinitas posibilidades para descifrar que está sucediendo con ella son respuestas que llegarán a cada espectador. El uso del espacio y los recursos de utilería, así como los efectos visuales bien aprovechados, le otorgan versatilidad a la propuesta, evitando que la conexión con el público se pierda. Se juega con el suspenso casi en todo momento y la intriga por reconocer algún indicio concreto de lo que busca el personaje está latente, es quizá, en estos sutiles detalles, donde radica la clave del acertijo que envuelve a esta performance.

Gloria Patri

Un reality show es el pretexto para contar la historia de un muchacho que lucha por salvar la vida de su madre, a un precio insospechado. Escrita y dirigida por Daniel Zárate Muñoz e interpretada por Brian Cano Urbano, Gloria Patri es el show de juegos sádicos con mayor audiencia de país; DOS, el personaje, que presionado por encontrar ayuda para la salud de su madre, se someterá a pruebas dolorosas y humillantes para obtener el premio, que es la cura al paciente que agoniza. Por otro lado, llama la atención el escenario propuesto: un cuarto lleno de tierra convertida en barro y en él, este hombre desesperado por la exigencia del concurso, pide que lo saquen de ahí sin éxito, la voz que dirige el juego lo reta y domina recordándole que la razón por la que debe resistir, que es su madre. Acompañan este cuadro, imágenes proyectadas en la pared y la musicalización que revela el objetivo: torturar al participante. La intensa interpretación de Cano hace  imposible no comparar nuestra realidad actual con esta historia llevada al extremo, entonces surgen las interrogantes: ¿qué estás dispuesto a soportar para conseguir algo vital?, ¿quiénes se aprovechan de las necesidades de otros?, ¿valdrá la pena arriesgarlo todo? Adaptada a los tiempos que corren, Gloria Patri logra remecernos por su crudeza.   

De esta manera, ENSAD impulsa el trabajo de nuevos directores, dramaturgos y actores; adaptándose a los cambios con esfuerzo y compromiso. Esta semana, continúan las presentaciones a través de Facebook Live, previa inscripción.

Maria Cristina Mory Cárdenas

21 de setiembre de 2020 

Crítica: AUTOPSIA


La petite mort

“Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.”

De Elogio de la sombra, Jorge Luis Borges (1969)

Teatra – Globos al Viento ha llevado a la virtualidad una singular temporada de seis relatos eróticos denominada Erotiqué, relatos al oído. Decimos singular por dos razones: por su parentesco con el antiguo radioteatro en tanto la experiencia es únicamente auditiva, y por el escaso tratamiento que suele tener el erotismo como tema en nuestro medio teatral. Esta plataforma ya se ha referido a los dos primeros relatos de esta temporada aquí y aquí. En estas líneas nos ocuparemos de Autopsia, obra escrita y dirigida por Herbert Corimanya e interpretada por Oscar Carrillo y Desly Angulo.

El título de la obra es, por decir lo menos, sui generis si se sabe de antemano que se trata de un relato de corte erótico. La sinopsis de la obra, si bien echa más luces sobre la naturaleza de la historia, nos adelanta que estamos ante una propuesta algo diferente: 

“Ella quiere sentir el amor en un lugar donde todo está muerto. Él quiere matar el amor enfermizo que sigue sintiendo por ella. Autopsia, el horrendo destino de morir y amar.”

Es importante entender que la dramaturgia de Corimanya no suele ser de fácil o directa interpretación. Por el contrario, apela a un lenguaje muy poético y hasta críptico, cargado de imágenes multisensoriales y metáforas profundísimas. El espectador debe prestar importantes dosis de atención para no perder detalle y lograr escudriñar las posibles interpretaciones que subyacen en el texto. En este sentido, podemos decir que Autopsia es un authentic Corimanya, en tanto comparte estos rasgos. Y, sin embargo, la obra no se estanca en el regodeo poético de su texto. De la mano del director (el mismo dramaturgo) y de los actores, esta historia nos ofrece la poesía de su lenguaje desarrollada a través de la intensa experiencia sexual que relata. Así, ambos elementos, el poético y el erótico, maridan bien y se acompañan hasta el final.

El trabajo actoral presenta un balance más que interesante. Nos queda claro que Oscar Carrillo ha sido convocado a este montaje para imprimir el sello inconfundible de su interpretación vocal. Carrillo actúa con la voz de la misma manera en la que, salvando las distancias, Clint Eastwood actúa con los dientes. Podría pensarse que una voz tan característica y conocida como la suya distraería la atención del oyente. Sin embargo, y para nuestra sorpresa, no fue así: lejos de distraer, su registro vocal logró dotar del tormento y la oscuridad necesarios a su personaje. Otra grata sorpresa fue el trabajo vocal de Desly Angulo. El nivel de verosimilitud que consigue en la interpretación de su personaje es tan notable como inquietante. Contrasta de manera favorable con la angustia y la perturbación que padece el personaje de Carrillo. El de Angulo padece y genera otro tanto de angustia y perturbación, claro está, pero también encarna la liberación. Su voz invita a dejarse llevar por la tentación y la promesa del ansiado alivio.

Autopsia podría ser la metáfora de esa avidez quemante que embarga cuando se desea llegar al éxtasis y alcanzar por fin esos segundos de posterior sosiego. Esa pequeña muerte en la que ya no se sufre más y se es brevemente feliz. Como también podría ser una alegoría de la naturaleza incompleta y fallida del amor humano. De la dinámica entre una Eros que desea sentirse amada, pero que no es capaz de amar sino de fingir, y de un Tánatos que busca amar desesperadamente a cambio de la quietud de su propia muerte. En este comercio retorcido, ambos añoran la promesa vacía de la alegría ausente. Alegría vana que promete falsamente el amor a cambio de sucumbir al impulso termocéfalo de su propio vacío. En contraste, la promesa de la muerte es bálsamo auténtico de paz y sosiego. Quizás, y hasta se parezca a la felicidad borgiana de los (verdaderamente) amados, de los (verdaderamente) amantes y de los que han sabido librarse del agridulce yugo del amor.

David Huamán

21 de septiembre de 2020

viernes, 18 de septiembre de 2020

Crítica: MONÓLOGOS DE MUJERES


Más vale un final horroroso que un horror sin final

Los temas de maltrato ya sea físico o psicológico hacia la mujer se escuchan a menudo, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial y más aún, en esta época de pandemia, donde muchas se ven obligadas a convivir junto a sus agresores. Este tipo de violencia no conoce edad y más aún condición económica, ya que se da en cualquier extracto social. Precisamente las historia de la cuales hablaremos en los párrafos siguientes trata de mostrarnos este tema. Las Luchas Producciones, haciendo su incursión en el teatro virtual presenta Monólogo de mujeres, una propuesta que incluye dos obras con duras historias de dos mujeres de distintas clases sociales.

Monologo de mujeres está escrita por Gina Guerrero Pflücker y como ya se dijo, conformada por dos micro obras: Esperanza dirigida por Ximena Aguilar Florindo; y La mujer de rojo dirigida por Norma Berrade.  

La primera historia estuvo interpretada por la actriz Cindy Díaz. Lamentablemente, no la pudimos disfrutar como hubiéramos querido, puesto que la señal, producto de la virtualidad en la que estamos sumergidos por estos días, nos lo impidió. Sin embargo, las partes de las que logramos deleitarnos nos permitió ver a la actriz desenvolverse de manera clara y precisa, utilizando las distintas tonalidades de voz que requería el personaje. Pues al ser una historia tan cruda, con los matices que usó, logró en el público esa sensación que tenemos al conocer casos de mujeres que llegan a la capital, con la ilusión de un futuro mejor, pero que se ven engañadas hasta quedar embarazadas a temprana edad, para finalmente terminar encerradas y ser prostituidas por personas sin escrúpulos, como el caso de Esperanza en la obra del mismo nombre.

Un pequeño cuarto con una cama en el piso fue el escenario perfecto para dar mayor veracidad a esta obra, pues el espacio es idéntico al lugar en el que generalmente escuchamos que suelen terminar estas mujeres engañadas, maltratadas y obligadas a vender su cuerpo para satisfacer intereses ajenos.

La mujer de rojo fue la segunda historia y la encargada de darle vida fue Mónica Domínguez. Esta historia a diferencia de la primera nos cuenta la vida de una señora de clase alta, Lucía De Las Casas, a quien vimos vestida de rojo, aparentemente feliz, solicitando un pedido de 33 flores, también rojas, para enviárselas a su esposo en honor a sus 33 años de casada. Sin embargo, toda esa felicidad era apariencia, pues guardaba lo que realmente sentía y vivía, tal vez por vergüenza, soportando así una violencia sutil y que muchas veces, solo nos damos el valor de expresarlo a la muerte del agresor, tal como le paso al personaje. La interpretación de Domínguez fue correcta, notándose el trabajo de texto detalle a detalle, con las pausas y los cambios de tonalidades en la voz también correctos. Por otro lado, pudimos apreciar el talento que tiene para cantar, si bien es cierto fue algo corto, sumó a su personaje dando la impresión de que realmente era feliz en su matrimonio. Además, los gestos y movimientos del personaje fueron los apropiados.

En las dos microobras se utilizó una cámara fija, proyectando así un plano general. Sin embargo, esto no fue impedimento para disfrutar de otros planos, pues ambas actrices se acercaban y alejaban de la cámara en distintos momentos, logrando que el público disfrute los movimientos precisos de acuerdo con el desarrollo de las historias.

Finalmente, cabe resaltar la dirección en ambas historias, pues como se dijo en párrafos anteriores, las dos estuvieron llenas de detalles, lo cual sumó positivamente al desarrollo de estas, logrando diferentes emociones en el público. Me quedo con lo que dijo el personaje de Domínguez. “Más vale un final horroroso que un horror sin final”. Monólogos de mujeres fue transmitida a través de la plataforma Tevi.live y ambas tuvieron una duración de 15 minutos aproximadamente.

Milagros Guevara

18 de setiembre de 2020

Crítica: PEQUEÑOS HÉROES


Lo último que muere

“El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental. La patria es un invento. (…) Lo único que yo te digo es que cuando uno tiene la chance de irse de Argentina la tiene que aprovechar. Es un país donde no se puede ni se debe vivir, te hace mierda. Si te lo tomás en serio, si pensás que podés hacer algo para cambiarlo, te hacés mierda. Es un país sin futuro, es un país saqueado, depredado y no va a cambiar. Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie.”

Martín (Hache), de Adolfo Aristarain (Argentina, 1997).

Radio Teatro “Artistas Peruanos Independientes” es una joven agrupación artística nacida durante la presente crisis sanitaria, y quizás a consecuencia de ella. Ellos mismos se definen como “un espacio virtual que reúne a un colectivo de artistas escénicos, directores y dramaturgos de diversas regiones del Perú con el fin de difundir el teatro en las plataformas digitales”. Con los bríos de su juventud, ellos se lanzaron al ruedo con un reto inmenso: llevar a la escena virtual Pequeños héroes, colosal texto del dramaturgo nacional Alfonso Santistevan.

Sobre la obra en sí no hay mucho más que decir fuera de lo que la propia agrupación menciona en su nota de prensa, que incluso recoge una sinopsis escrita por el maestro Ernesto Ráez. Es un texto dramatúrgico tan maravilloso como complejo, escrito en el fragor del sálvese quien pueda que fueron los años ochenta en el Perú. Si su lectura ya demanda una considerable dosis de concentración para no perdernos de la filigrana en sus imágenes y descripciones, su escenificación requiere de esfuerzo mayor, ya no solo del público, sino (y sobre todo) de los ejecutantes responsables. No es fácil mantener la atención del respetable durante un poco más de la hora y media con un texto como el de Santistevan. Y si esto ya es reto suficiente en un montaje escénico presencial, el riesgo que involucra su montaje en la virtualidad, que nos ha acostumbrado a formatos de 30 minutos o menos, es intimidante. En ese sentido, la valentía que exhibe Radio Teatro al asumir un reto de estas proporciones como opera prima es, por decir lo menos, admirable.

La propuesta escénica de la directora Ysabel Saldarriaga es, en general, acertada. A través de la  plataforma de Joinnus, la imagen de los actores se muestra en un formato de cuatro cuadrículas contiguas. La iluminación de cada cuadrícula guarda correspondencia con el estado de los personajes: Emilia y sus recuerdos se mueven en un espacio iluminado, mientras que los fantasmas son apenas rostros en medio de la penumbra. Esta convención es sumamente útil para el espectador, que debe enfocar su atención principalmente en el intrincado texto. En cuanto a los recuerdos de Emilia, la obra sugiere que este personaje, una maestra nonagenaria, evoca y dialoga con sus recuerdos. La propuesta de Saldarriaga fue más allá y plantea estos recuerdos a modo de flashbacks que exigen a la actriz cambiar rápidamente de apariencia para rejuvenecer y envejecer ante la cámara. En nuestra opinión, sin embargo, estos cambios resultan innecesarios, ya que en el mismo diálogo y gracias a la convención de la iluminación antes explicada, el espectador entiende que lo que está viendo es un recuerdo de Emilia. Más bien, estas transformaciones raudas terminan siendo distractoras y merman la experiencia teatral.

El trabajo actoral en esta propuesta demanda distintos niveles de esfuerzo. Quizás sea por esta razón que el trabajo de Juan Carlos Díaz destaca. El personaje del Padre es un regalo: la componente casi humorística que este personaje le confiere a la obra es aprovechada al máximo por Díaz, que dosifica con solvencia la severidad con el humor. Esto, sin contar con la inmensa ventaja que le confiere tener el peso actoral que se requiere para esta interpretación. El trabajo de Miguel Soriano es, en general, correcto y tiene una gran dosis de verdad. Encarna de forma realista al hombre que se sabe traidor de sus propios ideales, sin apelar al dramón o a la exageración. Nelson Morales también parece haber trabajado sobre una base realista para construir a Rubén, el último alumno de Emilia, que se vuelve senderista. Sin embargo, en este caso, la mera realidad del hacer en escena no es suficiente. En nuestra opinión, la construcción de su personaje adolece de aquello que se veía tan claramente en esa juventud tristemente captada por Sendero Luminoso en la década del ochenta: la cruda fuerza del fanatismo enceguecido. El Rubén de Morales tiene el conflicto del muchacho bueno que se duele por dejar a Emilia y descartar sus esperanzas en la educación, pero no percibimos esa transformación que deriva en la mirada de vidrio del fanático irracional. Natalie Tomapasca tiene, qué duda cabe, el reto más grande: interpretar a la nonagenaria Emilia. La anciana que, en el ocaso de su vida, se siente vencida en su lucha como educadora, pero que, dentro de sí, encierra una vitalidad vibrante. Como el mismo personaje describe, un amor empecinado. Emilia es una fuerza de la naturaleza apenas contenida en una frágil cáscara. Ella es, pues, la esperanza. Tomapasca, que a lo sumo cuenta con treinta y poquísimos años, hace un esfuerzo notable por aumentarse la edad a través de su interpretación, y logra hacerlo en cierta medida, pero sin alcanzar la valla altísima que el texto demanda. Esto, lamentablemente, le resta realidad a su trabajo. Pese a ello, hemos visto en la suya una interpretación interesante, capaz de mantener viva nuestra atención.

En su conjunto, consideramos que este montaje de Pequeños héroes constituye un esfuerzo muy importante y ambicioso por llevar a la virtualidad un texto del calibre del de Santistevan, pero que no llega a estar a la altura del mismo por razones que tienen mucho que ver precisamente con el medio que se ha usado. Sin embargo, se agradece, y mucho, que Radio Teatro se haya aventurado a presentar una obra tan vigente como esta. En un país como el Perú de hoy, sumergido en una crisis sanitaria, económica y política sin precedentes, ad portas del bicentenario del ideal republicano, provoca plegarse al devastador monólogo citado líneas arriba, interpretado por el inolvidable Federico Luppi en Martín (Hache). La Patria es un invento, un verso y una trampa. O quizás aún no lo es, gracias al trabajo invisible y al amor empecinado de los pequeños héroes (los de verdad) que caminan sobre esta tierra. Al final de cuentas, lo último que muere es la esperanza. Quizás haya alguna para nosotros.

David Huamán

18 de setiembre de 2020